viernes, 27 de marzo de 2026

El Margaritón.

ESTAMPA CAUDETANA

EL MARGARITÓN

Los botánicos la llaman Glebionis coronaria, pero para el lenguaje sencillo de la vida diaria nosotros la conocemos como margaritón.

En mis paseos de cada día he asistido, casi sin darme cuenta, al milagro de su nacimiento.

Apenas dejo atrás la avenida de la Libertad y comienzo a subir por la de las Jornetas, allí me la encuentro, como si me estuviera esperando. Se alza en el ribazo —tierra hoy, acera mañana cuando llegue la urbanización— como quien quiere saludar.

Y me dice ¡hola!

Sí, me lo dice.

Se ayuda de un airecillo juguetón que la balancea suavemente de un lado a otro, como si fuera una pequeña bailarina de ballet que quisiera llamar mi atención.

Y lo consiguió.

No me pasó desapercibida. Hice un alto en el camino, crucé la calle despacio y me acerqué a contemplarla, a recrearme en su sencilla hermosura, a llenarme de su presencia.

Pero aquel mismo aire que la mecía traía también noticia de tristeza.

Desde la torre, la campana mayor, la Santa Catalina, dejaba caer sobre el pueblo su voz grave y conocida para anunciarnos que el bueno de José, tras 94 años formando parte de la historia viva de esta Real Villa de Caudete, había emprendido su último viaje.

Y, sin embargo, ayer todo era distinto.

Ayer el margaritón se me mostró en todo su esplendor, guapo como nunca, vestido ya con las galas de la primavera.

Era como un pequeño sol.

O quizá fuera el sol el que, humilde, bajó a posarse sobre su tallo para brillar desde su misma flor.

No estaba solo. A su alrededor, otras flores de su misma sangre compartían la mañana. Y allí, bajo un cartel que anunciaba la venta del terreno, crecían formando un pequeño reino silvestre junto a una pariente cercana, la Reichardia tingitana, nuestra humilde lechuguilla, que en mi pueblo siempre fue manjar apreciado por los conejos.

Daba gusto verlas convivir, crecer juntas, sin disputas, sin desdenes, simplemente siendo.

Tal como las encontré, así las dejé.

Y mientras me alejaba, movidas por el mismo airecillo que las había presentado, yo diría que se despedían de mí con pequeñas reverencias, como quien agradece una visita.

Regresé al lado izquierdo de la avenida, como manda la prudencia y la normativa, y continué mi subida por la avenida de las Jornetas.

La Santa Catalina seguía llamando.

Y en el repicar de su bronce, que parecía tener memoria, casi pude escuchar la voz de mi madre diciendo:

—Date prisa… alpea, alpea… que te están esperando.

Y llegué.

Llegué con tiempo suficiente.

María del Carmen ya estaba allí.

Se le notaba en la mirada que se acerca la Semana Santa y, casi sin preámbulos, me dijo con sencillez:

—Quiero confesarme.

Y en ese instante comprendí que, igual que las flores anuncian la primavera, también el alma tiene sus estaciones.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

27 de marzo de 2026

Viernes (C. 2.509).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

jueves, 26 de marzo de 2026

No es lo mismo.

ESTAMPA CAUDETANA

NO ES LO MISMO


No. No es lo mismo.

Hace dos días contemplaba desde la avenida de la Libertad esta parte de la Villa que mira a levante, siempre dispuesta a recibir al sol cuando aparece por la lejanía del mar y comienza su silenciosa ascensión hacia las alturas.

Aquel día, sin embargo, las nubes deslucían la escena. La luz del atardecer, esa caricia dorada que el sol suele dejar antes de su partida, apenas pudo verse. 

La Sierra Oliva permanecía ensombrecida y los molinos de viento, alineados sobre su cresta, habían desaparecido tras una oscura cortina de nubes.

Ayer todo era distinto.

El cielo aparecía limpio. Tan sólo unas nubecillas blancas, ligeras como algodón, acompañaban la marcha del sol en su lento caminar hacia el ocaso. 

Su luz envolvía la Villa con una claridad serena, casi íntima.

Parecía que no quisiera marcharse.

Como si hubiera decidido quedarse un poco más sobre Caudete, regalándole esa luz antigua que recibió del Creador en el principio de los tiempos.

