martes, 20 de octubre de 2026

Paco "El Rubio": la acuarela hecha solidaridad.

ESTAMPA CAUDETANA

PACO «EL RUBIO»: LA ACUARELA HECHA SOLIDARIDAD

Caudete, ya lo sabemos, es tierra de acuarelistas, cuna de grandes pintores y escuela de sensibilidades artísticas. Y en Paco Hernández, nuestro Paco «el Rubio», tenemos a uno de esos hombres que han sabido encontrar en la pintura una manera de expresar lo que llevan dentro.

Paco es un hombre polifacético. Además de hábil con los pinceles, es psicólogo, ya jubilado; consultor de programas de televisión en Castilla-La Mancha y conferenciante. También es músico: toca el trombón en la Banda de la Asociación Amigos de la Música Santa Cecilia de nuestra Villa.

Y, por si fuera poco, forma parte de un terceto especializado en canciones de época, con las que alegra las noches veraniegas y las fiestas patronales, consiguiendo que el personal, provecto o no tan provecto, se anime a mover el esqueleto al son de aquellas melodías que tantos recuerdos despiertan.

¡Que no todo va a ser pintar!

También hay que darle gusto al oído y alegría al cuerpo.

Pero hoy quiero hablarte de otra de sus facetas: la de acuarelista y, muy especialmente, la de hombre solidario.

DE LA MANO DE UN MAESTRO

Su afición por la acuarela nació de la mano de un maestro, nuestro inolvidable Rafael Requena. Así lo leí en uno de los folletos con los que me obsequió en cierta ocasión, cuando tuvo la gentileza de invitarme a su estudio.

Recuerdo aquella visita. Paco se movía entre sus pinturas y pinceles con la ilusión de un niño, llevando al papel, con soltura y delicadeza, los pinceles empapados de agua y pigmentos. Una blancura que, poco a poco, iba dejando de serlo para convertirse en paisaje, luz y vida.

Aquel encuentro me permitió comprender hasta qué punto el gran Rafael Requena supo transmitir a tantos caudetanos, entre ellos nuestro Paco «el Rubio», el amor por esta técnica pictórica tan apasionante como exigente.

Paco tuvo la suerte de aprender de él y, desde entonces, los pinceles y los colores han venido acompañándole en su caminar artístico.

Es un hombre humilde, pero grande. De esos que no necesitan pregonar sus méritos, porque sus exposiciones, sus reconocimientos y sus premios hablan por él.

Domina el paisaje, y puedo hablar de ello con conocimiento de causa, porque en cierta ocasión tuvo el detalle de regalarme una preciosa acuarela titulada «El nacimiento de las nubes», de la que ya te hablaré algún día.

Pero su inquietud artística no se queda ahí. También ha sabido adentrarse en otros campos, buscando nuevas formas de expresión y demostrando que la acuarela ofrece un mundo de posibilidades a quien sabe mirar.

CUANDO EL ARTE SE HACE SOLIDARIO

Sin embargo, hay algo que quiero resaltar de modo especial en Paco: su disposición a poner el arte, su arte, al servicio de los demás.

Paco es un hombre solidario. Porque le sale de dentro o porque alguien se lo solicita, lo cierto es que parece tener siempre un sí dispuesto para quien necesita su colaboración.

Dona sus obras para apoyar a asociaciones y distintas iniciativas, y no es extraño encontrarlas expuestas en escaparates céntricos de nuestra Villa, anunciando rifas cuya recaudación se destina a fines solidarios.

Para él, pintar no consiste solamente en plasmar la vida sobre el papel. También es una forma de echar una mano, de arrimar el hombro y de contribuir a sacar del atolladero a quienes atraviesan momentos difíciles.

Sus pinceles no solo dibujan paisajes: también pintan esperanza.

Y esta manera de entender la pintura merece que nos detengamos un momento para reconocerla.

HOTEL PLATEA: UNA FACHADA HECHA ACUARELA

Con motivo de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, hay una jornada especialmente dedicada a los artistas que participan en este encuentro cultural, pintores de Caudete y de otros lugares que, caballete en mano, salen a nuestras calles para captar aquello que les llama la atención de la Real Villa.

Y ahí estuvo nuestro Paco «el Rubio».

Con el papel preparado y los materiales facilitados por la organización de la Bienal, se dispuso a plasmar uno de esos edificios que forman parte del paisaje urbano caudetano y que, por su historia y su renovada presencia, no pasan inadvertidos.

