domingo, 29 de marzo de 2026

La procesión de los niños va adquiriendo solera.

ESTAMPA CAUDETANA

LA PROCESIÓN DE LOS NIÑOS VA ADQUIRIENDO SOLERA

Ayer, como ya va siendo costumbre, al terminar la Sagrada Eucaristía en la parroquia de San Francisco, echó a andar por las calles de Caudete la entrañable PROCESIÓN DE LOS NIÑOS.

No pude acompañarlos. A esa misma hora mis obligaciones me reclamaban en la parroquia de Santa Catalina.

Pero me la contaron.

Me hablaron de esos ñacos, vestidicos de penitentes y nazarenos, algunos con túnicas tan blancas que el sol de la tarde parecía recrearse en ellas, como si quisiera dejar allí su firma de oro para devolverla convertida en claridad sobre toda la comitiva.

Me hablaron de cómo, con esa seriedad que sólo los niños saben poner cuando juegan a ser mayores, portaban a hombros unos pasos y empujaban otros, recorriendo las calles del barrio como si toda la Villa cupiera en aquel pequeño itinerario.

Las imágenes, realizadas con modernas técnicas de impresión 3D, representaban al ECCE HOMO, al CRISTO DE LA CAÍDA y a JESÚS EN SU ENTRADA TRIUNFAL SOBRE LA BORRIQUILLA.

Y me hablaron también de los mayores.

De sus rostros.

De esa sonrisa callada que sólo provoca la ternura cuando se mezcla con la fe. 

Porque hay algo muy hondo que se remueve dentro cuando uno contempla una escena de la Pasión del Señor

Pero cuando son los niños quienes la llevan, quienes la hacen suya, quienes la pasean con inocencia y orgullo, la emoción alcanza otro registro, más limpio, más puro, más difícil de explicar con palabras.

Alguno comentó que quizá habría sido mejor celebrarla antes de la misa, para que más gente pudiera verla.

Pero ya se sabe: nunca llueve a gusto de todos.

No sé exactamente cómo nació esta iniciativa, que apenas suma unos pocos años de vida. Si fue acuerdo entre las cofradías y la parroquia o si brotó del entusiasmo de la cofradía del Cristo de la Juventud.

Eso, en el fondo, casi es lo de menos.

Lo importante es que ahí está.

Que ha echado raíces.

Que cada año gana en participación, en cariño y en personalidad propia, hasta hacerse un hueco firme dentro del calendario de nuestras tradiciones religioso-populares.

Porque las tradiciones no nacen viejas.

Nacen pequeñas.

Y si el pueblo las quiere… crecen.


Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

29.3.2026 Domingo (C. 2.511)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

Semana Santa en Caudete.

 SEMANA SANTA EN CAUDETE


sábado, 28 de marzo de 2026

Todo vuelve a comenzar.

ESTAMPA CAUDETANA.

TODO VUELVE A COMENZAR.

Hoy termina la Cuaresma.

Mañana, Domingo de Ramos

Y otra vez la Semana Santa.

Así pasan los años. Así permanece lo esencial.

También en Jerusalén empezó así. Con un rumor que fue creciendo hasta hacerse certeza:

Han condenado al Nazareno.

Los poderosos pensaron que todo terminaba. Que la muerte apagaría aquella voz incómoda que hablaba de amor y de verdad.

Alguien se lo dijo a su Madre.

Estaba en Jerusalén. Como mandaba la tradición. Como una peregrina más.

No hizo aspavientos. No hubo gritos. Solo el silencio inmenso del dolor verdadero.

Y ese dolor —el dolor limpio de una madre— fue el que un día un imaginero quiso detener en la madera. No talló solo una imagen. Talló un sentimiento que todos entienden.

Así nació la Piedad.

Y esa Piedad es la que 

Caudete guarda durante el año en el silencio del monasterio carmelita

Esperando estos días.

Anoche volvió a salir.

A las diez, puntualmente, la puerta se abrió y la Virgen cruzó el umbral. 

Afuera esperaba el pueblo. Como siempre.

No fue un simple traslado. Estas cosas nunca lo son.

La imagen recorrió varias calles. Sin prisa. Como recordando que la Semana Santa no empieza en el calendario, sino en el corazón.

