lunes, 2 de noviembre de 2026

La Luna de invierno.

ESTAMPA CAUDETANA.

LA LUNA DE INVIERNO.

¡Tony Smibert!

Ayer te presentaba una acuarela en la que aparecía un toro. Hoy, desde la sala oscura de mi telefonillo, pongo ante ti una de las obras de Tony Smibert, uno de los primeros espadas de la acuarela australiana que han colgado sus trabajos en el claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen en la recientemente clausurada VIII Bienal de pintura a la acuarela.

Primer espada, sí, pero no de esos que se dedican a pasaportar toros de lidia en el albero de una plaza de toros. Su maestría está en el mundo de la acuarela y en el de la docencia.

Está considerado uno de los grandes acuarelistas de Australia. En 2016 fue distinguido como miembro de la Orden de Australia (AM), según leo en el catálogo.

Nacido en Melbourne en 1949, reside en Deloraine, en la isla de Tasmania.

Investigador y artista visitante en el museo de la familia Tate de Londres. Es una autoridad internacional en el conocimiento y estudio de las técnicas del gran pintor inglés J. M. W. Turner (*).

Su pintura nace del encuentro de tres grandes corrientes: el minimalismo zen japonés, la tradición de la acuarela inglesa del siglo XIX y el expresionismo abstracto estadounidense.

La obra que hoy te presento lleva por título "Deep Winter Moonrise", algo así como 

«La luna se alza en lo más crudo del invierno», 

y pertenece al universo artístico de su serie Tao Sublime, que tuvo su gran exposición en el Queen Victoria Museum de Launceston entre 2021 y 2022.

Mirándola detenidamente percibo

una montaña apenas dibujada, mientras que una inmensa extensión de papel  permanece en blanco y, arriba, una oscuridad profunda, rota solamente por una pequeña reserva circular que hace aparecer la luna.

¡Qué manera de decir tanto con tan poco!

La montaña no necesita que el artista la cubra de detalles. Le basta con insinuarla. La oscuridad hace el resto, y la luna, guardada celosamente en el blanco del papel, se convierte en la gran protagonista.

Ahí está una de las claves de su pintura: saber cuándo intervenir y, sobre todo, cuándo dejar que el papel siga siendo papel.

Como sucede con el toro Sahan Kulanthunge también aquí la mancha tiene vida propia. El agua, el pigmento y la libertad del gesto van construyendo una imagen en la que lo que se sugiere tiene tanta importancia como lo que se pinta.

Verdaderamente hemos tenido suerte en Caudete al contar con Tony Smibert entre los artistas australianos participantes en nuestra VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela.

Él mismo es un embajador de Australia en el mundo del arte. Sus exposiciones, investigaciones y enseñanzas lo han llevado por Europa, Japón y América.

Y, en nuestra Ciudad de la Acuarela, hemos tenido el privilegio de contemplar una pequeña muestra de ese universo suyo expuesto en el claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen.

Una montaña, una noche de invierno y una luna.

A veces, para iluminar un paisaje, no hace falta pintar más. Basta con saber reservar la luz.

Aprovecha la ocasión para escalar esa montaña que nos ofrece Smibert y trata de penetrar en la oscuridad de una noche invernal rota por una luna que no es tal, sino papel blanco sin pintar.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

2.11.2026. Lunes. (C.2.704).

P. alfonso Herrera. Carmelita.

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(*) Joseph Mallord William Turner (1775-1851), pintor inglés del siglo XIX, revolucionó la manera de entender la acuarela. Partiendo de una pintura más descriptiva y topográfica, fue avanzando hacia una expresión en la que la luz, la atmósfera y las manchas de color adquirieron un protagonismo extraordinario. Tony Smibert ha dedicado buena parte de su investigación artística al estudio de sus técnicas.

domingo, 1 de noviembre de 2026

El toro (Haraka)

ESTAMPA CAUDETANA.

EL TORO (HARAKA).

Se había quedado triste ayer, en la oscura cámara de mi telefonillo, la segunda obra del acuarelista que había venido seleccionado junto a otros pintores australianos. Me refiero a Sahan Kulathunge.

Cuando saqué de aquella cámara para presentarte su Waterfall, dejé allí, sumidica en la oscuridad, otra obra que encerraba en sí la imponente figura de un toro negro.

Posiblemente, el artista, queriendo congraciarse con los caudetanos, al fin y al cabo todos españoles, decidió enviarnos a ese animal, encerradico en el marco de una obra pintada a la acuarela, que en España es tan estimado y celebrado por su fuerza y por ese enfrentamiento con el ser humano que protagoniza en el coso de la plaza de toros.

Aunque yo soy del parecer de que la intención del autor, natural de Sri Lanka, no ha sido otra que llamar nuestra atención sobre algo bien distinto: que el toro, más que para la diversión y el enfrentamiento, ha sido siempre un colaborador imprescindible del ser humano en el desarrollo de su existencia.

A ellos no se les ocurriría hacer con el toro lo que se lleva a efecto en España en la llamada Fiesta Nacional, que son las corridas de toros y en algunos pueblos del Levante español: 

el bou embolat - el toro embolado -. (*)

Ellos, los ceilandeses de Sri Lanka, por el contrario, adornan sus cuernos con flores durante las fiestas de la cosecha.

El artista, ya te lo decía ayer, es natural de una ciudad del interior llamada Badulla. Una ciudad cuya vida está muy vinculada al cultivo del té. Y allí creció, desde su infancia, contemplando cómo aquel noble animal era empleado para transportar las cosechas, tirando de las carretas.

De ahí que el toro o buey tenga en Sri Lanka un papel muy distinto al que tradicionalmente le hemos asignado en España. Allí se le aprecia por su contribución al trabajo y a la vida de las gentes, no por la tauromaquia.

