domingo, 12 de abril de 2026

El Santísimo sale de visita.

ESTAMPA CAUDETANA.

EL SANTÍSIMO SALE DE VISITA.

Nos encontramos en la octava de la Pascua de Nuestro Señor Jesucristo. Aún huele a Pascua en las calles.

Queda en el aire ese temblor de campanas que no termina de irse, como si la alegría del Domingo de Resurrección se resistiera a marchar del todo.

Y hoy, sin hacer ruido, llega este domingo distinto.

No trae estruendo: solo la procesión del Santísimo que se echa a la calle para visitar, en sus casas, a sus hermanos enfermos.

Hoy parte del monasterio de las Madres Carmelitas de clausura (mañana lo hará desde la parroquia de San Francisco).

Hoy, Domingo de la Divina Misericordia, se abre esa puerta de la iglesia del monasterio por la que Dios sale al encuentro de sus hijos, impedidos de acudir al templo para estar con Él.

Bajo palio, sale acompañado por los cofrades de la Sacramental, a los que se unen otros fieles.

Porta al Señor el diácono José Lozano.

Esta mañana me detuve un instante antes de disponer lo necesario para la celebración de la Eucaristía en la iglesia del convento de San José (el Carmen) —ya sabes, uno de esos altos que no están previstos— y pensé en lo fácil que es vivir con las manos medio cerradas:

guardando,

midiendo,

pasando cuentas...

Y, sin embargo, hoy, Domingo de la Divina Misericordia, el mismo Dios nos invita a todo lo contrario:

a abrir,

a soltar,

a dejar que la misericordia haga su trabajo silencioso.

Dicen —y bien dicho está— que fue Santa Faustina Kowalska quien nos enseñó a mirar ese corazón de Cristo que no se cansa.

Y que el papa, de feliz memoria, polaco como Faustina, san Juan Pablo II, en el año 2.000, al tiempo que la elevaba al honor de los altares, quiso que este domingo tuviera nombre propio, como quien pone un farol en medio del camino para que nadie se pierda.

Aunque el farol no es otro que Cristo, nuestro Señor, que afirma de sí mismo:

«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas» (Jn 8,12).

Porque de eso va el día: 

de no perderse. De recordar que siempre hay regreso. Que siempre hay abrazo. Que siempre hay una oportunidad más —y otra, y otra— aunque uno llegue con las alforjas vacías o algo rotas. Como volvió a casa el Hijo Pródigo (Lc 15,11-32).

Hoy no hacen falta grandes discursos.

Basta, quizá, con mirar a alguien con un poco más de ternura;

con perdonar lo que pesa;

o con dejarse perdonar, que a veces cuesta más.

Como hace Jesús Sacramentado en su visita a los hermanos impedidos.

Y mientras el día avanza, casi sin darnos cuenta, quedan flotando aquellas palabras de Simón Pedro dichas tras el abandono de muchos discípulos después de haber escuchado a Jesús el discurso del Pan de Vida: 

"A quién iremos. Señor solo tú tienes palabras de vida eterna"(Jn. 8,68) 

Una frase sencilla, dicha al paso del Santísimo:

—Jesús, en Ti confío.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

12.4.2026 Domingo, OCTAVA DE PASCUA (C. 2.525).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

Pd. En la historia de la Real Villa de Caudete, con toda seguridad, habrá habido místicos con  experiencias semejantes a la de Santa Faustina kowalska el 22 de febrero de 1931.

Pero, o no recibieron la orden de transmitir al medio el fruto de sus experiencias, o, en su caso, las guardaron solo y exclusivamente para sí mismos. 

No contamos con un cuadro como  el que pintó  Adolf Hyla  trasladando al lienzo la experiencia mística de la Santa polaca.

(Foto de ese cuadro)

Pero con lo que sí contamos en Caudete es con un gran artista que tuvo que ser muy amigo del Señor ya que nadie como él supo esculpir de una manera tan grandiosa y maravillosa la faz, las manos y los pies de Nuestro Padre Jesús de la Gran Misericordia. 

Foto de nuestro Padre Jesús de la Gran Misericordia)

Figura preeminente en las manifestaciones de religiosidad popular habidas a lo largo de la semana santa y, con anterioridad, en el besamanos que tienen programado los miembros de su Hermandad. 