A esa misma hora caminaba yo hacia la parroquia de Santa Catalina. Era la solemnidad de la Anunciación

Íbamos a recordar aquel instante en que el arcángel Gabriel anunció a María el misterio que cambiaría la historia: 

Dios haciéndose hombre para habitar entre los hombres.

Ayer la campana no sonó a despedida. Ningún vecino fue llamado a la Casa del Padre. Sólo convocaba, con su voz clara, a los fieles para la Eucaristía.

El sol se retiraba lentamente. Su luz última dejaba ver con nitidez los molinos en movimiento y el perfil tranquilo del pueblo.

También el campo parecía otro.

La tierra en barbecho respiraba luz. 

Los jaramagos cubrían los ribazos y todo parecía participar de una callada alegría.

El mismo lugar.

La misma hora.

Distinto día.

Por eso digo:

No es lo mismo.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

26.3.2026. Jueves. (C. 2.508).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Hoy es La Anunciación.

ESTAMPA CAUDETANA

HOY ES LA ANUNCIACIÓN

Hoy, nueve meses antes de la Navidad del Señor en nuestra carne, tuvo lugar un hecho que imprimiría carácter.  Un acontecimiento de una importancia capital para la historia del ser humano. 

Historia que, en modo alguno, se circunscribe a su acontecer en este mundo, sino que abre la puerta a la culminación de un proyecto, un plan divino, sobre el ser humano.

Dios creó al hombre con ansias de grandeza, pero esa grandeza que estaba incursa entre sus entresijos se vino abajo por el malhadado deseo voluntario de "robarla" y no merecerla.

Pero hete aquí que el Supremo Hacedor, aquel que piensa a un ser que va a ser sexuado y racional, lo ama y, al amarlo, le da vida. Ve y consiente que este ser, dotado con el gran don —entre muchos otros— de la libertad, le dice un buen día, mientras se da un festín con la más completa de las frutas que da la naturaleza, la manzana:

"Ahí te quedas, que yo me largo de tu ámbito para hacer de las mías."

Y así le fue al ser humano, que fue de tumbo en tumbo hasta que, con el último, quedó sujeto y fundido con la tierra de la que fue sacado.

Pero Dios ama a su ser humano sexuado y lo demuestra fehacientemente al fijarse en una de ellos que vive comprometida en matrimonio con un joven apuesto, el carpintero de la aldea, y de la que hoy sabemos que se llama María. Esta aldeucha, de la que no aparece la menor noticia en todo el devenir histórico de un pueblo por el que tuvo predilección, entre tantos otros —el israelita—, se llama Nazaret.

Y, hasta esa aldeita de poca monta manda Dios a uno de sus arcángeles, a Gabriel, con la encomienda de decir a esta angelical criatura que cuenta con ella para la creación de un nuevo jardín, un nuevo paraíso en la tierra, pero esta vez espiritual.

La pone en antecedentes acerca de que quien lo va a construir es su propio Hijo, la Segunda Persona de la Beatísima Trinidad, pero que para poderlo llevar a efecto necesita que ella, María, colabore dándole la naturaleza humana en sus purísimas entrañas. 

Le pide que se preste a ello, pero no la fuerza con su poder divino: es fiel consigo mismo y pide a su criaturita humana que ejerza su libertad y le dé una respuesta.

La muchachita, muy puesta en sí misma, no ve las cosas muy claras y espeta al enviado de Dios que está comprometida con el joven carpintero de la aldea y que le explique la cosa, porque ella todavía no convive con el bueno de José y la situación no está clara.

Y el arcángel Gabriel, creo yo que mirando al cielo, le contestó:

—Muchacha, esto no es cosa que se realice al estilo humano, sino al de Dios, y será su Espíritu Santo quien obrará en ti.

No creo que la jovencita María captara el mensaje en todos sus extremos, pero, firme en una fe impertérrita, le hace saber al Ángel que ahí estaba ella para afrontar decididamente lo que Dios dispusiere y que se encuentra dispuesta a aceptar las consecuencias que del hecho se deriven.

Y la buenísima de María, con su "HÁGASE LA VOLUNTAD DE DIOS", deja en las manos de Dios el ir juntando todas las piezas de ese rompecabezas humano en el que ella va a ser quien coloque la pieza fundamental: al Hijo de Dios, su propio Hijo, en el centro del tablero humano. 

