lunes, 26 de octubre de 2026

Hasta aquí llegó la VIII Bienal de la pintura a la acuarela en esta ciudad de la acuarela.

ESTAMPA CAUDETANA.

HASTA AQUÍ LLEGÓ LA VIII BIENAL DE LA PINTURA A LA ACUARELA EN ESTA CIUDAD DE LA ACUARELA

Ya estamos a 26 de octubre.

Ayer concluyó la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, celebrada en la Ciudad de la Acuarela, en la Real Villa de Caudete.

Las maravillosas obras que durante estos días han vestido de arte nuestros espacios expositivos ya han sido cuidadosamente embaladas y han emprendido el camino de regreso a sus lugares de origen.

Obras realizadas con esa manera tan especial de pintar que conjuga los pinceles, el agua y los pigmentos de color para establecer una comunicación entre el artista y quienes nos detenemos a contemplarlas.

Personajes, lugares, animales y escenas de la vida que, gracias a la sensibilidad de sus autores, han llegado hasta nosotros para mostrarnos su particular manera de mirar el mundo. Y, en algunos casos, imágenes que constituían auténticas llamadas de atención, mensajes que hablaban sin necesidad de palabras y que encontraban fácil acomodo en las interioridades de quienes las contemplábamos.

Ya no voy a volver a decirte que te des prisa y vengas por Caudete para contemplar las preciosas obras de los pintores seleccionados para esta VIII Bienal, ni las de la exposición monográfica dedicada a Australia, país invitado a este acontecimiento cultural.

Ya no será posible.

Durante estos días, el arte de la acuarela ha mantenido un hermoso diálogo con los visitantes, especialmente en el claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, donde las obras de los acuarelistas australianos nos han acercado a la sensibilidad artística de aquella tierra lejana.

Y también en la sala Pérezgil del Museo Rafael Requena, donde se han expuesto las obras seleccionadas de los artistas participantes en esta edición de la Bienal.

¡Qué lástima que todo haya concluido!

Ya no podrás ir de una sala a otra, del museo al convento, buscando ese encuentro con la belleza que nos proporcionan los artistas cuando consiguen que sus pinceles, sus pigmentos y el agua se conviertan en mensajeros de sus sentimientos.

No. Ya no será posible.

Las puertas de la exposición se han cerrado y las acuarelas han emprendido el camino de regreso a casa.

Pero no se ha cerrado el camino del arte.

Ahora, en la lejanía, comienza a dibujarse en el horizonte la IX Bienal. La Concejalía de Cultura, el Taller de Arte y la Casa de Cultura de esta Ciudad de la Acuarela ya se habrán puesto manos a la obra para preparar los trabajos necesarios con los que hacer posible una nueva convocatoria, la novena, que tendrá lugar, Dios mediante, en el año 2028.

Y mientras llega ese momento, el convento de San José, el Carmen, recuperará su ritmo habitual de recogimiento y silencio, ese ambiente propicio para la oración que constituye la razón de ser de la casa de los PP. Carmelitas.

El arte se marcha; la oración permanece.

Pero que hayan cerrado las puertas del convento a los visitantes de la Bienal no significa que yo vaya a dar por concluido mi particular encuentro con las acuarelas.

¡Ni mucho menos!

Voy a seguir con mi empeño de traer hasta estas ESTAMPAS CAUDETANAS las fotografías de las obras que guardo en la cámara oscura de mi telefonillo.

Porque, si ya no podemos contemplarlas en las paredes del claustro, siempre nos quedará la posibilidad de acercarnos a ellas a través de estas pequeñas ventanas que nos ofrece la tecnología.

Y así, poco a poco, seguiremos conociendo a sus autores, descubriendo sus obras y compartiendo las sensaciones que despiertan en nosotros.

Porque una exposición puede terminar, sus cuadros pueden ser embalados y sus puertas pueden cerrarse, pero la belleza que ha sabido llegar hasta nosotros no tiene por qué marcharse con ellos.

Y aquí seguiré sacando de la cámara oscura de mi telefonillo nuevas estampas de ese maravilloso mundo de la acuarela que, una vez más, ha convertido a Caudete en punto de encuentro de artistas y amantes de la pintura.

La VIII Bienal ya es historia.

¡Viva, pues, la IX Bienal!

Y hasta entonces, seguiremos encontrándonos en mis ESTAMPAS, en estas paginicas, en las que Caudete, su gente y su arte tienen siempre un lugar reservado.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

26.10.2026. Lunes. (C. 2.697).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

domingo, 25 de octubre de 2026

Elaine Zhang: dos acuarelas, parábolas gráficas que nos interpelan.

ESTAMPA CAUDETANA

ELAINE ZHANG: DOS ACUARELAS, PARÁBOLAS GRÁFICAS QUE NOS INTERPELAN

Ha habido momentos a lo largo del tiempo que viene durando la exposición de las obras de los acuarelistas australianos en que, en lugar de plantarme delante de uno de sus cuadros, dediqué algún rato a observar. Sólo a observar desde una de las ventanas del claustro alto a aquellos que nos visitan en el convento de San José, el Carmen de esta Real Villa de Caudete para gozar viendo las obras expuestas.

Y he constatado que muchos de los visitantes al llegar a los cuadros de Eliane Zhang les han echado un vistacico y han pasado rápidamente. Otros, por el contrario, les han dedicado un tiempo largo, reposado.

Y es que hay cuadros que nos invitan a contemplar la belleza; otros nos llevan a descubrir la destreza de quien los ha pintado. Y los hay también que, además de todo eso, nos ponen delante de una realidad humana que nos hace pensar porque puede que sean una PARÁBOLA DE NOSOTROS MISMOS  y, desde el papel pigmentado, nos interpela.

Y, unos, no están dispuestos a viajar dentro de sí mismos mientras que otros tratan de descubrir y dominar aquello que van experimentando.

Hoy, día de la clausura de la VIII Bienal de la pintura a la Acuarela, quiero hacer hincapié, acercarte a las dos obras de Elaine Zhang, la joven acuarelista australiana que participa en la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela de Caudete, y que ha colgado sus pinturas en las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen.