El artista es o, mejor dicho, fue, Miguel Bañón, que Gloria tenga, junto a Aquel al que esculpió de tal manera que hace posible el que, como en la recomendación de Santa Faustina kowalska, se lleve a efecto con Cristo, representado en la escultura, una relación cercana y afectuosa.

La impresionante escultura de nuestro Padre Jesús de la Gran Misericordia es venerada en su capilla de la parroquia de Santa Catalina.

sábado, 11 de abril de 2026

El arbol del amor del paseo.

ESTAMPA CAUDETANA.

EL ÁRBOL DEL AMOR DEL PASEO.

Cada mañana de la semana que hoy termina llevo pasando delante de esa preciosidad de espécimen del Árbol del Amor ¿quieres creer que no me había fijado en él?

Con toda seguridad se habría acomodado en mis adentros, vía subliminal, como me ha acontecido esta mañana.

Pero hoy paré, di marcha atrás y mientras me llenaba de él, saqué mi telefonillo del bolsillo.

No hace falta que miremos al calendario, ni tampoco que se lo oigamos a los chicos del tiempo en la TV. decirnos que estamos en primavera. 

¡Qué va! ¡Ni mucho menos!

Ya se encarga ella, la primavera, de decirnos que se encuentra entre nosotros. Es más, antes de que llegara, como te vengo diciendo en mis ESTAMPAS CAUDETANAS, ya venía adelántandonos:

."allá voy". "Enseguida estoy con vosotros".

 Y ahí está, con los papeles en regla, bien establecida entre nosotros.

  Y ¡no ha venido en patera!

Y lo más importante, trabaja. No ha perdido ni un momento desde que se estableció entre nosotros.

Bien es verdad que no ha tenido que esperar a que los jerifaltes políticos del momento le proporcionen un puesto de trabajo del que andan muy escasos, si es que disponen de alguno.

Ella se ha buscado el modo de "sacar las castañas del fuego'".

Y ya está trabajando para beneficio de todos porque tiene muy presente lo que afirma el aforismo muy nuestro:

"Nadie trabaja para sí mismo, sino para un ciento".

Ella no trabaja para un ciento, trabaja para casi cincuenta millones de personas que llenamos la antiquísima Piel de Toro.

Y, a todos, nos beneficia por igual porque no tiene acepción de personas.

Y el fruto de su quehacer ahí está, ante tus ojos. Está haciendo que toda la foresta resurja del sueño invernal y reverdee y florezca poniéndolo todo hecho una maravilla. 

No tienes más que ver al CERCIS ALIQUANTUM o árbol de JUDAS ISCARIOTE del Paseo Luis Golf porque, dicen, que el apóstol traidor a su Maestro, se suspendió de él, se ahorcó (Mt. 27,5)

Y, la verdad sea dicha, poco se le pegó del árbol a JUDAS porque traicionó y vendió a su Maestro. Claro que no faltan quienes apuntan que fue de uno de esta especie de donde se suspendió por haber entregado a su Maestro por 30 monedas (el precio de un esclavo discapacitado) de plata, hecho que ya lo dejó dicho, anunciado, el profeta Zacarías (11,22)  en el Antiguo Testamento.

Y, claro, una voz interior me estaba susurrando: mira que es la última vez que pasas de mañanica por este lugar en esta semana. Anda da marcha atrás y empápate de mí e, incluso, anda, hazme una fotografía.

Y quieres creer que paré y di marcha atrás para ver tal preciosidad con detenimiento  y fijar su momento de esplendor en una fotografía con mi telefonillo.

Pues, sí. La prueba de lo que te digo la tienes abriendo estas letricas. Un árbol esbelto  que ha tomado la delantera a otros muchos ejemplares de la misma especie que ocupan alcorques aquí y allí por la real Villa de Caudete. 

Uno de ellos frente a la fachada del monasterio de las Madres Carmelitas de clausura.

Que el amor de este árbol sea para tí un signo del mucho amor que te tiene Jesús pues como nos dice San Juan (13,1), "nos amó hasta el estreno", es decir, hasta dar la vida por nosotros".

Bien florido te acerca hoy  EL ÁRBOL DEL AMOR del Paseo Luis Golf mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

11.4.2026. SÁBADO DE LA OCTAVA DE PASCUA. (C. 2.524).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

viernes, 10 de abril de 2026

La Echeveria. Agavoide.

