ESTAMPA CAUDETANA
AYER HUBO DOBLETE
En cada punta de la Real Villa de Caudete, desde lo más alto hasta la planicie, desde la plazuela de Santa Ana hasta el Santuario de los Copatronos, hubo movimiento festivo.
En la planicie, allá en el templo de los Copatronos, el párroco recibió, a las ocho de la tarde, a los componentes de la Comparsa de Guerreros y a todos los fieles que se les habían ido uniendo en su marcha. Marcha que iniciaron en la sede de su capitanía para, al llegar al templo, hacer su ofrenda floral a la Patrona, la Virgen de Gracia, en el primer día de la novena que se irá sucediendo, por riguroso orden, cada domingo hasta el día 7 de septiembre. Ese día, a las siete de la mañana, saldrán las sagradas imágenes de los Copatronos, junto con la de San Roque, para subir en procesión hasta la Villa y presidir los actos festivos que se tributarán a la Patrona con motivo de las celebraciones que tendrán lugar en los primeros días de septiembre.
Y en lo más alto del pueblo, en la explanada situada delante de la ermita de Santa Ana, la otra fiesta.
Es de todos sabido que en el día de Santa Ana, madre de la Virgen y, por ende, abuela del Señor Jesús humanado en las purísimas entrañas de su Hija, el mundo cristiano celebra el Día Mundial de los Abuelos y, desde 2021, por decisión del papa, de feliz recuerdo, Francisco, la Jornada Mundial de Oración por los Abuelos y los Mayores.
Pues bien, allí arriba se dieron cita, a las ocho y media de la tarde, un buen número de personas mayores, de abuelos y abuelas, que ocuparon todas las sillas dispuestas por el Ilmo. Ayuntamiento. Entretanto, correteando entre ellos y por todo el entorno, un sinfín de nietos que, contemplados desde el altillo del estrado —desde donde la noche anterior la Banda «Amigos de la Música Santa Cecilia» de Caudete había ofrecido el tradicional concierto en honor de Santa Ana, y que ayer sirvió de altar para la celebración de la Eucaristía y de acomodo para el grupo musical Renacer, encargado de animar la misa— parecían un ejército de ratoncillos.
Parafraseando aquel dicho castizo que afirma que junto a un hombre con tronío siempre hay una mujer, el sacerdote nos recordó que junto a la buena de Santa Ana se encontraba el infatigable San Joaquín, para hacernos ver que la fiesta no era solo de la abuela, a quien está dedicada la ermita, sino también del abuelo: de los dos, de San Joaquín y Santa Ana.
Después abundó en la misión de los abuelos y nos dijo que esta fiesta tan entrañable nos recuerda la inmensa riqueza que representan en la familia y en la sociedad.
Ellos son memoria viva, raíces profundas, experiencia acumulada y escuela de fe.
Nos enseñan que la vida no se mide por las prisas, sino por el amor sembrado en el corazón de los hijos y de los nietos.
Muchas generaciones aprendieron de sus labios las primeras oraciones.
Cuántos descubrieron en ellos el valor del trabajo, de la honradez, del sacrificio y del perdón. Sin grandes discursos, han sido los mejores catequistas y los transmisores más fieles de la fe.
Nos dijo, en fin, que ellos no son el pasado: son un tesoro para el presente y una esperanza para el futuro. Advirtió que un pueblo que olvida sus raíces acaba perdiendo su identidad.
Y concluyó diciendo que el día de ayer era una ocasión pintiparada para acercarse a ellos y fundirse en un abrazo cariñoso, como aquellos que les daban cuando eran niños.
Invocó finalmente a los buenos de San Joaquín y Santa Ana para que bendijeran a los abuelos y ancianos presentes y a todos los abuelos y ancianos del mundo, especialmente a los enfermos, a los que viven en soledad y a los abandonados.
Ciertamente, en la Villa Caudetana ayer hubo doblete: en lo más alto de la población y en la planicie del valle.
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
27.7.2026. Lunes (C. 2.617)
P. Alfonso Herrera. Carmelita.