Elaine tiene solamente diecinueve años. Estudia actualmente en la Universidad de Sídney dos carreras universitarias:

 - Comunicación Audiovisual

 - Artes. 

Una juventud que ya se atreve a explorar y a hacer aflorar a través de la pintura, las situaciones, las vivencías, los sentimientos del ser humano. Y lo hace, a mí modo de ver, de maravilla por los caminos de la expresión artística.

Las dos obras que hoy saco del claustro para ponerlos delante de ti llevan por título:

Untitled I y 

Untitled II. 

Traducido al castellano:

Sin título I y 

Sin título II.

La autora no nos proporciona una clave que nos permita interpretar de manera inequívoca lo que contemplamos. Nos deja a solas con sus pinturas para que seamos nosotros quienes intentemos descubrir  qué se esconde detrás de las imágenes y seamos nosotros los que les pongamos el nombre. Porque, quizá las haya pintado pensando en ti, su observador.

Y vaya si nos hacen pensar.

Quizá por eso muchos de los que pasaron delante de ellos lo hicieron con rapidez. Y es que no deseamos dedicar un momento a mirar a nosotros mismos a través de las obras,  a mirar a nuestra interioridad.

En la primera obra, una joven ocupa el centro de la composición, rodeada de rostros que parecen estrecharse a su alrededor. Hay miradas de toda condición, expresiones diversas y una proximidad que nos hace sentir el agobio que padece la protagonista en la escena.

Imagínate a tí mismo cada mañana viajando en el metro camino de tu trabajo, agarrado a la barra que nos da seguridad, rodeado, agobiado en medio  de tanta gente.

Pero la muchacha - tú - parece vivir en otro mundo. Sus ojos en blanco, su rostro sereno y su actitud contrastan con el movimiento de quienes la rodean.

¿Qué le sucede? ¿Se encuentra ensimismada, ajena al bullicio exterior? ¿Está buscando refugio en su interior frente a un mundo que la abruma?

No tenemos respuesta. Y quizá no la necesitemos. Pero sí que es menester, si nos identificamos con ella, que la pongamos un título: el acontecer en interior.

La segunda pintura nos presenta otra escena, esta vez contemplada desde arriba. Un grupo de personas rodea a una joven situada en el centro, de pie, con un ojo abierto entre sus manos. 

Las personas se disponen en torno a ella, formando una composición circular que dirige nuestra mirada hacia la figura central, hacia la joven.

La perspectiva resulta llamativa. Son espectadores de una escena colectiva, pero no conocen las circunstancias que la han provocado. Eso, sí, son conscientes de que algo está ocurriéndola a ella. Pero no intervienen para echarle una mano. Sólo graban el resultado.

¿Preocupación? ¿Desamparo? ¿Súplica? ¿Desorientación? 

Cualquiera de estas preguntas puede asaltar al contemplarla. Pero el observador no sabe cuál de ellas, si alguna, coincide con lo que Elaine Zhang quiso expresar.

Pero lo que sí sabemos es que la imagen invita al observador a detenerse y a mirar.

Y aquí está, a mi entender, uno de los méritos de estas dos acuarelas: 

No se limitan a mostrar unas figuras; obligan a preguntarse al observador por él mismoos y por las personas que hay detrás de nosotros en las distintas circunstancias por las que va discurriendo su vida.

Porque puede estar rodeado de gente y sentirse solo. Puede vivir en medio del bullicio y no encontrar quien lo escuche. Y puede también encontrarse ante alguien que necesita ayuda sin advertir siquiera su sufrimiento.

Las personas que rodean a la chica no se preocupan de lo que acontece en ella, de lo que pudiera pasarle para echarla una mano. Sólo les interesa tomar noticias del hecho en sus móviles.

¡Qué paradojas las de nuestra condición humana!

La primera pintura parece encerrarnos en una multitud de rostros; la segunda nos coloca ante un grupo que converge en torno a una sola persona. Dos composiciones distintas que, sin necesidad de establecer entre ellas una relación intencionada, nos permiten reflexionar sobre nuestra manera de estar junto a los demás.

Estar cerca no siempre significa acompañar. Mirar no siempre significa comprender. Y rodear a una persona no equivale necesariamente a estar con ella.

No pretendo descubrir en estas obras  de Elaine Zhang un mensaje que la autora nos haya querido transmitir. Me limito a compartir contigo, que lees mi ESTAMPA CAUDETANA lo que al contemplar el ir y venir de los visitantes a la exposición en el claustro del convento de San José, me sugiere. 

De cualquier manera el arte tiene esa virtud: el artista pone la obra en el mundo y cada espectador, desde su propia experiencia, encuentra en ella motivos para pensar.

Y Elaine, con sus diecinueve años, nos ofrece dos buenas ocasiones para hacerlo.

Por eso, si todavía no has visitado la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, acércate al convento de San José, el Carmen. Recorre su claustro, contempla las obras expuestas y detente ante las de esta joven australiana.

Todavía hoy tienes tiempo. Mañana ya no será posible. 

No tengas prisa por pasar a la siguiente.

Míralas despacio. Deja que te hablen. Y, después, pregúntate qué has descubierto en ellas.

Porque una exposición no se visita solamente con los ojos. También se visita con la sensibilidad, con la inteligencia y con esa disposición interior que nos permite descubrir algo nuevo en aquello que tenemos delante.

Caudete, todavía hoy, abre sus puertas al arte, y el arte nos abre ventanas para mirar de otra manera el mundo y a quienes lo habitan.

Y eso, en estos tiempos en que tantas veces miramos sin ver ya es bastante.

¡Que viva el arte que nos ha venido hablando desde el agua teñida de colores sobre papel en las exposiciones de los pintores invitados a esta VIII Bienal de la pintura a la Acuarela en esta Real Villa de Caudete!

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

25.10.2026. Domingo. (C. 2.696)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

sábado, 24 de octubre de 2026

Australia, vida en estado puro.

