sábado, 3 de octubre de 2026

La inauguración.

ESTAMPA CAUDETANA.

LA INAUGURACIÓN.

Acertó mi paisano Roberto Brasero, entendido en eso de predecir el tiempo, cuando anunciaba que por esta zona podrían visitarnos las nubes para descargar buena parte del agua que llevan en sus panzas.

Y ayer dejaron caer un chubasquito a eso de las 18:10 horas que no duró mucho. Lo justo para refrescar un poco el ambiente, porque limpiar las calles y el aire ya lo habían hecho durante la tarde anterior, cuando, en poco tiempo, dejaron caer veinte litros, según me comunica mi compañero, el padre Ángel.

Y pasando ya de las siete de la tarde, el cielo se encontraba un tanto despejado, como si también quisiera colaborar con esta Real Villa de Caudete en el gran acontecimiento que, por octava vez, iba a tener lugar dentro de las vetustas y venerables paredes del convento de San José, el Carmen.

Los técnicos daban los últimos retoques a micrófonos y luces y, pasadas las 19:30 horas, subían al estrado autoridades e invitados. 

Detrás de ellos, tres banderas —la española, la australiana y la europea— daban prestancia al acto. 

Entre los invitados se encontraba doña Fina de Burgos, viuda de nuestro acuarelista universal, Rafael Requena.

Al micrófono se puso la directora de la Casa de la Cultura, doña María Sánchez López, que presentó el acto y dio las gracias por su presencia a autoridades y público en general. Se le pasó, quizá por alto, agradecer también a quienes habían abierto las puertas de su casa para que aquella inauguración pudiera celebrarse allí: los Padres Carmelitas.

Después fue dando la palabra a cada uno de los presentes, comenzando por la señora concejal de Cultura de esta Real Villa de Caudete, doña Manuela González Solera.

La señora concejal tampoco incluyó en su discurso un agradecimiento a los moradores del convento por la cesión de la joya del mismo: su claustro barroco-toscano, convertido aquella tarde en magnífico escenario para que lucieran las obras de los artistas llegados desde el país invitado, Australia.

Luego llegó el turno de don Antonio Conejero, director de la Escuela de Arte de Caudete, quien, como sus predecesores en el uso de la palabra, tampoco tuvo ocasión de dedicar unas palabras de agradecimiento a los Padres Carmelitas.

Siguió en el uso de la palabra la comisaria de la magna exposición de pintura a la acuarela de los artistas venidos de nuestros antípodas australianos. Fue un largo speech en inglés en el que, como no podía ser de otra manera, alabó la obra expuesta e invitó a los caudetanos a visitarles el próximo año en su propia Bienal.

Al micrófono se puso seguidamente el delegado de Enseñanza y Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, don Diego Pérez, que, después de saludar a todo el personal, volvió a olvidarse de los moradores del convento.

Alabó grandemente la labor que se viene realizando en esta Villa de Caudete con la ya larga implantación de las Bienales —ocho ya— en torno al arte pictórico de la acuarela y su repercusión más allá de las fronteras, no solo de nuestra autonomía, sino también de nuestra patria, haciendo que Caudete y Albacete sean conocidos en el mundo entero.

Hermosas palabras.

Pero tampoco llegaron hasta quienes, desde hace siglos, custodian aquellas paredes y que generosamente habían cedido su emblemático claustro para favorecer la cultura en sus vertientes pictórica y arquitectónica.

Después tomó la palabra don Francisco García Alcaraz, diputado provincial que desde la Diputación tanto hace y anima estos acontecimientos culturales. También puso sus apuntes sobre el atril y, mientras lo hacía, saludó a las autoridades y personalidades presentes e incluso, según recuerdo, al «delegado del convento de San José», mientras dirigía la mirada hacia un señor que no era el padre Prior del convento, porque este no había subido al estrado.

Y viendo la cosa desde fuera, como un simple testigo del acontecimiento, me pregunto:

¿Es que no cuenta esta Real Villa con un director de protocolo?

Porque allí arriba, en aquel estrado, también debería haber estado el padre Prior, como anfitrión de la casa.

Y no solamente para recibir los saludos de rigor.

Podía incluso haber tomado la palabra para conjugar lo antiguo con lo nuevo; la serenidad de unas piedras que hablan un idioma de siglos con la luminosidad y la vistosidad de los colores que, desde las paredes claustrales, nos gritan en el presente.

Porque aquella tarde se juntaban dos mundos:

El mundo de la piedra, de la historia y de la oración.

Y el mundo del color, de la acuarela y de la creación artística.

Y ambos podían haberse dado la mano en aquel claustro.

Cerró el acto el Ilmo. Sr. Alcalde, don José Miguel Moyá, para declarar inaugurada la exposición en el claustro barroco-toscano del convento de San José.

Y este sí. Sí tuvo palabras de agradecimiento para los Padres Carmelitas, por la cesión del claustro conventual para que pudiera celebrarse aquella magna exposición de cuadros pintados a la acuarela por artistas australianos, país invitado en esta VIII Bienal de la Acuarela, celebrada en memoria de nuestro querido Rafael Requena.

Un detalle que honra a quien lo tuvo.

¡Bien por el señor Alcalde!

Y ahora, mientras las acuarelas australianas siguen poniendo color en las viejas piedras del claustro, permitidme que salude a quienes hicieron posible que aquel encuentro entre arte y arquitectura pudiera celebrarse.

A los Padres Carmelitas.

Porque también ellos forman parte de esta Bienal. Aunque ayer, durante buena parte de la inauguración, pareciera que algunos lo olvidaron.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

3.10.2026. Sábado. (C. 2.676)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

viernes, 2 de octubre de 2026

Hoy, Caudete se viste de acuarela y de feria.

ESTAMPA CAUDETANA

HOY, CAUDETE SE VISTE DE ACUARELA Y DE FERIA

Hoy, dos de octubre, Caudete vuelve a ponerse sus mejores galas.

Y no lo hace para una sola celebración, sino para recibir por partida doble al arte, a la cultura, a la tradición y, sobre todo, a la solidaridad.

Siempre, claro, que la lluvia lo permita. Espero que mi paisano Roberto Brasero se equivoque en sus predicciones y las lluvias anunciadas para el Este de la autonomía Castellano Manchega, para esta zona nuestra, no se cumplan y nos respeten sendas inauguraciones. Ayer no se equivocó porque, pasadas las 19 horas, arreció un buen chubasco.