Durante siglos, HARAKA —el toro— ha estado en la base de la agricultura y de la economía. Ha venido a ser algo así como uno de nuestros tractores. Es el animal que trabaja en los arrozales, transporta el té en Badulla y en otros lugares, y tira de las carretas. Sin él, muchas de las labores agrícolas habrían resultado enormemente difíciles de llevar adelante.

Allí, para elogiar a una persona trabajadora, se utiliza una expresión muy significativa:

«Trabaja como un toro».

Y ahora, después de haberte contado todo esto, vuelvo a la acuarela.

Viéndola en la fotografía, tienes el toro delante, mirándote directamente. Pero cuando yo lo contemplé en el claustro conventual, desde cierta distancia, no pude por menos que exclamar:

¡Se ha lucido el artista! ¡Mira que emborronar todo el cuadro con pintura negra!

Porque eso fue lo que me pareció: una gran mancha negra que ocupaba prácticamente toda la superficie.

Pero, cuando me acerqué a la obra, fue cuando descubrí nítidamente los cuernos, el hocico y los ojos de un toro que me miraban sin mirar.

Estaba allí, en el centro de un gran paspartú negro que me obligaba a dirigir la mirada hacia aquella figura. Una figura que, paradójicamente, ocupaba todo el cuadro y, sin embargo, parecía surgir de la nada.

A este efecto, muy utilizado por los pintores orientales, particularmente por los japoneses, se le conoce como:

«EL ESPACIO QUE HABLA».

Y vaya si hablaba aquel toro negro desde el silencio de su gran mancha oscura a metro y medio de distancia.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

1.11.2026. Domingo. (C. 2.703).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

sábado, 31 de octubre de 2026

Cuando el agua se hace luz entre las rocas.

ESTAMPA CAUDETANA.

CUANDO EL AGUA SE HACE LUZ ENTRE LAS ROCAS.

Me he metido en la cámara oscura del telefonillo y me he topado con un pintor acuarelista ceilandés, natural de Sri Lanka, la antigua Ceilán, que emigró al nordeste de Australia, a la ciudad de Cairns, y que, como representante del país invitado a la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, aquí, en la Ciudad de la Acuarela, participó con dos bellas obras: una cascada y un toro.

La fuerza de la naturaleza hecha acuarela.

De la cámara he sacado hoy Waterfall —La cascada—, una de las obras que colgaron de las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, durante la celebración de la VIII Bienal.

Su autor es Sahan Kulathunge, un acuarelista nacido en Sri Lanka, esa isla del océano Índico que durante siglos fue conocida como Ceilán y que encontró en Cairns, al nordeste de Australia, el lugar donde establecer su residencia y continuar su camino artístico.

Leo en el catálogo que me fue regalado para la biblioteca del convento que su obra se caracteriza por situarse entre el impresionismo y el realismo, con una especial atención a la luz y a la atmósfera.

Y yo añadiría que también parece encontrarse influenciada e impulsada por un fuerte sentimiento religioso budista.

Él es natural de Badulla, una ciudad del interior, situada a casi 700 metros de altitud y rodeada de plantaciones de té. En sus proximidades se encuentran dos famosas cascadas: Dunhinda y Bambarakanda, que le sirven de inspiración para llevar a cabo una serie sobre las aguas sagradas, entre las que podemos situar esta Waterfall.

Ante su obra, la mirada se nos va directamente al agua, que no es tal, que solamente es papel sin pintar.

Se precipita desde lo alto. No vemos su origen. Se derrama entre las rocas y rompe la oscuridad con su blancura, pero tampoco alcanzamos a ver hacia dónde se dirige.

El pintor no necesita dibujar cada gota para hacernos sentir su movimiento, ni reproducir cada piedra para transmitirnos la dureza de la montaña. 

Le bastan la luz, los contrastes y unas pinceladas llenas de fuerza.

Y con ello, lo que nos está plasmando, creo yo, no es otra cosa que la concreción de un sentimiento, de una meditación profunda, de una meditación interior que bien pudiera acercarnos al pensamiento zen.

Y así, entre blancos que parecen espuma y oscuros que diríamos nacidos de las entrañas de la tierra, entre cielo y tierra, agua y luz se convierten en los protagonistas indiscutibles de esta composición, nacida de la sensibilidad y de la espiritualidad de este artista ceilandés, hijo de la ciudad de Badulla.

Por eso, yo creo que Sahan Kulathunge pretende algo más que ofrecernos la belleza de una cascada.

Lo que pretende con su obra es plantearnos un reto: que nosotros, al contemplarla, nos sintamos interpelados y caigamos en la cuenta de que también necesitamos construir nuestra propia cascada, nuestra propia catarata existencial.

Una cascada que recoja las aguas de nuestro acontecer, con sus luces y sus sombras, con sus dificultades y sus esperanzas.

Y que, en medio de ese discurrir, nos dejemos iluminar por la Luz —Dios—, esa que todo lo alumbra, todo lo conjuga y a todo da sentido.

Porque, al fin y al cabo, no se trata solamente de contemplar cómo el agua se hace luz entre las rocas, sino de descubrir cómo la Luz puede abrirse camino entre las rocas de nuestra propia existencia.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

31.10.2026. Sábado. (C. 2.702).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

viernes, 30 de octubre de 2026

Una rosaleda de acuarelas.

ESTAMPA CAUDETANA.

UNA ROSALEDA DE ACUARELAS.

(La segunda de las obras de Yuan ZHAO)

El pasado día 23 ya te hablaba yo de que, desde el pasado día 2 y hasta el día 25 de este mes de octubre, Caudete estaba de Bienal. Y cuando nuestra Real Villa se viste de arte, hay que salir a la calle, acercarse a los lugares donde se expone y dejarse sorprender por cuanto son capaces de hacer nuestros artistas con un poco de agua, unos pigmentos y mucho talento.

Hoy quiero invitarte a detenerte ante una obra, la segunda de Yuan ZHAO, que lleva un título tan sencillo como hermoso: 

Rose Garden. 

En castellano, UNA ROSALEDA.

