viernes, 30 de octubre de 2026

Una rosaleda de acuarelas.

ESTAMPA CAUDETANA.

UNA ROSALEDA DE ACUARELAS.

(La segunda de las obras de Yuan ZHAO)

El pasado día 23 ya te hablaba yo de que, desde el pasado día 2 y hasta el día 25 de este mes de octubre, Caudete estaba de Bienal. Y cuando nuestra Real Villa se viste de arte, hay que salir a la calle, acercarse a los lugares donde se expone y dejarse sorprender por cuanto son capaces de hacer nuestros artistas con un poco de agua, unos pigmentos y mucho talento.

Hoy quiero invitarte a detenerte ante una obra, la segunda de Yuan ZHAO, que lleva un título tan sencillo como hermoso: 

Rose Garden. 

En castellano, UNA ROSALEDA.

Y mírala bien, porque merece la pena.

¡Vaya jardín de rosas! Rosas blancas, rosas rosadas, carmines encendidos, pétalos que parecen acariciados por la luz y un fondo de verdes profundos que hace resaltar todavía más la exuberancia de las flores.

Pero no te dejes engañar. No estás ante una rosaleda de las que se visitan con las manos a la espalda y aspirando el perfume de las rosas. Aquí el perfume lo pone el artista; la fragancia nace de los colores, de las transparencias, de las manchas y de esos pequeños milagros que suceden cuando el agua se encuentra con el pigmento sobre el papel.

Eso es la acuarela. Un arte que exige sensibilidad, dominio y, muchas veces, saber dejar que el agua haga su trabajo.

Y allí estuvo, colgada el la pared del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen,  esta maravilla, invitándote a entrar en su jardín sin necesidad de abrir ninguna cancela.

Pues bien, esta rosaleda era una buena razón para visitar la VIII Bienal de Pintura a la Acuarela. Y no era la única. Cada obra podía convertirse en una pequeña puerta: 

basta acercarse, mirar con calma y dejar que algo de lo que vemos encuentre un lugar dentro de nosotros.

Ya no es posible pararse delante de esa ROSALEDA porque ya emprendió viaje de vuelta. Pero como yo me quedé con ella y todos las demás obras que fueron expuestas en el claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, encerradicos en la cámara oscura de mi telefonillo, podemos volver a verlo.

Porque hay cuadros que se descubren poco a poco, detalles que aparecen cuando regresamos y emociones que necesitan una segunda mirada para quedarse con nosotros.

Caudete tuvo en esos días de la Bienal una cita con el arte, pero también una oportunidad para encontrarse consigo misma: 

Con su sensibilidad, con su talento y con esa capacidad de asombro que la vida cotidiana a veces nos hace olvidar.

No hace falta entender de pintura para disfrutar de un cuadro. Basta con detenerse, respirar y permitir que nos diga algo. Quizá una acuarela nos regale un recuerdo, una emoción o, como esta Rose Garden, un paseo inesperado entre rosas.

Ya no te lo vas a encontrar colgado en el claustro del convento de San José, el Carmen, para que esta obra te encuentre. Pero sí puede hacerlo desde la fotografía que he sacado de la cámara oscura de mi telefonillo y que pone a tu disposición mi ESTAMPA CAUDETANA.

Y, ¡quién sabe! a lo mejor te estasías contemplándola y experimentes  la sensación de haber visitado una rosaleda sin salir de tu intimidad, de tí misno.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

30.10.2026. Viernes (C. 2.701)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

jueves, 29 de octubre de 2026

"Winter Shadows": la luz y sus sombras de invierno.

ESTAMPA CAUDETANA 2.700.

«WINTER SHADOWS»: LA LUZ Y SUS SOMBRAS DE INVIERNO

Ayer te hablaba de Alan Ramachandran, un acuarelista nacido en Singapur y afincado en Adelaida, Australia. Te contaba cómo pasó de trabajar como diseñador de interiores a adentrarse en el mundo de la acuarela, después de formarse en la Escuela de Artes de La Salle, en su ciudad natal.

Y te decía que había sacado de la cámara oscura de mi telefonillo su obra Morning Shadows —Sombras de la mañana—.

Hoy pongo ante tus ojos otra de sus creaciones: Winter Shadows —Sombras de invierno—, que también he rescatado de esa cámara oscura de mi telefonillo para traerla a la luz.

Ambas obras estuvieron expuestas en las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, con motivo de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, celebrada en esta Ciudad de la Acuarela, nuestra Real Villa de Caudete.

Alan Ramachandran nació en Singapur, donde comenzó su andadura por el mundo de la acuarela.

Ayer contemplábamos su obra inspirada en la cordillera Flinders, en el sur de Australia. Hoy te presento esta segunda acuarela, a la que su autor ha puesto por título Winter Shadows, que viene a decir en castellano:

«Sombras de invierno».

Pero esta vez no nos encontramos ante un paisaje abierto de la cordillera Flinders, sino ante un arco en ruinas, invadido por la vegetación.

Y en él hay algo que lo domina todo: la luz.

El fondo, ese arco blanquecino que se distingue al otro lado, parece realizado dejando el papel en reserva, casi sin tocarlo. Es el golpe de luz invernal, esa luz blanca, difusa y fría que se cuela por el vano. Todo lo demás parece quedar a merced de las sombras.

Alan no se limita a pintar la luz: pinta también aquello que la luz deja sin tocar.

En el primer plano aparecen verdes apagados, tierras quemadas, violetas y negros aterciopelados. Los colores se superponen mediante veladuras y se funden en algunos puntos, dejando que el agua y los pigmentos hagan también su trabajo.

Porque la sombra de invierno no tiene por qué ser negra: también puede estar hecha de color.

Y así, al detenernos en la obra, podemos distinguir diferentes matices:

Sombras cálidas: los naranjas y ocres de la derecha, que parecen conservar el calor reflejado de la piedra.

Sombras frías: los azules y verdes grisáceos de la izquierda, entre la maleza.