Él será quien instaure el nuevo paraíso terrenal, pero, en este caso, espiritual; no como aquel en el que Dios colocó a Adán y Eva y del que fueron expulsados por su ambición egoísta, sino el que formará, con todos los hombres, la gran familia de los hijos de Dios.

Y , así fue como Dios llamó al corazón humano y una muchachita de Nazaret le abrió.

Y ese sí humilde suyo cambió para siempre la historia del mundo.

Eso es lo que hoy celebramos la cristiandad: LA SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR.

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

25.3.2026. Miércoles. (C. 2.507).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

Pd. Hoy, por iniciativa de la Iglesia Católica se celebra la jornada pro vida  con el lema: LA VIDA, UN DON INVIOLABLE.

La sitúa en este día de la Anunciación del Señor en qué él mismo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, comienza a tomar vida humana en las entrañas purísimas de la Virgen María. Tiene como fin concienciar y defender la vida en todos sus estadios desde la Concepción hasta la muerte física.

En España la jornada se celebra un tanto entristecida porque en el día de ayer la corte de justicia de Europa ha dictado sentencia a favor de que se aplique la eutanasia de una joven catalana de 25 años que, al parecer, sufre una tetraplejia, y, en contra del parecer de sus padres. Ha tomado está decisión en lugar de afrontar la vida con la ayuda de la sanidad por medio de su unidad del dolor. 

Según se propagaba por los medios de comunicación, se le pondrá fin a su tiempo de vida en el día de mañana. Desde el respeto a su voluntad, encomendémosla a Dios, su Creador.

martes, 24 de marzo de 2026

Vista parcial de la Real Villa.


ESTAMPA CAUDETANA

VISTA PARCIAL DE LA VILLA

Limpia estaba la atmósfera en la tarde de ayer cuando caminaba yo por la Avda. de la Libertad rumbo a la parroquia de Santa Catalina.

Las campanas de su torre sonaban tristes. El sacristán, Juan Doménech  Ruíz, tirando pausadamente de la cuerda, hacía que el badajo golpeara a la grande —la campana que lleva el nombre de la virgen mártir titular de la parroquia, la Santa Catalina— arrancándole unos sones quejumbrosos que, cual plañidera antigua, anunciaban al vecindario que dos paisanos habían sido llamados por Dios en el día de ayer: Manuela y Joaquín, al que todos conocían por Paolo.

Ella se nos fue joven porque no había alcanzado aún las siete decenas de años y él andaba metido la octava.

Paolo era bien conocido en la Villa pues, al ser pintor de profesión, a muchas de sus casas las enjalvegó. Y,  mucho se cuidaba de poner guapa la carroza que, en su fiesta, lleva sobre sí la Sagrada Imagen de la Virgen María del Monte Carmelo.

El día quiso parecer primaveral, pero al invierno le estaba costando dejar el paso libre, y la tarde se presentaba fría, con ese aire que obliga a encogerse un poco dentro del abrigo.

Sobre la bóveda de la Villa corrían nubes espesas que, a modo de cortinas, velaban la sierra de La Oliva. Apenas se adivinaban la capilla dedicada a Santa Bárbara en lo más alto y los molinos generadores de energía que, en larga hilera, recorren la cresta de la sierra.

Delante de mí se extendía el campo, como si fuera una alfombra tendida a los pies de la Villa. Tierra baldía por ahora, en espera de sementera o quizá de urbanización futura. Pero, mientras tanto, ofrecía un espectáculo sencillo y hermoso: todo amarillo, cubierto por las flores de la planta que los botánicos llaman Diplotaxis virgata y que el pueblo conoce como jaramago o planta del predicador.

Y no sin razón. Pues posee propiedades que aclaran la voz y alivian la garganta. Ya en tiempos antiguos, en el siglo XVII, el botánico Nicholas Culpeper dejó escrito que los predicadores la utilizaban para cuidar la voz. Bien les venía a aquellos oradores de largos sermones preservar la garganta para que su palabra pudiera llegar clara a los oídos de los fieles.

Al fondo de la estampa se dibujaba una preciosa vista parcial de la Villa: la torre y la cúpula de la iglesia parroquial, con ese aire que recuerda influencias valencianas.