Confiemos porque:

Por un lado, echa a andar la VIII Bienal de Pintura a la Acuarela, esa cita con el arte que convierte durante este mes de octubre a nuestra Real Villa en punto de encuentro para quienes saben mirar el mundo a través del agua, del pigmento y de la luz.

La acuarela tiene algo de magia. El agua hace su camino sobre el papel, el color se extiende, se mezcla, se transparenta... y el artista, casi como quien acaricia un paisaje, consigue detener en una hoja aquello que sus ojos han sabido descubrir.

Y por otro lado, hoy habrá también un segundo acontecimiento que llenará nuestras calles de vida.

Comienza la Feria de San Miguel,

 la Feria de la Solidaridad.

Del 2 al 4 de octubre, Caudete se transformará en una pequeña ventana abierta a otro tiempo: 

al Siglo de Oro. 

Puestos, estandartes, personajes, telas, colores y ambientes evocarán aquella España de los siglos XVI y XVII, haciendo que nuestras calles se conviertan por unos días en escenario de una historia que parece regresar para visitarnos.

Y allí estarán también nuestros edificios, nuestras piedras y nuestros rincones haciendo de telón de fondo.

Porque Caudete no necesita inventarse un decorado cuando tiene tanta historia entre sus calles.

La feria llegará con sus tenderetes, sus banderas y sus personajes; con el bullicio de quienes pasean, miran, compran y participan. Pero detrás de todo ello habrá algo mucho más importante que la propia fiesta: 

la solidaridad.

Porque una feria que lleva ese nombre nos recuerda que celebrar también puede significar compartir, tender una mano, colaborar y hacer que lo que tenemos llegue también a quien lo necesita.

Y mientras la feria nos invita a mirar hacia nuestro pasado, la Bienal nos invita a contemplar el presente a través de los ojos de los artistas.

Arte y solidaridad. Acuarela y tradición. Cultura y fiesta.

Dos acontecimientos distintos que, durante estos días, van a caminar juntos por Caudete.

Así que hoy, cuando salgáis a la calle y encontréis los primeros puestos de la Feria de San Miguel, cuando escuchéis el bullicio de la gente o cuando entréis a contemplar las obras de la VIII Bienal en el convento de San José, el Carmen, recordadlo:

Caudete vuelve a ser escenario.

Escenario para el color, para la historia, para la creatividad y para

la generosidad.

Y quién sabe si, entre una acuarela y un puesto de la feria, entre un estandarte del Siglo de Oro y alguna de nuestras piedras centenarias, descubriremos una nueva imagen de esta Real Villa que tanto queremos.

Porque hay días en los que Caudete no solamente se vive...

hay días en los que Caudete se pinta, se recuerda y se comparte.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

2.10.2026. Viernes. (C. 2.675)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

jueves, 1 de octubre de 2026

Caudete, Ciudad de la Acuarela.

ESTAMPA CAUDETANA.

CAUDETE, CIUDAD DE LA ACUARELA.

Ayer entraron al claustro del convento de San José, el Carmen, un grupo de oficiales del Ilmo. Ayuntamiento para disponer todo con vistas a la inauguración de la VIII Bienal de la Pintura a La Acuarela.

Los cuadros de los acuarelistas del país invitado, Australia, ya están en el suelo esperando ser colgados en las paredes claustrales. 

La tarima desde donde las autoridades inaugurarán la VIII Bienal y la exposición de los cuadros de los pintores del país invitado, con la presencia de su embajadora, ya está dispuesta. 

El árbol de luces que pondrá claridad en el momento inaugural, ya se encuentra levantado enfrente del estrado.

Mediada la tarde bajé a tomar unas fotografías de la marcha de la preparación y me encontré con la Directora de la Casa de la Cultura, Doña María Sánchez López,  que se encontraba dando un repaso a los preparativos. Con ella cambié impresiones acerca del evento y del avatar de las Bienales que, con la de este año, ya suman OCHO por lo que ya podemos decir que van adquiriendo solera.

Hay veces que un pueblo no necesita levantar grandes monumentos para dejar su nombre escrito en el mundo - aunque, aquí, en esta Real Villa de Caudete, sí que contamos con algunos-.

A veces basta con un pincel, un poco de agua y una hoja de papel.

Y eso es precisamente lo que ha ocurrido con nuestra Villa y, sobre todo con uno de sus hijos, Rafael Requena, acuarelista universal.

Porque hablar hoy de acuarela en Caudete es hablar de él, de Rafael Requena, nuestro paisano y maestro acuarelista, cuya pasión por esta difícil y delicada técnica terminó prendiendo en su pueblo como prende una chispa en la yesca.

Rafael Requena falleció en 2003, pero su pintura no se fue con él para ser colgada en las paredes del cielo. Al contrario: quedó aquí, en su Museo de la Acuarela, inaugurado en 1999, y en esa afición por el agua, el color, la luz y el papel que habría de desembocar en uno de los acontecimientos culturales que más lejos ha llevado el nombre de Caudete.

Y así, en 2009, nacía la I Bienal Hispacuarela.

Después vendrían la segunda, en 2012; la tercera, en 2014.

y ocurrió en 2017, cuando desde la casa de Cultura se acercó su directora, la ya citada, Doña María Sánchez López, que venía con la encomienda de la Concejalía de Cultura a hablar con el P. Prior del convento de San José, el Carmen, para solicitar el claustro barroco-toscano - joya arquitectónica única por estas tierras donde Castilla La Mancha se va dejando caer suavemente hacia el mar, con el fin de poder colgar en sus paredes la exposición de los cuadros pintados, según la técnica de la Acuarela del país invitado en la cuarta Bienal, la de 2017.

El P. Prior, que a la sazón era yo mismo, acogí muy favorablemente la iniciativa y le dije a la Directora de la casa de la Cultura que, viniendo yo desde el ámbito de la cultura - fui profesor durante tres décadas en uno de los colegios de la Asociación Católica de Propagandistas San Pablo CEU, en Madrid - era favorable a la iniciativa que se nos proponía desde el Ilmo. Ayuntamiento de abrir las puertas del convento para beneficio cultural de las gentes del pueblo y de aquellos que nos visitarían viniendo de lejos para ver la exposición.

Pero debía proponerlo a la Comunidad de religiosos que vivíamos en el convento. y que ya le daría la contestación definitiva. 