Penitentes. Capirotes. Pasos contenidos. Miradas serias.

Detrás, el P. Antonio Graciá Albero, hijo del pueblo, acompañando con la dignidad sencilla de quien sabe lo que significa lo que está pasando.

La Virgen de la Piedad abre siempre los desfiles procesionales de Caudete.

Tiene sentido.

Siempre es la Madre quien empieza el camino del dolor.

Y así, sin ruido, sin grandes palabras, Caudete volvió anoche a lo que siempre ha sido.

Porque hay cosas que no cambian.

Porque hay sentimientos que no envejecen.

Porque hay tradiciones que no se explican… se viven.

Y por eso, un año más,

todo vuelve a comenzar.


Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

Sábado. 28.3.2026 (C. 2.510).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

Nota. Gracias a Jaime Bañón por su amabilidad al compartir las imágenes de este traslado que anuncia, un año más, la llegada de nuestra Semana Santa.

viernes, 27 de marzo de 2026

El Margaritón.

ESTAMPA CAUDETANA

EL MARGARITÓN

Los botánicos la llaman Glebionis coronaria, pero para el lenguaje sencillo de la vida diaria nosotros la conocemos como margaritón.

En mis paseos de cada día he asistido, casi sin darme cuenta, al milagro de su nacimiento.

Apenas dejo atrás la avenida de la Libertad y comienzo a subir por la de las Jornetas, allí me la encuentro, como si me estuviera esperando. Se alza en el ribazo —tierra hoy, acera mañana cuando llegue la urbanización— como quien quiere saludar.

Y me dice ¡hola!

Sí, me lo dice.

Se ayuda de un airecillo juguetón que la balancea suavemente de un lado a otro, como si fuera una pequeña bailarina de ballet que quisiera llamar mi atención.

Y lo consiguió.

No me pasó desapercibida. Hice un alto en el camino, crucé la calle despacio y me acerqué a contemplarla, a recrearme en su sencilla hermosura, a llenarme de su presencia.

Pero aquel mismo aire que la mecía traía también noticia de tristeza.

Desde la torre, la campana mayor, la Santa Catalina, dejaba caer sobre el pueblo su voz grave y conocida para anunciarnos que el bueno de José, tras 94 años formando parte de la historia viva de esta Real Villa de Caudete, había emprendido su último viaje.

Y, sin embargo, ayer todo era distinto.

Ayer el margaritón se me mostró en todo su esplendor, guapo como nunca, vestido ya con las galas de la primavera.

Era como un pequeño sol.

O quizá fuera el sol el que, humilde, bajó a posarse sobre su tallo para brillar desde su misma flor.

No estaba solo. A su alrededor, otras flores de su misma sangre compartían la mañana. Y allí, bajo un cartel que anunciaba la venta del terreno, crecían formando un pequeño reino silvestre junto a una pariente cercana, la Reichardia tingitana, nuestra humilde lechuguilla, que en mi pueblo siempre fue manjar apreciado por los conejos.

Daba gusto verlas convivir, crecer juntas, sin disputas, sin desdenes, simplemente siendo.

Tal como las encontré, así las dejé.

Y mientras me alejaba, movidas por el mismo airecillo que las había presentado, yo diría que se despedían de mí con pequeñas reverencias, como quien agradece una visita.

Regresé al lado izquierdo de la avenida, como manda la prudencia y la normativa, y continué mi subida por la avenida de las Jornetas.

La Santa Catalina seguía llamando.

Y en el repicar de su bronce, que parecía tener memoria, casi pude escuchar la voz de mi madre diciendo:

—Date prisa… alpea, alpea… que te están esperando.

Y llegué.

Llegué con tiempo suficiente.

María del Carmen ya estaba allí.

Se le notaba en la mirada que se acerca la Semana Santa y, casi sin preámbulos, me dijo con sencillez:

—Quiero confesarme.

Y en ese instante comprendí que, igual que las flores anuncian la primavera, también el alma tiene sus estaciones.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

27 de marzo de 2026

Viernes (C. 2.509).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

jueves, 26 de marzo de 2026

No es lo mismo.

ESTAMPA CAUDETANA

NO ES LO MISMO


No. No es lo mismo.

