ESTAMPA CAUDETANA.
LA LANTANA CAMARA
Si subes por la acera de la avenida de las Jornetas, después de pasar por la calle Puerta de la Villa vas a llegar inmediatamente al número 7 y no hace falta que vayas poniendo atención. Ella misma se te mete por los ojos a pesar de que se encuentra en el jardincico sito en la entrada a esa vivienda.
Ya me he servido de esta planta que se te mete por los ojos a la que llamamos LANTANA, en alguna que otra ocasión.
Ayer por la tarde cuando estaba a punto de rendir mi caminata y antes de doblar por la calle dedicada al Santísimo Sacramento, la vi.
Y, claro, como me ocurre en esos casos, me detuve un rato y, con el paraguas totalmente abierto para librarme del ataque inmisericorde de los rayos del sol, paré un ratito para contemplar ese macizo que ilustran mis letritas de hoy.
No sé si te dije que la LANTANA tiene entre sus genes uno, el viajero. Y un buen día algunos especímenes -son más de 300 las especies, se echó el atillo al hombro y se puso a caminar.
Cansada de estar en el centro y sur de sudamérica se las arregló para pasar el mar y llegar a Europa y, desde Europa, a toda zona templada donde el sol hace de las suyas.
Esa es la razón de que entre en el elenco de las 100 especies invasivas más perseguidas, en según qué lugares, como en Australia y en Canarias, se encuentre ella.
Es un arbusto perenne que si se dan las características propicias puede alcanzar los dos o tres metros.
Se emplea mucho en jardines por la constante floración que lleva a efecto desde los albores primaverales, hasta la primera helada.
Es muy pilla porque ahí donde la ves toda florida, es tóxica y los gatos y perros lo saben de sobra por lo que con ella pocas bromas. Ni aunque tengan ganas de delimitar con orines su terreno, no lo harán en ella, ni en sus alrededores.
Sólo cuando sus semillas maduran y se tiñen de negro vienen a satisfacer el hambre de los volátiles.
Es una verdadera amiga del sol. Lo busca y disfruta de él cuando más alumbra al que consume no menos de seis horas para estar satisfecha.
Es tóxica. Si la consumes te traerá problemas hepáticos, pero no es mala del todo porque si te da por acariciar sus hojas y sus flores, como si la hicieras cosquillas, te paga con una agradable fragancia tirando a cítrico-picante. Eso sí, a los perros y gatos, maldita la gracia que los hace.
Pero lo más bonito que tiene este arbusto son los ramilletes de flores que van cambiando a lo largo de su crecimiento: amarillo → naranja → rojo en la misma cabeza. También hay variedades blancos, rosas, morados, bicolor.
No te guarda rencor si la plantas en mala tierra y si te olvidas de regarla porque aguanta la sequía a cuerpo gentil.
Eso, sí, lo que no aguanta nada, nada, es al hielo porque les hace fosfatina su preciosa copa. Pero, aún y así, tampoco se apura mucho cuando esto ocurre porque a la primavera siguiente rebrota pujante.
Y lo que le viene bien, a las mil maravillas, es la poda. Si la metes la tijera por febrero te lo agradecerá grandemente multiplicando sus flores.
Es muy acogedora pues hace muy buenas migas con polinizadores de toda índole, mariposas, abejas, colibrís....
La naturaleza hace de la LANTANA un ejemplo a seguir por el ser humano. Porque cuando las cosas se ponen feas, muy cuesta arriba..., no hay que tirar la toalla, hay que seguir sobreponiéndose y dar de sí buenas obras que beneficien a sus prójimos.
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
30.5.2026. Sábado. (C.2.569)
P. Alfonso Herrera. Carmelita.