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sábado, 17 de octubre de 2026

¡De Sanlúcar a Caudete!

ESTAMPA CAUDETANA.

¡DE SANLÚCAR A CAUDETE!

Si vas por el museo de Rafael Requena te lo vas a encontrar como me lo encontré yo. 

Te vas a dar de bruces con un LANGOSTINO. Sí, con un langostino.

Se ha venido a esta Real Villa de Caudete con ocasión de la VIII Bienal Internacional de la Acuarela, que estos días se celebra aquí, y, sí, allí te lo vas a  encontrar. 

Es una de tantas obras pintadas a la acuarela que ha recalado en esta Villa y lo hace como un visitante llegado de tierras gaditanas.

¡Y menudo visitante!

Nada menos que un langostino de Sanlúcar de Barrameda, de esos que han dado fama a la gastronomía de aquella tierra andaluza.

Nada más situarme ante EL LANGOSTINO SANLUQUEÑO, la obra de Manuel Olivas Gálvez, vino a ocupar mi memoria aquel viaje cultural que hiciera acompañando a los alumnos de Cou del Colegio San Pablo perteneciente a La Asociación Cristiana de Propagandistas, San Pablo CEU, a las marismas de Doñaña.

¿Por qué? 

Pues mira, porque mientras los estudiantes se encontraban escuchando, in situ, las explicaciones que sobre el medio les estaban dando los monitores autóctonos especializados en el tema, la profesora acompañante, Doña Esperanza Juanes, y yo mismo, también nos dedicábamos a conocer el medio por otro camino, degustando las riquezas del lugar y, entre ellas, los  LANGOSTINOS sanluqueños pasados por la plancha y enfundados en velos de mayonesa, acompañados por el buen caldo blanco, con o sin aceituna, de las marismas.

Aquellos langostinos llegaron al mostrador de la tasca en un plato y de él desaparecieron como por ensalmo.

Pero éste que aparece en la obra del joven pintor sanluqueño (*1979) no vino al mostrador como aperitivo, sino que se reservó para viajar a Caudete para la exposición. 

Y no ha necesitado barco ni carretera para llegar hasta nosotros. Le han bastado el talento de un artista del lugar, unos pinceles, agua y pigmentos.

Su autor, Manuel Olivas Gálvez, español y sanluqueño, ha querido traerse hasta Caudete un pedacico de su tierra, plasmado en una acuarela que lleva por título "LANGOSTINO DE SANLÚCAR".

Y aquí lo tenemos, sobre el papel, con su cuerpo arqueado, su caparazón de tonos pardos y rojizos, tal y como el pescador lo  sacó de los fondos de las aguas costeras, sus patitas y esas largas antenas que parecen querer salirse del cuadro.

¡Qué manera de dar vida a un langostino!

Porque esa es la magia de la acuarela: con unas pinceladas bien dadas, el artista consigue que nos detengamos ante algo que quizá, en otras circunstancias, apenas habría llamado nuestra atención.

Y es que el bueno de Manuel ha conseguido que este ejemplar sanluqueño se convierta en embajador de su tierra en nuestra Bienal.

¡Quién se lo iba a decir al langostino!

Él, acostumbrado a las aguas de Sanlúcar, se encuentra ahora en Caudete, compartiendo espacio con obras llegadas de distintos lugares y demostrando que el arte no entiende de distancias ni de fronteras.

Y uno, que anda por ahí curioseando y disfrutando de cuanto nos ofrece esta VIII Bienal, no puede menos que agradecer a los artistas que nos permitan viajar sin movernos de casa.

Hoy nos vamos a Sanlúcar de Barrameda; ayer estuvimos en Australia, antes de ayer nos fuimos a Letonia, mañana, con otra acuarela, quién sabe dónde podremos recalar.

¡Que viva el arte y que no falten los buenos langostinos!

Aunque, en esta ocasión, al de Manuel Olivas Gálvez lo mejor es dejarlo donde está: colgado en la exposición del museo Rafael Requena, para que podamos disfrutarlo con los ojos y no con las papilas gustarivas.

Y tú, si todavía no has visitado la Bienal, ya tienes otro motivo para acercarte.

¡Caudete te espera!

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

18.10.2026. Sábado. (C.2.688).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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