ESTAMPA CAUDETANA.

AUSTRALIA, VIDA EN ESTADO PURO

A lo largo de este mes de octubre se ha venido desarrollando en esta Real Villa de Caudete, Ciudad de la Acuarela, la VIII Bienal de la pintura a la Acuarela. 

Se abrió el pasado día dos y mañana llegará a su conclusión. Mañana se la pondrá el broche de oro

Y, no podía faltar en una exposición de pintores llegados desde Australia, país invitado a la VIII Bienal Internacional de la Pintura a la Acuarela de Caudete, una muestra de la riqueza natural de aquella tierra lejana, tan llena de contrastes y de vida.

Según nos contaba Caroline Deeble, comisaria de la exposición, en la inauguración de la exposición en el claustro del convento de San José, el Carmen, los artistas australianos nos han traído, a través de sus obras, una información pormenorizada de su país. Y así, paseando por nuestro claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, podemos acercarnos a sus gentes, tanto a los aborígenes como a quienes llegaron después, con el proceso colonizador; a sus desiertos y sus extensas planicies, a sus costas, a sus bosques y, cómo no, a su singular fauna autóctona.

Hoy, víspera del cierre de la exposición porque cierra la VIII Bienal de la pintura a la Acuarela, me detengo ante dos obras de William Ritchie, científico neozelandés, doctor en Biología, que ha encontrado en la pintura, el dibujo y la escultura otra manera de expresar su conocimiento y su admiración por la naturaleza. Y lo hace con un realismo admirable, prestando atención a los detalles que tantas veces pasan inadvertidos a nuestros ojos.

La primera obra lleva por título Shore Patrol, algo así como «Patrulla de la playa».

Dos pequeñas aves recorren la orilla, allí donde la tierra se encuentra con el agua. Son los tūturiwhatu, conocidos también como chorlitos de Nueva Zelanda, que buscan su alimento entre los restos que el mar ha ido dejando sobre la arena.

¡Qué sencillez la de esta escena!

Sólo dos  pájaros, la playa y los despojos marinos. No hace falta más. El artista ha sabido captar ese instante cotidiano en el que la naturaleza sigue su curso, ajena a nuestras prisas y preocupaciones. Basta mirar con atención para descubrir que la belleza no siempre se encuentra en lo extraordinario; también se da en lo pequeño, en lo humilde, en aquello que apenas reclama nuestra mirada.

La segunda acuarela lleva un título tan escueto como expresivo: Wallaby.

Y aquí aparece uno de esos animales que, cuando pensamos en Australia, acuden inmediatamente a nuestra imaginación: un marsupial emparentado con el canguro, aunque de menor tamaño.

Ritchie lo ha situado entre la vegetación y la espuma de las olas, de espaldas al espectador, como si estuviera contemplando el mar o escuchando el rumor de las aguas. 

Su figura destaca sobre el blanco encrespado de la espuma, mientras la vegetación del fondo parece protegerlo.

Hay algo de misterioso en esa postura. No vemos su rostro, no sabemos qué reclama su atención, pero el artista consigue que nos detengamos ante él y nos preguntemos qué estará mirando.

Y es que el arte tiene esa virtud: nos invita a mirar, pero también a imaginar.

Dos obras distintas, dos escenas de la vida natural y un mismo propósito: acercarnos a una tierra lejana a través de sus habitantes, de sus paisajes y de sus animales.

William Ritchie, que conoce la vida desde la perspectiva de la ciencia, nos la presenta ahora desde la sensibilidad del artista.

Y, acaso, ambas miradas no sean tan diferentes: las dos necesitan observar, descubrir y comprender; las dos nos ayudan a apreciar aquello que, por cotidiano o desconocido, podría pasar inadvertido.

Australia está hoy un poquito más cerca de Caudete.

Nos la han traído sus artistas, y la tenemos al alcance de la mano, colgada en las paredes de nuestro querido claustro del convento de San José, el Carmen.

Por eso, si todavía no has visitado la VIII Bienal Internacional de la Pintura a la Acuarela, todavía puedes  hacerlo hoy y nañana. 

Acércate, detente ante las obras y déjate sorprender por lo que estos artistas ven en su tierra y han querido compartir con nosotros.

Quizá descubras que, para viajar lejos, no siempre es necesario volar durante muchas horas en la cabina de un avión. Bastaría con detenerse ante una acuarela de las expuestas en el claustro del convento de San José ,y mirar.

¡Caudete ha sido durante este mes una ventana abierta a Australia!

Recibe mi saludo, 


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

24.10.2026. Sábado. (C. 2.695).

P Alfonso Herrera. Carmelita.

viernes, 23 de octubre de 2026

El milagro de florecer.

ESTAMPA CAUDETANA.

EL MILAGRO DE FLORECER.

Blooming. Así ha titulado su obra Yuan ZHAO, pintor acuarelista australiano, esta obra que preside hoy mis letricas saludatorias y que ha querido regalarnos trayéndola a nuestro claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen,  es una hermosa visión de unas flores que parecen haberse puesto de acuerdo para ofrecernos, juntas y apretadicas, el espectáculo de su florecimiento.

Ahí las tenemos "floreciendo" en la pared formando parte de la estupenda exposición de obras a la acuarela de punteros artistas del país invitado a esta VIII Bienal de esa pintura en la Capital de la Acuarela. 

Ya las ves, como las veo yo. Aparecen en el papel, vestidas de un rosa delicado, con sus pétalos abiertos a la luz y sus centros amarillentos poniendo una nota de vida en medio de tanta belleza.

Pero fíjate también en lo que las rodea. Un fondo de azules profundos, de verdes misteriosos y de sombras violáceas que, lejos de restarles protagonismo, parece querer arroparlas y hacerlas resaltar todavía más. Como si la oscuridad se hubiera retirado discretamente para dejarlas florecer.

Y es que la acuarela tiene eso: 

el agua y los pigmentos se encuentran, se mezclan, se buscan y, cuando la mano de Yuan ZHAO sabe conducirlos, sucede el milagro. 