ESTAMPA CAUDETANA. 

LA ECHEVERIA. AGAVOIDE.

Lleva unos días guapísima. Es como si fuera la vedette del claustro barroco-toscano del convento de San José (El Carmen).

Viéndola tan guapa no me he resistído a emplearla, a mandarla de viaje, para que te lleve hoy mi saludo. 

La encontré en el expositor que una gran superficie de capital alemán tiene levantada en la villa marinera y pescadora de El Campello. 

Era solo una roseta, un plantón, pero que de haber tenido que pagar pesetas por ella me hubiera supuesto desembolsar un billete de aquellos que llamaban verdes para identificar a los de mil pesetas. 

Ya la había visto con anterioridad en el centro de la mesa en la terraza de unos amigos. Y claro,  me cautivó. 

Así que, no fue nada más que aparecer delante de mí y enseguida la puse en el mostrador de pagos y, como te digo, tuve que desembolsar 6 euros menos unos céntimos. 

No, no me arrepiento de haberla comprado. Aquel rosetón de hojas lanceoladas grises con esa especie de polvillo gris, pero que no es polvillo sino que es una capa (pruina) que se pone ella por encima de sus hojas para defenderse del sol y de la deshidratación, se me ha multiplicado de tal manera que me está pidiendo "a grito pelao", que diría mi madre, que Gloria tenga, un tiesto mayor.

Claro que en los bazares chinos asentados en este pueblo los venden caros, a 23,00 €. Y si le  compras a Picó el que tiene en el escaparate tendrás que poner 7 € más, porque lo vende a 30,0O €.

Pero todo se andará porque, como afirma el dicho;

"¡Quién dijo miedo habiendo hospitales y cementerios!".

Te decía que se ha puesto como la vedette del claustro barroco-toscano del convento de San José presumiendo delante de toda la foresta en él radicada debido a que se ha sacado de sí misma unos primorosos  racimos de flores en forma de campanillas de color rosado por fuera y amarillas en la punta.

Ahí la tienes, hecha y derecha, como una planta mayor porque ya tiene tres añitos y las de su especie alcanzan su mayoría de edad a los tres años y así se mantienen en una madurez bien ganada hasta las siete años en que suelen emprender viaje al país de nunca jamás.

Al contemplarla me vienen recuerdos de mis treinta años y siento cómo me dice:

- Tranquilo, vive así tú madurez, ¿ves? como yo, floreciendo. Y, acto seguido pone luz aquel dicho de Jesús:"por sus frutos los coniceréis"(Mt. 7,16-20)

Recibe mi saludo, 


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

10.4.2026. Viernes de la octava de Resurrección. (C. 2.523).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

jueves, 9 de abril de 2026

Las cuatro brevas.

ESTAMPA CAUDETANA

LAS CUATRO BREVAS

Ya te lo adelantaba ayer:

—Mañana te hablaré de la higuera.

Y aquí me tienes, dispuesto a pedirle a mi higuerita que haga de transportista y ponga delante de ti mi saludo de hoy.

Ya te dije el año pasado, y te lo volví a recordar ayer, que una religiosa de las Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo, las que dirigen la residencia de ancianos de Caudete desde hace más de un siglo, me trajo desde Madrid tres plantones de limonero y un plantón de higuera.

Los plantones de limoneros los sacó ella con su industria jardinera. El de la higuera se lo habían regalado los jardineros de la Villa y Corte.

Poco después los trasplanté a grandes tiestos donde pudieron encontrar terreno apto para que sus raíces, con vocación de conquistadoras, pudieran moverse a gusto.

A todos ellos los coloqué en un rincón del claustro del convento de San José, (el Carmen) el barroco-toscano, al que denominé con el nombre de la hermana carmelita que me los obsequió: el rincón de Rita.

De esto hace ya tres años.

El año pasado practiqué un gran alcorque en el corralón conventual, allí donde nada impidiera su relación directa con el sol.

Así, durante todo el tiempo que le lleva al sol subir la cuesta hasta su cenit, podría dedicarlo a su encuentro fruidificante con la recién llegada.