Se nota que la borrasca Therese ha pasado por aquí como una buena escoba. Y, sin necesidad del producto que anuncia Mr. Proper, ha dejado la atmósfera tan limpia que da gusto contemplar la Real Villa de Caudete recortándose clara contra el paño de nubes que ocultan la sierra.

Y así, entre tañidos de campanas tristes, campos amarillos de jaramago y aire limpio de sierra, la Villa seguía respirando su vida tranquila de cada día.


Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

24.3.2026. Martes. (C. 2.506)..

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

lunes, 23 de marzo de 2026

Me llamó la atención.

ESTAMPA CAUDETANA

ME LLAMÓ LA ATENCIÓN

Ayer por la tarde caminaba despacio hacia la parroquia de Santa Catalina para cerrar las liturgias del quinto domingo de Cuaresma

Como tantas otras tardes, hice un pequeño alto en el corralico de la glorieta de la Cruz.

Allí, frente al monumento, terminé el Rosario que había comenzado al salir del monasterio de las Madres Carmelitas de clausura.

Después, sentado en mi banco de siempre, ese que ya parece conocer mis silencios y mis rezos, mis ojos contemplaban el monumento.

El día había tenido sabor a primavera. El sol, limpio y joven, parecía estrenar luz y convidar a toda la creación a hacer lo mismo: a renacer, a florecer, a empezar de nuevo. A vestirse de primavera.

A las 18:29, una ligera brisa, quizá último suspiro de la borrasca Therese, cruzaba el corralico como si también quisiera despedirse.

Y fue entonces cuando me llamó la atención un detalle que, para un creyente, no pasa desapercibido.

El sol, antes de marcharse, dejó su luz exactamente sobre el lugar donde estuviera la cabeza del Crucificado. Solo allí. Como un beso de luz. Como una caricia del cielo.

La Madre, a los pies de la Cruz, quedaba en una penumbra respetuosa, como si hasta la misma luz quisiera guardar silencio ante su dolor.

Todo duró apenas unos instantes. Pero hay instantes que dicen mucho más que largos discursos.

Me apresuré a sacar el teléfono y guardar aquella imagen. No por la fotografía en sí, sino por lo que aquel momento me decía por dentro.

Porque estos días la Iglesia nos llevan, precisamente, ahí: a contemplar a Cristo en la Cruz. A mirar ese Amor que no se guardó nada. A entender que los brazos abiertos de Jesús siguen abiertos para todos.

Y pensé que tal vez aquel rayo de sol no era más que un sencillo recordatorio: La Cruz no es el final. Es el comienzo de la luz.

Cuando el sol terminó de esconderse y el monumento quedó envuelto en la paz del atardecer, continué mi camino. Iba a celebrar ese mismo misterio en la Eucaristía: la muerte y la vida, la entrega y la esperanza, el silencio y la Resurrección que ya se acerca.

Porque Dios, a veces, habla muy quedo:

En un rayo de sol.

En un banco solitario.

En una tarde cualquiera.

En una cruz desnuda a la que hay que mirar no como objeto de dolor, sino como objeto de amor.

Y sólo hace falta parar un poco… para darse cuenta.

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

23.3.2026. Lunes. (C. 2.505).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

domingo, 22 de marzo de 2026

Coches de época. Segunda convocatoria.

ESTAMPA CAUDETANA.

COCHES DE ÉPOCA. SEGUNDA CONVOCATORIA.

Volvía de mi paseo hasta la glorieta de la Cruz. Lo hacía por la Avda. del Atleta Antonio Amorós. Todavía me encontraba lejos pero hasta mí llegaban los sones de una música a caballo de muy altos decibelios.

A medida que me iba acercando, una profusa masa formada por gente joven, gente mayor, gente madura y gente menuda ocupaba toda la calle a la altura de la tienda 3D.

A izquierda y derecha se encontraban estacionados coches con toneladas de tiempo encima.

Allí donde la calle era atravesada por otra, los organizadores, micrófono en mano, imponían silencio a los corrillos en los que se hablaba animadamente de éste o aquel modelo porque no eran coches, eran recuerdos con ruedas.

El Club de Vehículos Clásicos de Villena y el Muy Ilustrísimo Ayuntamiento de la Real Villa de Caudete, organizadores de la II Convocatoria de Vehículos de Época, iban a hacer entrega de los diplomas a los dueños de los vehículos y a los ganadores de las distintas pruebas que se habían desarrollado a lo largo del día.