Me refiero al conocido popularmente como el edificio de la Notaría, que, tras su restauración, se ha convertido en un elegante establecimiento hotelero: el Hotel Platea.

Y ese imponente inmueble fue el elegido por nuestro artista para convertirlo en protagonista de su acuarela.

Hago, pues, un alto en mi recorrido por el claustro del convento de San José, el Carmen, y por el museo Rafael Requena, para detenerme ante la obra que Paco realizó el pasado día 11, atendiendo la convocatoria de los organizadores de la VIII Bienal.

Una mañana de agua, pigmentos y pinceles dio como resultado una acuarela que lleva por título:

HOTEL PLATEA».

Y sí, hoy me detengo ante esta nueva obra nacida durante el desarrollo de la Bienal, porque merece que le dediquemos algo más que una mirada apresurada.

La acuarela nos presenta un edificio de fachada luminosa, vestido de amarillos y blancos, con sus ventanas alineadas y sus balcones asomándose a la plaza de Nuestra Señora del Carmen.

Un inmueble que parece querer contarnos algo de la historia de esta Real Villa de Caudete, una historia que continúa escribiéndose mientras sus edificios cambian de uso y se incorporan a la vida de cada día.

Paco ha sabido captar la perspectiva del edificio, que se nos ofrece desde una esquina, permitiéndonos contemplar sus dos fachadas y apreciar la presencia y el volumen del conjunto.

Pero no se ha limitado a dibujar paredes, ventanas y balcones. Ha querido dar vida a la escena con el verde y los amarillos de las catalpas, vestidas ya con los tonos del otoño, y con las macetas floridas que aportan una nota de color y frescura.

Y ahí están también esos bancos que parecen invitarnos a detenernos un momento, sentarnos y disfrutar del lugar.

La luz acaricia la fachada, mientras las pinceladas, sueltas y delicadas, permiten que el propio papel participe en la composición. Esa es una de las virtudes de la acuarela: sugerir mucho sin necesidad de contarlo todo, dejar que el agua haga su trabajo y que el blanco del papel se convierta también en luz.

Y allí tenemos al visitante, contemplando cómo el agua, los pigmentos y la mano del artista consiguen transformar un edificio conocido en una pequeña escena llena de encanto.

Pero esta acuarela guarda, además, una anécdota que merece ser contada.

Resulta que un viandante permaneció esperando hasta que Paco estampó su firma en la obra. Y, en cuanto el artista dio por terminada su tarea, aquel hombre se acercó, puso en sus manos una buena cantidad de euros y se llevó la acuarela.

¡Así, sin más!

Ni esperó a que los técnicos encargados de valorar las obras del concurso emitieran su veredicto ni quiso saber qué premio podría corresponderle. Había visto la pintura, le había gustado y decidió llevársela.

No todos los días se encuentra uno con semejante admirador. Y no deja de ser una satisfacción para quien pinta comprobar que su obra despierta tanto interés que alguien está dispuesto a adquirirla nada más verla terminada.

Una historia que Paco podrá contar, sin duda, como una de esas pequeñas sorpresas que hacen todavía más gratificante el oficio de pintar.

CAUDETE Y SUS ACUARELISTAS

La VIII Bienal nos invita a mirar con otros ojos, a descubrir que detrás de cada acuarela hay una manera de sentir, de observar y de compartir la belleza.

Por eso, si todavía no has visitado las exposiciones, acércate al claustro del convento de San José, el Carmen, y al museo Rafael Requena.

Allí te esperan obras que nos acercan a diferentes maneras de interpretar el mundo y que nos recuerdan que la pintura no solo reproduce lo que vemos: también nos enseña a disfrutarlo.

Y entre pinceles, agua y pigmentos, Paco «el Rubio» sigue haciendo honor a esa tradición acuarelística de Caudete que tanto debemos a nuestro inolvidable Rafael Requena.

Pero hoy, además, hemos descubierto algo que va más allá de su destreza artística: la generosidad de quien pone su talento al servicio de los demás.

Porque los pueblos se engrandecen cuando saben reconocer a sus artistas; a quienes, sin necesidad de grandes alharacas, trabajan, crean y comparten lo que saben hacer.

Y si, además de regalarnos belleza, son capaces de convertirla en solidaridad, mucho más merecen nuestro reconocimiento.

¡Un saludo, Paco!

Que no te falten nunca el agua, los colores y la ilusión para seguir regalándonos tu particular manera de mirar nuestro entorno.

Y que esos pinceles tuyos continúen pintando paisajes, despertando admiración y tendiendo una mano a quienes más lo necesitan.