Y mírala bien, porque merece la pena.

¡Vaya jardín de rosas! Rosas blancas, rosas rosadas, carmines encendidos, pétalos que parecen acariciados por la luz y un fondo de verdes profundos que hace resaltar todavía más la exuberancia de las flores.

Pero no te dejes engañar. No estás ante una rosaleda de las que se visitan con las manos a la espalda y aspirando el perfume de las rosas. Aquí el perfume lo pone el artista; la fragancia nace de los colores, de las transparencias, de las manchas y de esos pequeños milagros que suceden cuando el agua se encuentra con el pigmento sobre el papel.

Eso es la acuarela. Un arte que exige sensibilidad, dominio y, muchas veces, saber dejar que el agua haga su trabajo.

Y allí estuvo, colgada el la pared del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen,  esta maravilla, invitándote a entrar en su jardín sin necesidad de abrir ninguna cancela.

Pues bien, esta rosaleda era una buena razón para visitar la VIII Bienal de Pintura a la Acuarela. Y no era la única. Cada obra podía convertirse en una pequeña puerta: 

basta acercarse, mirar con calma y dejar que algo de lo que vemos encuentre un lugar dentro de nosotros.

Ya no es posible pararse delante de esa ROSALEDA porque ya emprendió viaje de vuelta. Pero como yo me quedé con ella y todos las demás obras que fueron expuestas en el claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, encerradicos en la cámara oscura de mi telefonillo, podemos volver a verlo.

Porque hay cuadros que se descubren poco a poco, detalles que aparecen cuando regresamos y emociones que necesitan una segunda mirada para quedarse con nosotros.

Caudete tuvo en esos días de la Bienal una cita con el arte, pero también una oportunidad para encontrarse consigo misma: 

Con su sensibilidad, con su talento y con esa capacidad de asombro que la vida cotidiana a veces nos hace olvidar.

No hace falta entender de pintura para disfrutar de un cuadro. Basta con detenerse, respirar y permitir que nos diga algo. Quizá una acuarela nos regale un recuerdo, una emoción o, como esta Rose Garden, un paseo inesperado entre rosas.

Ya no te lo vas a encontrar colgado en el claustro del convento de San José, el Carmen, para que esta obra te encuentre. Pero sí puede hacerlo desde la fotografía que he sacado de la cámara oscura de mi telefonillo y que pone a tu disposición mi ESTAMPA CAUDETANA.

Y, ¡quién sabe! a lo mejor te estasías contemplándola y experimentes  la sensación de haber visitado una rosaleda sin salir de tu intimidad, de tí misno.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

30.10.2026. Viernes (C. 2.701)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

jueves, 29 de octubre de 2026

"Winter Shadows": la luz y sus sombras de invierno.

ESTAMPA CAUDETANA 2.700.

«WINTER SHADOWS»: LA LUZ Y SUS SOMBRAS DE INVIERNO

Ayer te hablaba de Alan Ramachandran, un acuarelista nacido en Singapur y afincado en Adelaida, Australia. Te contaba cómo pasó de trabajar como diseñador de interiores a adentrarse en el mundo de la acuarela, después de formarse en la Escuela de Artes de La Salle, en su ciudad natal.

Y te decía que había sacado de la cámara oscura de mi telefonillo su obra Morning Shadows —Sombras de la mañana—.

Hoy pongo ante tus ojos otra de sus creaciones: Winter Shadows —Sombras de invierno—, que también he rescatado de esa cámara oscura de mi telefonillo para traerla a la luz.

Ambas obras estuvieron expuestas en las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, con motivo de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, celebrada en esta Ciudad de la Acuarela, nuestra Real Villa de Caudete.

Alan Ramachandran nació en Singapur, donde comenzó su andadura por el mundo de la acuarela.

Ayer contemplábamos su obra inspirada en la cordillera Flinders, en el sur de Australia. Hoy te presento esta segunda acuarela, a la que su autor ha puesto por título Winter Shadows, que viene a decir en castellano:

«Sombras de invierno».

Pero esta vez no nos encontramos ante un paisaje abierto de la cordillera Flinders, sino ante un arco en ruinas, invadido por la vegetación.

Y en él hay algo que lo domina todo: la luz.

El fondo, ese arco blanquecino que se distingue al otro lado, parece realizado dejando el papel en reserva, casi sin tocarlo. Es el golpe de luz invernal, esa luz blanca, difusa y fría que se cuela por el vano. Todo lo demás parece quedar a merced de las sombras.

Alan no se limita a pintar la luz: pinta también aquello que la luz deja sin tocar.

En el primer plano aparecen verdes apagados, tierras quemadas, violetas y negros aterciopelados. Los colores se superponen mediante veladuras y se funden en algunos puntos, dejando que el agua y los pigmentos hagan también su trabajo.

Porque la sombra de invierno no tiene por qué ser negra: también puede estar hecha de color.

Y así, al detenernos en la obra, podemos distinguir diferentes matices:

Sombras cálidas: los naranjas y ocres de la derecha, que parecen conservar el calor reflejado de la piedra.

Sombras frías: los azules y verdes grisáceos de la izquierda, entre la maleza.

Sombras profundas: los tonos oscuros del arco, que aportan profundidad y misterio a la composición.

Alan aprendió bien de los maestros acuarelistas que le enseñaron en la Escuela de Arte de La Salle, en Singapur. En la acuarela, las sombras no tienen por qué resolverse recurriendo al negro puro: pueden surgir de la mezcla de colores, de sus contrastes y de la relación que unos establecen con otros.

Y hay algo que no deja de llamar la atención en esta obra: un arco dentro de los arcos.

Toda ella viene a ser un guiño precioso a Caudete.

Los organizadores de la VIII Bienal colgaron en las paredes de nuestro claustro una pintura en la que aparece un arco en ruinas, dentro de un claustro que también está formado por arcos.

Un arco que enmarca la luz, dentro de un claustro que enmarca el arte.