Convoqué a la Comunidad a una reunión en la que di a conocer la solicitud que se nos hacía desde la Concejalía de Cultura del Ilmo. Ayuntamiento a través de la Directora de la Casa de la Cultura.

La Comunidad en pleno, en votación a mano alzada, dió su consentimiento y, desde 2017, en que tuvo lugar la cuarta Bienal de La Acuarela, se viene realizando la exposición de los cuadros de los pintores del país invitado, en nuestro claustro barroco-toscano conventual. 

Y será aquí, en nuestro claustro, donde los pintores del país invitado darán clases magistrales de pintura a La Acuarela a los pintores de la Villa y foráneos. 

Luego vino la quinta, en 2019; la sexta, en 2022; la séptima, en 2024… 

Y, ahora, cuando octubre hace acto de presencia, estamos a punto de abrir las puertas de la VIII Bienal Internacional de Nuevas Técnicas, Conceptos y Desarrollos en Acuarela y Acuarelibros.

Ocho ediciones.

Diecisiete años de historia desde aquella primera Bienal.

Diecisiete años en los que el agua ha ido llevando el nombre de Caudete mucho más allá de nuestras fronteras.

Porque esta no es ya una exposición de cuadros.

La Bienal ha convertido a Caudete en lugar de encuentro de acuarelistas de numerosos países, con exposiciones, demostraciones, clases magistrales y encuentros entre artistas. 

La propia organización señala que en las distintas ediciones han llegado a participar artistas de más de cuarenta países y más de doscientos acuarelistas.

Y hay algo que a mí particularmente me emociona.

Que la acuarela haya encontrado uno de sus rincones más hermosos precisamente entre las piedras antiguas del Convento de San José, el Carmen.

Allí, donde durante siglos el silencio acompañó la oración de los Carmelitas, hoy se escucha también el murmullo del agua sobre el papel, el roce del pincel y la conversación de artistas llegados desde lugares muy lejanos.

¡Qué curioso!

El arte contemporáneo entrando por las puertas de un antiguo convento.

La modernidad encontrándose con la historia.

El color dialogando con la piedra.

Y el agua, esa misma agua que necesita el acuarelista para convertir un pigmento en luz, paseándose por un claustro que durante siglos ha conocido otras aguas: las del pozo, las de la lluvia, las de las plantas y las de las manos que cuidaron aquel jardín.

En 2022, la VI Bienal tuvo como país invitado a India y llegó a reunir cerca de trescientas obras presentadas, de las que fueron seleccionadas 67 para la exposición principal en el claustro conventual.

En 2024, la VII Bienal tuvo como país invitado a Italia, y el Claustro del Carmen volvió a convertirse en uno de los escenarios principales de aquel encuentro internacional.

Y ahora llega Australia.

Mañana, 2 de octubre de 2026, a las siete y media de la tarde, el Claustro del Carmen abrirá nuevamente sus puertas para inaugurar la exposición del país invitado. Y durante el mes de octubre Caudete volverá a llenarse de acuarela, de artistas, de pinceles, de demostraciones, de música, de encuentros y de amistad.

Habrá clases magistrales y demostraciones de artistas procedentes de España, Argentina, Italia, Australia, Malasia, Eslovaquia, Uruguay, Perú-Francia, Francia y Japón.

Y los australianos volverán a pintar precisamente allí, en el Claustro del Carmen, acompañados por la música en directo de nuestra Escuela de Música, aledaña al convento.

Pero quizá lo más bonito de todo esto sea que Caudete no se limita a contemplar la acuarela: participa de ella.

La Bienal sale de las salas.

Se asoma a los balcones.

Entra en los espacios

patrimoniales.

Se encuentra con los niños.

Se acerca a las calles.

Y hace que durante unos días nuestro pueblo entero parezca un enorme taller de pintura y una gran sala de exposiciones.

Por eso, cuando alguien diga que Caudete es la Ciudad de la Acuarela, no estará hablando solamente de un título bonito.

Estará hablando de una historia.

De Rafael Requena.

De un Museo que lleva su nombre.

De un pincel que encontró continuadores.

De un Taller de Arte.

De unos artistas que vienen de muy lejos.

De unos caudetanos que abren sus puertas.

Y de un viejo claustro carmelitano que, por unos días, vuelve a llenarse de vida, aunque esta vez sean los colores quienes recen entre sus arcos.

Y yo me imagino a Rafael Requena contemplándolo todo desde el cielo.

Quizá sonriendo.

Porque aquella pasión suya por la acuarela que un día compartió generosamente con su pueblo no se quedó encerrada en un cuadro.

Se hizo Bienal.

Se hizo encuentro.

Se hizo cultura.

Y terminó haciendo algo todavía más grande:

hizo que Caudete pudiera escribir su nombre en el mundo con agua, color y luz.

¡Qué cosas tiene la acuarela!

Parece frágil.

Pero cuando encuentra un pueblo que la quiere…

puede llegar muy lejos.

Mañana vuelve a comenzar todo.

Mañana se inaugura la VIII Bienal de la pintura a La Acuarela. 

Mañana el convento de San José, el Carmen, se vestirá de tiros largos, se vestirá de fiesta.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

1.10.2026.Jueves. (C. 2.674).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

El brote del geranio.

ESTAMPA CAUDETANA.

EL BROTE DEL GERANIO.


Hoy se asoma a la ventanica de tu WhatsApp la florecilla de un brote de geranio.

Los geranios llenaban de color las jardineras, posadas sobre los alféizares de las ventanas del claustro alto del convento de San José, el Carmen.

Hoy, por desgracia, no queda ninguno.

Una invasión. de insectos alados —unas mariposillas marrones, las llamo yo— llegó hasta nuestra Real Villa de Caudete y cayó sobre ellos como un ejército.  -  Mismamente como el que ha padecido Ceuta, en esta ocasión a nado, y no precisamente por mariposicas, sino por jóvenes en plenitud de vida, a los que ha empujado el moro jefe al mar donde, alrededor de ciento cincuenta, se han ahogado -.

En nuestros geranios encontró un sustento excelente para sus larvas, que, después de eclosionar los liliputienses huevecillos que depositaron, principalmente, en las yemas, comenzaban su particular conquista.

Desde allí se introducían como diminutos mineros en las entrañas de los geranios, abriendo galerías y fagocitándolo todo a su paso, hasta acabar con aquellas plantas que durante tanto tiempo habían alegrado las ventanas del claustro.