Porque, al fin y al cabo, querido Paco, hay obras que se cuelgan en una pared y otras que, además, llegan al corazón.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

20.10.2026. Martes. (C. 2.691).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

lunes, 19 de octubre de 2026

Colleen Helmore: la vida hecha acuarela.

ESTAMPA CAUDETANA

COLLEEN HELMORE: LA VIDA HECHA ACUARELA

Ayer te presentaba una obra de Colleen Helmore, acuarelista australiana, hija de un afamado arquitecto de aquellas lejanas tierras de Australia.

Lejos de seguir los pasos de su padre en el mundo de la arquitectura, Colleen nos acercaba al universo de la belleza floral, plasmada con delicadeza, color y primor en su Plumeria obtusa.

Pero Colleen cultiva también, con especial sensibilidad, el campo de las personas.

Y lo hace de manera magistral en otra obra pintada a la acuarela que cuelga junto a la anterior, en el mismo paño del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen.

Tres rostros que, según mi parecer, pertenecen a una misma anciana. Y hasta me atrevería a apostar, sin temor a equivocarme —aunque quizá me equivoque—, que no son otra cosa que tres retratos de la propia artista, imaginada a sí misma con el paso de los años (*).

La obra lleva por título:

Remembering, es decir, «Recordando».

Tres rostros que nos miran desde el papel.

Tres rostros surcados por los años, en los que las arrugas parecen guardar la memoria de toda una vida.

Fíjate bien. Hay en sus miradas algo que va más allá de lo que los ojos pueden contarnos. Quizá recuerdos, quizá experiencias, quizá esa serenidad que solamente concede el paso del tiempo.

La artista no necesita grandes artificios para transmitirnos sus sentimientos. Le bastan el agua, el pigmento y la destreza de su pincel para acercarnos a la humanidad de esos rostros; a la humanidad, según mi parecer, de sí misma, tal como podría llegar a ser cuando pasen unos cuantos años.

Es como si nos invitara a detenernos ante nuestros mayores y a reconocer en ellos la historia que llevan escrita en la piel.

Y, al mismo tiempo, nos lanza un aviso: lo que hoy contemplamos en esos rostros ajenos terminaremos experimentándolo también nosotros, cuando los años hayan ido dejando su huella y volvamos la mirada hacia atrás.

Hacia esa etapa de nuestras vidas en la que los recuerdos adquieren un valor especial y el pasado se hace presente en nuestra memoria.

Quizá sea entonces cuando comprendamos mejor lo que la artista ha querido contarnos con sus pinceles.

Y allí están, en el claustro del Carmen, estas acuarelas de Colleen Helmore, formando parte de la VIII Bienal de Pintura a la Acuarela, que ha traído hasta Caudete el talento de artistas de distintos lugares del mundo, con Australia como país invitado.

Una buena ocasión para acercarnos a la pintura, descubrir otras sensibilidades y comprobar que el arte no necesita hablar nuestra lengua para hacerse entender.

Si todavía no has visitado la Bienal, acércate al convento de San José.

Porque, entre sus muros cargados de historia, las acuarelas de Colleen Helmore te esperan.

Quizá te detengas ante su Plumeria obtusa, con sus flores abiertas a la belleza.

Quizá te conmuevan las miradas de tres ancianas o, como me sucede a mí, descubras en ellas un mismo rostro contemplado en distintos momentos de la vida, cargados de recuerdos.

En cualquiera de los dos casos, habrás encontrado algo que merece la pena: un instante de belleza que llevarte contigo.

Porque eso también nos enseña Colleen Helmore: que el arte consiste, en buena medida, en enseñarnos a mirar de nuevo aquello que la vida pone ante nuestros ojos.

Y en eso Colleen es toda una maestra consumada.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

19 de octubre de 2026. Lunes. (C.2.690).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

(*) Recuerdo que hace ya muchos, muchos años, el profesor de Arte en la Universidad de Santander, Dr. Campuzano, al explicarnos que el pintor no solo trasladaba al lienzo lo que ve, sino el resultado de lo concebido en su interior al contemplar al modelo, nos puso un ejemplo:

A un pintor  le fue encargado  pintar a una señora de alta cuna y de una belleza extraordinaria. 

El quidam eceptó el trabajo.

Y cuando entregó la obra a la modelo ésta se quedó de una pieza porque en la obra aparecía una figura que en nada retrataba su presente.