Sombras profundas: los tonos oscuros del arco, que aportan profundidad y misterio a la composición.

Alan aprendió bien de los maestros acuarelistas que le enseñaron en la Escuela de Arte de La Salle, en Singapur. En la acuarela, las sombras no tienen por qué resolverse recurriendo al negro puro: pueden surgir de la mezcla de colores, de sus contrastes y de la relación que unos establecen con otros.

Y hay algo que no deja de llamar la atención en esta obra: un arco dentro de los arcos.

Toda ella viene a ser un guiño precioso a Caudete.

Los organizadores de la VIII Bienal colgaron en las paredes de nuestro claustro una pintura en la que aparece un arco en ruinas, dentro de un claustro que también está formado por arcos.

Un arco que enmarca la luz, dentro de un claustro que enmarca el arte.

¡Qué hermosa coincidencia!

Si la acuarela de ayer, Morning Shadows, nos llevaba hasta la cordillera Flinders bajo la luz de la mañana, ésta de hoy, Winter Shadows, nos ofrece su contrapunto íntimo: la luz invernal que se filtra entre la piedra y la vegetación, mientras las sombras parecen resistirse a abandonarla.

En esta obra, como en la de ayer, la luz reclama nuestra atención y las sombras se convierten en sus compañeras inseparables.

Porque no hay luz sin sombra cuando un cuerpo se interpone en su camino, ni sombra que no nos hable de la luz que la provoca.

Y esta realidad, tan sencilla como profunda, me lleva a pensar en algo más:

El mal, tantas veces presente en nuestra existencia, nos hace preguntarnos por la ausencia de Dios. Pero quizá también debiéramos preguntarnos si no estaremos mirando demasiado las sombras y demasiado poco la Luz  - Dios - que nos permite reconocerlas.

En estas dos obras de Alan Ramachandran, luz y sombra se necesitan, se buscan y se complementan para ofrecernos una realidad que nuestros ojos, acostumbrados a mirar deprisa, no siempre saben apreciar.

El acuarelista conoce bien ese juego. Sabe que el agua y el pigmento tienen sus propias exigencias; que la luz no siempre se consigue añadiendo color, sino respetando el papel, dejando que respire y permitiendo que el blanco conserve toda su fuerza.

¡Qué difícil resulta, a veces, pintar aquello que no está!

Ese espacio luminoso que se adivina precisamente por lo que lo rodea.

Ramachandran nos invita a detenernos, a mirar sin prisas y a descubrir que las sombras no son necesariamente oscuridad.

También pueden ser belleza, profundidad y serenidad. Pueden hablarnos del invierno sin arrebatarnos la calidez de la contemplación..

Y, contemplando la obra de este singapurense afincado en Australia, pienso que también yo voy dejando sombras a mi paso.

Pero, si sigo caminando hacia la luz, esas sombras pueden ser el testimonio de que algo bueno se interpuso entre ella y el suelo que piso.

Y ese Algo, en mi pensamiento, no es otra realidad que Dios, Luz de Luz.

Winter Shadows.

Sombras de invierno.

Esta acuarela es, a mi modo de ver, una invitación a mirar más allá de lo evidente y a descubrir, en el diálogo entre la luz y la sombra, la belleza que se esconde en las cosas sencillas.

Una belleza que, para quien sabe contemplarla desde la fe, puede convertirse en una huella de Dios.

A veces, para encontrar la Luz, no hace falta buscarla de frente. Basta con aprender a reconocerla en sus sombras.

Eso me dice a mí la contemplación de esta obra de Alan Ramachandran, que estuvo expuesta en nuestro claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, con motivo de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela.

Hoy la he sacado de la sombra de la cámara oscura de mi telefonillo y la he traído de nuevo a la luz para volver a contemplarla y reflexionar ante ella.

Y, a la luz que dimana de su obra, caigo en la cuenta de que mis propias sombras son aquellas que voy dejando detrás de mí mientras mi vida recibe la iluminación de la luz prístina e imperecedera de Dios.

Porque también nosotros caminamos entre luces y sombras, lo importante es no perder de vista la Luz que da sentido a nuestro camino.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

28.10.2026. Miércoles.

(C. 2.700). DOS MIL SETECIENTAS ESTAMPAS CAUDETANAS.

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

Dos mil setecientas estampas suman ya las que he venido escribiendo desde que llegué a esta villa.

Y hoy, al alcanzar esta cifra redonda con la obra de Alan Ramachandran, me gusta pensar que cada una de ellas ha sido una pequeña ventana abierta a Caudete: a sus gentes, a sus calles, a sus tradiciones, a su arte y a tantas cosas que, por cotidianas, corremos el riesgo de dejar de mirar.

Porque la vida está llena de luces que merecen ser contempladas.

Y, a veces, hasta las sombras nos ayudan a descubrirlas.

miércoles, 28 de octubre de 2026

La luz en la acuarela.

ESTAMPA CAUDETANA

LA LUZ EN LA ACUARELA

Hoy, cuando las paredes del claustro bajo del convento de San José, el Carmen, han recuperado su estado habitual, convertidas de nuevo en frontones donde rebotan las oraciones de sus moradores para dirigirse al cielo, voy a sacar de la cámara oscura de mi telefonillo las luminosas obras de un pintor nacido en Singapur y afincado en Australia con su familia desde 2007, concretamente en la ciudad de Adelaida.

Se llama Alan Ramachandran.

Alan comenzó el camino que habría de convertirlo en un consagrado artista de la acuarela cuando todavía trabajaba como diseñador de interiores en su Singapur natal. 

Fue allí, en la Escuela de Artes de La Salle, donde dio el salto al mundo de la pintura bajo la dirección de destacados acuarelistas de su tierra, algunos de ellos profesores de aquella institución.