Unas manchas de color se convierten en pétalos; unas sombras, en profundidad; y un papel, pegado a la pared claustral de San José hace que la naturaleza  se nos meta por los ojos y nos llegue al alma.

Blooming, - «Floreciendo» -  , nos habla de las flores, sí, pero también de la vida. Porque florecer no es solamente abrir los pétalos cuando llega el tiempo propicio. 

También florecen las ilusiones, los afectos, los recuerdos y hasta el espíritu cuando encuentra un motivo para alegrarse.

Y aquí, en nuestra Real Villa de Caudete, mientras recorremos las paredes del claustro del convento de San José, el Carmen, contemplando las obras de esta VIII Bienal de la Acuarela, uno termina por comprender que el arte también florece cuando alguien sabe mirar la naturaleza y otro se detiene a contemplarla.

¡Que no se nos olvide ahora que la VIII Bienal de la Acuarela camina hacia su conclusión, que, aun cuando el fondo de nuestra vida se nos presente oscuro, siempre puede haber una flor dispuesta a abrirse paso y recordarnos que merece la pena seguir floreciendo!

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

23.10.2026. Viernes. (C.2.694).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

Nota.

A Yuan ZHAO le va la pintura a la acuarela. Se graduó en el manejo de pinceles, pinturas y agua en la Academia de Artes y Diseño de la universidad china de Tsinghua.

Sus obras se han exhibido en un montón de países y, antes de hacerlo en el convento de San José, el Carmen, de Caudete en esta VIII Bienal de pintura a la Acuarela, ya lo había hecho en otros lugares de España.

jueves, 22 de octubre de 2026

El Sol se despide sobre el mar.

ESTAMPA CAUDETANA

EL SOL SE DESPIDE SOBRE EL MAR

Tras interrumpir el paseo que voy manteniendo por las exposiciones de las obras de pintores consagrados e invitados a esta VIII Bienal de la pintura a la Acuarela, en el claustro barroco -toscano del convento de San José, el Carmen, y por la sala Pérez Gil del museo Rafael Requena, para detenerme en un pintor autóctono ya consagrado en el arte de la pintura al agua, a la acuarela, nuestro Paco Hernández conocido como "Paco el Rubio", vuelvo a mi paseo interrumpido  y, hoy, me encuentro en el claustro del convento de San José, el Carmen,  ante uno de los cuadros que no necesitan explicación alguna.

Sobran las palabras. Basta detenerse un instante ante ellos y dejar que nos llegue lo que el artista ha querido transmitirnos.

Este que tengo delante y que ilustra mis letricas de hoy, obra del acuarelista australiano Mark DOBER, es uno de ellos.

DOBER nos presenta el atardecer en Thirteenth Beach (Playa 13), una de las playas más conocidas de la zona de Torquay, en el estado australiano de Victoria.

El sol, redondo y blanquecino, parece estar despidiéndose de quienes disfrutan de aquella playa hasta el último momento. Pero también parece querer despedirse de quien, aquí, en el claustro del convento de San José, el Carmen, se encuentra delante de él, embebido en su contemplación.

A su alrededor, el cielo se viste de amarillos, ocres y suaves tonalidades verdosas, mientras unas nubes, teñidas por la luz del atardecer, parecen demorarse antes de que llegue la noche.

Abajo, el mar, con sus tonos azulados, recibe los últimos reflejos del día. Las olas vienen y van, rompiendo suavemente en la orilla, mientras la vegetación del primer plano pone una nota de color y de vida en esta estampa marinera.

Y uno, que se encuentra recorriendo la exposición instalada en el claustro conventual de San José, aquí, en Caudete, lejos de la costa, puede viajar con la imaginación hasta ese lugar donde el día se despide lentamente y el horizonte parece fundir el cielo con el agua.

¡Qué tendrá la acuarela que, con unas pinceladas aparentemente sencillas, es capaz de regalarnos tanta serenidad!

Esta obra de Mark Dober forma parte de las que podemos contemplar en la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, que estos días se celebra en Caudete, en el incomparable marco del claustro del convento de San José, el Carmen.

Así que ya lo sabes: si todavía no te has acercado a visitar la Bienal, no dejes pasar la ocasión. Las puertas del convento están abiertas y, tras ellas, te esperan paisajes, colores y miradas muy diferentes. Cada obra tiene su propia historia y su particular manera de emocionarnos.

Y quién sabe… A lo mejor, entre tanta belleza, encuentras también tu propio atardecer.

Porque para contemplar el mar y verlo llegar hasta la orilla no siempre hace falta tenerlo cerca. A veces, basta con abrir los ojos y dejarse llevar por una acuarela como esta de Mark Dober, que luce guapa en uno de los paños de pared del claustro del convento de San José, el Carmen.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

22.10.2026. JUEVES. (C. 2.693).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Master Class: Paco "el Rubio", maestro por un día.

ESTAMPA CAUDETANA

MASTER CLASS: PACO «EL RUBIO», MAESTRO POR UN DÍA

Ayer te llevaba mi saludo la imponente personalidad de uno de nuestros acuarelistas caudetanos: el bueno de Paco Hernández, conocido popularmente como «el Rubio».

Te decía de él que era un tipo sencillo y que, precisamente por serlo, era grande. Y me venía a la memoria aquello que afirmara Jesús:

«El más grande en el Reino de los cielos es el que se hace pequeño, el humilde, el que se hace como un niño» (Mt. 18).

Y dejaba luego que se juzgara a un quidam — a cualquiera — a través de sus obras y no, en modo alguno, por su «pico de oro», por su facilidad de palabra (Lc 6,20).

Y tenía toda la razón, porque Él mismo era un ejemplo vivo de lo que predicaba. La prueba estaba en que sus palabras se traducían en hechos concretos, reales, comprobables, aunque humanamente inexplicables: sus milagros.

Era Jesús. Es Jesús.

Pero, con todo lo anterior, no pienses que voy a equiparar a Paco con Jesús. ¡No, no lo creas!