¡Qué hermosa coincidencia!

Si la acuarela de ayer, Morning Shadows, nos llevaba hasta la cordillera Flinders bajo la luz de la mañana, ésta de hoy, Winter Shadows, nos ofrece su contrapunto íntimo: la luz invernal que se filtra entre la piedra y la vegetación, mientras las sombras parecen resistirse a abandonarla.

En esta obra, como en la de ayer, la luz reclama nuestra atención y las sombras se convierten en sus compañeras inseparables.

Porque no hay luz sin sombra cuando un cuerpo se interpone en su camino, ni sombra que no nos hable de la luz que la provoca.

Y esta realidad, tan sencilla como profunda, me lleva a pensar en algo más:

El mal, tantas veces presente en nuestra existencia, nos hace preguntarnos por la ausencia de Dios. Pero quizá también debiéramos preguntarnos si no estaremos mirando demasiado las sombras y demasiado poco la Luz  - Dios - que nos permite reconocerlas.

En estas dos obras de Alan Ramachandran, luz y sombra se necesitan, se buscan y se complementan para ofrecernos una realidad que nuestros ojos, acostumbrados a mirar deprisa, no siempre saben apreciar.

El acuarelista conoce bien ese juego. Sabe que el agua y el pigmento tienen sus propias exigencias; que la luz no siempre se consigue añadiendo color, sino respetando el papel, dejando que respire y permitiendo que el blanco conserve toda su fuerza.

¡Qué difícil resulta, a veces, pintar aquello que no está!

Ese espacio luminoso que se adivina precisamente por lo que lo rodea.

Ramachandran nos invita a detenernos, a mirar sin prisas y a descubrir que las sombras no son necesariamente oscuridad.

También pueden ser belleza, profundidad y serenidad. Pueden hablarnos del invierno sin arrebatarnos la calidez de la contemplación..

Y, contemplando la obra de este singapurense afincado en Australia, pienso que también yo voy dejando sombras a mi paso.

Pero, si sigo caminando hacia la luz, esas sombras pueden ser el testimonio de que algo bueno se interpuso entre ella y el suelo que piso.

Y ese Algo, en mi pensamiento, no es otra realidad que Dios, Luz de Luz.

Winter Shadows.

Sombras de invierno.

Esta acuarela es, a mi modo de ver, una invitación a mirar más allá de lo evidente y a descubrir, en el diálogo entre la luz y la sombra, la belleza que se esconde en las cosas sencillas.

Una belleza que, para quien sabe contemplarla desde la fe, puede convertirse en una huella de Dios.

A veces, para encontrar la Luz, no hace falta buscarla de frente. Basta con aprender a reconocerla en sus sombras.

Eso me dice a mí la contemplación de esta obra de Alan Ramachandran, que estuvo expuesta en nuestro claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, con motivo de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela.

Hoy la he sacado de la sombra de la cámara oscura de mi telefonillo y la he traído de nuevo a la luz para volver a contemplarla y reflexionar ante ella.

Y, a la luz que dimana de su obra, caigo en la cuenta de que mis propias sombras son aquellas que voy dejando detrás de mí mientras mi vida recibe la iluminación de la luz prístina e imperecedera de Dios.

Porque también nosotros caminamos entre luces y sombras, lo importante es no perder de vista la Luz que da sentido a nuestro camino.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

28.10.2026. Miércoles.

(C. 2.700). DOS MIL SETECIENTAS ESTAMPAS CAUDETANAS.

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

Dos mil setecientas estampas suman ya las que he venido escribiendo desde que llegué a esta villa.

Y hoy, al alcanzar esta cifra redonda con la obra de Alan Ramachandran, me gusta pensar que cada una de ellas ha sido una pequeña ventana abierta a Caudete: a sus gentes, a sus calles, a sus tradiciones, a su arte y a tantas cosas que, por cotidianas, corremos el riesgo de dejar de mirar.

Porque la vida está llena de luces que merecen ser contempladas.

Y, a veces, hasta las sombras nos ayudan a descubrirlas.

miércoles, 28 de octubre de 2026

La luz en la acuarela.

ESTAMPA CAUDETANA

LA LUZ EN LA ACUARELA

Hoy, cuando las paredes del claustro bajo del convento de San José, el Carmen, han recuperado su estado habitual, convertidas de nuevo en frontones donde rebotan las oraciones de sus moradores para dirigirse al cielo, voy a sacar de la cámara oscura de mi telefonillo las luminosas obras de un pintor nacido en Singapur y afincado en Australia con su familia desde 2007, concretamente en la ciudad de Adelaida.

Se llama Alan Ramachandran.

Alan comenzó el camino que habría de convertirlo en un consagrado artista de la acuarela cuando todavía trabajaba como diseñador de interiores en su Singapur natal. 

Fue allí, en la Escuela de Artes de La Salle, donde dio el salto al mundo de la pintura bajo la dirección de destacados acuarelistas de su tierra, algunos de ellos profesores de aquella institución.

Su obra, presente en numerosas manifestaciones artísticas dedicadas a la acuarela en Asia y Australia, ha llegado hasta nuestra Ciudad de la Acuarela, hasta la Real Villa de Caudete, y nos ha regalado dos preciosas obras.

Su quehacer pictórico se distingue por la luminosidad. La luz lo llena todo y da sentido a cuanto aparece en sus cuadros. No es un mero elemento decorativo: es la protagonista que descubre las formas, acaricia el paisaje y da vida a lo que, sin ella, permanecería oculto.

Tras establecerse en Adelaida, centró buena parte de su producción en los paisajes australianos y, de manera especial, en la cordillera de los Flinders, situada al sur de Australia a la que convirtió en protagonista de numerosas acuarelas.

De las paredes de nuestro claustro colgaron dos de sus obras.

Hoy te presento una de ellas:

Morning Shadows.

Traducido al castellano, SOMBRAS DE LA MAÑANA.