Cuando la que fuera objeto de la obra se quedó sin improperios, el pintor la dijo:

"Hablaremos cuando pasen unos años".

En el cuadro aparecía una anciana con su cara y esbelto cuello surcados por arrugas, con greñas y contrahecha.

domingo, 18 de octubre de 2026

Una flor tropical en el Claustro del Carmen.

ESTAMPA CAUDETANA.

UNA FLOR TROPICAL EN EL CLAUSTRO DEL CARMEN.

Paseando por el claustro del convento de San José, el Carmen, donde la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela ha encontrado un marco de singular belleza, uno se topa con obras que invitan a detenerse y mirar.

Entre ellas, las de Colleen Helmore, acuarelista australiana que nos trae hasta Caudete su particular manera de contemplar la naturaleza.

Hoy me detengo en una planta de nombre un tanto exótico:

PLUMERIA OBTUSA.

No, ni se te ocurra pensar que viajé hasta la isla indonesia de Bali para hacerme con ella, con la Plumeria obtusa con el fin de plantarla en una de mis jardineras y, así, vestir de belleza el convento de San José, el Carmen.

No, no me hizo falta porque con motivo de la VIII Bienal de la pintura a la acuarela nos la ha traído una pintora australiana, Colleen Helmore, y nos la ha expuesto en uno de los paños del claustro del convento para nuestro "gustazo".

Las flores de esta planta, de pétalos blancos y corazón amarillo, parecen haberse vestido de luz para ofrecer a la pintora, primero, y al espectador, después, toda su belleza. Las hojas verdes, carnosas y brillantes completan una composición en la que la naturaleza se muestra sin artificios. Y, ese, es precisamente, el que buscaba Colleen para pintarla.

Y es que Colleen Helmore es amiga de sorprender a los elementos de la naturaleza en el momento más adecuado y oportuno para astraerlos y ponerlos en sus obras a la acuarela.

Colleen Helmore tiene esa virtud:

la de mirar y saber captar el instante en que la luz acaricia las cosas y las hace especialmente hermosas. Su pintura, de carácter realista, no se limita a reproducir lo que ve; nos invita a descubrirlo.

Y así, en el recogimiento del claustro carmelitano, una flor nacida en tierras lejanas se convierte en vecina nuestra por obra y gracia de la acuarela.

¡Qué cosas tiene el arte! 

Australia y Caudete, unidas por por la belleza de unas flores de Plumeria por la sensibilidad de una pintora y por ese lenguaje universal que es el arte. Una flor tropical que trasladada al papel por la magia de la acuarela viene a recordarnos que la belleza no conoce fronteras.

Porque para admirar la belleza basta con abrir los ojos y dejar que hable el corazón.

¡Una razón más para acercarse al claustro barroco-toscano del Carmen donde encontrarás sus puertas abiertas de par en par y poder disfrutar de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela!

Recibe mi saludo, 


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

18.10.2026. Domingo. (C.2.689).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

sábado, 17 de octubre de 2026

¡De Sanlúcar a Caudete!

ESTAMPA CAUDETANA.

¡DE SANLÚCAR A CAUDETE!

Si vas por el museo de Rafael Requena te lo vas a encontrar como me lo encontré yo. 

Te vas a dar de bruces con un LANGOSTINO. Sí, con un langostino.

Se ha venido a esta Real Villa de Caudete con ocasión de la VIII Bienal Internacional de la Acuarela, que estos días se celebra aquí, y, sí, allí te lo vas a  encontrar. 

Es una de tantas obras pintadas a la acuarela que ha recalado en esta Villa y lo hace como un visitante llegado de tierras gaditanas.

¡Y menudo visitante!

Nada menos que un langostino de Sanlúcar de Barrameda, de esos que han dado fama a la gastronomía de aquella tierra andaluza.

Nada más situarme ante EL LANGOSTINO SANLUQUEÑO, la obra de Manuel Olivas Gálvez, vino a ocupar mi memoria aquel viaje cultural que hiciera acompañando a los alumnos de Cou del Colegio San Pablo perteneciente a La Asociación Cristiana de Propagandistas, San Pablo CEU, a las marismas de Doñaña.

¿Por qué? 

Pues mira, porque mientras los estudiantes se encontraban escuchando, in situ, las explicaciones que sobre el medio les estaban dando los monitores autóctonos especializados en el tema, la profesora acompañante, Doña Esperanza Juanes, y yo mismo, también nos dedicábamos a conocer el medio por otro camino, degustando las riquezas del lugar y, entre ellas, los  LANGOSTINOS sanluqueños pasados por la plancha y enfundados en velos de mayonesa, acompañados por el buen caldo blanco, con o sin aceituna, de las marismas.

