ESTAMPA CAUDETANA
LAS CUATRO BREVAS
Ya te lo adelantaba ayer:
—Mañana te hablaré de la higuera.
Y aquí me tienes, dispuesto a pedirle a mi higuerita que haga de transportista y ponga delante de ti mi saludo de hoy.
Ya te dije el año pasado, y te lo volví a recordar ayer, que una religiosa de las Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo, las que dirigen la residencia de ancianos de Caudete desde hace más de un siglo, me trajo desde Madrid tres plantones de limonero y un plantón de higuera.
Los plantones de limoneros los sacó ella con su industria jardinera. El de la higuera se lo habían regalado los jardineros de la Villa y Corte.
Poco después los trasplanté a grandes tiestos donde pudieron encontrar terreno apto para que sus raíces, con vocación de conquistadoras, pudieran moverse a gusto.
A todos ellos los coloqué en un rincón del claustro del convento de San José, (el Carmen) el barroco-toscano, al que denominé con el nombre de la hermana carmelita que me los obsequió: el rincón de Rita.
De esto hace ya tres años.
El año pasado practiqué un gran alcorque en el corralón conventual, allí donde nada impidiera su relación directa con el sol.
Así, durante todo el tiempo que le lleva al sol subir la cuesta hasta su cenit, podría dedicarlo a su encuentro fruidificante con la recién llegada.
Y, a decir verdad, tengo que reconocer que aquel encuentro fue sumamente gratificante, porque de llegarme a la altura de la cintura en el momento de su trasplante al suelo, consiguió elevarse dos o tres cuartas por encima de mi cabeza en el espacio de una primavera y un verano.
Parece que ya se encuentra en su adolescencia, porque igual que les ocurre a los chavales cuando su cuerpo empieza a darles guerra poniéndoles granitos en la cara, a la joven higuera le han salido esta primavera cuatro brevas.
A la velocidad que van creciendo, he dado en pensar que van a adquirir un volumen fuera de lo normal, y eso es señal más que suficiente para caer en la cuenta de que los jardineros de la Villa y Corte le regalaron a la monja un estupendo ejemplar de los más de 380 que componen la familia de las higueras.
Es sabido que las brevas salen en las ramas del año anterior y que en las ramas nuevas de cada año se instalan los higos.
Estoy esperando, como espera el niño un regalo, para ver cómo se porta la higuera que ha venido a unirse a otros cuatro ejemplares que crecen aquí y allá en el corralón.
Da gusto verla.
El año pasado no se entretuvo en sacar ramitas hacia los cuatro puntos cardinales. Empleó toda su fuerza en levantarse sobre sí misma y adquirir la esbeltez que contemplas.
Pero este año no. Se lo ha pensado mejor y ha dicho:
Hasta aquí he llegado estupendamente. Es hora de que me extienda a mi alrededor para proporcionar sombra durante la fuerte canícula caudetana.
Las cuatro brevas, que han venido a adornar el tronco viejo siendo joven todavía, pues solo tiene un año, no ponen objeción alguna a que las envíe hasta ti para que te lleven mi saludo.
Yo me quedo con la catequesis que me ha dado mi joven higuera:
- Primero crecer y crecer para el cielo, para Dios.
-Después, crecer en derredor para amparar y dar cobijo a mis hermanos.
Mientras resuenan en mi interioridad aquellas palabras de Jesús:.
"lo que hiciereis a uno de estos, mis humildes hermanos, a mí me lo hacéis" (Mt 25,40)
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
9.4.2026 Jueves de la Octava de Pascua (C. 2.522).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.