La obra se encuentra enmarcada por un paspartú negro que contribuye a concentrar nuestra mirada en la pintura y, al mismo tiempo, realza su luminosidad.

Ese fondo oscuro hace que la luz del paisaje parezca cobrar todavía mayor fuerza.

Ramachandran nos presenta el lecho seco de un riachuelo. La tierra, desnuda en algunos tramos, recibe la claridad de la mañana, mientras los árboles y la vegetación que la acompañan se visten de verdes, ocres y tonos azulados.

Las sombras se alargan sobre el suelo y dibujan un camino que nos conduce hacia el interior del paisaje, entre árboles y montañas.

Todo parece quieto, como si la naturaleza estuviera despertando sin prisas.

El cauce está seco, sí, pero la ausencia de agua no significa ausencia de vida. La luz se derrama sobre el terreno, ilumina cuanto encuentra a su paso y parece devolverle al paisaje aquello que el agua, por el momento, no puede darle.

Y es que esa es la magia de la acuarela: con agua, pigmentos y luz, el artista consigue que hasta el lecho seco de un riachuelo se convierta en un canto a la vida.

Porque, al fin y al cabo, la luz no necesita que el agua corra para hacer correr nuestra imaginación.

Y aquí, en esta Morning Shadows, la mañana se ha quedado prendida en el papel. 

Cuántas veces acontece en nuestras vidas que todo está a oscuras, impenetrable. 

Tantas veces nos pasa que nos sentimos sin un camino claro.

Cuántas veces estamos tentados de tirar la toalla y bajar del cuadrilátero de la vida.

Cuántas veces...

Y Alan Ramachandran nos grita hábilmente con los pinceles y el agua tintada que no todo es noche, oscuridad, que hay luz prístina y clara que puede despejar nuestras vidas retirando las sombras a nuestras espaldas como acontece en su obra, en LAS SOMBRAS DE LA MAÑANA.

Sólo volviendo nuestra mirada a a Aquel  - Dios - que la puso para regir nuestros días y nuestras noches desaparecerán nuestras oscuridades

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

28.10.2026. Miércoles. (C. 2.699).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

martes, 27 de octubre de 2026

Un zorro y su pareja dentro del Claustro de San José, el Carmen.

ESTAMPA CAUDETANA.

UN ZORRO Y SU PAREJA DENTRO DEL CLAUSTRO DE SAN JOSÉ, EL CARMEN.

LA TERNURA DE LA VIDA SALVAJE.

No, no creas que esta mañana hemos andado a escobazos con una pareja de zorros que, vete tú a saber cómo, se han colado en el claustro barroco-toscano del convento de San José.

No, nada de eso.

Fue Sonja BOWDEN, una de las pintoras australianas que han expuesto sus obras en nuestro claustro, quien los introdujo subrepticiamente en él.

¿Que cómo lo ha hecho? ¿Acaso los ha metido en una caja?

¡Qué va! Los metió, pintados de forma maravillosa, como si estuvieran vivos, dentro de una obra que permaneció colgada en una de las paredes del claustro durante todo el tiempo que duró la exposición de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela y que ahora la ves en mi ESTAMPA CAUDETANA.

El título de la obra no deja lugar a dudas:

«ZORRO Y ZORRA».

Y, claro, no he podido por menos que ir al cuarto oscuro de mi telefonillo para sacarla y detenerme para observarla tranquilamente.

Sonja es hija de un afamado arquitecto australiano. Pero ella no ha seguido los pasos de su padre, trazando líneas sobre planos destinados a convertirse en edificios. Ha preferido sumergirse en la naturaleza y, sirviéndose de cuanto tiene a mano — pinceles, colores, fotografías...—, trasladar a sus cuadros la vida que bulle en ella.

Así ha sacado de ese mundo natural a estos dos zorros, macho y hembra, y los ha «encerrado» en un cuadro.

¡Y qué bien se encuentrán en ese encierro!

Su obra que estuvon colgaba en una de las paredes del claustro conventual de San José,  brillaba con luz propia en la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, celebrada en nuestra Real Villa de Caudete, la Ciudad de la Acuarela.

Su autora, ya te lo he dicho, es la australiana Sonja BOWDEN, quien nos invitaba, desde su pintura, a contemplar una escena de la vida animal que tiene mucho de natural y otro tanto de entrañable. A un  Zorro y a una zorra.

Ahí están. Juntos, descansando, con sus cuerpos cubiertos de un pelaje en el que se mezclan los tonos rojizos, grises y blancos.

La zorra, erguida, parece mantenerse atenta a cuanto sucede a su alrededor, mientras que el zorro reposa a su lado, con esa tranquilidad de quien encuentra en la cercanía del otro un buen motivo para bajar la guardia.

No hay paisaje que distraiga nuestra mirada. Un fondo claro, casi desnudo, deja todo el protagonismo a los animales.

Y es precisamente ahí donde se aprecia la sensibilidad de la artista: en la delicadeza de los trazos, en la riqueza de los matices y en esa manera de dar vida a sus protagonistas sin necesidad de recurrir a artificios.

Sonja Bowden no se limita a pintar dos animales. Nos acerca a una escena de intimidad en plena naturaleza.

Y es que, cuando hablamos del zorro, enseguida nos viene a la cabeza su fama de astuto, ese personaje de tantas fábulas que siempre parece guardar algún recurso escondido para salir a escape.

Pero hoy, en mi ESTAMPA CAUDETANA, no toca hablar de sus picardías.

Hoy toca contemplarlo en la quietud, junto a su compañera, compartiendo un instante de sosiego.

¡Quién diría que, detrás de esa mirada despierta y de esas orejas siempre dispuestas a captar el menor ruido, también hay lugar para el descanso y la compañía!

La acuarela tiene esa virtud: nos invita a detenernos, a mirar con calma y a descubrir detalles que, de otro modo, pasarían inadvertidos.