Aquellos langostinos llegaron al mostrador de la tasca en un plato y de él desaparecieron como por ensalmo.

Pero éste que aparece en la obra del joven pintor sanluqueño (*1979) no vino al mostrador como aperitivo, sino que se reservó para viajar a Caudete para la exposición. 

Y no ha necesitado barco ni carretera para llegar hasta nosotros. Le han bastado el talento de un artista del lugar, unos pinceles, agua y pigmentos.

Su autor, Manuel Olivas Gálvez, español y sanluqueño, ha querido traerse hasta Caudete un pedacico de su tierra, plasmado en una acuarela que lleva por título "LANGOSTINO DE SANLÚCAR".

Y aquí lo tenemos, sobre el papel, con su cuerpo arqueado, su caparazón de tonos pardos y rojizos, tal y como el pescador lo  sacó de los fondos de las aguas costeras, sus patitas y esas largas antenas que parecen querer salirse del cuadro.

¡Qué manera de dar vida a un langostino!

Porque esa es la magia de la acuarela: con unas pinceladas bien dadas, el artista consigue que nos detengamos ante algo que quizá, en otras circunstancias, apenas habría llamado nuestra atención.

Y es que el bueno de Manuel ha conseguido que este ejemplar sanluqueño se convierta en embajador de su tierra en nuestra Bienal.

¡Quién se lo iba a decir al langostino!

Él, acostumbrado a las aguas de Sanlúcar, se encuentra ahora en Caudete, compartiendo espacio con obras llegadas de distintos lugares y demostrando que el arte no entiende de distancias ni de fronteras.

Y uno, que anda por ahí curioseando y disfrutando de cuanto nos ofrece esta VIII Bienal, no puede menos que agradecer a los artistas que nos permitan viajar sin movernos de casa.

Hoy nos vamos a Sanlúcar de Barrameda; ayer estuvimos en Australia, antes de ayer nos fuimos a Letonia, mañana, con otra acuarela, quién sabe dónde podremos recalar.

¡Que viva el arte y que no falten los buenos langostinos!

Aunque, en esta ocasión, al de Manuel Olivas Gálvez lo mejor es dejarlo donde está: colgado en la exposición del museo Rafael Requena, para que podamos disfrutarlo con los ojos y no con las papilas gustarivas.

Y tú, si todavía no has visitado la Bienal, ya tienes otro motivo para acercarte.

¡Caudete te espera!

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

18.10.2026. Sábado. (C.2.688).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

viernes, 16 de octubre de 2026

Una niña, su peluche y una mirada que habla.

ESTAMPA CAUDETANA.

UNA NIÑA, SU PELUCHE Y UNA MIRADA QUE HABLA.

En mi paseo de ayer por el claustro conventual de San José, el Carmen, me detuve, por enésima vez, ante una de las obras que se exponen en el convento de San José, con motivo de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela de Caudete.

Ya te hablé de su autor cuando te di a conocer la cabeza de un aborigen australiano trasladada al papel a través de la habilidad, de  Richard Tiejun Chao

Y allí, al lado de donde cuelga aquella cabeza pintada de un aborigen australiano está ella:

Una niña de trenzas, mirada pícara y sonrisa apenas insinuada, que sostiene entre sus manicas un muñequico de peluche al que parece profesar un cariño muy especial.

Pero lo que de verdad atrapó mi mirada fue la suya:

 su mirada. 

Esos ojos que parecían querer contarme algo, esa expresión entre la timidez y la travesura, esa naturalidad que Richard, el artista, supo atrapar y trasladar al papel con la delicadeza y la sensibilidad propias de la técnica de la acuarela.

El fondo, difuminado en tonos verdes y oscuros, hace que la pequeña destaque todavía más, como si la luz se hubiera detenido precisamente en ella.

Y yo, que me acerqué a contemplar a una niña aborigen pintada, terminé encontrándome con algo más que borbotó desde mi niñez: 

Con un instante de infancia, de ternura y de inocencia que me invitó a regresar, aunque solo fuera por un momento, a aquellos años en los que un muñeco de peluche o un cochecito de hojalata podía convertirse en nuestro mejor amigo,en el mundo entero.

Mientras contemplaba el cuadro di en pensar:

¡Qué difícil es pintar lo sencillo y qué mérito tiene conseguir que una imagen nos transmita tanto!