Lo que sí te puedo decir es que Paco «el Rubio» recibió la aprobación más rotunda de un grupo de pintores tolosanos que arribaron a nuestra Real Villa de Caudete con motivo de esta VIII edición de la Bienal de la Pintura a la Acuarela.

Venían estos pintores franceses en una especie de Erasmus artístico, dispuestos a aprender, a compartir experiencias y a perfeccionar su técnica.

Y el profesor encargado de impartirles la correspondiente MASTER CLASS no fue otro que nuestro Paco «el Rubio».

El tema de la clase era bien concreto:

«La aplicación de la técnica húmeda al paisaje».

Una técnica que consiste en jugar con el agua y el color, sin miedo, buscando y aprovechando los efectos que producen las manchas y las corrientes de agua sobre el papel. Dejar que el agua trabaje, que el pigmento se extienda, que los colores se encuentren y que la propia acuarela nos sorprenda.

Porque, a veces, hay que dejar de controlar tanto para que la pintura empiece a hablar por sí misma.

La master class estaba pensada y proyectada con toda intención. Al grupo que le habían asignado a nuestro Paco «el Rubio» le hacía falta, precisamente, perder el miedo a manchar, a utilizar agua en abundancia, a coger pinceles grandes y a lanzarse a pintar sin tantas precauciones.

¡Había que perderle el miedo al agua!

Y Paco se puso manos a la obra.

Los resultados fueron todo un éxito y la satisfacción de los pintores tolosanos, completa.

De ahí vino, primero, el asombro y, después, la gratitud, manifestada en un aplauso generalizado, entusiasta y bien merecido.

Paco, mientras tanto, no encontraba una brocha lo suficientemente grande como para esconderse detrás de ella.

¡Qué cosas tiene la modestia de nuestro hombre!

Y luego vino lo mejor.

Los pintores franceses habían observado con atención al maestro acuarelista caudetano mientras aplicaba con soltura la técnica durante todo el proceso creativo. Habían visto cómo manejaba el agua, cómo dejaba correr el color y cómo aprovechaba los efectos que iban surgiendo sobre el papel.

Y ellos, que no estaban acostumbrados a pintar con tanta agua, se dispusieron después a poner en práctica lo aprendido, utilizando sus propios materiales.

Y vaya si lo hicieron!

Lo que al principio podía parecerles un riesgo se convirtió en una posibilidad; lo que quizá les inspiraba cierto temor terminó siendo una herramienta para descubrir nuevos caminos en su pintura.

Eso es enseñar: no limitarse a mostrar cómo se hace algo, sino conseguir que los demás se atrevan a hacerlo por sí mismos.

Y eso hizo Paco «el Rubio».

Por eso valió la pena el viaje de estos pintores franceses a la VIII Bienal de la Acuarela, a nuestra Ciudad de la Acuarela, a la Real Villa de Caudete.

Y les valió un montón encontrarse con Paco «el Rubio», nuestro acuarelista.

Porque una bienal no es solamente una exposición de obras. Es también un lugar de encuentro, de aprendizaje, de intercambio de experiencias y de descubrimiento de nuevas maneras de entender la pintura.

Y, en esta ocasión, Paco puso su granito de arena —o, mejor dicho, su buena cantidad de agua— para que así fuera.

La obra resultante de aquella master class es la que preside estas letricas.

Y uno, al contemplarla, no puede menos que pensar que detrás de los colores, las manchas y el agua hay algo más que una técnica bien aplicada: hay un maestro que ha sabido transmitir lo que lleva dentro.

¡Enhorabuena, Paco!

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

21.10.2026. Miércoles. (C. 2.692).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

martes, 20 de octubre de 2026

Paco "El Rubio": la acuarela hecha solidaridad.

ESTAMPA CAUDETANA

PACO «EL RUBIO»: LA ACUARELA HECHA SOLIDARIDAD

Caudete, ya lo sabemos, es tierra de acuarelistas, cuna de grandes pintores y escuela de sensibilidades artísticas. Y en Paco Hernández, nuestro Paco «el Rubio», tenemos a uno de esos hombres que han sabido encontrar en la pintura una manera de expresar lo que llevan dentro.

Paco es un hombre polifacético. Además de hábil con los pinceles, es psicólogo, ya jubilado; consultor de programas de televisión en Castilla-La Mancha y conferenciante. También es músico: toca el trombón en la Banda de la Asociación Amigos de la Música Santa Cecilia de nuestra Villa.

Y, por si fuera poco, forma parte de un terceto especializado en canciones de época, con las que alegra las noches veraniegas y las fiestas patronales, consiguiendo que el personal, provecto o no tan provecto, se anime a mover el esqueleto al son de aquellas melodías que tantos recuerdos despiertan.

¡Que no todo va a ser pintar!

También hay que darle gusto al oído y alegría al cuerpo.

Pero hoy quiero hablarte de otra de sus facetas: la de acuarelista y, muy especialmente, la de hombre solidario.

DE LA MANO DE UN MAESTRO

Su afición por la acuarela nació de la mano de un maestro, nuestro inolvidable Rafael Requena. Así lo leí en uno de los folletos con los que me obsequió en cierta ocasión, cuando tuvo la gentileza de invitarme a su estudio.

Recuerdo aquella visita. Paco se movía entre sus pinturas y pinceles con la ilusión de un niño, llevando al papel, con soltura y delicadeza, los pinceles empapados de agua y pigmentos. Una blancura que, poco a poco, iba dejando de serlo para convertirse en paisaje, luz y vida.

Aquel encuentro me permitió comprender hasta qué punto el gran Rafael Requena supo transmitir a tantos caudetanos, entre ellos nuestro Paco «el Rubio», el amor por esta técnica pictórica tan apasionante como exigente.

Paco tuvo la suerte de aprender de él y, desde entonces, los pinceles y los colores han venido acompañándole en su caminar artístico.

Es un hombre humilde, pero grande. De esos que no necesitan pregonar sus méritos, porque sus exposiciones, sus reconocimientos y sus premios hablan por él.