Seguí mi camino y, por detrás, me acompañaba la voz de la locutora que iba llamando a los seleccionados.

Mientras me alejaba venía a visitarme el recuerdo de los coches que tuvo mi padre, que hoy serían joyas de museo: los Chrysler de preguerra, el Ruso, el Cuatro Cuatro, el Válilla, el SEAT 1500 —en el que aprendí yo a conducir—, y el Ondine de 1961.

Allí, en la calle dedicada al atleta Antonio Conejero, donde normalmente vemos utilitarios apresurados y vehículos modernos sin alma aparente, hoy aparecieron máquinas que parecían salidas de otro tiempo, de esos años en que conducir era casi un ceremonial y cada automóvil tenía personalidad propia.

Muchos permanecían aparcados; algunos, por haber venido de lejos, ya emprendían el viaje de regreso a sus lugares de origen.

Brillaban las carrocerías como espejos recién pulidos. Cromados relucientes. Volantes grandes como timones de barco. Salpicaderos que parecían altares de la mecánica.

Y así, sin darme cuenta, los coches fueron haciendo el milagro sencillo de hacer hablar a mi memoria de mis tiempos de niñez. En los coches de mi padre no puso la mano ningún mecánico ni los llevó a un taller especializado. Él era quien los cuidaba con todo cariño y profesionalidad. Si alguna pieza había venido a menos, él mismo la desmontaba y la sustituía por otra nueva. Si las válvulas necesitaban un repaso, allí estaba puliéndolas con el sin fin que tenía en la caja de herramientas.

En una ocasión se le prendió el carburador a uno de ellos y lo apagó con sus propias manos, sufriendo fuertes quemaduras.

Y cuando ya conducíamos nosotros nos decía:

—Cuando llevéis el coche al taller, al volver a casa, dadle vosotros un repaso, porque siempre suele haber algún olvido.

Habían recorrido las calles de la Villa. No parecía un desfile mecánico sino casi una procesión laica de la historia cotidiana, donde cada motor contaba una época y cada bocina parecía querer despertar los años dormidos.

Los niños miraban con sorpresa. Los mayores, con emoción.

Porque si algo tienen estas concentraciones es que unen generaciones: los jóvenes descubren cómo era el mundo antes de las pantallas y los mayores vuelven, aunque sólo sea por un instante, a los años donde todo parecía empezar.

Presumo que al concluir la entrega de diplomas quedaría en las gentes esa sensación agradable de las cosas sencillas que hacen pueblo: reunirse, conversar, admirar, recordar.

Porque, en el fondo, no era sólo una concentración de coches antiguos.

Era, sin decirlo, una concentración de historias.


Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

22.3.2026. Domingo. (C. 2.504).

P. Alfonso Herrera. Carmelita

sábado, 21 de marzo de 2026

Desvencijado

ESTAMPA CAUDETANA.

DESVENCIJADO.

Desvencijado, sí, desvencijado aparecía ayer por la tarde un banco en la avenida de la Virgen de Gracia.

Como siempre que me es posible, cuando ningún otro quehacer se interpone, bajo por la tarde, dando mi paseo, hasta la glorieta de la Cruz, donde suelo hacer un alto para saludar a la Virgen mirando su imagencica esculpida en piedra.

Ya muy cerca de la glorieta lo vi. El último banco antes de llegar a ella, que venía, como todos los que tiene instalados el Ayuntamiento a lo largo de la avenida, prestándose para que aquellos que se sintieran cansados pudieran parar un momento y tomar un respiro.

Pero ayer no pudo cumplir con su cometido. Ayer ningún viandante se habría detenido para descansar un ratico y, en su caso, charlar con algún acompañante. Ayer el banco estaba, como ves en la fotografía que abre estas letricas, arrumbado, desvencijado, medio arrancados los tirafondos que lo sujetaban al suelo y con un buen trozo de la madera que hacía de asiento, por los suelos.

Su función era, ya te lo he dicho,  la de prestarse para satisfacer la necesidad de hacer un alto en el camino de aquellos que bajan o suben hacia o desde el santuario-ermita de los Copatronos, bien para descansar un ratico, bien para charrar de todo un poco.

Pero ayer tarde se encontraba en un estado calamitoso. Ayer por la tarde no pudo prestar sus servicios a nadie que lo necesitara.