Y, a decir verdad, tengo que reconocer que aquel encuentro fue sumamente gratificante, porque de llegarme a la altura de la cintura en el momento de su trasplante al suelo, consiguió elevarse dos o tres cuartas por encima de mi cabeza en el espacio de una primavera y un verano.

Parece que ya se encuentra en su adolescencia, porque igual que les ocurre a los chavales cuando su cuerpo empieza a darles guerra poniéndoles granitos en la cara, a la joven higuera le han salido esta primavera cuatro brevas.

A la velocidad que van creciendo, he dado en pensar que van a adquirir un volumen fuera de lo normal, y eso es señal más que suficiente para caer en la cuenta de que los jardineros de la Villa y Corte le regalaron a la monja un estupendo ejemplar de los más de 380 que componen la familia de las higueras.

Es sabido que las brevas salen en las ramas del año anterior y que en las ramas nuevas de cada año se instalan los higos.

Estoy esperando, como espera el niño un regalo, para ver cómo se porta la higuera que ha venido a unirse a otros cuatro ejemplares que crecen aquí y allá en el corralón.

Da gusto verla.

El año pasado no se entretuvo en sacar ramitas hacia los cuatro puntos cardinales. Empleó toda su fuerza en levantarse sobre sí misma y adquirir la esbeltez que contemplas.

Pero este año no. Se lo ha pensado mejor y ha dicho:

Hasta aquí he llegado estupendamente. Es hora de que me extienda a mi alrededor para proporcionar sombra durante la fuerte canícula caudetana.

Las cuatro brevas, que han venido a adornar el tronco viejo siendo joven todavía, pues solo tiene un año, no ponen objeción alguna a que las envíe hasta ti para que te lleven mi saludo.

Yo me quedo con la catequesis que me ha dado mi joven higuera:

- Primero crecer y crecer para el cielo, para Dios.

-Después, crecer en derredor para amparar y dar cobijo a mis hermanos.

Mientras resuenan en mi interioridad aquellas palabras de Jesús:.

"lo que hiciereis a uno de estos, mis humildes hermanos, a mí me lo hacéis" (Mt 25,40)



¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

9.4.2026 Jueves de la Octava de Pascua (C. 2.522).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

miércoles, 8 de abril de 2026

El azahar.

ESTAMPA CAUDETANA

EL AZAHAR.

Puede que al leer el título de la estampa de hoy, El azahar, alguien se extrañe de que le dedique estas letras en un pueblo como Caudete, donde los inviernos no suelen ser precisamente suaves.

Pero no debe extrañar, porque en algunos rincones resguardados, como el jardín del monasterio de las Madres Carmelitas de clausura, sobreviven algunos cítricos, sobre todo limoneros, desafiando los fríos y esperando pacientemente la llegada de la primavera.

Desde hace unos días yo también puedo disfrutar de ese pequeño milagro: la primera flor —de momento única, aunque confío en que no será la última— de un joven limonero que hace poco dejé libre de su tiesto para que echara sus raíces directamente en la tierra.

Es el que preside hoy estas sencillas letricas.

¡Quién sabe si algún día la inventiva humana logrará no solo transportar palabras e imágenes de un lugar a otro, sino también los aromas! 

Poder mandar, junto a estas líneas, la fragancia limpia y suave de este azahar sería el complemento perfecto de esta estampa.

De momento no es posible. Así que tendrás que conformarte con saber que yo sí he tenido el privilegio de aspirar ese perfume delicado que regala esta humilde flor blanca, recién llegada a su nuevo hogar en el gran corralón del convento de San José, (el Carmen).

Este plantón vino desde Madrid, traído con cariño por una religiosa de las Hermanas de la Virgen del Monte Carmelo, las mismas que desde hace más de un siglo cuidan a nuestros mayores en la residencia de Caudete.

No vino solo. Con él llegaron también otros dos limoneros y una higuera.

Uno de los limoneros no resistió el paso del tiempo. El otro decidí sacarlo a que respirara el aire del amplio corralón conventual y, sobre todo, a que se encontrara cara a cara con el sol, que es el mejor médico de las plantas.

De la higuera hablaré mañana. Aunque quizá recuerdes que algo conté de ella la pasada primavera, cuando la cambié desde su rincón del claustro —el llamado rincón de Rita— hasta el alcorque que le preparé en el patio.