Hace dos días contemplaba desde la avenida de la Libertad esta parte de la Villa que mira a levante, siempre dispuesta a recibir al sol cuando aparece por la lejanía del mar y comienza su silenciosa ascensión hacia las alturas.

Aquel día, sin embargo, las nubes deslucían la escena. La luz del atardecer, esa caricia dorada que el sol suele dejar antes de su partida, apenas pudo verse. 

La Sierra Oliva permanecía ensombrecida y los molinos de viento, alineados sobre su cresta, habían desaparecido tras una oscura cortina de nubes.

Ayer todo era distinto.

El cielo aparecía limpio. Tan sólo unas nubecillas blancas, ligeras como algodón, acompañaban la marcha del sol en su lento caminar hacia el ocaso. 

Su luz envolvía la Villa con una claridad serena, casi íntima.

Parecía que no quisiera marcharse.

Como si hubiera decidido quedarse un poco más sobre Caudete, regalándole esa luz antigua que recibió del Creador en el principio de los tiempos.

A esa misma hora caminaba yo hacia la parroquia de Santa Catalina. Era la solemnidad de la Anunciación

Íbamos a recordar aquel instante en que el arcángel Gabriel anunció a María el misterio que cambiaría la historia: 

Dios haciéndose hombre para habitar entre los hombres.

Ayer la campana no sonó a despedida. Ningún vecino fue llamado a la Casa del Padre. Sólo convocaba, con su voz clara, a los fieles para la Eucaristía.

El sol se retiraba lentamente. Su luz última dejaba ver con nitidez los molinos en movimiento y el perfil tranquilo del pueblo.

También el campo parecía otro.

La tierra en barbecho respiraba luz. 

Los jaramagos cubrían los ribazos y todo parecía participar de una callada alegría.

El mismo lugar.

La misma hora.

Distinto día.

Por eso digo:

No es lo mismo.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

26.3.2026. Jueves. (C. 2.508).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Hoy es La Anunciación.

ESTAMPA CAUDETANA

HOY ES LA ANUNCIACIÓN

Hoy, nueve meses antes de la Navidad del Señor en nuestra carne, tuvo lugar un hecho que imprimiría carácter.  Un acontecimiento de una importancia capital para la historia del ser humano. 

Historia que, en modo alguno, se circunscribe a su acontecer en este mundo, sino que abre la puerta a la culminación de un proyecto, un plan divino, sobre el ser humano.

Dios creó al hombre con ansias de grandeza, pero esa grandeza que estaba incursa entre sus entresijos se vino abajo por el malhadado deseo voluntario de "robarla" y no merecerla.

Pero hete aquí que el Supremo Hacedor, aquel que piensa a un ser que va a ser sexuado y racional, lo ama y, al amarlo, le da vida. Ve y consiente que este ser, dotado con el gran don —entre muchos otros— de la libertad, le dice un buen día, mientras se da un festín con la más completa de las frutas que da la naturaleza, la manzana:

"Ahí te quedas, que yo me largo de tu ámbito para hacer de las mías."

Y así le fue al ser humano, que fue de tumbo en tumbo hasta que, con el último, quedó sujeto y fundido con la tierra de la que fue sacado.

Pero Dios ama a su ser humano sexuado y lo demuestra fehacientemente al fijarse en una de ellos que vive comprometida en matrimonio con un joven apuesto, el carpintero de la aldea, y de la que hoy sabemos que se llama María. Esta aldeucha, de la que no aparece la menor noticia en todo el devenir histórico de un pueblo por el que tuvo predilección, entre tantos otros —el israelita—, se llama Nazaret.

Y, hasta esa aldeita de poca monta manda Dios a uno de sus arcángeles, a Gabriel, con la encomienda de decir a esta angelical criatura que cuenta con ella para la creación de un nuevo jardín, un nuevo paraíso en la tierra, pero esta vez espiritual.

La pone en antecedentes acerca de que quien lo va a construir es su propio Hijo, la Segunda Persona de la Beatísima Trinidad, pero que para poderlo llevar a efecto necesita que ella, María, colabore dándole la naturaleza humana en sus purísimas entrañas. 