Ya han pasado dieciséis siglos desde que atravesó la península de norte a sur el pueblo vándalo, aprovechando el desmoronamiento del Imperio Romano, saqueando todo lo que encontraba a su paso. Incluso saquearon la capital del Imperio, Roma. 

Fijaron su residencia en Cartago, lo que hoy es Túnez, hasta que fueron derrotados por el emperador bizantino Justiniano en el siglo VI.

Pero, a la vista está que, a su paso por la península, dejaron su simiente porque, con más frecuencia que la deseada, se manifiestan haciendo de las suyas, practicando el vandalismo.

Ayer fue el banco. Antes de ayer hicieron de las suyas sacando de su lugar un gran carro de la basura y lo. arrastraron avenida abajo hasta que lo dejaron tumbado y abandonado en el parterre de la izquierda, según se va hacia la Glorieta de la Cruz.

Y todavía no hace quince días, cuando amaneció el domingo la calle P. Elías Requena, carmelita, apareció llena de cristales porque, amparados por la noche, esos vándalos u otros por el estilo, se divirtieron rompiendo los cristales de los coches allí aparcados.

Vivimos épocas de libertad, no de libertinaje. La libertad de uno termina donde comienza la del prójimo, y el respeto y la consideración que reclamamos para nosotros debemos concedérselos también a los demás y a sus propiedades.


No está bien que hagamos mal uso o, en su caso, destrocemos los muebles que sitúa el Ilmo. Ayuntamiento en calles y plazas para servicio a sus vecinos.

Cuidar lo que es de todos también es una forma de demostrar la educación que hemos recibido y el respeto que tenemos hacia nuestro propio pueblo. 

Porque un pueblo limpio, cuidado y respetado no lo hacen solo sus autoridades, sino también el comportamiento diario de sus vecinos.

Ojalá no tengamos que volver a lamentar hechos como estos y sepamos entre todos conservar lo mucho bueno que tenemos.

Recibe mi saludo y mis mejores deseos.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

21.3.2026. Sábado. (C. 2.503).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

viernes, 20 de marzo de 2026

Otro libro sale del taller.

ESTAMPA CAUDETANA.

OTRO LIBRO. SALE DEL TALLER.

Los libros también tienen su pequeña historia antes de llegar a las estanterías donde van a reposar. Algunos llegan en silencio. Otros traen consigo nombres, afectos y memoria agradecida. Este ha llegado así.

Hace unos días, don Antonio Conejero Rodríguez, presidente de la Asociación Cultural Amigos de la Historia Caudetana, cruzaba el umbral de nuestro convento de San José trayendo consigo, por encargo de Miguel Requena Marco, un nuevo ejemplar destinado a enriquecer nuestra biblioteca.

Otro libro. Uno más. Pero de esos que no se cuentan sólo por su número, sino por lo que significan.

Su título ya nos sitúa en el terreno de la historia viva del pueblo:

Episodios caudetanos. Drama histórico en tres actos y en verso.

Su autor fue Juan Bautista Vespa García, nacido en Milán en 1815 y fallecido en Caudete en 1884, villa que hizo suya al formar aquí su familia. Hijo del noble normando Giovanni Batista Fedele Vespa y de la caudetana Juana García, encontró en esta tierra no sólo hogar, sino también vocación de servicio, llegando a ser alcalde de la Villa en el último tercio del siglo XIX.

La edición que ahora llega a nuestras manos no es un incunable, pero sí una obra rescatada, revisada y cuidadosamente trabajada por Miguel Requena Marco, enamorado de la historia de su pueblo y paciente artesano de su memoria escrita.

No era la primera vez que se enfrentaba a este texto. Ya en 1988 lo estudió y editó. Pero ahora lo presenta definitivamente fijado, corregido y aclarado, como quien limpia una pieza antigua hasta devolverle todo su brillo. 

Él mismo lo explica en la introducción, donde deja constancia del rigor con que ha querido servir a la verdad histórica y literaria de la obra.

La lectura de estos tres actos en verso nos permite asomarnos a algunos de los momentos más decisivos de la historia de Caudete: 

la llegada de las tropas de Tarik, la dominación musulmana, los largos siglos de convivencia forzada, la recuperación cristiana con Jaime I el Conquistador y la recuperación de los signos religiosos que habían sido ocultados para salvarlos.