Un día apareció por el convento Antonio, al que todos conocen como "Tarzán", y al ver aquellos plantones no pudo evitar meterles mano con su arte de injertador. 

Y ahí siguen, luchando por merecer la vida.

Este limonero también ha tenido sus pruebas. Durante un tiempo sufrió el ataque persistente de las cochinillas que lo cubrieron entero, tronco y hojas, como si quisieran arrebatarle la vida poco a poco.

Pero no pudieron con él.

Armado con paciencia, un cepillo, jabón de fregar platos y un poco de vinagre de vino blanco, fui limpiando hoja por hoja, rama por rama, expulsando a aquellos incómodos inquilinos.

Y hoy, como agradecimiento quizá, me ha regalado su primera flor.

Hoy te lleva mi saludo el azahar.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

08.04.2026 MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA. (C. 2.521).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

martes, 7 de abril de 2026

No es rencoroso.

ESTAMPA CAUDETANA

NO ES RENCOROSO

No guarda rencor el Hibiscus syriacus que crece silencioso en el parterre de la Avenida de la Virgen de Gracia, pegado a la tapia que protege la huerta callada del monasterio de las Madres Carmelitas de clausura.

Ya quedó atrán la Semana Santa que, en esta Real Villa de Caudete, tanta atención y celebración aglutina.

Ya la primavera camina ligera en volandas del tiempo.

Ya va mereciendo. Ya hace mover la foresta.

Ya las yemas se van abriendo y, al hacerlo, dejan salir hojitas nuevas de un verde tiernecico o, en su caso, como en el árbol del Amor, sus florecicas, para tejer primorosos vestidos, vestidos de estación, no de pasarela.

Y, el Hibiscus, ¡mírsle! reventando en vida por cada una de dus yemitas. 

Está planta, en otras ocasiones me ha servido para mandarte mi saludo mañanero, porque tiene la rara habilidad de sacarse de sí misma unas flores hermosas, de ese color azul violáceo que recuerda a los cielos limpios después del viento, cuando no queda ni rastro de nubes.

El año pasado dio ejemplo de constancia. Durante dos meses fue creciendo sin hacer ruido, levantando sus varas verdes como quien se pone de puntillas para ver mejor la vida. 

Llegó a alzarlas más de medio metro, todas rematadas por capullos que prometían un estallido de belleza de un día para otro.

Pero entonces llegó la tijera.

Una tijera quizás bien intencionada, pero poco observadora, que hizo con la planta lo mismo que hacen con los reclutas recién llegados al cuartel: 

llegan con sus melenas cuidadas y sus rizos presumidos y, antes de aprender a desfilar, ya les han pasado la máquina dejándolos pelados, iguales y relucientes.

Así quedó también el pobre Hibiscus, con todas sus ilusiones cortadas de raíz justo cuando estaban a punto de florecer.

Y, sin embargo, no guarda rencor.

Ha vuelto este año a intentarlo.

Vuelve a levantar sus tallos, vuelve a preparar sus capullos, vuelve a apostar por la belleza como si nada hubiera pasado.

Ojalá esta vez la tijera sepa esperar su momento y respete su calendario. 

Ojalá pueda regalarnos sus flores y alegrar el paseo de quienes suben y bajan la avenida, porque a veces también las plantas hacen más amable la vida de un pueblo.

Y este hibisco, sin duda, es una de ellas.


Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

7.4.2026 MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA. (C.2.520).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

lunes, 6 de abril de 2026

Procesión del Encuentro.

ESTAMPA CAUDETANA 

PROCESIÓN DEL ENCUENTRO.

No sé desde cuándo arranca la manifestación festiva y popular del Encuentro de Jesús Resucitado, presente realmente en la custodia y en la imagen sagrada de la Virgen del Rosario.

El hecho está ahí, cada año: con la llegada del Domingo de Pascua tiene lugar en la Plaza de la Iglesia.

El sol se portó… ¡vaya si se portó! Despertó el día con una claridad que era para vivirla, no para contarla. 

Parecía dispuesto a iluminar todo para que a su Creador, a quien celebrábamos resucitado de entre los muertos, no le faltara nada al salir de la penumbra de la parroquia de Santa Catalina hacia la despejada plaza.

Todo estaba quieto. Ni una brizna de aire se movía. 

Entre la multitud que llenaba la plaza, algunos mostraban más piel de la cuenta, calentados por un sol pujante.