Esta es una de las muchas sorpresas que nos reserva la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela de Caudete, en las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, una cita con el arte que merece la pena visitar sin prisas, dejándose llevar por las emociones que cada obra despierta en uno mismo.

Caudete abre sus puertas al arte, lo hizo el pasado día dos. Y, éste, el arte, a veces, nos recibe con la mirada de una niña, como me aconteció a mí en la tarde de ayer.

Con ella, con la niña, con su mirada, te hago llegar hoy  mi saludo y con él, una invitación a acercarte a mi casa, al convento de San José, el Carmen, en el que las puertas se encuentran abiertas, para disfrutar de la magnífica exposición de las obras llegadas desde nuestros antípodas, desde Australia, país invitado a esta VIII Bienal.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

16.10.2026. Viernes (C. 2.687)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

jueves, 15 de octubre de 2026

El espejo del alma.

ESTAMPA CAUDETANA.

EL ESPEJO DEL ALMA.

La Señora Concejal de Cultura de esta Real Villa de Caudete, Dña. Manuela Gonzálrz Solera, tuvo a bien regalar a la biblioteca del convento de San José, el Carmen, los catátogos, muy bien imprimidos, donde se recogen los pintores invitados y sus obras seleccionadas para ser expuestas en la VIII Bienal de pintura a la Acuarela que se está celebrando en estos días aquí, en la Villa.  Entre los artistas se encuentra la acuarelista venida de Letonia-Gran Bretaña, NATALIE RICHI

Hoy te lleba mi saludo una obra suya. Su acuarela es una de esas obras que, cuando uno las contempla, no se conforma con mirar, sino que siente la necesidad de quedarse un ratico más para tratar de descubrir lo que nos quiere contar.

Titula su pintura:

"Self-Portrait with a Mirror", que en nuestro castellano viene a ser Autorretrato con espejo.

El jurado la ha distinguido con la Medalla de Plata de la VIII Bienal Internacional de la Acuarela de Caudete.

Ahí la tienes. Una joven sostiene un espejo en el que parece buscar algo más que su propia imagen. 

A su espalda, otro rostro asoma, como si quisiera recordarnos que no siempre somos capaces de vernos tal y como somos, y que quizá haya otras miradas que nos descubran lo que a nosotros se nos escapa.

Los tonos azules, las transparencias y la delicadeza del dibujo envuelven la escena en un aire de misterio. Y, yo, que no soy entendido en estas artes, pero que disfruto dejándome llevar por ellas, me pregunto: 

¿Qué estará viendo la joven en ese espejo? ¿Su rostro, sus pensamientos, sus recuerdos…?

Pero esas preguntas son cosas mías. No me hagas mucho caso. Lo mejor es que te acerques al museo Rafael Requena de la Villa durante esta Bienal de pintura a la Acuarela y saques tus propias conclusiones.

Porque una de las maravillas del arte es que una misma obra puede hablarnos de manera distinta a cada uno de nosotros.

Caudete vuelve a convertirse  estos días de octubre en punto de encuentro para los amantes de la acuarela, con un montón de artistas de distintos lugares y obras que merecen una mirada sosegada. 

Así que ya sabes: date una vuelta por cualquier lugar donde penden las obras presentadas a esta VIII Bienal Internacional de la Acuarela de Caudete: el museo Rafael Requena, el vetusto claustro del convento de San José, el Carmen,...

Y regálate un rato para contemplar, descubrir y disfrutar. Pues, el arte, también está para eso: para detener el paso, despertar la curiosidad y alimentar el alma.

Y si te encuentras con este espejo, no pases de largo. ¡Quién sabe si, al mirarlo, acabas descubriendo algo de ti mismo!

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

15.10.2026. JUEVES. (C. 2.686).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Un pez hecho arte.

ESTAMPA CAUDETANA.

UN PEZ HECHO ARTE.

Hoy no pasee por el claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen para "meterme" dentro de alguno de los cuadros de pintores australianos que penden en sus paredes. Hoy me fui de paseo  para enriquecerme con la contemplación de obras de pintores de más acá.

Y, en ese paseo me topé con una obra que no me pasó desapercibida como tampoco les pasó al jurado que concedió los premios . Basta echarle una mirada para que la curiosidad nos invite a observarla con detenimiento.

Su autor es Carlos CASTILLO IBARRA,  nombre y apellidos muy españoles pero que, no obstante, no es de nuestros lares. Viene de Francia y es uno de tantos artistas invitados a la VIII Bienal de la Acuarela de Caudete.

