ESTAMPA CAUDETANA.
ALCÁZAR Y SERRANO
Como cada tarde, caminé para cumplir con mi cometido en la parroquia de Santa Catalina.
Iba algo apretado de tiempo y me vi en la necesidad de acortar mi tradicional paseo, porque aunque en esta Real Villa de Caudete el inicio de cualquier actividad suele beneficiarse de un margen de cortesía, no ocurre lo mismo cuando se trata de la celebración de los oficios litúrgicos.
La puntualidad es la norma.
Así que opté por meterme por la calle que discurre en paralelo al colegio Alcázar y Serrano.
“Llegué al humo de las velas”… o, como dice aquel otro aforismo, “me quedé a dos velas”.
Al llegar al espacio diáfano donde se encuentran los campos de deportes del citado colegio, todo estaba en calma.
Ningún niño aparecía ni correteaba dando patadas a un balón.
La jornada escolar había terminado y los niños ya se encontraban en sus respectivas casas.
Ni un alma había allí. La paz era la tónica.
Únicamente permanecía un hombre —pintor— que acababa de concluir su trabajo:
había llenado uno de los paños de pared de los edificios donde se ubican las aulas con el nombre del colegio:
ALCÁZAR Y SERRANO.
En ese mismo instante daba por terminada su obra. Lo vi recogiendo los útiles de los que se había servido.
Como su trabajo quedaba prendido a la pared, él, sacando su telefonillo, tomó una fotografía de su obra recién acabada.
Yo también la tomé, y hoy la empleo para que te lleve mi saludo.
Destacaba con fuerza sobre el blanco que daba uniformidad a todo el muro.
El pintor no había escatimado color, y su obra resaltaba con claridad. Seguro que llamará la atención de quien la contemple, como me la llamó a mí al pasar.
Esta Villa de Caudete cuenta con cuatro centros educativos; uno de ellos es el CEIP Alcázar y Serrano.
Este colegio toma su nombre de dos maestros históricos que ejercieron su labor educativa en la localidad:
Aurelio Ruiz Alcázar
Cecilia Serrano
Fueron víctimas de la Guerra Civil española (1936–1939), según recoge Caudete Digital.
La Villa, agradecida a su labor admirable, quiso inmortalizarlos dando su nombre a este colegio, uno de los actuales, que se alza entre las avenidas de la Virgen de Gracia y de las Jornetas.
De ahí que, cuando alguien menciona “Alcázar y Serrano” en Caudete, se esté refiriendo al colegio y no, en el uso cotidiano, a aquellos eminentes servidores públicos de la enseñanza en tiempos convulsos.
Y, sin embargo, ahí permanecen ambos, juntos, dando nombre y color a uno de los muros que miran a los campos de deporte.
Y allí quedan, escritos para quien quiera leerlos, como si cada letra pronunciara en silencio una verdad sencilla:
que enseñar, en cualquier tiempo, es siempre sembrar futuro.
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
16.4.2026. JUEVES. (C.2.530).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.