Su obra, presente en numerosas manifestaciones artísticas dedicadas a la acuarela en Asia y Australia, ha llegado hasta nuestra Ciudad de la Acuarela, hasta la Real Villa de Caudete, y nos ha regalado dos preciosas obras.

Su quehacer pictórico se distingue por la luminosidad. La luz lo llena todo y da sentido a cuanto aparece en sus cuadros. No es un mero elemento decorativo: es la protagonista que descubre las formas, acaricia el paisaje y da vida a lo que, sin ella, permanecería oculto.

Tras establecerse en Adelaida, centró buena parte de su producción en los paisajes australianos y, de manera especial, en la cordillera de los Flinders, situada al sur de Australia a la que convirtió en protagonista de numerosas acuarelas.

De las paredes de nuestro claustro colgaron dos de sus obras.

Hoy te presento una de ellas:

Morning Shadows.

Traducido al castellano, SOMBRAS DE LA MAÑANA.

La obra se encuentra enmarcada por un paspartú negro que contribuye a concentrar nuestra mirada en la pintura y, al mismo tiempo, realza su luminosidad.

Ese fondo oscuro hace que la luz del paisaje parezca cobrar todavía mayor fuerza.

Ramachandran nos presenta el lecho seco de un riachuelo. La tierra, desnuda en algunos tramos, recibe la claridad de la mañana, mientras los árboles y la vegetación que la acompañan se visten de verdes, ocres y tonos azulados.

Las sombras se alargan sobre el suelo y dibujan un camino que nos conduce hacia el interior del paisaje, entre árboles y montañas.

Todo parece quieto, como si la naturaleza estuviera despertando sin prisas.

El cauce está seco, sí, pero la ausencia de agua no significa ausencia de vida. La luz se derrama sobre el terreno, ilumina cuanto encuentra a su paso y parece devolverle al paisaje aquello que el agua, por el momento, no puede darle.

Y es que esa es la magia de la acuarela: con agua, pigmentos y luz, el artista consigue que hasta el lecho seco de un riachuelo se convierta en un canto a la vida.

Porque, al fin y al cabo, la luz no necesita que el agua corra para hacer correr nuestra imaginación.

Y aquí, en esta Morning Shadows, la mañana se ha quedado prendida en el papel. 

Cuántas veces acontece en nuestras vidas que todo está a oscuras, impenetrable. 

Tantas veces nos pasa que nos sentimos sin un camino claro.

Cuántas veces estamos tentados de tirar la toalla y bajar del cuadrilátero de la vida.

Cuántas veces...

Y Alan Ramachandran nos grita hábilmente con los pinceles y el agua tintada que no todo es noche, oscuridad, que hay luz prístina y clara que puede despejar nuestras vidas retirando las sombras a nuestras espaldas como acontece en su obra, en LAS SOMBRAS DE LA MAÑANA.

Sólo volviendo nuestra mirada a a Aquel  - Dios - que la puso para regir nuestros días y nuestras noches desaparecerán nuestras oscuridades

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

28.10.2026. Miércoles. (C. 2.699).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

martes, 27 de octubre de 2026

Un zorro y su pareja dentro del Claustro de San José, el Carmen.

ESTAMPA CAUDETANA.

UN ZORRO Y SU PAREJA DENTRO DEL CLAUSTRO DE SAN JOSÉ, EL CARMEN.

LA TERNURA DE LA VIDA SALVAJE.

No, no creas que esta mañana hemos andado a escobazos con una pareja de zorros que, vete tú a saber cómo, se han colado en el claustro barroco-toscano del convento de San José.

No, nada de eso.

Fue Sonja BOWDEN, una de las pintoras australianas que han expuesto sus obras en nuestro claustro, quien los introdujo subrepticiamente en él.

¿Que cómo lo ha hecho? ¿Acaso los ha metido en una caja?

¡Qué va! Los metió, pintados de forma maravillosa, como si estuvieran vivos, dentro de una obra que permaneció colgada en una de las paredes del claustro durante todo el tiempo que duró la exposición de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela y que ahora la ves en mi ESTAMPA CAUDETANA.

El título de la obra no deja lugar a dudas:

«ZORRO Y ZORRA».

Y, claro, no he podido por menos que ir al cuarto oscuro de mi telefonillo para sacarla y detenerme para observarla tranquilamente.

Sonja es hija de un afamado arquitecto australiano. Pero ella no ha seguido los pasos de su padre, trazando líneas sobre planos destinados a convertirse en edificios. Ha preferido sumergirse en la naturaleza y, sirviéndose de cuanto tiene a mano — pinceles, colores, fotografías...—, trasladar a sus cuadros la vida que bulle en ella.

Así ha sacado de ese mundo natural a estos dos zorros, macho y hembra, y los ha «encerrado» en un cuadro.

¡Y qué bien se encuentrán en ese encierro!

Su obra que estuvon colgaba en una de las paredes del claustro conventual de San José,  brillaba con luz propia en la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, celebrada en nuestra Real Villa de Caudete, la Ciudad de la Acuarela.

Su autora, ya te lo he dicho, es la australiana Sonja BOWDEN, quien nos invitaba, desde su pintura, a contemplar una escena de la vida animal que tiene mucho de natural y otro tanto de entrañable. A un  Zorro y a una zorra.

Ahí están. Juntos, descansando, con sus cuerpos cubiertos de un pelaje en el que se mezclan los tonos rojizos, grises y blancos.

La zorra, erguida, parece mantenerse atenta a cuanto sucede a su alrededor, mientras que el zorro reposa a su lado, con esa tranquilidad de quien encuentra en la cercanía del otro un buen motivo para bajar la guardia.

No hay paisaje que distraiga nuestra mirada. Un fondo claro, casi desnudo, deja todo el protagonismo a los animales.

Y es precisamente ahí donde se aprecia la sensibilidad de la artista: en la delicadeza de los trazos, en la riqueza de los matices y en esa manera de dar vida a sus protagonistas sin necesidad de recurrir a artificios.