Y,  a este pintor y a su obra se les ha premiado con la MEDALLA DE ORO de esta VIII Bienal de pintura a la Acuarela que se está celebrando en esta Real Villa de Caudete a lo largo de este mes de octubre.

Por lo tanto, esta obra que te lleva hoy mi saludo, no luce en la pared de mi casa, del convento de San José, el Carmen. Lo hace en el museo Rafael Requena de la Villa.

Fíjate bien en la fotografía que acompaña a estas letricas. Un pez, sí, pero no presentado de cualquier manera "nadando en un mar de cubitos de hielo" en el mostrador de una pescadería. 

Su imagen aparece fragmentada en una sucesión de piezas alargadas puestas de pie, como si el artista hubiese querido ofrecernos el puzle de su figura para que fuéramos reconstruyéndola con la mirada.

Y ahí están esos azules, mezclados con amarillos y verdes, las escamas, el ojo atento, que parece estar mirándote a tí que lo contemplas, y las formas que van componiendo el conjunto. 

Creo que el artista pretende, de una manera original,  acercarnos al arte, invitándonos a mirar más allá de lo primero que vemos, de lo que llena nuestras pupilas.

Y es que una obra artística tiene eso y el pintor sabe: 

- que cada cual se detiene en un detalle, 

- que descubre un matiz y 

- que se lleva consigo una impresión distinta.

Por eso, merece la pena acercarse a la VIII Bienal de la Acuarela, que reúne en nuestra Real Villa de Caudete el talento y la sensibilidad de artistas venidos de un montón de lugares capaces de sorprendernos con sus creaciones, como lo hace Carlos con esta obra suya.

¡Caudetano o cualquiera que me lea lejos de aquí, la Bienal te espera!

No dejes que te lo cuenten. Acércate, contempla las obras expuestas aquí y allá y disfruta del arte. 

Porque también con el agua y el color que empapan el papel se escriben páginas hermosas de cultura en nuestra Real Villa de Caudete.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

14.10.2026. Miércoles. (C. 2.685).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

martes, 13 de octubre de 2026

Sombras de nieve.

ESTAMPA CAUDETANA.

SOMBRAS DE NIEVE.

Hay una acuarela en esta Bienal que, nada más contemplarla, parece invitarnos a entrar en ella.

Tiene por nombre "Snow Shadows", que bien podríamos traducir por «Sombras de nieve», y en ella la nieve lo cubre todo con su manto blanco, pero no consigue borrar las huellas de la naturaleza.

Así la trasladó al papel el acuarelista del que te hablé ayer Chan ISSANAYAKE, al hacerlo  de su acuarela BRUMA MATINAL.

Los troncos desnudos de los árboles, las ramas caídas y ese enorme tronco que, desde el primer término, parece conducir nuestra mirada hacia el fondo del bosque, van dibujando sobre la nieve un entramado de luces y sombras.

Y ahí está, precisamente, la gracia de esta acuarela: la nieve no es solamente blanca.

Sobre ella aparecen los grises, los azulados, los ocres y los verdes apagados del bosque. La luz se posa en algunos lugares y se esconde en otros. Y las sombras de los árboles, lejos de oscurecer la escena, son las que consiguen darle profundidad y vida.

El pintor ha sabido detener en el papel ese instante en que el invierno parece guardar silencio.

No hay en la escena figura humana alguna. Tampoco hace falta. La naturaleza se basta a sí misma.

Un árbol caído atraviesa la nieve; otros, todavía erguidos, levantan sus troncos hacia un cielo que apenas conseguimos entrever. Y entre ellos queda un camino abierto, casi secreto, que parece invitarnos a seguirlo.

Contemplándola en las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, de nuestra Real Villa, esta nieve tan lejana parece, por un momento, estar aquí mismo.

Porque eso es también lo que consigue la buena pintura:

hacer cercano lo que está lejos y hacernos caminar, sin movernos del sitio, por paisajes que nunca hemos pisado.

Recibe mi saludo


¡¡¡NUENOS DÍAS!!!

13.10.2026. Martes. (C. 2.684)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

lunes, 12 de octubre de 2026

Bruma matinal.

ESTAMPA CAUDETANA.

BRUMA MATINAL.

El profesor australiano Chan DISSANAYAKE, radicado en Canberra, nos regala en esta octava Bienal de la acuarela una obra que resume su maestría en el arte de captar la luz y la atmósfera de la naturaleza. En esta acuarela la bruma matinal envuelve el paisaje con una delicadeza que casi se puede sentir. 