Pero de aquel desastre quedó un superviviente.

Un solo esqueje.

Solo uno.

Y esta mañana, al acercarme a regar las jardineras, me lo encontré. Allí estaba, pequeño pero orgulloso, ofreciéndome su florecilla como quien anuncia que, a pesar de todo, la vida siempre encuentra un resquicio por donde volver a empezar.

Y, a fe mía, que me pareció que me miraba. Que me estaba diciendo, con su elocuente silencio, que todavía está aquí.

Y claro, ¿cómo iba yo a pasar de largo?

No podía por menos que tomarla cariñosamente en el fondo de mi telefonillo y convertirla en portadora de mi saludo mañanero en este día.

Un pequeño brote de geranio.

Un superviviente.

Una florecilla.

Y, sobre todo, un pequeño milagro de vida que se empeña en seguir floreciendo.

Él te ofrece su flor y con ella yo te envío mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

30.9.2026. Miércoles (C. 2.673)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

martes, 29 de septiembre de 2026

In Memoriam: Los Catorce.

ESTAMPA CAUDETANA.

IN MEMORIAM: LOS CATORCE.

Hoy, 29 de septiembre, festividad de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, Caudete vuelve la mirada noventa años atrás.

Cada vez que paso a la altura del paraje donde fueron martirizados 14 caudetanos aquel 29 de septiembre de 1936, toco el clason del coche. Pero hoy no. Hoy me he acercado físicamente hasta situarme frente al lugar en que fueron vílmente vejados antes de acabar con ellos, unos metros más allá de la Venta de la Encina, camino de Almansa, de la que hoy solo quedan algunas piedras y frente a la loma de Las Almas. 

Una sencilla Cruz en la que una chapa recuerda a los catorce caudetanos, siete hombres y siete mujeres, que allí fueron maltratados y privados de su vida por el hecho de ser buena gente de fe, permanece  al amparo que la presta un almendro.

Hay fechas que el calendario no consigue borrar.

Hay nombres que un pueblo no debe dejar caer en el olvido.

Y hay días en los que la memoria se convierte en oración. Uno de ellos es hoy y, hoy, en la parroquia de Santa Francisco ofreceré la Sagrada Eucaristía por todos ellos y por los que siguen muriendo por la fe en Jesucristo y pediremos para que la causa de santificación en la que están incursas siete de las víctimas, las mujeres (*), acelere el paso para que pronto las veamos en los altares.

Sí, tal día como hoy, 29 de septiembre de 1936, catorce hijos de Caudete —siete mujeres y siete hombres— fueron sacados de su encierro o de su casa o de su trabajo y conducidos fuera del pueblo.

Catorce paisanos nuestros.

Catorce historias.

Catorce vidas truncadas.

Ellas eran:

Dolores y Teresa Albalat Golf, Carmen y Dolores Pedrós Ruiz, Cecilia Serrano Díaz, Dolores Amorós Golf y Emerenciana Teresa Beltrán.

Ellos:

Rafael Berenguer Rojo, Guillermo Juan Rey, Antonio Puche Martínez, Juan Martínez Martínez, José Martí Herrero, Aurelio Ruiz Alcázar y Salvador Sánchez Albertos.

No eran un número.

Eran personas.

Tenían casa, familia, trabajo, ilusiones, amistades, preocupaciones y nombres por los que eran llamados cada día.

Entre ellas estaba Cecilia Serrano Díaz, maestra nacional, catequista y colaboradora de la parroquia, dedicada también a ayudar a los pobres.

Estaban también las hermanas Teresa y Dolores Albalat Golf. Teresa pertenecía a la Adoración Nocturna y a las Conferencias de San Vicente de Paúl; las hermanas Albalat y las hermanas Pedrós tenían entre sus ocupaciones la atención a los necesitados.

Y estaba Cecilia, que, según la documentación de la causa, cuando fueron a buscarla a la escuela pidió pasar antes por su casa para cambiarse y despedirse de los suyos. Allí habría pronunciado unas palabras que hoy estremecen por su sencillez:

«En el cielo nos veremos».

Los catorce fueron trasladados hasta las inmediaciones de la Venta de la Encina, en término de Almansa.

La documentación judicial de la época recoge que, en la carretera de Ocaña a Alicante, fueron encontrados los cadáveres de siete hombres y siete mujeres, muertos por disparos de arma de fuego. Entre sus pertenencias aparecían objetos cotidianos y, entre ellos, escapularios, crucifijos y rosarios.

Pero hay una escena que la memoria oral de Caudete ha conservado y que yo no quisiera que se perdiera.

Dicen que, cuando aquella camioneta descendía por la calle del Molino, camino de su calvario, algunos de los que estaban en las ventanas y balcones de sus casas las vierosn y escucharon sus voces.

No iban solos.

Iban con sus recuerdos.

Iban con su fe.

Y, según aquellos testimonios, lanzaban vivas a la Virgen de Gracia y cantaban canciones que ellas mismos habían enseñado a los niños en la catequesis.

¡Qué misterio el de la fe!

Salir de Caudete por última vez y hacerlo mirando hacia arriba, hacia el cielo.

Dejar atrás las calles conocidas, las casas, las campanas, la Plaza de la Iglesia, el Carmen, la calle del Molino...

Y llevarse consigo solamente aquello que nadie puede arrancarnos: 

el nombre, la dignidad, los recuerdos y, para quien cree, la esperanza.

Hoy, 29 de septiembre de 2026, cuando han pasado noventa años, no quiero que esta Estampa sea una llamada al rencor.

El rencor no resucita a nadie.

La memoria, sí.

La memoria nos ayuda a saber quiénes fuimos, qué sucedió y hasta dónde puede llegar el ser humano cuando el odio ocupa el lugar que nunca debió ocupar.

Por eso hoy, desde esta Real Villa de Caudete, quiero pronunciar sus nombres.

Despacio.

Uno a uno.

Como quien enciende catorce pequeñas luces en medio de la noche:

Dolores Albalat Golf.

Teresa Albalat Golf.

Carmen Pedrós Ruiz.

Dolores Pedrós Ruiz.

Cecilia Serrano Díaz.

Dolores Amorós Golf.

Emerenciana Teresa Beltrán.

Rafael Berenguer Rojo.

Guillermo Juan Rey.

Antonio Puche Martínez.

Juan Martínez Martínez.

José Martí Herrero.

Aurelio Ruiz Alcázar.

Salvador Sánchez Albertos.

