ESTAMPA CAUDETANA.
ABRIENDO EL DÍA.
No sé quién habrá sido el que, aprovechando la oscuridad de la noche, se tiró de la cama.
No sé quién, raudo, caminó al encuentro de un nuevo día.
No sé los motivos que le movieron para abandonar el lecho y lanzarse, envuelto en las tinieblas de la noche, para quedar a la espera.
No sé quién habrá sido el que con ese gen cazador se apostó, siendo de noche, para cazar el momento en el que irrumpe el día
No lo sé.
Lo que sí te puedo decir es que ese madrugador no he sido yo.
A mí me despiertan todas las mañanas y me hacen poner el pie en el suelo, esa barahunda de pajaricos que cada atardecida vienen a tomar posesión de su lugar de reposo dentro de la fronda que les ofrecen los cuatro cipreses que se elevan hacia el cielo en el claustro barroco-toscano del convento de San José (El Carmen).
Los emplumados así que atisban, a través de las membranas que cubren sus ojitos, la luminosidad que está poniendo el sol desde sus inicios comienzan su jolgorio particular.
Aletean para desentumecer sus alicas desamantillan los huesecillos de sus patas para moverse y entonan un gorjeo, primero suave para no asustar al sol que nace y, luego una gran algarabía.
Esta gran algarabía es la que me saca a mí del ámbito del sueño y hace que ponga el pie en el suelo.
Ellos, al alimón, emprenden vuelo para satisfacer su necesidad por los alrededores.
Una asidua lectora de mis estampas caudetanas ha sido quien me ha remitido esa imagen que preside hoy mis letricas.
No sé si habrá sido ella la que fue testigo del amanecer o lo fue su marido y la hija de ambos. No me lo dice.
Pero, no es menester que lo diga. Porque lo importante es la imagen en la que un sol niño se desprende de las sábanas oscuras de la noche y, solo con asomarse a la ventana, va poniendo el día.
Es un momento único y hay que estar ahí para captarlo. Y allí estuvo el aficionado o el consagrado a la fotografía, para hacerse con él.
Y, yo, con todos los permisos supuestos, la tomo y la hago vehículo para que te acerque hoy mi saludo.
Y, de paso, al contemplarla, caigas en la cuenta de que todo ser humano debe ser para su prójimo, eso mismo: un sol que pone luz en su camino.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
14.5.2026. JUEVES. (C. 2.555).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.