Domina el paisaje, y puedo hablar de ello con conocimiento de causa, porque en cierta ocasión tuvo el detalle de regalarme una preciosa acuarela titulada «El nacimiento de las nubes», de la que ya te hablaré algún día.

Pero su inquietud artística no se queda ahí. También ha sabido adentrarse en otros campos, buscando nuevas formas de expresión y demostrando que la acuarela ofrece un mundo de posibilidades a quien sabe mirar.

CUANDO EL ARTE SE HACE SOLIDARIO

Sin embargo, hay algo que quiero resaltar de modo especial en Paco: su disposición a poner el arte, su arte, al servicio de los demás.

Paco es un hombre solidario. Porque le sale de dentro o porque alguien se lo solicita, lo cierto es que parece tener siempre un sí dispuesto para quien necesita su colaboración.

Dona sus obras para apoyar a asociaciones y distintas iniciativas, y no es extraño encontrarlas expuestas en escaparates céntricos de nuestra Villa, anunciando rifas cuya recaudación se destina a fines solidarios.

Para él, pintar no consiste solamente en plasmar la vida sobre el papel. También es una forma de echar una mano, de arrimar el hombro y de contribuir a sacar del atolladero a quienes atraviesan momentos difíciles.

Sus pinceles no solo dibujan paisajes: también pintan esperanza.

Y esta manera de entender la pintura merece que nos detengamos un momento para reconocerla.

HOTEL PLATEA: UNA FACHADA HECHA ACUARELA

Con motivo de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela, hay una jornada especialmente dedicada a los artistas que participan en este encuentro cultural, pintores de Caudete y de otros lugares que, caballete en mano, salen a nuestras calles para captar aquello que les llama la atención de la Real Villa.

Y ahí estuvo nuestro Paco «el Rubio».

Con el papel preparado y los materiales facilitados por la organización de la Bienal, se dispuso a plasmar uno de esos edificios que forman parte del paisaje urbano caudetano y que, por su historia y su renovada presencia, no pasan inadvertidos.

Me refiero al conocido popularmente como el edificio de la Notaría, que, tras su restauración, se ha convertido en un elegante establecimiento hotelero: el Hotel Platea.

Y ese imponente inmueble fue el elegido por nuestro artista para convertirlo en protagonista de su acuarela.

Hago, pues, un alto en mi recorrido por el claustro del convento de San José, el Carmen, y por el museo Rafael Requena, para detenerme ante la obra que Paco realizó el pasado día 11, atendiendo la convocatoria de los organizadores de la VIII Bienal.

Una mañana de agua, pigmentos y pinceles dio como resultado una acuarela que lleva por título:

HOTEL PLATEA».

Y sí, hoy me detengo ante esta nueva obra nacida durante el desarrollo de la Bienal, porque merece que le dediquemos algo más que una mirada apresurada.

La acuarela nos presenta un edificio de fachada luminosa, vestido de amarillos y blancos, con sus ventanas alineadas y sus balcones asomándose a la plaza de Nuestra Señora del Carmen.

Un inmueble que parece querer contarnos algo de la historia de esta Real Villa de Caudete, una historia que continúa escribiéndose mientras sus edificios cambian de uso y se incorporan a la vida de cada día.

Paco ha sabido captar la perspectiva del edificio, que se nos ofrece desde una esquina, permitiéndonos contemplar sus dos fachadas y apreciar la presencia y el volumen del conjunto.

Pero no se ha limitado a dibujar paredes, ventanas y balcones. Ha querido dar vida a la escena con el verde y los amarillos de las catalpas, vestidas ya con los tonos del otoño, y con las macetas floridas que aportan una nota de color y frescura.

Y ahí están también esos bancos que parecen invitarnos a detenernos un momento, sentarnos y disfrutar del lugar.

La luz acaricia la fachada, mientras las pinceladas, sueltas y delicadas, permiten que el propio papel participe en la composición. Esa es una de las virtudes de la acuarela: sugerir mucho sin necesidad de contarlo todo, dejar que el agua haga su trabajo y que el blanco del papel se convierta también en luz.

Y allí tenemos al visitante, contemplando cómo el agua, los pigmentos y la mano del artista consiguen transformar un edificio conocido en una pequeña escena llena de encanto.

Pero esta acuarela guarda, además, una anécdota que merece ser contada.

Resulta que un viandante permaneció esperando hasta que Paco estampó su firma en la obra. Y, en cuanto el artista dio por terminada su tarea, aquel hombre se acercó, puso en sus manos una buena cantidad de euros y se llevó la acuarela.

¡Así, sin más!

Ni esperó a que los técnicos encargados de valorar las obras del concurso emitieran su veredicto ni quiso saber qué premio podría corresponderle. Había visto la pintura, le había gustado y decidió llevársela.

No todos los días se encuentra uno con semejante admirador. Y no deja de ser una satisfacción para quien pinta comprobar que su obra despierta tanto interés que alguien está dispuesto a adquirirla nada más verla terminada.

Una historia que Paco podrá contar, sin duda, como una de esas pequeñas sorpresas que hacen todavía más gratificante el oficio de pintar.

CAUDETE Y SUS ACUARELISTAS

La VIII Bienal nos invita a mirar con otros ojos, a descubrir que detrás de cada acuarela hay una manera de sentir, de observar y de compartir la belleza.

Por eso, si todavía no has visitado las exposiciones, acércate al claustro del convento de San José, el Carmen, y al museo Rafael Requena.

Allí te esperan obras que nos acercan a diferentes maneras de interpretar el mundo y que nos recuerdan que la pintura no solo reproduce lo que vemos: también nos enseña a disfrutarlo.

Y entre pinceles, agua y pigmentos, Paco «el Rubio» sigue haciendo honor a esa tradición acuarelística de Caudete que tanto debemos a nuestro inolvidable Rafael Requena.

Pero hoy, además, hemos descubierto algo que va más allá de su destreza artística: la generosidad de quien pone su talento al servicio de los demás.