Sonja Bowden no se limita a pintar dos animales. Nos acerca a una escena de intimidad en plena naturaleza.

Y es que, cuando hablamos del zorro, enseguida nos viene a la cabeza su fama de astuto, ese personaje de tantas fábulas que siempre parece guardar algún recurso escondido para salir a escape.

Pero hoy, en mi ESTAMPA CAUDETANA, no toca hablar de sus picardías.

Hoy toca contemplarlo en la quietud, junto a su compañera, compartiendo un instante de sosiego.

¡Quién diría que, detrás de esa mirada despierta y de esas orejas siempre dispuestas a captar el menor ruido, también hay lugar para el descanso y la compañía!

La acuarela tiene esa virtud: nos invita a detenernos, a mirar con calma y a descubrir detalles que, de otro modo, pasarían inadvertidos.

Y Sonja Bowden, pintora australiana invitada a esta Bienal, nos demuestra que el mundo animal ofrece un caudal inagotable de motivos para quien sabe observarlo y trasladarlo al papel con sensibilidad.

Así que, si durante la exposición no te acercaste a contemplar esta obra, aquí te la sirvo en bandeja.

Las puertas del convento de San José ya se han cerrado para la Bienal y en su claustro ya no cuelgan los cuadros. Pero a esta pareja de zorros, descansando tranquilamente, todavía puedes encontrarla en mi ESTAMPA CAUDETANA.

Y estos dos zorros te esperan tan tranquilos, sin que tengas que preocuparte de que se asusten y salgan pitando.

Yo creo que hasta posarán para que les eches una foto, como he hecho yo, y te los puedas llevar contigo.

Y así podrás llevarte también una pequeña lección de la naturaleza.

Porque el arte, cuando está bien hecho, como el de Sonja Bowden, no solo entra por los ojos: también encuentra el camino hasta el corazón.

Aunque sea a través de mi

ESTAMPA CAUDETANA.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

27.10.2026. Martes. (C. 2.698).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

lunes, 26 de octubre de 2026

Hasta aquí llegó la VIII Bienal de la pintura a la acuarela en esta ciudad de la acuarela.

ESTAMPA CAUDETANA.

HASTA AQUÍ LLEGÓ LA VIII BIENAL DE LA PINTURA A LA ACUARELA EN ESTA CIUDAD DE LA ACUARELA

Ya estamos a 26 de octubre.

Ayer concluyó la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, celebrada en la Ciudad de la Acuarela, en la Real Villa de Caudete.

Las maravillosas obras que durante estos días han vestido de arte nuestros espacios expositivos ya han sido cuidadosamente embaladas y han emprendido el camino de regreso a sus lugares de origen.

Obras realizadas con esa manera tan especial de pintar que conjuga los pinceles, el agua y los pigmentos de color para establecer una comunicación entre el artista y quienes nos detenemos a contemplarlas.

Personajes, lugares, animales y escenas de la vida que, gracias a la sensibilidad de sus autores, han llegado hasta nosotros para mostrarnos su particular manera de mirar el mundo. Y, en algunos casos, imágenes que constituían auténticas llamadas de atención, mensajes que hablaban sin necesidad de palabras y que encontraban fácil acomodo en las interioridades de quienes las contemplábamos.

Ya no voy a volver a decirte que te des prisa y vengas por Caudete para contemplar las preciosas obras de los pintores seleccionados para esta VIII Bienal, ni las de la exposición monográfica dedicada a Australia, país invitado a este acontecimiento cultural.

Ya no será posible.

Durante estos días, el arte de la acuarela ha mantenido un hermoso diálogo con los visitantes, especialmente en el claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, donde las obras de los acuarelistas australianos nos han acercado a la sensibilidad artística de aquella tierra lejana.

Y también en la sala Pérezgil del Museo Rafael Requena, donde se han expuesto las obras seleccionadas de los artistas participantes en esta edición de la Bienal.

¡Qué lástima que todo haya concluido!

Ya no podrás ir de una sala a otra, del museo al convento, buscando ese encuentro con la belleza que nos proporcionan los artistas cuando consiguen que sus pinceles, sus pigmentos y el agua se conviertan en mensajeros de sus sentimientos.

No. Ya no será posible.

Las puertas de la exposición se han cerrado y las acuarelas han emprendido el camino de regreso a casa.

Pero no se ha cerrado el camino del arte.

Ahora, en la lejanía, comienza a dibujarse en el horizonte la IX Bienal. La Concejalía de Cultura, el Taller de Arte y la Casa de Cultura de esta Ciudad de la Acuarela ya se habrán puesto manos a la obra para preparar los trabajos necesarios con los que hacer posible una nueva convocatoria, la novena, que tendrá lugar, Dios mediante, en el año 2028.

Y mientras llega ese momento, el convento de San José, el Carmen, recuperará su ritmo habitual de recogimiento y silencio, ese ambiente propicio para la oración que constituye la razón de ser de la casa de los PP. Carmelitas.

El arte se marcha; la oración permanece.

Pero que hayan cerrado las puertas del convento a los visitantes de la Bienal no significa que yo vaya a dar por concluido mi particular encuentro con las acuarelas.

¡Ni mucho menos!

Voy a seguir con mi empeño de traer hasta estas ESTAMPAS CAUDETANAS las fotografías de las obras que guardo en la cámara oscura de mi telefonillo.

Porque, si ya no podemos contemplarlas en las paredes del claustro, siempre nos quedará la posibilidad de acercarnos a ellas a través de estas pequeñas ventanas que nos ofrece la tecnología.

Y así, poco a poco, seguiremos conociendo a sus autores, descubriendo sus obras y compartiendo las sensaciones que despiertan en nosotros.

Porque una exposición puede terminar, sus cuadros pueden ser embalados y sus puertas pueden cerrarse, pero la belleza que ha sabido llegar hasta nosotros no tiene por qué marcharse con ellos.