Y Sonja Bowden, pintora australiana invitada a esta Bienal, nos demuestra que el mundo animal ofrece un caudal inagotable de motivos para quien sabe observarlo y trasladarlo al papel con sensibilidad.

Así que, si durante la exposición no te acercaste a contemplar esta obra, aquí te la sirvo en bandeja.

Las puertas del convento de San José ya se han cerrado para la Bienal y en su claustro ya no cuelgan los cuadros. Pero a esta pareja de zorros, descansando tranquilamente, todavía puedes encontrarla en mi ESTAMPA CAUDETANA.

Y estos dos zorros te esperan tan tranquilos, sin que tengas que preocuparte de que se asusten y salgan pitando.

Yo creo que hasta posarán para que les eches una foto, como he hecho yo, y te los puedas llevar contigo.

Y así podrás llevarte también una pequeña lección de la naturaleza.

Porque el arte, cuando está bien hecho, como el de Sonja Bowden, no solo entra por los ojos: también encuentra el camino hasta el corazón.

Aunque sea a través de mi

ESTAMPA CAUDETANA.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

27.10.2026. Martes. (C. 2.698).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

lunes, 26 de octubre de 2026

Hasta aquí llegó la VIII Bienal de la pintura a la acuarela en esta ciudad de la acuarela.

ESTAMPA CAUDETANA.

HASTA AQUÍ LLEGÓ LA VIII BIENAL DE LA PINTURA A LA ACUARELA EN ESTA CIUDAD DE LA ACUARELA

Ya estamos a 26 de octubre.

Ayer concluyó la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, celebrada en la Ciudad de la Acuarela, en la Real Villa de Caudete.

Las maravillosas obras que durante estos días han vestido de arte nuestros espacios expositivos ya han sido cuidadosamente embaladas y han emprendido el camino de regreso a sus lugares de origen.

Obras realizadas con esa manera tan especial de pintar que conjuga los pinceles, el agua y los pigmentos de color para establecer una comunicación entre el artista y quienes nos detenemos a contemplarlas.

Personajes, lugares, animales y escenas de la vida que, gracias a la sensibilidad de sus autores, han llegado hasta nosotros para mostrarnos su particular manera de mirar el mundo. Y, en algunos casos, imágenes que constituían auténticas llamadas de atención, mensajes que hablaban sin necesidad de palabras y que encontraban fácil acomodo en las interioridades de quienes las contemplábamos.

Ya no voy a volver a decirte que te des prisa y vengas por Caudete para contemplar las preciosas obras de los pintores seleccionados para esta VIII Bienal, ni las de la exposición monográfica dedicada a Australia, país invitado a este acontecimiento cultural.

Ya no será posible.

Durante estos días, el arte de la acuarela ha mantenido un hermoso diálogo con los visitantes, especialmente en el claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, donde las obras de los acuarelistas australianos nos han acercado a la sensibilidad artística de aquella tierra lejana.

Y también en la sala Pérezgil del Museo Rafael Requena, donde se han expuesto las obras seleccionadas de los artistas participantes en esta edición de la Bienal.

¡Qué lástima que todo haya concluido!

Ya no podrás ir de una sala a otra, del museo al convento, buscando ese encuentro con la belleza que nos proporcionan los artistas cuando consiguen que sus pinceles, sus pigmentos y el agua se conviertan en mensajeros de sus sentimientos.

No. Ya no será posible.

Las puertas de la exposición se han cerrado y las acuarelas han emprendido el camino de regreso a casa.

Pero no se ha cerrado el camino del arte.

Ahora, en la lejanía, comienza a dibujarse en el horizonte la IX Bienal. La Concejalía de Cultura, el Taller de Arte y la Casa de Cultura de esta Ciudad de la Acuarela ya se habrán puesto manos a la obra para preparar los trabajos necesarios con los que hacer posible una nueva convocatoria, la novena, que tendrá lugar, Dios mediante, en el año 2028.

Y mientras llega ese momento, el convento de San José, el Carmen, recuperará su ritmo habitual de recogimiento y silencio, ese ambiente propicio para la oración que constituye la razón de ser de la casa de los PP. Carmelitas.

El arte se marcha; la oración permanece.

Pero que hayan cerrado las puertas del convento a los visitantes de la Bienal no significa que yo vaya a dar por concluido mi particular encuentro con las acuarelas.

¡Ni mucho menos!

Voy a seguir con mi empeño de traer hasta estas ESTAMPAS CAUDETANAS las fotografías de las obras que guardo en la cámara oscura de mi telefonillo.

Porque, si ya no podemos contemplarlas en las paredes del claustro, siempre nos quedará la posibilidad de acercarnos a ellas a través de estas pequeñas ventanas que nos ofrece la tecnología.

Y así, poco a poco, seguiremos conociendo a sus autores, descubriendo sus obras y compartiendo las sensaciones que despiertan en nosotros.

Porque una exposición puede terminar, sus cuadros pueden ser embalados y sus puertas pueden cerrarse, pero la belleza que ha sabido llegar hasta nosotros no tiene por qué marcharse con ellos.

Y aquí seguiré sacando de la cámara oscura de mi telefonillo nuevas estampas de ese maravilloso mundo de la acuarela que, una vez más, ha convertido a Caudete en punto de encuentro de artistas y amantes de la pintura.

La VIII Bienal ya es historia.

¡Viva, pues, la IX Bienal!

Y hasta entonces, seguiremos encontrándonos en mis ESTAMPAS, en estas paginicas, en las que Caudete, su gente y su arte tienen siempre un lugar reservado.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

26.10.2026. Lunes. (C. 2.697).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

domingo, 25 de octubre de 2026

Elaine Zhang: dos acuarelas, parábolas gráficas que nos interpelan.