Porque los pueblos se engrandecen cuando saben reconocer a sus artistas; a quienes, sin necesidad de grandes alharacas, trabajan, crean y comparten lo que saben hacer.

Y si, además de regalarnos belleza, son capaces de convertirla en solidaridad, mucho más merecen nuestro reconocimiento.

¡Un saludo, Paco!

Que no te falten nunca el agua, los colores y la ilusión para seguir regalándonos tu particular manera de mirar nuestro entorno.

Y que esos pinceles tuyos continúen pintando paisajes, despertando admiración y tendiendo una mano a quienes más lo necesitan.

Porque, al fin y al cabo, querido Paco, hay obras que se cuelgan en una pared y otras que, además, llegan al corazón.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

20.10.2026. Martes. (C. 2.691).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

lunes, 19 de octubre de 2026

Colleen Helmore: la vida hecha acuarela.

ESTAMPA CAUDETANA

COLLEEN HELMORE: LA VIDA HECHA ACUARELA

Ayer te presentaba una obra de Colleen Helmore, acuarelista australiana, hija de un afamado arquitecto de aquellas lejanas tierras de Australia.

Lejos de seguir los pasos de su padre en el mundo de la arquitectura, Colleen nos acercaba al universo de la belleza floral, plasmada con delicadeza, color y primor en su Plumeria obtusa.

Pero Colleen cultiva también, con especial sensibilidad, el campo de las personas.

Y lo hace de manera magistral en otra obra pintada a la acuarela que cuelga junto a la anterior, en el mismo paño del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen.

Tres rostros que, según mi parecer, pertenecen a una misma anciana. Y hasta me atrevería a apostar, sin temor a equivocarme —aunque quizá me equivoque—, que no son otra cosa que tres retratos de la propia artista, imaginada a sí misma con el paso de los años (*).

La obra lleva por título:

Remembering, es decir, «Recordando».

Tres rostros que nos miran desde el papel.

Tres rostros surcados por los años, en los que las arrugas parecen guardar la memoria de toda una vida.

Fíjate bien. Hay en sus miradas algo que va más allá de lo que los ojos pueden contarnos. Quizá recuerdos, quizá experiencias, quizá esa serenidad que solamente concede el paso del tiempo.

La artista no necesita grandes artificios para transmitirnos sus sentimientos. Le bastan el agua, el pigmento y la destreza de su pincel para acercarnos a la humanidad de esos rostros; a la humanidad, según mi parecer, de sí misma, tal como podría llegar a ser cuando pasen unos cuantos años.

Es como si nos invitara a detenernos ante nuestros mayores y a reconocer en ellos la historia que llevan escrita en la piel.

Y, al mismo tiempo, nos lanza un aviso: lo que hoy contemplamos en esos rostros ajenos terminaremos experimentándolo también nosotros, cuando los años hayan ido dejando su huella y volvamos la mirada hacia atrás.

Hacia esa etapa de nuestras vidas en la que los recuerdos adquieren un valor especial y el pasado se hace presente en nuestra memoria.

Quizá sea entonces cuando comprendamos mejor lo que la artista ha querido contarnos con sus pinceles.

Y allí están, en el claustro del Carmen, estas acuarelas de Colleen Helmore, formando parte de la VIII Bienal de Pintura a la Acuarela, que ha traído hasta Caudete el talento de artistas de distintos lugares del mundo, con Australia como país invitado.

Una buena ocasión para acercarnos a la pintura, descubrir otras sensibilidades y comprobar que el arte no necesita hablar nuestra lengua para hacerse entender.

Si todavía no has visitado la Bienal, acércate al convento de San José.

Porque, entre sus muros cargados de historia, las acuarelas de Colleen Helmore te esperan.

Quizá te detengas ante su Plumeria obtusa, con sus flores abiertas a la belleza.

Quizá te conmuevan las miradas de tres ancianas o, como me sucede a mí, descubras en ellas un mismo rostro contemplado en distintos momentos de la vida, cargados de recuerdos.

En cualquiera de los dos casos, habrás encontrado algo que merece la pena: un instante de belleza que llevarte contigo.

Porque eso también nos enseña Colleen Helmore: que el arte consiste, en buena medida, en enseñarnos a mirar de nuevo aquello que la vida pone ante nuestros ojos.

Y en eso Colleen es toda una maestra consumada.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

19 de octubre de 2026. Lunes. (C.2.690).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

(*) Recuerdo que hace ya muchos, muchos años, el profesor de Arte en la Universidad de Santander, Dr. Campuzano, al explicarnos que el pintor no solo trasladaba al lienzo lo que ve, sino el resultado de lo concebido en su interior al contemplar al modelo, nos puso un ejemplo:

A un pintor  le fue encargado  pintar a una señora de alta cuna y de una belleza extraordinaria. 

El quidam eceptó el trabajo.

Y cuando entregó la obra a la modelo ésta se quedó de una pieza porque en la obra aparecía una figura que en nada retrataba su presente.

Cuando la que fuera objeto de la obra se quedó sin improperios, el pintor la dijo:

"Hablaremos cuando pasen unos años".

En el cuadro aparecía una anciana con su cara y esbelto cuello surcados por arrugas, con greñas y contrahecha.

domingo, 18 de octubre de 2026

Una flor tropical en el Claustro del Carmen.

ESTAMPA CAUDETANA.

UNA FLOR TROPICAL EN EL CLAUSTRO DEL CARMEN.

Paseando por el claustro del convento de San José, el Carmen, donde la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela ha encontrado un marco de singular belleza, uno se topa con obras que invitan a detenerse y mirar.

Entre ellas, las de Colleen Helmore, acuarelista australiana que nos trae hasta Caudete su particular manera de contemplar la naturaleza.

Hoy me detengo en una planta de nombre un tanto exótico:

PLUMERIA OBTUSA.

No, ni se te ocurra pensar que viajé hasta la isla indonesia de Bali para hacerme con ella, con la Plumeria obtusa con el fin de plantarla en una de mis jardineras y, así, vestir de belleza el convento de San José, el Carmen.