La Sagrada Imagen de la Virgen del Rosario salió de la parroquia toda enlutada y descendió procesionando hacia la parte antigua de la Real Villa de Caudete. 

Transitó por la Avenida de Paracuellos de la Vega y dobló hacia la Plaza de la Iglesia por el Callejón de las Campanas.

Luego apareció el Santísimo Sacramento bajo palio, colocado en el lugar establecido desde siempre para esperar la llegada de la Virgen del Rosario.

Al encontrarse, se produjo el momento más entrañable: aquel primer abrazo del Resucitado a quien siempre creyó y esperó, su Madre. 

La Virgen fue despojada del luto riguroso que guardaba por la muerte de su Hijo, y la alegría de ambos se contagió a toda la plaza.

No pude captar este instante con mi teléfono, ya que llegué tarde tras cumplir con mis tareas en la parroquia de San Francisco. Pero lo que vi, lo comparto: seguro que alguien lo habrá subido a las redes para quien quiera disfrutarlo.

El sol, en su cénit, llenaba la plaza y toda la villa de luz y calor. 

Las bandas de música acompañaron a la Virgen del Rosario, precedida por sus cofrades, entonando el Himno Nacional al entrar en el templo.

Igual hizo la banda que acompañaba al Santísimo, que avanzaba bajo palio con los cofrades de La Sacramental.

Pasado el mediodía, el Santísimo regresaba al templo y el sol, muy celoso, dejaba la plaza despejada. 

Al volver a casa, los aromas de pitanzas ricas y dulces recién horneados se mezclaban con el recuerdo de la celebración.

Por la calle Mayor y la del Mercado ya no vi mozos y mozas luciendo ropas nuevas. Un señor mayor, de edad provecta, se me acercó y me dijo:

Alfonso, ¿ya de retirada?

Sí, ya concluyó la Procesión del Encuentro.

¡Cuánto han cambiado los usos con el tiempo! 

Antes, tras la procesión, los jóvenes paseaban por estas calles para conocerse, establecer amistades… que a veces terminaban en noviazgo y boda. Las familias no perdían ojo para ver por dónde iban los tiros.

Sí, señor, aquellos tiempos pasaron y trajeron otros modos. Pero yo me quedo con aquellos, aunque a veces parecíamos caballitos amaneados por la prevención antes de tirar los tejos.

Ayer, día de Pascua, del paso de la muerte a la vida, fue un día grande. Todo acompañaba: un sol espléndido, montones de gente en la calle, fieles y curiosos asistiendo a la escena plástica del reencuentro entre Jesús y su Madre.

La Pascua de Jesús es el lucero que alumbra al ser humano que viaja por este mundo con destino a aquel lugar donde Dios lo espera.


VÍDEO

Recibe mi saludo:


¡¡BUENOS DÍAS!!

6.4.2026 – Lunes de Pascua (C. 2.519)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

domingo, 5 de abril de 2026

Sábado Santo. El día del gran silencio.

ESTAMPA CAUDETANA.

SÁBADO SANTO. EL DÍA DEL GRAN SILENCIO.

La Real Villa de Caudete amaneció ayer de otra manera.

Sin tambores. Sin la carraca de la torre de la parroquia de Santa Catalina, porque el día anterior, cuando la procesión del Santo Entierro echaba a andar, se vino abajo y no emitió ninguno de sus roncos sonidos: se había roto.

Tampoco se necesitaba ya, porque ayer no hubo por las calles procesiones con cofrades y penitentes caminando a paso lento.

Como si la Villa entera hubiera comprendido que ese día no tocaba hablar, sino esperar.

Después del dolor del Viernes Santo, todo parecía haberse detenido.

Las puertas de los templos permanecían abiertas, pero el ambiente era distinto. 

No había flores estrenadas ni imágenes en procesión.

Cristo yace en el sepulcro y la Iglesia guarda silencio. 

Ese silencio denso que no es vacío, sino esperanza.

Es el silencio de la tierra antes de la primavera.

El silencio de la semilla antes de brotar.

El silencio de Dios antes del milagro.

Un lugareño me decía, mediado el día de ayer, que aquí, en Caudete, el Sábado Santo, siempre ha sido un día raro.

—¿Por qué razón? —le pregunté.