Y aquí seguiré sacando de la cámara oscura de mi telefonillo nuevas estampas de ese maravilloso mundo de la acuarela que, una vez más, ha convertido a Caudete en punto de encuentro de artistas y amantes de la pintura.

La VIII Bienal ya es historia.

¡Viva, pues, la IX Bienal!

Y hasta entonces, seguiremos encontrándonos en mis ESTAMPAS, en estas paginicas, en las que Caudete, su gente y su arte tienen siempre un lugar reservado.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

26.10.2026. Lunes. (C. 2.697).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

domingo, 25 de octubre de 2026

Elaine Zhang: dos acuarelas, parábolas gráficas que nos interpelan.

ESTAMPA CAUDETANA

ELAINE ZHANG: DOS ACUARELAS, PARÁBOLAS GRÁFICAS QUE NOS INTERPELAN

Ha habido momentos a lo largo del tiempo que viene durando la exposición de las obras de los acuarelistas australianos en que, en lugar de plantarme delante de uno de sus cuadros, dediqué algún rato a observar. Sólo a observar desde una de las ventanas del claustro alto a aquellos que nos visitan en el convento de San José, el Carmen de esta Real Villa de Caudete para gozar viendo las obras expuestas.

Y he constatado que muchos de los visitantes al llegar a los cuadros de Eliane Zhang les han echado un vistacico y han pasado rápidamente. Otros, por el contrario, les han dedicado un tiempo largo, reposado.

Y es que hay cuadros que nos invitan a contemplar la belleza; otros nos llevan a descubrir la destreza de quien los ha pintado. Y los hay también que, además de todo eso, nos ponen delante de una realidad humana que nos hace pensar porque puede que sean una PARÁBOLA DE NOSOTROS MISMOS  y, desde el papel pigmentado, nos interpela.

Y, unos, no están dispuestos a viajar dentro de sí mismos mientras que otros tratan de descubrir y dominar aquello que van experimentando.

Hoy, día de la clausura de la VIII Bienal de la pintura a la Acuarela, quiero hacer hincapié, acercarte a las dos obras de Elaine Zhang, la joven acuarelista australiana que participa en la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela de Caudete, y que ha colgado sus pinturas en las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen.

Elaine tiene solamente diecinueve años. Estudia actualmente en la Universidad de Sídney dos carreras universitarias:

 - Comunicación Audiovisual

 - Artes. 

Una juventud que ya se atreve a explorar y a hacer aflorar a través de la pintura, las situaciones, las vivencías, los sentimientos del ser humano. Y lo hace, a mí modo de ver, de maravilla por los caminos de la expresión artística.

Las dos obras que hoy saco del claustro para ponerlos delante de ti llevan por título:

Untitled I y 

Untitled II. 

Traducido al castellano:

Sin título I y 

Sin título II.

La autora no nos proporciona una clave que nos permita interpretar de manera inequívoca lo que contemplamos. Nos deja a solas con sus pinturas para que seamos nosotros quienes intentemos descubrir  qué se esconde detrás de las imágenes y seamos nosotros los que les pongamos el nombre. Porque, quizá las haya pintado pensando en ti, su observador.

Y vaya si nos hacen pensar.

Quizá por eso muchos de los que pasaron delante de ellos lo hicieron con rapidez. Y es que no deseamos dedicar un momento a mirar a nosotros mismos a través de las obras,  a mirar a nuestra interioridad.

En la primera obra, una joven ocupa el centro de la composición, rodeada de rostros que parecen estrecharse a su alrededor. Hay miradas de toda condición, expresiones diversas y una proximidad que nos hace sentir el agobio que padece la protagonista en la escena.

Imagínate a tí mismo cada mañana viajando en el metro camino de tu trabajo, agarrado a la barra que nos da seguridad, rodeado, agobiado en medio  de tanta gente.

Pero la muchacha - tú - parece vivir en otro mundo. Sus ojos en blanco, su rostro sereno y su actitud contrastan con el movimiento de quienes la rodean.

¿Qué le sucede? ¿Se encuentra ensimismada, ajena al bullicio exterior? ¿Está buscando refugio en su interior frente a un mundo que la abruma?

No tenemos respuesta. Y quizá no la necesitemos. Pero sí que es menester, si nos identificamos con ella, que la pongamos un título: el acontecer en interior.

La segunda pintura nos presenta otra escena, esta vez contemplada desde arriba. Un grupo de personas rodea a una joven situada en el centro, de pie, con un ojo abierto entre sus manos. 

Las personas se disponen en torno a ella, formando una composición circular que dirige nuestra mirada hacia la figura central, hacia la joven.

La perspectiva resulta llamativa. Son espectadores de una escena colectiva, pero no conocen las circunstancias que la han provocado. Eso, sí, son conscientes de que algo está ocurriéndola a ella. Pero no intervienen para echarle una mano. Sólo graban el resultado.

¿Preocupación? ¿Desamparo? ¿Súplica? ¿Desorientación? 

Cualquiera de estas preguntas puede asaltar al contemplarla. Pero el observador no sabe cuál de ellas, si alguna, coincide con lo que Elaine Zhang quiso expresar.

Pero lo que sí sabemos es que la imagen invita al observador a detenerse y a mirar.

Y aquí está, a mi entender, uno de los méritos de estas dos acuarelas: 

No se limitan a mostrar unas figuras; obligan a preguntarse al observador por él mismoos y por las personas que hay detrás de nosotros en las distintas circunstancias por las que va discurriendo su vida.

Porque puede estar rodeado de gente y sentirse solo. Puede vivir en medio del bullicio y no encontrar quien lo escuche. Y puede también encontrarse ante alguien que necesita ayuda sin advertir siquiera su sufrimiento.

Las personas que rodean a la chica no se preocupan de lo que acontece en ella, de lo que pudiera pasarle para echarla una mano. Sólo les interesa tomar noticias del hecho en sus móviles.

¡Qué paradojas las de nuestra condición humana!