Catorce caudetanos.

Catorce vidas.

Catorce nombres.

Y una memoria que sigue viva.

Que la Virgen de Gracia, a la que —según cuentan quienes conservaron su recuerdo— invocaron mientras abandonaban Caudete, los tenga bajo su manto.

Y que nosotros sepamos hacer con su memoria lo único verdaderamente cristiano:

recordarlos, rezar por ellos y trabajar para que nunca vuelva a suceder.

Descansen en paz.

Recibe mi saludo, 


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!           

 29.9.2026. Martes. (C. 2.672).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

(*) La documentación consultada presenta a las siete mujeres, junto con otra de la ciudad de Albacete, dentro de la causa de los 464 mártires de la persecución religiosa, cuyo proceso sigue su curso.

lunes, 28 de septiembre de 2026

Se nos fue la Hermana Elena.

ESTAMPA CAUDETANA.

SE NOS FUE LA HERMANA ELENA.

Faltaban solamente cinco minutos para entrar en el Día del Señor, el domingo, cuando la hermana Elena salió de la clausura del monasterio del Sagrado Corazón de Jesús y de la Virgen de Gracia para emprender el viaje que la conduciría hacia las moradas eternas, donde le esperaban el buen Padre Dios, su Esposo Jesucristo y el Dador de las gracias divinas, el Espíritu Santo.

También la esperaba a la puerta del cielo la Madre, la Virgen María, en su advocación del Carmen, a la que se consagró para, desde ella y como ella, abrirse al bien de sus hermanos, los seres humanos.

Elena no era de aquí, de Caudete, pero tampoco importaba demasiado, porque uno es de allí donde se planta, como si fuera una semilla, y termina echando raíces y dando fruto.

Ella era oriolana de nacimiento. Allí vio la primera luz hace noventa años. Sí, noventa años abiertos al encuentro con el Señor, en una relación contemplativa, cual es el carisma de aquellas almas que son tocadas por el Espíritu Santo y conducidas al ámbito familiar del Carmelo.

Y por exigencias de ese encuentro con el Señor, sin excusa posible, abierta totalmente, entregada a sus hermanas y a sus hermanos.

Así vivió desde que entró por la puerta del monasterio carmelita de clausura, de «las Encerrás», como aquí las llamamos en esta Villa.

Satisfacía así el deseo, el proyecto para su vida, de hacerse obsequio de Jesucristo en totalidad de amor, adelantando ya en el tiempo aquello que añoraba vivir y disfrutar junto a Dios mismo y por toda la eternidad.

La carne humana le impedía ya unirse a la pléyade de todos aquellos que la han precedido en ese caminar hacia el encuentro definitivo con el Señor. Pero a ella no le importó esperar un ratico, porque ya hacía realidad ese encuentro en el ámbito monástico, en una relación cercana y fraternal con sus hermanas de religión, por las que se desvivía.

En los valles de los Picos de Europa, donde serví yo en mis tiempos jóvenes, se oye aquel decir, aquel aforismo:

«Al hombre se le gana por el gargüelu».

Y ella lo sabía.

Tenía ganadas a sus hermanas por medio del servicio de la cocina. Porque de cualquier cosa sencilla era capaz de prepararles comidas deliciosas.

Y si hablamos de repostería… ¡apaga y vámonos!

¡Menudos flanes, qué tortas, qué bizcochos hacía la hermana Elena!

Pienso que sus hermanas, las que en el día de hoy la entregan a Dios, van a sentir su marcha, no tanto porque deja un hueco difícil de llenar dentro del monasterio, cuanto por esas atenciones culinarias con las que satisfizo, tantas veces, sus necesidades.

Pero, ciertamente, la hermana Elena, al salir de la clausura, ha dejado un hueco indeleble y difícil de reponer en el monasterio del Sagrado Corazón de Jesús y de la Virgen de Gracia.

Pedimos a la Virgen Santísima, nuestra Madre del Carmen o de Gracia —que tanto da—, que la reciba allá arriba, a la puerta de esa otra casa, la casa donde reside Dios, y la introduzca en una de esas habitaciones de las que nos hablaba Jesús cuando afirmaba:

«En la casa de mi Padre hay muchas estancias y voy a prepararos sitio».

(Jn 14, 1-2)

Descanse en paz nuestra hermana Elena, ella que tanto y durante tanto tiempo pidió por nosotros.

Y ahora que ya ha llegado a la Casa del Padre, que siga haciéndolo desde allí.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

28.9.2026. Lunes. (C. 2.671)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

domingo, 27 de septiembre de 2026

El Barrio grita: ¡aquí estoy!

ESTAMPA CAUDETANA.

EL BARRIO GRITA: ¡AQUÍ ESTOY!

Decir el Barrio, en esta Real Villa de Caudete, es lo mismo que decir San Francisco.

Y decir San Francisco nos remonta hasta los albores del siglo XX, cuando un prócer caudetano, Francisco Albalat Navajas, conde de San Carlos, puso en marcha uno de los proyectos más singulares de cuantos se realizaron en Caudete en aquellos años.

Albalat concibió el Barrio de San Francisco como un conjunto prácticamente autónomo del resto de la población. 

Para hacerlo realidad fue adquiriendo, entre 1900 y 1902, terrenos en el paraje conocido como las Eras de San Antonio Abad, al otro lado de la carretera.

Aquella zona era entonces terreno dedicado al labrantío.

Y allí comenzó a levantar casas destinadas, en un principio, a pobres de solemnidad, braceros y labradores.

Pero el bueno de Paco Albalat no se quedó solamente en las casas.

Soñó un barrio completo: viviendas obreras, una iglesia, un colegio-asilo para huérfanos con su capilla, un mercado y hasta una plaza de toros.

No todo llegó a hacerse realidad, pero entre 1901 y 1910 fue tomando cuerpo ese conjunto que hoy conocemos con un nombre que en Caudete no necesita demasiadas explicaciones:

EL BARRIO.

Y allí, junto al futuro Barrio, estaba —y sigue estando— San Antón.

La ermita de San Antón ya aparece documentada en Caudete en 1597 y existe la posibilidad de que su origen estuviera relacionado con los Hermanos Hospitalarios de San Antón, dedicados a la atención de peregrinos y enfermos.

No era, pues, un lugar puesto al azar.

Por allí pasaban caminos de peregrinación. La ermita se encontraba en la confluencia de la Ruta de la Lana, camino de Santiago, con la ruta que llevaba desde Valencia hasta Caravaca de la Cruz.