Le pide que se preste a ello, pero no la fuerza con su poder divino: es fiel consigo mismo y pide a su criaturita humana que ejerza su libertad y le dé una respuesta.

La muchachita, muy puesta en sí misma, no ve las cosas muy claras y espeta al enviado de Dios que está comprometida con el joven carpintero de la aldea y que le explique la cosa, porque ella todavía no convive con el bueno de José y la situación no está clara.

Y el arcángel Gabriel, creo yo que mirando al cielo, le contestó:

—Muchacha, esto no es cosa que se realice al estilo humano, sino al de Dios, y será su Espíritu Santo quien obrará en ti.

No creo que la jovencita María captara el mensaje en todos sus extremos, pero, firme en una fe impertérrita, le hace saber al Ángel que ahí estaba ella para afrontar decididamente lo que Dios dispusiere y que se encuentra dispuesta a aceptar las consecuencias que del hecho se deriven.

Y la buenísima de María, con su "HÁGASE LA VOLUNTAD DE DIOS", deja en las manos de Dios el ir juntando todas las piezas de ese rompecabezas humano en el que ella va a ser quien coloque la pieza fundamental: al Hijo de Dios, su propio Hijo, en el centro del tablero humano. 

Él será quien instaure el nuevo paraíso terrenal, pero, en este caso, espiritual; no como aquel en el que Dios colocó a Adán y Eva y del que fueron expulsados por su ambición egoísta, sino el que formará, con todos los hombres, la gran familia de los hijos de Dios.

Y , así fue como Dios llamó al corazón humano y una muchachita de Nazaret le abrió.

Y ese sí humilde suyo cambió para siempre la historia del mundo.

Eso es lo que hoy celebramos la cristiandad: LA SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR.

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

25.3.2026. Miércoles. (C. 2.507).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

Pd. Hoy, por iniciativa de la Iglesia Católica se celebra la jornada pro vida  con el lema: LA VIDA, UN DON INVIOLABLE.

La sitúa en este día de la Anunciación del Señor en qué él mismo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, comienza a tomar vida humana en las entrañas purísimas de la Virgen María. Tiene como fin concienciar y defender la vida en todos sus estadios desde la Concepción hasta la muerte física.

En España la jornada se celebra un tanto entristecida porque en el día de ayer la corte de justicia de Europa ha dictado sentencia a favor de que se aplique la eutanasia de una joven catalana de 25 años que, al parecer, sufre una tetraplejia, y, en contra del parecer de sus padres. Ha tomado está decisión en lugar de afrontar la vida con la ayuda de la sanidad por medio de su unidad del dolor. 

Según se propagaba por los medios de comunicación, se le pondrá fin a su tiempo de vida en el día de mañana. Desde el respeto a su voluntad, encomendémosla a Dios, su Creador.

martes, 24 de marzo de 2026

Vista parcial de la Real Villa.


ESTAMPA CAUDETANA

VISTA PARCIAL DE LA VILLA

Limpia estaba la atmósfera en la tarde de ayer cuando caminaba yo por la Avda. de la Libertad rumbo a la parroquia de Santa Catalina.

Las campanas de su torre sonaban tristes. El sacristán, Juan Doménech  Ruíz, tirando pausadamente de la cuerda, hacía que el badajo golpeara a la grande —la campana que lleva el nombre de la virgen mártir titular de la parroquia, la Santa Catalina— arrancándole unos sones quejumbrosos que, cual plañidera antigua, anunciaban al vecindario que dos paisanos habían sido llamados por Dios en el día de ayer: Manuela y Joaquín, al que todos conocían por Paolo.

Ella se nos fue joven porque no había alcanzado aún las siete decenas de años y él andaba metido la octava.

Paolo era bien conocido en la Villa pues, al ser pintor de profesión, a muchas de sus casas las enjalvegó. Y,  mucho se cuidaba de poner guapa la carroza que, en su fiesta, lleva sobre sí la Sagrada Imagen de la Virgen María del Monte Carmelo.

El día quiso parecer primaveral, pero al invierno le estaba costando dejar el paso libre, y la tarde se presentaba fría, con ese aire que obliga a encogerse un poco dentro del abrigo.