La primera pintura parece encerrarnos en una multitud de rostros; la segunda nos coloca ante un grupo que converge en torno a una sola persona. Dos composiciones distintas que, sin necesidad de establecer entre ellas una relación intencionada, nos permiten reflexionar sobre nuestra manera de estar junto a los demás.

Estar cerca no siempre significa acompañar. Mirar no siempre significa comprender. Y rodear a una persona no equivale necesariamente a estar con ella.

No pretendo descubrir en estas obras  de Elaine Zhang un mensaje que la autora nos haya querido transmitir. Me limito a compartir contigo, que lees mi ESTAMPA CAUDETANA lo que al contemplar el ir y venir de los visitantes a la exposición en el claustro del convento de San José, me sugiere. 

De cualquier manera el arte tiene esa virtud: el artista pone la obra en el mundo y cada espectador, desde su propia experiencia, encuentra en ella motivos para pensar.

Y Elaine, con sus diecinueve años, nos ofrece dos buenas ocasiones para hacerlo.

Por eso, si todavía no has visitado la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, acércate al convento de San José, el Carmen. Recorre su claustro, contempla las obras expuestas y detente ante las de esta joven australiana.

Todavía hoy tienes tiempo. Mañana ya no será posible. 

No tengas prisa por pasar a la siguiente.

Míralas despacio. Deja que te hablen. Y, después, pregúntate qué has descubierto en ellas.

Porque una exposición no se visita solamente con los ojos. También se visita con la sensibilidad, con la inteligencia y con esa disposición interior que nos permite descubrir algo nuevo en aquello que tenemos delante.

Caudete, todavía hoy, abre sus puertas al arte, y el arte nos abre ventanas para mirar de otra manera el mundo y a quienes lo habitan.

Y eso, en estos tiempos en que tantas veces miramos sin ver ya es bastante.

¡Que viva el arte que nos ha venido hablando desde el agua teñida de colores sobre papel en las exposiciones de los pintores invitados a esta VIII Bienal de la pintura a la Acuarela en esta Real Villa de Caudete!

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

25.10.2026. Domingo. (C. 2.696)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

sábado, 24 de octubre de 2026

Australia, vida en estado puro.

ESTAMPA CAUDETANA.

AUSTRALIA, VIDA EN ESTADO PURO

A lo largo de este mes de octubre se ha venido desarrollando en esta Real Villa de Caudete, Ciudad de la Acuarela, la VIII Bienal de la pintura a la Acuarela. 

Se abrió el pasado día dos y mañana llegará a su conclusión. Mañana se la pondrá el broche de oro

Y, no podía faltar en una exposición de pintores llegados desde Australia, país invitado a la VIII Bienal Internacional de la Pintura a la Acuarela de Caudete, una muestra de la riqueza natural de aquella tierra lejana, tan llena de contrastes y de vida.

Según nos contaba Caroline Deeble, comisaria de la exposición, en la inauguración de la exposición en el claustro del convento de San José, el Carmen, los artistas australianos nos han traído, a través de sus obras, una información pormenorizada de su país. Y así, paseando por nuestro claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, podemos acercarnos a sus gentes, tanto a los aborígenes como a quienes llegaron después, con el proceso colonizador; a sus desiertos y sus extensas planicies, a sus costas, a sus bosques y, cómo no, a su singular fauna autóctona.

Hoy, víspera del cierre de la exposición porque cierra la VIII Bienal de la pintura a la Acuarela, me detengo ante dos obras de William Ritchie, científico neozelandés, doctor en Biología, que ha encontrado en la pintura, el dibujo y la escultura otra manera de expresar su conocimiento y su admiración por la naturaleza. Y lo hace con un realismo admirable, prestando atención a los detalles que tantas veces pasan inadvertidos a nuestros ojos.

La primera obra lleva por título Shore Patrol, algo así como «Patrulla de la playa».

Dos pequeñas aves recorren la orilla, allí donde la tierra se encuentra con el agua. Son los tūturiwhatu, conocidos también como chorlitos de Nueva Zelanda, que buscan su alimento entre los restos que el mar ha ido dejando sobre la arena.

¡Qué sencillez la de esta escena!

Sólo dos  pájaros, la playa y los despojos marinos. No hace falta más. El artista ha sabido captar ese instante cotidiano en el que la naturaleza sigue su curso, ajena a nuestras prisas y preocupaciones. Basta mirar con atención para descubrir que la belleza no siempre se encuentra en lo extraordinario; también se da en lo pequeño, en lo humilde, en aquello que apenas reclama nuestra mirada.

La segunda acuarela lleva un título tan escueto como expresivo: Wallaby.

Y aquí aparece uno de esos animales que, cuando pensamos en Australia, acuden inmediatamente a nuestra imaginación: un marsupial emparentado con el canguro, aunque de menor tamaño.

Ritchie lo ha situado entre la vegetación y la espuma de las olas, de espaldas al espectador, como si estuviera contemplando el mar o escuchando el rumor de las aguas. 

Su figura destaca sobre el blanco encrespado de la espuma, mientras la vegetación del fondo parece protegerlo.

Hay algo de misterioso en esa postura. No vemos su rostro, no sabemos qué reclama su atención, pero el artista consigue que nos detengamos ante él y nos preguntemos qué estará mirando.

Y es que el arte tiene esa virtud: nos invita a mirar, pero también a imaginar.

Dos obras distintas, dos escenas de la vida natural y un mismo propósito: acercarnos a una tierra lejana a través de sus habitantes, de sus paisajes y de sus animales.

William Ritchie, que conoce la vida desde la perspectiva de la ciencia, nos la presenta ahora desde la sensibilidad del artista.

Y, acaso, ambas miradas no sean tan diferentes: las dos necesitan observar, descubrir y comprender; las dos nos ayudan a apreciar aquello que, por cotidiano o desconocido, podría pasar inadvertido.

Australia está hoy un poquito más cerca de Caudete.