Especial emoción produce el episodio del enterramiento de las imágenes de la Virgen de Gracia y de San Blas para preservarlas de la destrucción, y su posterior recuperación cuando cambiaron los tiempos. 

Son páginas que hablan no sólo de historia, sino también de la fe sencilla de un pueblo.

La obra incluye también las partituras de los himnos que acompañan la representación teatral que cada septiembre, durante las Fiestas Patronales, vuelve a dar vida a estos episodios en la Plaza de la Iglesia, convertida entonces en escenario donde la historia deja de ser pasado para hacerse presente.

Como colofón, el editor añade un amplio glosario que ayuda a comprender mejor el lenguaje y los contextos de la obra, facilitando así su transmisión a las nuevas generaciones.

Por mi parte, como encargado de esta biblioteca conventual, o simplemente como uno más de esta comunidad carmelita que vive, reza y sirve en este convento de San José, sólo puedo decir una palabra: gracias.

Gracias, Miguel, por este nuevo gesto.

Gracias por seguir sembrando cultura.

Gracias por ayudar a que la historia de Caudete no se borre.

Porque los pueblos que conservan su memoria conservan también su alma.

Y los libros como éste no son sólo papel encuadernado.

Son raíces.

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

20.3.2026. Viernes (C. 2.502).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

jueves, 19 de marzo de 2026

Hoy es San José.

ESTAMPA CAUDETANA

HOY ES SAN JOSÉ

Ya lo sabíamos, pero por si acaso quedaba alguna duda, ésta se disipaba para aquellos que, nada más entrar en la iglesia del monasterio de nuestras hermanas, las Madres Carmelitas de clausura, para celebrar con ellas la solemnidad del gran Protector de la Iglesia y, a la vez, Patriarca de la Orden del Carmen.

Allá, a la derecha del presbiterio, junto a la verja que separa el coro bajo de las monjas, se encontraba situada, sobre una mesita, una preciosa imagen de San José con el Niño Jesús en una pose angelical, mirando con embeleso a aquel que había sido elegido, ni más ni menos, que para entroncarlo en la progenie del rey David.

Él, José, miembro de la saga real, pero que en aquel momento no ostentaba más título que el de sencillo hombre de pueblo, trabajador nato en el arte de manejar gubias, limas, sierras y martillos en su humilde taller de carpintería de Nazaret.

Ciertamente, las miradas de quienes iban entrando en la iglesia del monasterio se dirigían —pienso yo— a la imagencica de José antes incluso de hacerlo, en el día de hoy, al Sagrario donde permanece realmente presente Jesús.

Y es que San José es muy celebrado en la Comunidad Autónoma vecina, la Valenciana, y lo fue en toda España. Ahora, por decisión política, se ha caído del calendario festivo nacional salvo en las comunidades autónomas de Murcia, Galicia, Navarra, País Vasco y, por supuesto, la Valenciana, donde coincide con las Fallas y toda la parafernalia que las acompaña.

Aquí, en la Real Villa de Caudete, nada externo indica que hoy es San José, el esposo de la Virgen María y padre putativo de Jesús. Eso sí, un chorro de alegre y tierna vida —que no era otra que los "ñacos"— bajaba por la Avenida de la Virgen con dirección a sus respectivos colegios.

Pero, intramuros, se celebra con toda solemnidad a este Santazo, y no solo porque sea quien da nombre a la superiora, la priora, sino porque ostenta el título de Patriarca de la Orden del Carmen, que es la que propiamente da entidad al monasterio y al puñado de monjas que allí vive su consagración al Señor.

De ahí que la monja sacristana haya dispuesto esta mañana una imagen de San José a la derecha del altar en el presbiterio para que presidiera, en primer lugar, la Eucaristía y luego esos encuentros personales que llevan a cabo las monjas del monasterio.

En la homilía, el sacerdote dio la palabra a otra monja de la misma Orden, pero de época distinta. La monja a la que me refiero es a Santa Teresa de Jesús, devotísima del Santo Patriarca, a quien encomendaba todo y del que obtenía cuanto necesitaba para su vida espiritual, primero y principalmente, y luego gracia tras gracia, favor tras favor, según nos dio a conocer en uno de los libros que escribió, el que lleva por título "El libro de la vida".

