ESTAMPA CAUDETANA.
LOS CHICOS SE LO PASARON BOMBA.
Podía haberte dado noticia de el hecho en el día de ayer pero como afirma el dicho castellano:
"donde patrón no manda marinero"
Y, claro, ayer tenía usía, la Sagrada imagen de la Virgen de Gracia, la Patrona del lugar.
Pero también tuvo lugar otro acontecimiento digno de reseñar.
Es sabido que en estos fines de semana de mayo se van sucediendo las distintas tandas de niños que se acercan a recibir a Jesús Sacramentado por primera vez. Y es una gozada verlos vestiditos con sus preciosos atuendos caminar junto a sus familiares poniendo en las calles de la villa versos poéticos de vida.
Antes de ayer, domingo de Pentecostés, tuvo lugar la última de las celebraciones.
También es sabido que con tal motivo a las familias de los niños que acceden a este encuentro primero con el Señor Jesús echan la casa por la ventana.
Eso ocurrió precisamente en esta ocasión. Me encontraba en la glorieta de la Cruz contemplando como el sol iba poniendo luz en la Sagrada Imagen de la Virgen de Gracia y, desde más allá me llegaban los sones de músicas alegres y, sobre todo, de un griterio de niños que se lo estaban pasando bomba.
No pregunté, pero presumo que los padres de una de las criaturas, o de varias, vete tú a saber, emulando un tanto a las celebraciones festivas que, en torno a la infancia y a la niñez, nos presentan esas películas preciosas que, a veces pasan por los distintos canales de la televisión, en las que vemos en patios de casas idílicas grandes elementos de plástico inflados que semejan figuras de animales, en los que juegan y se divierten los niños, mandó, o mandaron, instalar, en un espacio hábil del polideportivo Antonio Amorós, uno de esos castillos inflables.
Y había que ver y oír a la chavalería divirtiéndose, todos al alimón, en la zona de la entrada y, de cuando en cuando, asistir a cómo se lanzaban algunos por la rampa.
Desde mi banco en el corralico, alcanzaba a verlos más allá del monumento a la Cruz.
Faltando poco para las 19,30 levanté mis reales del banco para emprender el camino de vuelta a la urbe y, allí donde estuvo levantado el elemento hinchable donde lo habían pasado de fábula los niños, ya no existía otra cosa que un montón de plástico de color arrugado, desinflado.
Los niños y los invitados todavía estaban dando buena cuenta de lo que constituiría la merienda-cena de un día para no olvidar, para guardar siempre en la memoria.
Hubo un momento en que, ésta, mi memoria, me situó en mi pueblo de Oropesa de Toledo, en un día como el domingo pasado, en la Solemnidad de la Santísima Trinidad (la celebraremos el domingo próximo), un 13 de junio, con un calor que derretía las piedras. Aquel día yo también me acerqué a tomar a Jesús por primera vez.
Entonces no tuvimos castillos inflables. El Sr. Cura, Don Eduardo Martín Gallinar, que fue íntimo amigo de nuestro mártir, el P. Alberto Marco Alemán, carmelita, nos invitó a toda la tropa, unos setenta chavales, a chocolate con churros que nos fue servido por las catequistas. (Entonces había que ir en ayunas a recibir a Jesús Sacramentado).
Liego, mi madre me llevó, andandito, bajo un sol de justicia a Peñitas, lugar donde se levanta la ermita de la Patrona de la Villa oropesana, a un kilómetro de la misma para entenderse entre ellas. Nunca supe de lo que hablaron, mi madre no me lo dijo, pero siempre pensé que el objeto de su conversación fui yo.
Bueno le es recordar a todo cristiano el día de su Primera Comunión. Pero mucho mejor es acercarse con frecuencia al Señor Sacramentado.
Recibe mi saludo, mis
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
26.5.2026. Martes. (C. 2.565).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.