—Porque más que ruido exterior,  la cosa va por dentro.

Como si el corazón de cada uno fuera el sepulcro alumbrado por la velica de la esperanza de sentir a Cristo resucitar.

Pero, como aconteciera entonces, mientras todo parecía terminado, una Madre, María, siguió creyendo.

María sostiene nuestra fe como sostuvo la que perdieron los discípulos.

Y es que así aconteció: cuando los discípulos dudan, cuando el miedo aparece como una niebla espesa, Ella simplemente espera.

Sin entenderlo todo (lo guardaba todo en su corazón Lc.2,19-200). Sin pedir explicaciones. Simplemente creyendo.

Quizá por eso el Sábado Santo es también el día de las personas sencillas. De los que saben esperar. De los que siguen rezando aunque no vean resultados. 

De los que permanecen cuando otros se marchan.

La noche cayó y la oscuridad volvió a cubrir las calles de la Villa.

Pero esta vez no fue como la del Viernes. Anoche hubo luz, mejor dicho, luminaria. En los centros de culto se celebró el triunfo, la promesa cumplida. Jesús resucitó.

Porque cuando todo parece acabado…

Dios siempre está empezando algo nuevo.

Y la Villa de Caudete, en silencio, esperó y lo recibió en cada una de las liturgias celebradas en ella.

La luz de la Pascua de Cristo hizo de la noche día. Y esa luz es la que genera Aquel que es simbolizado por el Cirio Pascual prendido en el fuego bendecido, Sagrado.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!


Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

5.4.2026 DOMINGO DE RESURRECCIÓN. (C.2.518).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

Semana Santa en Caudete.

 SEMANA SANTA EN CAUDETE

sábado, 4 de abril de 2026

Viernes Santo. Cuando Caudete reza en silencio.

ESTAMPA CAUDETANA.

VIERNES SANTO. CUANDO CAUDETE REZA EN SILENCIO.

Hoy es Sábado Santo. Hoy la Iglesia enmudece. 

Su Cabeza, Cristo, fue colocada sobre la fría losa de un sepulcro.

Pero no está muerto, porque vive en el corazón de su esperanzada Madre.  Son los latidos del cirazón de la Madre los que le mantienen vivo, como vivo lo tuvo en sus purísimas entrañas.

Dentro de poco nos lo volverá a dar cuando se separen del abrazo en el que se fundirán los dos al despertar el día de mañana.

Mientras tanto, esperamos con Ella, acompañando a la que nos entregó Él por  Madre desde lo alto de la Cruz: a su Madre.

Hay un día en el año en que LA Real Villa de Caudete habla menos y siente más. 

Un día en que hasta el aire parece caminar de puntillas por las calles de la Villa. 

Ese día es el Viernes Santo.

No hace falta que nadie lo anuncie. Se nota en la luz, en el paso más lento de la gente, en ese respeto callado que parece envolverlo todo.

Amanece distinto.

Amanece como si el mismo cielo quisiera acompañar el luto de la tierra.

Sí, Amaneció el Viernes Santo en Caudete con esa luz distinta que tienen los días grandes, aunque sean días de luto. No era un amanecer alegre. Era una claridad serena, como si el mismo cielo supiera que aquel no era un día cualquiera.

Y no lo era, porque toda la Real Villa estaba convocada al piadoso ejercicio del Vía Crucis.

El pueblo caminaba más despacio. El calendario señalaba una jornada marcada por la memoria más profunda del cristianismo: la Pasión y Muerte de Cristo.

Por la mañana, los pasos volvieron a salir a la calle. Era la procesión de ellos, de Los Pasos.

Las imágenes, que son catequesis en madera tallada, recorrieron las calles recordando las últimas horas de Cristo.

Los nazarenos y los cofrades, con su caminar pausado, parecían marcar el ritmo del corazón del pueblo.

No había muchos niños esperando, pero sí procesionando. Uno de ellos, cerca de mí, preguntaba a su papá, y éste hacía de catequista.

Y así, de generación en generación, Caudete sigue contando la misma historia sin necesidad de libros.

La historia del que murió perdonando: Jesús.

Marino y María José, su esposa, instalados en la antigua Sala del Concejo Municipal —la que sostienen sobre sí los arcos de la Lonja— iban desgranando las estaciones del piadoso ejercicio, rememorando aquel acontecer de Cristo mientras se encaminaba al Calvario.