ESTAMPA CAUDETANA

ELAINE ZHANG: DOS ACUARELAS, PARÁBOLAS GRÁFICAS QUE NOS INTERPELAN

Ha habido momentos a lo largo del tiempo que viene durando la exposición de las obras de los acuarelistas australianos en que, en lugar de plantarme delante de uno de sus cuadros, dediqué algún rato a observar. Sólo a observar desde una de las ventanas del claustro alto a aquellos que nos visitan en el convento de San José, el Carmen de esta Real Villa de Caudete para gozar viendo las obras expuestas.

Y he constatado que muchos de los visitantes al llegar a los cuadros de Eliane Zhang les han echado un vistacico y han pasado rápidamente. Otros, por el contrario, les han dedicado un tiempo largo, reposado.

Y es que hay cuadros que nos invitan a contemplar la belleza; otros nos llevan a descubrir la destreza de quien los ha pintado. Y los hay también que, además de todo eso, nos ponen delante de una realidad humana que nos hace pensar porque puede que sean una PARÁBOLA DE NOSOTROS MISMOS  y, desde el papel pigmentado, nos interpela.

Y, unos, no están dispuestos a viajar dentro de sí mismos mientras que otros tratan de descubrir y dominar aquello que van experimentando.

Hoy, día de la clausura de la VIII Bienal de la pintura a la Acuarela, quiero hacer hincapié, acercarte a las dos obras de Elaine Zhang, la joven acuarelista australiana que participa en la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela de Caudete, y que ha colgado sus pinturas en las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen.

Elaine tiene solamente diecinueve años. Estudia actualmente en la Universidad de Sídney dos carreras universitarias:

 - Comunicación Audiovisual

 - Artes. 

Una juventud que ya se atreve a explorar y a hacer aflorar a través de la pintura, las situaciones, las vivencías, los sentimientos del ser humano. Y lo hace, a mí modo de ver, de maravilla por los caminos de la expresión artística.

Las dos obras que hoy saco del claustro para ponerlos delante de ti llevan por título:

Untitled I y 

Untitled II. 

Traducido al castellano:

Sin título I y 

Sin título II.

La autora no nos proporciona una clave que nos permita interpretar de manera inequívoca lo que contemplamos. Nos deja a solas con sus pinturas para que seamos nosotros quienes intentemos descubrir  qué se esconde detrás de las imágenes y seamos nosotros los que les pongamos el nombre. Porque, quizá las haya pintado pensando en ti, su observador.

Y vaya si nos hacen pensar.

Quizá por eso muchos de los que pasaron delante de ellos lo hicieron con rapidez. Y es que no deseamos dedicar un momento a mirar a nosotros mismos a través de las obras,  a mirar a nuestra interioridad.

En la primera obra, una joven ocupa el centro de la composición, rodeada de rostros que parecen estrecharse a su alrededor. Hay miradas de toda condición, expresiones diversas y una proximidad que nos hace sentir el agobio que padece la protagonista en la escena.

Imagínate a tí mismo cada mañana viajando en el metro camino de tu trabajo, agarrado a la barra que nos da seguridad, rodeado, agobiado en medio  de tanta gente.

Pero la muchacha - tú - parece vivir en otro mundo. Sus ojos en blanco, su rostro sereno y su actitud contrastan con el movimiento de quienes la rodean.

¿Qué le sucede? ¿Se encuentra ensimismada, ajena al bullicio exterior? ¿Está buscando refugio en su interior frente a un mundo que la abruma?

No tenemos respuesta. Y quizá no la necesitemos. Pero sí que es menester, si nos identificamos con ella, que la pongamos un título: el acontecer en interior.

La segunda pintura nos presenta otra escena, esta vez contemplada desde arriba. Un grupo de personas rodea a una joven situada en el centro, de pie, con un ojo abierto entre sus manos. 

Las personas se disponen en torno a ella, formando una composición circular que dirige nuestra mirada hacia la figura central, hacia la joven.

La perspectiva resulta llamativa. Son espectadores de una escena colectiva, pero no conocen las circunstancias que la han provocado. Eso, sí, son conscientes de que algo está ocurriéndola a ella. Pero no intervienen para echarle una mano. Sólo graban el resultado.

¿Preocupación? ¿Desamparo? ¿Súplica? ¿Desorientación? 

Cualquiera de estas preguntas puede asaltar al contemplarla. Pero el observador no sabe cuál de ellas, si alguna, coincide con lo que Elaine Zhang quiso expresar.

Pero lo que sí sabemos es que la imagen invita al observador a detenerse y a mirar.

Y aquí está, a mi entender, uno de los méritos de estas dos acuarelas: 

No se limitan a mostrar unas figuras; obligan a preguntarse al observador por él mismoos y por las personas que hay detrás de nosotros en las distintas circunstancias por las que va discurriendo su vida.

Porque puede estar rodeado de gente y sentirse solo. Puede vivir en medio del bullicio y no encontrar quien lo escuche. Y puede también encontrarse ante alguien que necesita ayuda sin advertir siquiera su sufrimiento.

Las personas que rodean a la chica no se preocupan de lo que acontece en ella, de lo que pudiera pasarle para echarla una mano. Sólo les interesa tomar noticias del hecho en sus móviles.

¡Qué paradojas las de nuestra condición humana!

La primera pintura parece encerrarnos en una multitud de rostros; la segunda nos coloca ante un grupo que converge en torno a una sola persona. Dos composiciones distintas que, sin necesidad de establecer entre ellas una relación intencionada, nos permiten reflexionar sobre nuestra manera de estar junto a los demás.

Estar cerca no siempre significa acompañar. Mirar no siempre significa comprender. Y rodear a una persona no equivale necesariamente a estar con ella.

No pretendo descubrir en estas obras  de Elaine Zhang un mensaje que la autora nos haya querido transmitir. Me limito a compartir contigo, que lees mi ESTAMPA CAUDETANA lo que al contemplar el ir y venir de los visitantes a la exposición en el claustro del convento de San José, me sugiere. 

De cualquier manera el arte tiene esa virtud: el artista pone la obra en el mundo y cada espectador, desde su propia experiencia, encuentra en ella motivos para pensar.