Los Hermanos de San Antón tuvieron, además, una especial dedicación a quienes padecían el llamado «fuego de San Antón», el ergotismo, una intoxicación provocada por cereales contaminados con el cornezuelo.

De modo que aquellos caminos que hoy pueden parecernos sencillamente caminos de las afueras de Caudete fueron, en otros tiempos, caminos de peregrinos.

Gentes que caminaban con fe, cumpliendo una manda, buscando alivio para sus males o, simplemente, avanzando hacia Santiago de Compostela con el deseo de llegar hasta la tumba del Apóstol.

Y sobre aquellos terrenos, entre caminos, campos y eras, habría de levantarse años después el Barrio de San Francisco.

El Barrio de Don Paco.

El Barrio.

Y este Barrio se ha puesto en pie, en el día de ayer, para celebrar sus fiestas.

Apagados ya los sones de las fiestas patronales de Moros y Cristianos en honor de la Virgen de Gracia, la Asociación de Vecinos del Barrio ha vuelto a ponerlo en pie, por undécima vez.

¡Ya va adquiriendo solera!

SEMANA SOCIOCULTURAL

BARRIO SAN FRANCISCO

Se extenderá desde ayer, 26 de septiembre, hasta el día de la fiesta de su Patrón, San Francisco de Asís, el próximo domingo, 4 de octubre.

Lo han venido proclamando con esa profusión de carteles colocados en lugares idóneos por toda la Villa, que nos apercibían de lo que estaba a punto de suceder.

Y ayer, por la tarde, fueron los estampidos de los cohetes, allá arriba, en lo alto del cielo que ampara al Barrio, los encargados de anunciar que la SEMANA SOCIOCULTURAL ya estaba aquí.

¡El Barrio gritaba!

¡AQUÍ ESTOY!

Una semana plena de actividades, como puedes comprobar en el programa que acompaña a esta Estampa y en el que se nos invita a estar presentes, participar y pasarlo bien.

¡Bien por la iniciativa de la Asociación de Vecinos del Barrio!

Ayer, a las diecinueve treinta horas, dio comienzo la SEMANA SOCIOCULTURAL con el pregón, que en esta ocasión corrió a cargo de Joaquín Ruiz Carrión.

No estuve presente porque coincidía, en el horario, con la Sagrada Eucaristía de víspera del vigésimo sexto domingo del Tiempo Ordinario, en la parroquia de Santa Catalina, que se me había adjudicado.

No tengo duda alguna de que Joaquín se portaría como se esperaba de él y que su pregón sería recibido con el cariño que merecía.

Después, como manda la buena costumbre, vino el encuentro alrededor de un vino español, servido en la sede de la Asociación de Vecinos, en el número 1 de la calle San Francisco.

Así que ya sabes:

Te esperan por el Barrio.

Te esperan para que te acerques, participes, disfrutes y te lo pases muy bien.

¡Hazles caso!

Porque el Barrio de San Francisco, después de más de un siglo de historia, vuelve a levantar la voz para decirnos:

¡AQUÍ ESTOY!

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

27.9.2026. Domingo (C. 2.670)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

sábado, 26 de septiembre de 2026

La enfermedad de Alzheimer.

ESTAMPA CAUDETANA.

LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER.

El Día Mundial del Alzheimer lo celebramos cada año el 21 de septiembre.

La fecha fue establecida para llamar la atención sobre esta enfermedad y sobre las demás demencias, y para concienciarnos de lo que suponen para quienes las padecen, para sus familias y, muy especialmente, para quienes tienen que acompañarlas y cuidarlas día tras día.

En España, además, todo el mes de septiembre suele estar salpicado de actividades destinadas a la sensibilización y concienciación sobre el Alzheimer.

Y aquí, en esta Real Villa de Caudete, contamos con un centro dedicado específicamente a la atención de las personas afectadas por esta tremenda enfermedad. Un centro que nació años atrás gracias, entre otras cosas, al impulso de Don Ramón Gisbert Conejero, quien conoció muy de cerca, en su propia familia, los perniciosos efectos de la enfermedad.

Esta enfermedad lleva el nombre de Alois Alzheimer (1864-1915) (*), médico y psiquiatra alemán que estudió uno de los primeros casos que hoy asociamos con esta dolencia.

Aquí, en la Villa, la Asociación Amigos Alzheimer de Caudete se mueve, se hace notar y trabaja para concienciar al personal acerca de toda la problemática que lleva consigo el padecimiento de una enfermedad tan indeseable.

Lo vienen haciendo sin descanso, pero de un modo especial durante este mes de septiembre y, más concretamente, durante esta semana en la que hemos celebrado —el pasado lunes— el Día Mundial del Alzheimer.

Y así hemos podido ver carteles anunciando una CENA DE SOBAQUILLO, con la que se pretende allegar fondos para echar una mano, para ayudar a quienes padecen la enfermedad y también a quienes sufren sus consecuencias acompañando y cuidando a sus enfermitos.

Y ayer mismo estuvieron presentes con ocasión del mercadillo.

Allí montaron una mesa informativa y de cuestación, aprovechando la oportunidad que les brinda la ingente cantidad de gente que cada viernes se da cita en aquel lugar.

Por allí pasé yo.

Las animé en su obra, en su compromiso y en esa hermosa tarea de no dejar solos a quienes, poco a poco, van perdiendo recuerdos, palabras, rostros y hasta la capacidad de reconocerse a sí mismos.

Por mi colaboración económica me obsequiaron con el Calendario Caudetano Amigos de Alzheimer de Caudete, ilustrado con fotografías de las ermitas de nuestro pueblo.

Un calendario que, además de marcar los días, nos recuerda algo que nunca deberíamos olvidar: que detrás de cada día hay personas, familias, recuerdos y muchas horas de entrega silenciosa.

Mis plácemes, pues, y mis mejores deseos de éxito en sus campañas para mis Amigos Alzheimer de Caudete.

Y mi oración por todos los enfermitos y por quienes los acompañan.

Porque el Alzheimer no me resulta una enfermedad lejana.

A mi madre nos la arrebató esta enfermedad.

Por eso, cuando me encuentro con quienes trabajan para combatirla y para acompañar a quienes la padecen, no puedo pasar de largo.

