ESTAMPA CAUDETANA.
VOLVIÓ A LAS ANDADAS.
Ya hace algún tiempo te hablaba del abuelete de la Comunidad, el P. Ángel. Aunque, bien mirado, tampoco son tantos los años que saca a algún otro miembro de los que con él la componen.
Te contaba entonces que, provisto de unas tijeras de podar, fue recogiendo esquejes de higuera y, siguiendo las indicaciones oportunas, los envolvió en un trapo húmedo.
Pasaron quince días… y no pudo aguantarse.
Todo contento, fue comunicándolo a los demás.
Y no era para menos: los esquejes habían prendido y asomaban ya unas hojas que daba gusto verlas.
Pero quiso la cosa que un sobrino suyo, vecino del cercano pueblo valenciano de Bocairent, al ver a su tío en la Estampa Caudetana, se dejara caer por aquí.
Dio una vuelta con su anciano tío… y, de paso, se llevó los esquejes brotados y unos cuantos más que fue cortando a las higueras.
Tenía en mente plantar un campo en su pueblo con higueras del corralón del convento.
Y claro, el bueno del P. Ángel se quedó sin su pequeño tesoro.
¿Y qué hizo?
Pues lo que hacen los que no saben estarse quietos: volvió a las andadas.
Se hizo con cinco esquejes más, los metió en un vaso, los cubrió con otro… y ¡zas!
Dos semanas después, ahí lo tenías: yendo y viniendo, de un lado para otro, con sus esquejes no solo brotados, sino ya con raíces.
No se anduvo con chiquitas.
En un santiamén, cada uno en su garrafa de plástico, bien plantados, como Dios manda.
No hay palabras que alcancen a describir su talante en aquellos momentos.
Estaba loquico de contento.
Tenía algo de luz en la cara, algo limpio, casi de niño.
Imagínate a un crío abriendo, nervioso, un regalo colgado del árbol de Navidad, con los ojos encendidos por la ilusión.
Pues así estaba el P. Ángel.
Y, como siempre, quitándose mérito, lo deja caer:
—Es que mi padre fue un gran labrador.
Y ahí queda todo dicho.
Porque la paciencia —aunque no haga ruido— es madre de muchas cosas buenas. De momentos, de frutos… y de pequeñas alegrías que ensanchan el alma.
Y de eso, el P. Ángel, sabe un rato.
Ojalá se nos pegara algo.
Que la vida, muchas veces, va al paso de quien no tiene prisa.
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
25.4.2026. Sábado (C. 2.539).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
Mucho debo agradecer al padre Ángel por venir a mi casa para hacerme una visita, dándome muchos ánimos y, que yo, le agradezco en el alma.
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