Y Elaine, con sus diecinueve años, nos ofrece dos buenas ocasiones para hacerlo.

Por eso, si todavía no has visitado la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, acércate al convento de San José, el Carmen. Recorre su claustro, contempla las obras expuestas y detente ante las de esta joven australiana.

Todavía hoy tienes tiempo. Mañana ya no será posible. 

No tengas prisa por pasar a la siguiente.

Míralas despacio. Deja que te hablen. Y, después, pregúntate qué has descubierto en ellas.

Porque una exposición no se visita solamente con los ojos. También se visita con la sensibilidad, con la inteligencia y con esa disposición interior que nos permite descubrir algo nuevo en aquello que tenemos delante.

Caudete, todavía hoy, abre sus puertas al arte, y el arte nos abre ventanas para mirar de otra manera el mundo y a quienes lo habitan.

Y eso, en estos tiempos en que tantas veces miramos sin ver ya es bastante.

¡Que viva el arte que nos ha venido hablando desde el agua teñida de colores sobre papel en las exposiciones de los pintores invitados a esta VIII Bienal de la pintura a la Acuarela en esta Real Villa de Caudete!

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

25.10.2026. Domingo. (C. 2.696)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

sábado, 24 de octubre de 2026

Australia, vida en estado puro.

ESTAMPA CAUDETANA.

AUSTRALIA, VIDA EN ESTADO PURO

A lo largo de este mes de octubre se ha venido desarrollando en esta Real Villa de Caudete, Ciudad de la Acuarela, la VIII Bienal de la pintura a la Acuarela. 

Se abrió el pasado día dos y mañana llegará a su conclusión. Mañana se la pondrá el broche de oro

Y, no podía faltar en una exposición de pintores llegados desde Australia, país invitado a la VIII Bienal Internacional de la Pintura a la Acuarela de Caudete, una muestra de la riqueza natural de aquella tierra lejana, tan llena de contrastes y de vida.

Según nos contaba Caroline Deeble, comisaria de la exposición, en la inauguración de la exposición en el claustro del convento de San José, el Carmen, los artistas australianos nos han traído, a través de sus obras, una información pormenorizada de su país. Y así, paseando por nuestro claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, podemos acercarnos a sus gentes, tanto a los aborígenes como a quienes llegaron después, con el proceso colonizador; a sus desiertos y sus extensas planicies, a sus costas, a sus bosques y, cómo no, a su singular fauna autóctona.

Hoy, víspera del cierre de la exposición porque cierra la VIII Bienal de la pintura a la Acuarela, me detengo ante dos obras de William Ritchie, científico neozelandés, doctor en Biología, que ha encontrado en la pintura, el dibujo y la escultura otra manera de expresar su conocimiento y su admiración por la naturaleza. Y lo hace con un realismo admirable, prestando atención a los detalles que tantas veces pasan inadvertidos a nuestros ojos.

La primera obra lleva por título Shore Patrol, algo así como «Patrulla de la playa».

Dos pequeñas aves recorren la orilla, allí donde la tierra se encuentra con el agua. Son los tūturiwhatu, conocidos también como chorlitos de Nueva Zelanda, que buscan su alimento entre los restos que el mar ha ido dejando sobre la arena.

¡Qué sencillez la de esta escena!

Sólo dos  pájaros, la playa y los despojos marinos. No hace falta más. El artista ha sabido captar ese instante cotidiano en el que la naturaleza sigue su curso, ajena a nuestras prisas y preocupaciones. Basta mirar con atención para descubrir que la belleza no siempre se encuentra en lo extraordinario; también se da en lo pequeño, en lo humilde, en aquello que apenas reclama nuestra mirada.

La segunda acuarela lleva un título tan escueto como expresivo: Wallaby.

Y aquí aparece uno de esos animales que, cuando pensamos en Australia, acuden inmediatamente a nuestra imaginación: un marsupial emparentado con el canguro, aunque de menor tamaño.

Ritchie lo ha situado entre la vegetación y la espuma de las olas, de espaldas al espectador, como si estuviera contemplando el mar o escuchando el rumor de las aguas. 

Su figura destaca sobre el blanco encrespado de la espuma, mientras la vegetación del fondo parece protegerlo.

Hay algo de misterioso en esa postura. No vemos su rostro, no sabemos qué reclama su atención, pero el artista consigue que nos detengamos ante él y nos preguntemos qué estará mirando.

Y es que el arte tiene esa virtud: nos invita a mirar, pero también a imaginar.

Dos obras distintas, dos escenas de la vida natural y un mismo propósito: acercarnos a una tierra lejana a través de sus habitantes, de sus paisajes y de sus animales.

William Ritchie, que conoce la vida desde la perspectiva de la ciencia, nos la presenta ahora desde la sensibilidad del artista.

Y, acaso, ambas miradas no sean tan diferentes: las dos necesitan observar, descubrir y comprender; las dos nos ayudan a apreciar aquello que, por cotidiano o desconocido, podría pasar inadvertido.

Australia está hoy un poquito más cerca de Caudete.

Nos la han traído sus artistas, y la tenemos al alcance de la mano, colgada en las paredes de nuestro querido claustro del convento de San José, el Carmen.

Por eso, si todavía no has visitado la VIII Bienal Internacional de la Pintura a la Acuarela, todavía puedes  hacerlo hoy y nañana. 

Acércate, detente ante las obras y déjate sorprender por lo que estos artistas ven en su tierra y han querido compartir con nosotros.

Quizá descubras que, para viajar lejos, no siempre es necesario volar durante muchas horas en la cabina de un avión. Bastaría con detenerse ante una acuarela de las expuestas en el claustro del convento de San José ,y mirar.

¡Caudete ha sido durante este mes una ventana abierta a Australia!

Recibe mi saludo, 


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

24.10.2026. Sábado. (C. 2.695).

P Alfonso Herrera. Carmelita.