Sobre la bóveda de la Villa corrían nubes espesas que, a modo de cortinas, velaban la sierra de La Oliva. Apenas se adivinaban la capilla dedicada a Santa Bárbara en lo más alto y los molinos generadores de energía que, en larga hilera, recorren la cresta de la sierra.

Delante de mí se extendía el campo, como si fuera una alfombra tendida a los pies de la Villa. Tierra baldía por ahora, en espera de sementera o quizá de urbanización futura. Pero, mientras tanto, ofrecía un espectáculo sencillo y hermoso: todo amarillo, cubierto por las flores de la planta que los botánicos llaman Diplotaxis virgata y que el pueblo conoce como jaramago o planta del predicador.

Y no sin razón. Pues posee propiedades que aclaran la voz y alivian la garganta. Ya en tiempos antiguos, en el siglo XVII, el botánico Nicholas Culpeper dejó escrito que los predicadores la utilizaban para cuidar la voz. Bien les venía a aquellos oradores de largos sermones preservar la garganta para que su palabra pudiera llegar clara a los oídos de los fieles.

Al fondo de la estampa se dibujaba una preciosa vista parcial de la Villa: la torre y la cúpula de la iglesia parroquial, con ese aire que recuerda influencias valencianas.

Se nota que la borrasca Therese ha pasado por aquí como una buena escoba. Y, sin necesidad del producto que anuncia Mr. Proper, ha dejado la atmósfera tan limpia que da gusto contemplar la Real Villa de Caudete recortándose clara contra el paño de nubes que ocultan la sierra.

Y así, entre tañidos de campanas tristes, campos amarillos de jaramago y aire limpio de sierra, la Villa seguía respirando su vida tranquila de cada día.


Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

24.3.2026. Martes. (C. 2.506)..

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

lunes, 23 de marzo de 2026

Me llamó la atención.

ESTAMPA CAUDETANA

ME LLAMÓ LA ATENCIÓN

Ayer por la tarde caminaba despacio hacia la parroquia de Santa Catalina para cerrar las liturgias del quinto domingo de Cuaresma

Como tantas otras tardes, hice un pequeño alto en el corralico de la glorieta de la Cruz.

Allí, frente al monumento, terminé el Rosario que había comenzado al salir del monasterio de las Madres Carmelitas de clausura.

Después, sentado en mi banco de siempre, ese que ya parece conocer mis silencios y mis rezos, mis ojos contemplaban el monumento.

El día había tenido sabor a primavera. El sol, limpio y joven, parecía estrenar luz y convidar a toda la creación a hacer lo mismo: a renacer, a florecer, a empezar de nuevo. A vestirse de primavera.

A las 18:29, una ligera brisa, quizá último suspiro de la borrasca Therese, cruzaba el corralico como si también quisiera despedirse.

Y fue entonces cuando me llamó la atención un detalle que, para un creyente, no pasa desapercibido.

El sol, antes de marcharse, dejó su luz exactamente sobre el lugar donde estuviera la cabeza del Crucificado. Solo allí. Como un beso de luz. Como una caricia del cielo.

La Madre, a los pies de la Cruz, quedaba en una penumbra respetuosa, como si hasta la misma luz quisiera guardar silencio ante su dolor.

Todo duró apenas unos instantes. Pero hay instantes que dicen mucho más que largos discursos.

Me apresuré a sacar el teléfono y guardar aquella imagen. No por la fotografía en sí, sino por lo que aquel momento me decía por dentro.

Porque estos días la Iglesia nos llevan, precisamente, ahí: a contemplar a Cristo en la Cruz. A mirar ese Amor que no se guardó nada. A entender que los brazos abiertos de Jesús siguen abiertos para todos.

Y pensé que tal vez aquel rayo de sol no era más que un sencillo recordatorio: La Cruz no es el final. Es el comienzo de la luz.

Cuando el sol terminó de esconderse y el monumento quedó envuelto en la paz del atardecer, continué mi camino. Iba a celebrar ese mismo misterio en la Eucaristía: la muerte y la vida, la entrega y la esperanza, el silencio y la Resurrección que ya se acerca.

Porque Dios, a veces, habla muy quedo:

En un rayo de sol.

En un banco solitario.

En una tarde cualquiera.