No, no me hizo falta porque con motivo de la VIII Bienal de la pintura a la acuarela nos la ha traído una pintora australiana, Colleen Helmore, y nos la ha expuesto en uno de los paños del claustro del convento para nuestro "gustazo".

Las flores de esta planta, de pétalos blancos y corazón amarillo, parecen haberse vestido de luz para ofrecer a la pintora, primero, y al espectador, después, toda su belleza. Las hojas verdes, carnosas y brillantes completan una composición en la que la naturaleza se muestra sin artificios. Y, ese, es precisamente, el que buscaba Colleen para pintarla.

Y es que Colleen Helmore es amiga de sorprender a los elementos de la naturaleza en el momento más adecuado y oportuno para astraerlos y ponerlos en sus obras a la acuarela.

Colleen Helmore tiene esa virtud:

la de mirar y saber captar el instante en que la luz acaricia las cosas y las hace especialmente hermosas. Su pintura, de carácter realista, no se limita a reproducir lo que ve; nos invita a descubrirlo.

Y así, en el recogimiento del claustro carmelitano, una flor nacida en tierras lejanas se convierte en vecina nuestra por obra y gracia de la acuarela.

¡Qué cosas tiene el arte! 

Australia y Caudete, unidas por por la belleza de unas flores de Plumeria por la sensibilidad de una pintora y por ese lenguaje universal que es el arte. Una flor tropical que trasladada al papel por la magia de la acuarela viene a recordarnos que la belleza no conoce fronteras.

Porque para admirar la belleza basta con abrir los ojos y dejar que hable el corazón.

¡Una razón más para acercarse al claustro barroco-toscano del Carmen donde encontrarás sus puertas abiertas de par en par y poder disfrutar de la VIII Bienal de la Pintura a la Acuarela!

Recibe mi saludo, 


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

18.10.2026. Domingo. (C.2.689).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

sábado, 17 de octubre de 2026

¡De Sanlúcar a Caudete!

ESTAMPA CAUDETANA.

¡DE SANLÚCAR A CAUDETE!

Si vas por el museo de Rafael Requena te lo vas a encontrar como me lo encontré yo. 

Te vas a dar de bruces con un LANGOSTINO. Sí, con un langostino.

Se ha venido a esta Real Villa de Caudete con ocasión de la VIII Bienal Internacional de la Acuarela, que estos días se celebra aquí, y, sí, allí te lo vas a  encontrar. 

Es una de tantas obras pintadas a la acuarela que ha recalado en esta Villa y lo hace como un visitante llegado de tierras gaditanas.

¡Y menudo visitante!

Nada menos que un langostino de Sanlúcar de Barrameda, de esos que han dado fama a la gastronomía de aquella tierra andaluza.

Nada más situarme ante EL LANGOSTINO SANLUQUEÑO, la obra de Manuel Olivas Gálvez, vino a ocupar mi memoria aquel viaje cultural que hiciera acompañando a los alumnos de Cou del Colegio San Pablo perteneciente a La Asociación Cristiana de Propagandistas, San Pablo CEU, a las marismas de Doñaña.

¿Por qué? 

Pues mira, porque mientras los estudiantes se encontraban escuchando, in situ, las explicaciones que sobre el medio les estaban dando los monitores autóctonos especializados en el tema, la profesora acompañante, Doña Esperanza Juanes, y yo mismo, también nos dedicábamos a conocer el medio por otro camino, degustando las riquezas del lugar y, entre ellas, los  LANGOSTINOS sanluqueños pasados por la plancha y enfundados en velos de mayonesa, acompañados por el buen caldo blanco, con o sin aceituna, de las marismas.

Aquellos langostinos llegaron al mostrador de la tasca en un plato y de él desaparecieron como por ensalmo.

Pero éste que aparece en la obra del joven pintor sanluqueño (*1979) no vino al mostrador como aperitivo, sino que se reservó para viajar a Caudete para la exposición. 

Y no ha necesitado barco ni carretera para llegar hasta nosotros. Le han bastado el talento de un artista del lugar, unos pinceles, agua y pigmentos.

Su autor, Manuel Olivas Gálvez, español y sanluqueño, ha querido traerse hasta Caudete un pedacico de su tierra, plasmado en una acuarela que lleva por título "LANGOSTINO DE SANLÚCAR".

Y aquí lo tenemos, sobre el papel, con su cuerpo arqueado, su caparazón de tonos pardos y rojizos, tal y como el pescador lo  sacó de los fondos de las aguas costeras, sus patitas y esas largas antenas que parecen querer salirse del cuadro.

¡Qué manera de dar vida a un langostino!

Porque esa es la magia de la acuarela: con unas pinceladas bien dadas, el artista consigue que nos detengamos ante algo que quizá, en otras circunstancias, apenas habría llamado nuestra atención.

Y es que el bueno de Manuel ha conseguido que este ejemplar sanluqueño se convierta en embajador de su tierra en nuestra Bienal.

¡Quién se lo iba a decir al langostino!

Él, acostumbrado a las aguas de Sanlúcar, se encuentra ahora en Caudete, compartiendo espacio con obras llegadas de distintos lugares y demostrando que el arte no entiende de distancias ni de fronteras.

Y uno, que anda por ahí curioseando y disfrutando de cuanto nos ofrece esta VIII Bienal, no puede menos que agradecer a los artistas que nos permitan viajar sin movernos de casa.

Hoy nos vamos a Sanlúcar de Barrameda; ayer estuvimos en Australia, antes de ayer nos fuimos a Letonia, mañana, con otra acuarela, quién sabe dónde podremos recalar.

¡Que viva el arte y que no falten los buenos langostinos!

Aunque, en esta ocasión, al de Manuel Olivas Gálvez lo mejor es dejarlo donde está: colgado en la exposición del museo Rafael Requena, para que podamos disfrutarlo con los ojos y no con las papilas gustarivas.

Y tú, si todavía no has visitado la Bienal, ya tienes otro motivo para acercarte.

¡Caudete te espera!

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

18.10.2026. Sábado. (C.2.688).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.