ESTAMPA CAUDETANA.
BIEN LE VINO EL AGUACERO DE ANTES DE AYER POR LA TARDE.
Yo no me mojé. No estaba en Caudete. Tuve que ausentarme para asistir a la consulta de un sobrino. Ya anda el hombre de vacaciones, pero puso en marcha los aparatos para solucionarle a su tío un contratiempo.
Cuando bajé del tren en Villena pasadas las diez de la noche, las goteras habían hecho charcos en el andén que había que sortear. Y di en pensar: «Ojalá hubiera caído algo en Caudete».
Y sí. Nuestro meteorólogo casero, el P. Ángel, me puso al corriente de que su pluviómetro había medido 15 litros por metro cuadrado. No estuvo mal. «Menos da una piedra», que afirma el dicho popular.
Pues bien, ayer por la tarde, camino de Santa Catalina, me acerqué hasta donde crece un amigo: EL HIBISCO SIRÍACO, que pone un alegre manchón verde sobre la pared de blancura impoluta de la huerta de las monjas Carmelitas de Clausura.
Tengo especial debilidad por esa hermosa planta a la que el año pasado martirizaron, cortándole a ras todas las varetas que ya lucían en sus puntas varios capullos.
La mató una tijera que más que tijera era una guillotina. Vamos, que ni la tijera del peluquero de un cuartel militar infringe en las cabezas de los novatos semejante destrozo.
Pero este año, no.
Este año el brazo ejecutor de algún poco iluminado jardinero no le ha metido mano y, ya lo ves, está llenito de varetas, todas coronadas por varios capullitos que vienen pugnando por abrirse en espléndidas flores.
Pero, como los jardineros se «habían olvidado de regarlo», los capullos no contaban con la fuerza necesaria para abrirse de par en par.
El agua caída antes de ayer le ha dado un empujoncito y ahí lo ves, en la tarde de ayer, tratando de abrir sus capullicos en despampanantes flores color lila.
Me alegré. ¡Vaya si me alegré!
Cuando, en la tarde de ayer, pasé delante de él camino de la parroquia de Santa Catalina, contemplé cómo en algunas varetas aparecía ya algún que otro capullico abriéndose, como ese que preside estas letricas.
No, no ha sido rencoroso el Hibisco Siríaco. Y este año da gusto verlo, con su penacho todo frondoso.
Dentro de unos días, cuando comience a florecer, va a hacerle la competencia a un pavo real con su cola totalmente extendida. Y va a seguir los pasos del Hibisco Siríaco que tenemos en el corralón del convento de San José (el Carmen).
Ciertamente, el aguacero que cayó antes de ayer en la Villa y aledaños le ha venido de perillas.
Él te lleva hoy mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
12.8.2026. Miércoles. (C 2.631).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.