Y, en el castellano del Siglo de Oro, compartió con las monjas y los fieles asistentes lo que dice de él en el capítulo 6º del libro citado, pero que en nuestro castellano actual dice así:

"Tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores de honra y pérdida de alma, este padre y señor mío me sacó con más bien del que yo le sabía pedir.

No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer.

Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado así de cuerpo como de alma.

A otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas.

Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso santo por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios.

Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no errará en el camino".

Estas palabras han hecho que San José sea considerado especial protector de la vida interior en la espiritualidad carmelitana, dentro de la cual desarrollan la suya nuestras monjas Carmelitas de clausura.

Y, fuera de los monasterios y conventos carmelitas, es sumamente venerado y tomado como protector del jefe de la familia. ¡Es el Día del Padre! Y también de los vocaciones que se preparan para el sacerdocio en los seminarios.

Además, el 1 de mayo de 1955 el papa Pío XII estableció la fiesta de San José Patrono del mundo del trabajo, justificando su decisión en unas verdades profundas:

1. La dignidad del trabajo humano.

2. El trabajo como camino de santidad.

3. La defensa de los trabajadores.

4.La vida oculta de Nazaret, donde Jesucristo mismo quiso vivir muchos años como trabajador, bajo el cuidado de San José, dignificando así la vida ordinaria.

Por lo que el trabajo, vivido con espíritu cristiano, puede convertirse en oración y camino de salvación.

Recibe mi saludo, mis 


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

19.3.2026. (C. 2.501).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Dos mil quinientos.

ESTAMPA CAUDETANA.

DOS MIL QUINIENTOS.

Todo empezó el último día de noviembre de 2017. Saludaba a mis gentes con una glosa sobre la conferencia que pronunció el día anterior en nuestro claustro barroco-toscano como colaboración  en un proyecto de las universidades de Valencia, Murcia y Albacete, el Dr. Aniceto López Serrano sobre una época de la Historia de España acontecida en estos ámbitos, teniendo como protagonistas al rey de Aragón, Jaime I el Conquistador, y al infante don Alfonso, que luego ostentaría la corona castellana con el ordinal décimo y el calificativo de el Sabio, además de otros temas puntuales e íntimamente relacionados

Se me ocurrió remitírsela al Sr. Director de la Asociación Cultural Amigos de la Historia Caudetana, don Antonio Conejero Rodríguez, y algo que yo empleaba para saludar a mis familiares y a personas de mi listín de WhatsApp - muchos en Madrid, donde permanecí desde 1982 como docente en el Colegio San Pablo CEU de Montepríncipe,  y, también, en la América hispana - pasó a ser lectura habitual para quienes en esta Real Villa de Caudete quisieran asomarse a estas líneas a través de Amigos de la Historia Caudetana.

Tuve que cambiar el título y, para encontrar uno adecuado, me fui hasta el libro de Las mil y una noches (*), esa colección de 1001 cuentos que tenían como fin distraer al sultán Shahriar por la ingeniosa Sherezade, siempre bajo la amenaza del alfanje.

Sherezade, sabia y prudente, dejaba cada relato sin terminar al llegar el amanecer. Y el sultán, vencido por la curiosidad, aplazaba la sentencia para escuchar el final. 

Así, noche tras noche, cuento tras cuento, hasta que el corazón endurecido del sultán aprendió de nuevo a confiar y la vida de Sherezade quedó definitivamente a salvo.

De uno de aquellos relatos, Aladino y la lámpara maravillosa, tomé prestada la alfombra voladora. A ella la bauticé con el nombre de ESTAMPA CAUDETANA, y ha sido esa alfombra la que, volando silenciosa cada mañana, ha ido llevando mi pequeño “cuento”, nacido de la observación sencilla de lo cercano y de lo cotidiano, del latido de la vida de nuestro pueblo, hasta alcanzar hoy las 2.500 estampas. Dos mil quinientos saludos. Dos mil quinientas mañanas compartidas.

Dos mil quinientas pequeñas historias que no son mías, sino de este pueblo y de sus gentes.

Y mientras Dios me siga regalando amaneceres,

mi alfombra seguirá volando.

Porque siempre habrá una historia pequeña que contar,

un detalle que agradecer

y un buenos días que regalar.

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

18.3.2026. Miércoles. (C. 2.500).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

(*) Cuentos árabes recopilados desde los umbrales del Islam hasta el siglo XV.