Nos la han traído sus artistas, y la tenemos al alcance de la mano, colgada en las paredes de nuestro querido claustro del convento de San José, el Carmen.

Por eso, si todavía no has visitado la VIII Bienal Internacional de la Pintura a la Acuarela, todavía puedes  hacerlo hoy y nañana. 

Acércate, detente ante las obras y déjate sorprender por lo que estos artistas ven en su tierra y han querido compartir con nosotros.

Quizá descubras que, para viajar lejos, no siempre es necesario volar durante muchas horas en la cabina de un avión. Bastaría con detenerse ante una acuarela de las expuestas en el claustro del convento de San José ,y mirar.

¡Caudete ha sido durante este mes una ventana abierta a Australia!

Recibe mi saludo, 


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

24.10.2026. Sábado. (C. 2.695).

P Alfonso Herrera. Carmelita.

viernes, 23 de octubre de 2026

El milagro de florecer.

ESTAMPA CAUDETANA.

EL MILAGRO DE FLORECER.

Blooming. Así ha titulado su obra Yuan ZHAO, pintor acuarelista australiano, esta obra que preside hoy mis letricas saludatorias y que ha querido regalarnos trayéndola a nuestro claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen,  es una hermosa visión de unas flores que parecen haberse puesto de acuerdo para ofrecernos, juntas y apretadicas, el espectáculo de su florecimiento.

Ahí las tenemos "floreciendo" en la pared formando parte de la estupenda exposición de obras a la acuarela de punteros artistas del país invitado a esta VIII Bienal de esa pintura en la Capital de la Acuarela. 

Ya las ves, como las veo yo. Aparecen en el papel, vestidas de un rosa delicado, con sus pétalos abiertos a la luz y sus centros amarillentos poniendo una nota de vida en medio de tanta belleza.

Pero fíjate también en lo que las rodea. Un fondo de azules profundos, de verdes misteriosos y de sombras violáceas que, lejos de restarles protagonismo, parece querer arroparlas y hacerlas resaltar todavía más. Como si la oscuridad se hubiera retirado discretamente para dejarlas florecer.

Y es que la acuarela tiene eso: 

el agua y los pigmentos se encuentran, se mezclan, se buscan y, cuando la mano de Yuan ZHAO sabe conducirlos, sucede el milagro. 

Unas manchas de color se convierten en pétalos; unas sombras, en profundidad; y un papel, pegado a la pared claustral de San José hace que la naturaleza  se nos meta por los ojos y nos llegue al alma.

Blooming, - «Floreciendo» -  , nos habla de las flores, sí, pero también de la vida. Porque florecer no es solamente abrir los pétalos cuando llega el tiempo propicio. 

También florecen las ilusiones, los afectos, los recuerdos y hasta el espíritu cuando encuentra un motivo para alegrarse.

Y aquí, en nuestra Real Villa de Caudete, mientras recorremos las paredes del claustro del convento de San José, el Carmen, contemplando las obras de esta VIII Bienal de la Acuarela, uno termina por comprender que el arte también florece cuando alguien sabe mirar la naturaleza y otro se detiene a contemplarla.

¡Que no se nos olvide ahora que la VIII Bienal de la Acuarela camina hacia su conclusión, que, aun cuando el fondo de nuestra vida se nos presente oscuro, siempre puede haber una flor dispuesta a abrirse paso y recordarnos que merece la pena seguir floreciendo!

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

23.10.2026. Viernes. (C.2.694).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

Nota.

A Yuan ZHAO le va la pintura a la acuarela. Se graduó en el manejo de pinceles, pinturas y agua en la Academia de Artes y Diseño de la universidad china de Tsinghua.

Sus obras se han exhibido en un montón de países y, antes de hacerlo en el convento de San José, el Carmen, de Caudete en esta VIII Bienal de pintura a la Acuarela, ya lo había hecho en otros lugares de España.

jueves, 22 de octubre de 2026

El Sol se despide sobre el mar.

ESTAMPA CAUDETANA

EL SOL SE DESPIDE SOBRE EL MAR

Tras interrumpir el paseo que voy manteniendo por las exposiciones de las obras de pintores consagrados e invitados a esta VIII Bienal de la pintura a la Acuarela, en el claustro barroco -toscano del convento de San José, el Carmen, y por la sala Pérez Gil del museo Rafael Requena, para detenerme en un pintor autóctono ya consagrado en el arte de la pintura al agua, a la acuarela, nuestro Paco Hernández conocido como "Paco el Rubio", vuelvo a mi paseo interrumpido  y, hoy, me encuentro en el claustro del convento de San José, el Carmen,  ante uno de los cuadros que no necesitan explicación alguna.

Sobran las palabras. Basta detenerse un instante ante ellos y dejar que nos llegue lo que el artista ha querido transmitirnos.

Este que tengo delante y que ilustra mis letricas de hoy, obra del acuarelista australiano Mark DOBER, es uno de ellos.

DOBER nos presenta el atardecer en Thirteenth Beach (Playa 13), una de las playas más conocidas de la zona de Torquay, en el estado australiano de Victoria.

El sol, redondo y blanquecino, parece estar despidiéndose de quienes disfrutan de aquella playa hasta el último momento. Pero también parece querer despedirse de quien, aquí, en el claustro del convento de San José, el Carmen, se encuentra delante de él, embebido en su contemplación.

A su alrededor, el cielo se viste de amarillos, ocres y suaves tonalidades verdosas, mientras unas nubes, teñidas por la luz del atardecer, parecen demorarse antes de que llegue la noche.

Abajo, el mar, con sus tonos azulados, recibe los últimos reflejos del día. Las olas vienen y van, rompiendo suavemente en la orilla, mientras la vegetación del primer plano pone una nota de color y de vida en esta estampa marinera.

Y uno, que se encuentra recorriendo la exposición instalada en el claustro conventual de San José, aquí, en Caudete, lejos de la costa, puede viajar con la imaginación hasta ese lugar donde el día se despide lentamente y el horizonte parece fundir el cielo con el agua.

