ESTAMPA CAUDETANA.
HOY HACE 90 AÑOS.
Sí, hoy se cumplen 90 años de aquel trágico día en que ardieron las iglesias de la Real Villa de Caudete: el 22 de julio de 1936.
Ayer me lo recordaba la señora presidente de la Cofradía de la Sacramental, doña Teresa Albertos:
«Le recuerdo —me escribía— que mañana celebramos el 90.º aniversario del enterramiento de las Hostias Consagradas».
Ciertamente, el bueno de don Manuel Gil, entonces sacristán de la parroquia de Santa Catalina, viendo el cariz que estaban tomando los acontecimientos —pues le llegaban noticias de que el Santuario de los Copatronos estaba siendo pasto de las llamas y que la iglesia del convento de San José (El Carmen) ardía sin remedio— tomó la encomiable decisión de salvar cuanto pudo de la parroquia, convencido de que el templo parroquial correría la misma suerte.
Entre todo lo que rescató estaban las Hostias Consagradas y las formas destinadas a la consagración. Las ocultó bajo una de las baldosas del dormitorio de su casa donde permanecería constantemente encendida una lamparilla (*).
Hoy, al recordar la valentía y el arrojo de don Manuel Gil, la Cofradía de la Sacramental, en colaboración con el párroco, el P. Antonio Graciá Albero, carmelita, ha organizado un acto de adoración al Señor Jesús Sacramentado en aquellas Hostias Consagradas que permanecen intactas, tal como don Manuel Gil las escondió bajo aquella baldosa.
El acto tendrá lugar desde las dieciocho horas hasta el comienzo de la Santa Misa, a las diecinueve treinta, en la capilla de la Comunión, donde estas Sagradas Formas se conservan incorruptas en un precioso relicario.
Fiel devoto caudetano, no estaría nada mal —todo lo contrario— que reservaras un ratico del tiempo que Dios te concede para acompañar a Jesús, presente entre nosotros bajo las especies sacramentales de aquellas formas salvadas del sacrilegio en un día como hoy del año 1936.
Él nos espera.
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
22.7.2026. Miércoles. (C. 2.612).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
(*) Cuando fueron sacadas del lugar donde las había situado Manuel, las formas sin consagrar aparecieron podridas. Las Consagradas aparecieron intactas a pesar de que el pañito que las cubría estaba chorreando, empapado por la humedad, según consta en el acta notarial que certifica el hecho.