ESTAMPA CAUDETANA.
EL ÁGUILA SE ELEVA ENTRE LA NIEBLA
¡Tony Smibert
Hoy vuelvo a presentarte otra de las obras con las que este acuarelista australiano se dirige a quien se detenga a contemplarlas.
Es una mancha que parece ir disolviéndose en el espacio, sobre ese papel blanco que sirve de soporte a la pintura a la acuarela.
La titula:
Eagle in Mist Rising.
«El águila se eleva entre la niebla».
Pero no vemos al ave. No la ha pintado. Como buen maestro, deja al observador la tarea de descubrir el mensaje que quiere transmitirle.
Nos encontramos ante uno de esos primeros espadas de la acuarela australiana que han traido su buen hacer para ser colgado en las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen.
Ayer me detuve ante su "Luna de invierno". Hoy vuelvo a meterme en la cámara oscura de mi telefonillo para sacar de ella otra de sus obras, que lleva por título:
«El águila se eleva entre la niebla».
Así podríamos traducirlo y así te lo presento.
Mira bien el cuadro. No busques una figura perfectamente dibujada ni un paisaje de esos que nos permiten identificar cada uno de sus elementos. Aquí el pintor parece haber querido jugar con la atmósfera, con los velos de la niebla, con las luces y las sombras que se entremezclan y que, por momentos, nos ocultan aquello que nuestra imaginación se empeña en descubrir o descifrar.
Una masa oscura parece ocupar la parte central e inferior de la composición, mientras que a su alrededor se arremolinan esos tonos grises, suaves, vaporosos, que bien pudieran ser la niebla que envuelve y acompaña el ascenso del águila.
Y es que hay ocasiones en las que la pintura no necesita enseñárnoslo todo. Le basta con sugerirnos algo para que nosotros pongamos el resto.
Smibert, con su dominio de la acuarela, nos invita a entrar en ese mundo de indefinición, donde la materia parece convertirse en aire y el aire en pintura.
Sin levantar la voz, consigue que nos detengamos ante su obra.
¡Qué manera de hacer que el agua, el pigmento y la imaginación se den la mano y nos lleven a preguntarnos qué hay detrás de lo que contemplamos!
Cuando me acerqué a verla, pendiendo junto a la obra que te presenté ayer, también de Smibert, de una de las paredes del claustro bajo del convento de San José, el Carmen, busqué y busqué el águila que, según el título, se elevaba entre la niebla.
Y, por más que lo intenté, no conseguí encontrarla.
Entonces me dio por pensar:
Este pintor lo que pretende es que pinte yo el águila, que sea yo quien invente la trama, quien complete la escena y diga qué es lo que aquella mancha me sugiere.
Y lo que me vino a la cabeza no fue otra cosa que aquello que se nos cuenta en las primeras páginas de la Biblia:
El relato de la Creación:
Al principio todo era confusión nos dice el libro del Génesis. La tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo.
Pero Dios fue poniendo orden en aquella oscuridad, en aquella confusión, poniendo la luz sobre las tinieblas y creando las dos grandes luminarias: una para regir el día y otra para regir la noche.
Y ahora sí. Ahora me parece verlo claro: el águila que no encuentro dibujada en la acuarela no es otra cosa que la personificación de todo cuanto ha salido a la existencia por la mano creadora de Dios.
El águila es la Creación entera, que se eleva desde aquella primera confusión y va tomando forma bajo la mirada de su Creador.
¡Mira por dónde! Tony Smibert me ha dejado sin águila en el papel, pero me ha dado ocasión de encontrarla en mi imaginación y, sobre todo, de elevar la mirada hacia quien todo lo hizo.
En el claustro del Carmen estuvo expuesta, formando parte de aquel encuentro de acuarelistas australianos con esta nuestra Ciudad de la Acuarela durante la VIII Bienal de la Pintura a la acuarela.
Y yo la vi. Y la fotografié.
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
3.11.2026. Martes. (C. 2.704).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.