¡Qué tendrá la acuarela que, con unas pinceladas aparentemente sencillas, es capaz de regalarnos tanta serenidad!

Esta obra de Mark Dober forma parte de las que podemos contemplar en la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, que estos días se celebra en Caudete, en el incomparable marco del claustro del convento de San José, el Carmen.

Así que ya lo sabes: si todavía no te has acercado a visitar la Bienal, no dejes pasar la ocasión. Las puertas del convento están abiertas y, tras ellas, te esperan paisajes, colores y miradas muy diferentes. Cada obra tiene su propia historia y su particular manera de emocionarnos.

Y quién sabe… A lo mejor, entre tanta belleza, encuentras también tu propio atardecer.

Porque para contemplar el mar y verlo llegar hasta la orilla no siempre hace falta tenerlo cerca. A veces, basta con abrir los ojos y dejarse llevar por una acuarela como esta de Mark Dober, que luce guapa en uno de los paños de pared del claustro del convento de San José, el Carmen.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

22.10.2026. JUEVES. (C. 2.693).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Master Class: Paco "el Rubio", maestro por un día.

ESTAMPA CAUDETANA

MASTER CLASS: PACO «EL RUBIO», MAESTRO POR UN DÍA

Ayer te llevaba mi saludo la imponente personalidad de uno de nuestros acuarelistas caudetanos: el bueno de Paco Hernández, conocido popularmente como «el Rubio».

Te decía de él que era un tipo sencillo y que, precisamente por serlo, era grande. Y me venía a la memoria aquello que afirmara Jesús:

«El más grande en el Reino de los cielos es el que se hace pequeño, el humilde, el que se hace como un niño» (Mt. 18).

Y dejaba luego que se juzgara a un quidam — a cualquiera — a través de sus obras y no, en modo alguno, por su «pico de oro», por su facilidad de palabra (Lc 6,20).

Y tenía toda la razón, porque Él mismo era un ejemplo vivo de lo que predicaba. La prueba estaba en que sus palabras se traducían en hechos concretos, reales, comprobables, aunque humanamente inexplicables: sus milagros.

Era Jesús. Es Jesús.

Pero, con todo lo anterior, no pienses que voy a equiparar a Paco con Jesús. ¡No, no lo creas!

Lo que sí te puedo decir es que Paco «el Rubio» recibió la aprobación más rotunda de un grupo de pintores tolosanos que arribaron a nuestra Real Villa de Caudete con motivo de esta VIII edición de la Bienal de la Pintura a la Acuarela.

Venían estos pintores franceses en una especie de Erasmus artístico, dispuestos a aprender, a compartir experiencias y a perfeccionar su técnica.

Y el profesor encargado de impartirles la correspondiente MASTER CLASS no fue otro que nuestro Paco «el Rubio».

El tema de la clase era bien concreto:

«La aplicación de la técnica húmeda al paisaje».

Una técnica que consiste en jugar con el agua y el color, sin miedo, buscando y aprovechando los efectos que producen las manchas y las corrientes de agua sobre el papel. Dejar que el agua trabaje, que el pigmento se extienda, que los colores se encuentren y que la propia acuarela nos sorprenda.

Porque, a veces, hay que dejar de controlar tanto para que la pintura empiece a hablar por sí misma.

La master class estaba pensada y proyectada con toda intención. Al grupo que le habían asignado a nuestro Paco «el Rubio» le hacía falta, precisamente, perder el miedo a manchar, a utilizar agua en abundancia, a coger pinceles grandes y a lanzarse a pintar sin tantas precauciones.

¡Había que perderle el miedo al agua!

Y Paco se puso manos a la obra.

Los resultados fueron todo un éxito y la satisfacción de los pintores tolosanos, completa.

De ahí vino, primero, el asombro y, después, la gratitud, manifestada en un aplauso generalizado, entusiasta y bien merecido.

Paco, mientras tanto, no encontraba una brocha lo suficientemente grande como para esconderse detrás de ella.

¡Qué cosas tiene la modestia de nuestro hombre!

Y luego vino lo mejor.

Los pintores franceses habían observado con atención al maestro acuarelista caudetano mientras aplicaba con soltura la técnica durante todo el proceso creativo. Habían visto cómo manejaba el agua, cómo dejaba correr el color y cómo aprovechaba los efectos que iban surgiendo sobre el papel.

Y ellos, que no estaban acostumbrados a pintar con tanta agua, se dispusieron después a poner en práctica lo aprendido, utilizando sus propios materiales.

Y vaya si lo hicieron!

Lo que al principio podía parecerles un riesgo se convirtió en una posibilidad; lo que quizá les inspiraba cierto temor terminó siendo una herramienta para descubrir nuevos caminos en su pintura.

Eso es enseñar: no limitarse a mostrar cómo se hace algo, sino conseguir que los demás se atrevan a hacerlo por sí mismos.

Y eso hizo Paco «el Rubio».

Por eso valió la pena el viaje de estos pintores franceses a la VIII Bienal de la Acuarela, a nuestra Ciudad de la Acuarela, a la Real Villa de Caudete.

Y les valió un montón encontrarse con Paco «el Rubio», nuestro acuarelista.

Porque una bienal no es solamente una exposición de obras. Es también un lugar de encuentro, de aprendizaje, de intercambio de experiencias y de descubrimiento de nuevas maneras de entender la pintura.

Y, en esta ocasión, Paco puso su granito de arena —o, mejor dicho, su buena cantidad de agua— para que así fuera.

La obra resultante de aquella master class es la que preside estas letricas.

Y uno, al contemplarla, no puede menos que pensar que detrás de los colores, las manchas y el agua hay algo más que una técnica bien aplicada: hay un maestro que ha sabido transmitir lo que lleva dentro.

¡Enhorabuena, Paco!

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

21.10.2026. Miércoles. (C. 2.692).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.