Los altavoces instalados en puntos clave de la Villa dejaban oír sus voces cálidas y pausadas, que se introducían suavemente por los oídos y, por su maravilloso mecanismo (tímpano, martillo, yunque, lenticular y estribo), subían al cerebro y bajaban al corazón.

Muchos lo seguían desde sus casas; otros lo hacíamos en plena calle o plaza.

En la Plaza de Nuestra Señora del Carmen, los termómetros digitales marcaban 13°. No se movía ni una chispa de aire, lo que imponía una sensación muy agradable en el lugar donde bastantes fieles esperaban el paso de las sagradas imágenes.

Todo lo contrario de lo que aconteciera unas horas antes, durante el desarrollo de la Procesión del Silencio en la noche anterior.

Ayer no. Ayer la espera a que pasaran las imágenes —Oración del Huerto, Cristo de la Columna, la Mujer Verónica, Cristo de la Agonía, Nuestra Señora Dolorosa y Virgen de la Piedad, Cristo de la Caída y Cristo de la Juventud— no fue dolorosa ni hizo las veces de un cilicio.

Habían salido de Santa Catalina a las 7:30 horas y, a las nueve, llegaban a la Plaza de Nuestra Señora del Carmen.

Y, siendo las 9:35 horas, desaparecía la comitiva procesional por la calle Mayor adelante, en busca de rendir manifestación piadoso-catequética en la parroquia de la que salió.

Cada vez que Marino o su señora comenzaban el relato y rezo de una estación, toda la procesión hacía alto y las bandas de música y de tambores enmudecían.

En lugares ya convenidos de antemano tuvieron lugar dos encuentros:

En la Lonja, la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Gran Misericordia con la Virgen de los Dolores; y, en la Plaza de Nuestra Señora del Carmen, el encuentro del Cristo de la Caída con la Mujer Verónica.

El Sr. cura párroco, P. Luis Torres Pérez, carmelita, revestido con alba, estola y capa, presidía la procesión.

El Vía Crucis matutino abrió la puerta al Viernes Santo, durante el cual, y en horario distinto, se iba a celebrar la liturgia de la Pasión y Muerte del Señor en los distintos lugares de culto.

Pero si la mañana tuvo su solemnidad, es la tarde del Viernes Santo la que pesa en el alma.

Con la puesta en marcha de la Procesión del Santo Entierro a las 20,30 horas, el pueblo entero parece convertirse en templo.

Las luces se atenúan, la marcha se vuelve más grave y el silencio adquiere un protagonismo que impresiona.

No es un silencio vacío. Es un silencio lleno de significado.

Silencio de oración.

Silencio de respeto.

Silencio de tradición.

El Cristo yacente pasa en su urna iluminada lentamente, mientras muchos bajan la mirada.

No hace falta decir nada.

Cada cual lleva su propio Viernes Santo, su procesión, por dentro.

Delante, la Virgen de la Amargura, acompañada por ese llanto contenido que no necesita lágrimas visibles, avanza mientras  reza el rosario.

Y así, paso a paso, la Villa de Caudete revive un año más el misterio del dolor… pero también de la esperanza. Y el pueblo lo sabe.

El Viernes Santo le recuerda:

La crucifixión y muerte de Jesucristo.

La adoración de la Cruz.

El silencio y la esperanza en la Resurrección.

Es, por tanto, el día más austero y sobrecogedor de la Semana Santa.

Pero nunca tiene la última palabra.

La última palabra… siempre la tiene la Vida. Y Jesús la retomará, resucitando por el poder de su Espíritu, en la madrugada del domingo.

Y mientras la noche cae sobre la Real Villa, las calles quedan otra vez en calma, como esperando la luz del día para ir a estar y consolar a la Madre, a María, por la pérdida tan sensible, por la muerte de Jesús, su Hijo. Y, junticos, esperar en silencio la madrugada del domingo que traerá la Buena Noticia:

La Pascua de Jesús, su paso de la muerte a la vida.

Y, sí, la Villa de Caudete vela, hasta ese momento, con María.

En silencio.

Con esperanza.

Con fe.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

4.4.2026. SÁBADO SANTO. (C. 2.517).

P. Alfonso Herrera Carmelita.