El agua en calma refleja los árboles y el cielo, mientras los tonos suaves y transparentes nos hablan de un amanecer sereno, de esos que invitan a la contemplación. 

Hay títulos que, nada más leerlos, invitan a soñar. Y este, Morning Mist, que en castellano viene a decirnos «Bruma matinal», es uno de ellos.

Porque hay mañanas en las que la naturaleza parece querer hablarnos en voz baja. Una tenue neblina envuelve el paisaje, difumina los contornos y convierte lo cotidiano en algo misterioso, casi mágico.

Es el encanto de esas primeras horas del día, cuando la luz comienza a abrirse paso y la bruma, poco a poco, se va retirando para dejar que el paisaje se muestre en todo su esplendor.

Y de eso sabe mucho la acuarela: de sugerir más que de mostrar, de pintar lo que los ojos ven y, también, lo que el alma siente.

Pues bien, amigos, si queréis dejaros sorprender por la sensibilidad de nuestros artistas australianos  y  más concretamente de Chan DISSANAYAKE Y descubrir cómo el agua y el pigmento pueden convertirse en poesía, tenéis una cita en el claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, de Caudete.

La VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela os espera. Venid a disfrutarla, a deteneros ante sus obras y a dejar volar la imaginación.

Porque, a veces, basta una bruma matinal para descubrir toda la belleza que se esconde detrás de un pincel.

¡Caudete os espera y, en esta Villa, lo hace con las puertas abiertas de par en par, el convento de San José, el Carmen!

Chan DISSANAYAKE ha expuesto sus obras por todo el mundo. En esta edición de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela que tiene lugar en La Ciudad de la Acuarela, en nuestra Real Villa de Caudete, se suma a las de otros grandes acuarelistas connacionales australianos que, desde distintos puntos de vista, sobre la nación australiana, invitada especial para esta  Bienal, han traído a Caudete la belleza de los paisajes de su gran nación, sus ciudades, sus acantilados, sus playas, sus mares, sus desiertos, sus amaneceres, las gentes que pueblan aquel continente.

Una nueva muestra de que la acuarela no conoce fronteras y que en la Real Villa de Caudete el arte sigue siendo un puente entre pueblos y culturas.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

12.10.2026. Lunes. (C.2.683).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

domingo, 11 de octubre de 2026

En medio de la lucha.

ESTAMPA CAUDETANA.

EN MEDIO DE LA LUCHA.

EN MEDIO DE LA LUCHA.

Esta acuarela nos lleva hasta las tierras del monte Buffalo. 

Un paisaje áspero, recio, aparentemente castigado por los elementos, donde los árboles parecen librar una silenciosa batalla para seguir en pie.

EDWARDS, que por los años noventa del siglo pasado estudió la pintura al óleo  en el Victoriano College of the Art, dejó el aceite por dedicarse a la Acuarela lo que le llevó a viajar hasta el monte Búfalo  situado a 350 kilómetros de Melbourne, al sureste de Australia, en el estado Victoria dentro del parque nacional que lleva su nombre y a la isla de Tasmania donde vivieron los tasmanos, raza que desapareció del mapa humano por el empuje de los invasores colonizadores, para identificarse con sus áridos paisajes y emerger en sus obras pictóricas empleando el agua  como elemento transportador de su ser coloreado identificado con el medio.

Y, aquí, en la pared de blanco impoluto del vetusto claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, destaca su obra para nuestro deleite.

Los eucaliptos, algunos desnudos y blanquecinos, otros todavía vestidos de verde, se agarran a una tierra que no parece ofrecerles demasiadas facilidades. 

Entre ellos se extiende un paisaje seco, pedregoso, de tonos ocres y apagados, pero en el que la vida se empeña en hacerse presente.

Quizá por eso su autor, Phillips EDWARDS la tituló:

Amongst the struggle, «En medio de la lucha».

Y al contemplarla desde este claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, de nuestra Real Villa de Caudete, uno no puede por menos que pensar que la naturaleza también sabe de luchas y de supervivencias.

Porque hay árboles que, aun despojados de sus hojas, permanecen. Y hay otros que, en medio de la sequedad y la adversidad, siguen ofreciendo al paisaje el verde de la esperanza.

Gracias Phillip por darnos a conocer la lucha que se da en aquellos lugares áridos de tu tierra, de Australia.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

11.10.2026. Domingo. (C. 2.682).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.