Hoy, además de mi saludo, les dejo mi oración.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

26.9.2026. Sábado (C. 2.669)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

(*) Leo en redes sociales:

En 1906, Alois Alzheimer presentó el caso de Auguste Deter, una mujer que había desarrollado pérdida de memoria, desorientación y otros síntomas. Tras su fallecimiento, Alzheimer estudió su cerebro y describió alteraciones que hoy relacionamos con la enfermedad, entre ellas las placas de beta-amiloide y los ovillos de proteína tau.

Con el tiempo, aquella enfermedad acabaría llevando el nombre del médico que estudió y describió aquel caso.

viernes, 25 de septiembre de 2026

La Sierra de La Alácera.

ESTAMPA CAUDETANA.

LA SIERRA DE LA ALÁCERA.

Ya se cumplieron los nueve años desde mi llegada a esta Real Villa de Caudete. Nueve años viéndola una y otra vez, sobre todo en esa semana en que se me asigna la atención litúrgica en la parroquia de Santa Catalina porque, para llegar al templo, doy un rodeo por la Glorieta de la Cruz para, dejando atrás la Avda. de la Libertad, subir los la Avda. de las Jornetas. 

Y allí, a lo lejos, está ella, quieta, inmóvil, como si estuviera echando un sueñecico. 

Allí, a mí izquierda según subo caminando, está ella. Pareciera que guarda mi caminar como si fuera un destacamento compacto de un ejército. 

Allí está la SIERRA ALÁCERA.

Cuando llegué a la Villa aquel 11 de septiembre de 2017  y miré hacia el sureste, la ví   formando parte del paisaje.

Es nuestra sierra, me dijo una señora cuando me encontraba detenido contemplándola.

Se levanta allá donde Caudete comienza a despedirse de Albacete y se acerca a Murcia por la villa de Yecla. 

Junto con la sierra de La Oliva o de Santa Bárbara - de la que ya te he hablado en otras ocasiones - recogen a la Villa Caudetana y todo su ámbito en un vallecico en el que no recibe mucha agua desde arriba, desde las nubes, pero goza de buena cantidad  debajo del suelo. 

La Sierra Alácera viene a ser  como un largo cordal que, unido a la Sierra del Príncipe y al paraje de La Toconera, constituye uno de esos rincones de este término caudetano que quizá vemos muchas veces y, sin embargo, no siempre miramos.

Porque mirar no es solamente ver, como bien sabes.

La Sierra de la Alácera se estira de suroeste a noreste, como una larga espalda de piedra, y alcanza en el Peñón Grande o Peñón Alto los 885 metros de altitud. Desde abajo, desde los aproximadamente 550 metros a los que se encuentra Caudete, por lo que, si uno se propone hacer una excursión para alcanzar su cumbre, debe prepararse para subir unos cientos de metros.

- Yo no lo he intentado y no ha sido por falta de ganas pues en mi haber cuento con ascensos mucho más exigentes como salvar a patita "los cuestus"  en cuyas lomas se encontraba, por ejemplo Cires de Lamasón o plantarme en Tresviso, ya en Picos de Europa, partiendo de Urdón en La Hermida desde donde había que patear ocho kilómetros para salvar uno de altura -. 

Eran mis tiempos jóvenes en que fui destinado a aquellos valles donde los Picos de Europa se van suavizando buscando la planicie, para atender la pastoral rural.

En nuestra sierra caudetana, me vienen diciendo durante estos años los lugareños mayores porque yo na de na sé, cambia el paisaje.

En ella, la piedra caliza se hace protagonista: Escarpes, laderas pedregosas, pequeñas barranqueras y ese suelo pobre que, paradójicamente, esconde bajo nuestros pies una de las grandes riquezas de estas tierras: el agua.

- Porque, ha de saber Ud., me ilustraba con efusión un lugareño con muchos años a las espaldas, que estas sierras son también una especie de gigantescos depósitos naturales (1). Y aguas que se bombean aquí bajan hasta la marina, hasta Alicante y pueblos vecinos para satisfacer su necesidad de agua potable  

El agua que cae sobre ellas se filtra por las calizas y dolomías, penetra en sus entrañas y alimenta los acuíferos. De ahí que podamos imaginar estas montañas no solamente como un paisaje que se contempla, sino como un enorme aljibe escondido bajo nuestros pies.

Y todo esto tiene una historia mucho más antigua que nosotros, concluye uno de mis comunicantes, muchísimo más antigua.

Porque, ha de saber Ud.  que las calizas y dolomías que encontramos en la sierra se formaron hace millones de años, cuando estas tierras eran muy diferentes de como hoy las conocemos. Después vinieron los plegamientos, las fallas y los movimientos de la tierra. Y la montaña 

se arrugó.

Se quebró.

Se levantó.

Y quedó allí, a lo lejos, formando ese relieve que ahora vemos desde Caudete.

En sus laderas, si se acercara Ud. alguna vez, se toparía con una pinada del conocido como  pino carrasco donde medra estupendamente porque, al parecer,  es un  lugar muy apropiado para él. 

Los biólogos lo han nombrado Pinus halepensis.

Estos pinos comparten espacio con romeros, aliagas, lentiscos, coscojas y espartos que tapizan la piedra.

Felipe Graciá (RIP), padre que fuera de nuestro actual párroco, P. Antonio Graciá Albero, carmelita, me dijo en una ocasión en que le pesqué "con las manos en la masa", es decir, tejiendo un cesto con esparto:

- Mucho esparto tengo tejido y todo lo fui a recoger a La Alácera. 

Además, mire Ud.,  entre la foresta que viste las frías piedras de la Alácera, bulle la vida, siguen informándome.

 Allí encuentran cobijo y sustento:

- El jabalí que deja sus señales en el terreno.

- El zorro que cruza sin pedir permiso.

- El conejo que desaparece entre la maleza.

- La gineta y la garduña, más discretas.

- El mochuelo que, cuando va oscureciendo, se hacerse señor del silencio.

Y, correteando con sus cortas patas el lagarto ocelado o, arrastrándose, la culebra bastarda y tantos otros bichicos que llenan la sierra  de vida dando a entender que es algo más que una sucesión de piedras y pinos.

Mientras subo Avda. De las Jornetas, entre chalé y chalé contemplo a la Alácera y, ella, me contempla a  mí y, entre tanto, voy pensando para mis adentros:

Ciertamente la sierra de La Alácera es un lugar para visitar. Un lugar para ir.  Voy a ver si me armo de valor y me decido.