En una cruz desnuda a la que hay que mirar no como objeto de dolor, sino como objeto de amor.

Y sólo hace falta parar un poco… para darse cuenta.

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

23.3.2026. Lunes. (C. 2.505).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

domingo, 22 de marzo de 2026

Coches de época. Segunda convocatoria.

ESTAMPA CAUDETANA.

COCHES DE ÉPOCA. SEGUNDA CONVOCATORIA.

Volvía de mi paseo hasta la glorieta de la Cruz. Lo hacía por la Avda. del Atleta Antonio Amorós. Todavía me encontraba lejos pero hasta mí llegaban los sones de una música a caballo de muy altos decibelios.

A medida que me iba acercando, una profusa masa formada por gente joven, gente mayor, gente madura y gente menuda ocupaba toda la calle a la altura de la tienda 3D.

A izquierda y derecha se encontraban estacionados coches con toneladas de tiempo encima.

Allí donde la calle era atravesada por otra, los organizadores, micrófono en mano, imponían silencio a los corrillos en los que se hablaba animadamente de éste o aquel modelo porque no eran coches, eran recuerdos con ruedas.

El Club de Vehículos Clásicos de Villena y el Muy Ilustrísimo Ayuntamiento de la Real Villa de Caudete, organizadores de la II Convocatoria de Vehículos de Época, iban a hacer entrega de los diplomas a los dueños de los vehículos y a los ganadores de las distintas pruebas que se habían desarrollado a lo largo del día.

Seguí mi camino y, por detrás, me acompañaba la voz de la locutora que iba llamando a los seleccionados.

Mientras me alejaba venía a visitarme el recuerdo de los coches que tuvo mi padre, que hoy serían joyas de museo: los Chrysler de preguerra, el Ruso, el Cuatro Cuatro, el Válilla, el SEAT 1500 —en el que aprendí yo a conducir—, y el Ondine de 1961.

Allí, en la calle dedicada al atleta Antonio Conejero, donde normalmente vemos utilitarios apresurados y vehículos modernos sin alma aparente, hoy aparecieron máquinas que parecían salidas de otro tiempo, de esos años en que conducir era casi un ceremonial y cada automóvil tenía personalidad propia.

Muchos permanecían aparcados; algunos, por haber venido de lejos, ya emprendían el viaje de regreso a sus lugares de origen.

Brillaban las carrocerías como espejos recién pulidos. Cromados relucientes. Volantes grandes como timones de barco. Salpicaderos que parecían altares de la mecánica.

Y así, sin darme cuenta, los coches fueron haciendo el milagro sencillo de hacer hablar a mi memoria de mis tiempos de niñez. En los coches de mi padre no puso la mano ningún mecánico ni los llevó a un taller especializado. Él era quien los cuidaba con todo cariño y profesionalidad. Si alguna pieza había venido a menos, él mismo la desmontaba y la sustituía por otra nueva. Si las válvulas necesitaban un repaso, allí estaba puliéndolas con el sin fin que tenía en la caja de herramientas.

En una ocasión se le prendió el carburador a uno de ellos y lo apagó con sus propias manos, sufriendo fuertes quemaduras.

Y cuando ya conducíamos nosotros nos decía:

—Cuando llevéis el coche al taller, al volver a casa, dadle vosotros un repaso, porque siempre suele haber algún olvido.

Habían recorrido las calles de la Villa. No parecía un desfile mecánico sino casi una procesión laica de la historia cotidiana, donde cada motor contaba una época y cada bocina parecía querer despertar los años dormidos.

Los niños miraban con sorpresa. Los mayores, con emoción.

Porque si algo tienen estas concentraciones es que unen generaciones: los jóvenes descubren cómo era el mundo antes de las pantallas y los mayores vuelven, aunque sólo sea por un instante, a los años donde todo parecía empezar.

Presumo que al concluir la entrega de diplomas quedaría en las gentes esa sensación agradable de las cosas sencillas que hacen pueblo: reunirse, conversar, admirar, recordar.

Porque, en el fondo, no era sólo una concentración de coches antiguos.

Era, sin decirlo, una concentración de historias.


Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

22.3.2026. Domingo. (C. 2.504).

P. Alfonso Herrera. Carmelita