Para aquellos que ya la disfrutaron in situ es un lugar para volver. Y, de hecho, muchos de los que van, vuelven. Pareciera que embrujara, como diría Don Miguel Unamuno, de la ciudad de Salamanca, a los que la han visitado, vivido.

Y es que uno se encuentra con la naturaleza sin necesidad de hacer grandes dispendios y viajes, me decía con énfasis un amante del medio gran conocedor de la sierra.

Y quizá por eso la sierra de la Alácera tenga un valor que no se mide solamente en metros de altitud, kilómetros de sendero o especies de plantas y animales.

Tiene el valor:

De lo cercano.

De lo nuestro.

De aquello que forma parte del paisaje cotidiano y que, precisamente por estar tan cerca, corremos el riesgo de dejar de mirar. Cosa que no me ocurre a mí, pues no me canso de contemplarla mientras subo por la Avda. de las Jornetas.

Uno puede verla desde la Villa y pensar que solamente es una sierra.

Pero, la verdad sea dicha, no es solo una sierra.

Es piedra que guarda agua.

Es pino que resiste el verano.

Es romero y esparto.

Es refugio de animales.

Es sendero para quien camina.

Es monte para quien lo conoce.

Es memoria.

Y es también esa línea de montañas que, cuando uno sube o baja por la Avda. de las Jornetas y la contempla en el horizonte, le dice sin palabras, que te está acompañando.

Y es que hay paisajes que simplemente están.

Y hay otros que, con el paso del tiempo, terminan formando parte de uno mismo. Y ese, es mi caso.

La Sierra de la Alácera es uno de ellos.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

25.9.2026. Viernes. (C. 2.668).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

(1) Se dice que toda nuestra vecina La Mancha es toda ella, un subsuelo, un mar de agua.

jueves, 24 de septiembre de 2026

Las azucenas de Santa Paula.

ESTAMPA CAUDETANA.

LAS AZUCENAS DE SANTA PAULA.

No sé cuántas veces habré pasado al lado del lugar donde, ya hace nueve años, planté unos bulbos de AZUCENAS DE SANTA PAULA que me traje desde mi bosquecillo madrileño, en el corralón del convento de San José, (el Carmen).

Muchas.

Pero hay días en los que uno pasa por un sitio y no ve nada; y otros en los que, de repente, algo reclama la atención de uno.

Eso me ocurrió ayer.

Andaba regando las plantas porque con estos calores que siguen azotándonos, están ahogaditas. Y, al llegar al lugar donde planté los bulbos, allí estaban ellas, las azucenas de Santa Paula.

Como si hubieran estado esperando pacientemente a que yo pasara por allí para decirme:

—¡Mira!

Y miré. ¡Vaya si miré!

Y allí estaban, levantando su tallo desnudo hacia el cielo y coronándolo con aquellas flores rosadas, delicadas, elegantes, que parecen hechas para crecer en un lugar como este al que viajaron desde la punta de África, allá en el Cabo, pasando por mi bosquecillo madrileño.

El corralón del convento.

Un lugar de silencio.

De clausura.

De oración.

De vida escondida.

Y pensé que difícilmente podían haber elegido un sitio más apropiado.

Porque estas azucenas tienen una peculiaridad que las hace todavía más especiales: florecen antes de echar las hojas.

Primero aparece el tallo.

Después la flor.

Y más tarde llegarán las hojas.

¡Qué cosa!

Como si la planta no quisiera perder tiempo.

Como si dijera:

—Primero voy a regalaros la flor. Ya habrá tiempo para lo demás.

La azucena de Santa Paula, Amaryllis belladonna, es de esas plantas que aparecen cuando el verano empieza a despedirse y septiembre también con él.

Y este septiembre, como todos en Caudete, ha sido muy especial:

Venimos de las Fiestas Patronales.

De la pólvora.

De las músicas.

De las comparsas.

De las calles engalanadas.

De la salida y el regreso de nuestra Patrona, la Virgen de Gracia.

De tantos días en los que Caudete ha vivido hacia fuera, llenando sus calles de ruido, color y alegría.

Y ahora, poco a poco, todo vuelve a su sitio.

Los arcabuces han callado y duermen en sus fundas de cuero repujado.

Las músicas han dejado de sonar hasta las tantas de la madrugada.

Las calles ya han recuperando su ritmo habitual.

Y mientras Caudete vuelve a la normalidad, en el corralón del convento de San José algo sigue hablando.

No con palabras.

Con flores.

Las azucenas de Santa Paula.

Me gusta todavía más pensar que, detrás de los muros del Carmen, hay una vida que transcurre de otra manera.

Una vida escondida.

Una vida de oración.

Una vida que tampoco necesita hacer ruido para florecer.

Quizá por eso estas azucenas me han llamado tanto la atención.

Porque se parecen un poco a quienes viven en el convento.

No necesitan mostrarse para estar.

No necesitan hacer ruido para decir.

No necesitan ocupar la calle para dejar huella.

Y allí, en aquel corralón, las flores hacen lo mismo:

Florecen sin más.

Yo las miro y me acuerdo de que la naturaleza tiene sus tiempos.

Hay plantas que florecen en primavera.

Otras esperan al verano.

Y éstas esperan hasta que septiembre comienza a cerrar la puerta de la estación veraniega.

Como si quisieran recordarnos que siempre queda algo por florecer.

Incluso cuando parece que todo ha terminado como:

Terminaron las fiestas.

Terminó la pólvora.

Terminó el bullicio.

Pero no terminó Caudete.

Ni terminó la belleza.

Ni terminaron las pequeñas cosas que, escondidas en cualquier rincón, esperan que alguien se detenga a descubrirlas.

Y allí estaban ellas.

En el corralón del convento de San José.

Las azucenas de Santa Paula.

Calladas.

Rosadas.

Hermosas.

Como una pequeña oración hecha flor.

Y pensé:

¡Qué suerte la mía haber pasado por allí justo cuando ellas habían decidido florecer!

Porque quizá esa sea también una manera de vivir:

pasar por la vida con los ojos abiertos, por si acaso Dios ha dejado una flor en nuestro camino.

Pero, además, no fue nada más que verlas y  echar a volar mi pensamiento a aquella que me trajo al mundo, a mi madre porque ella se llamaba y se llama PAULA, como las azucenas florecidas en el corralón del convento de San José (el Carmen).

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

24.9.2026. JUEVES. (C. 2.667).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.