miércoles, 18 de marzo de 2026

Dos mil quinientos.

ESTAMPA CAUDETANA.

DOS MIL QUINIENTOS.

Todo empezó el último día de noviembre de 2017. Saludaba a mis gentes con una glosa sobre la conferencia que pronunció el día anterior en nuestro claustro barroco-toscano como colaboración  en un proyecto de las universidades de Valencia, Murcia y Albacete, el Dr. Aniceto López Serrano sobre una época de la Historia de España acontecida en estos ámbitos, teniendo como protagonistas al rey de Aragón, Jaime I el Conquistador, y al infante don Alfonso, que luego ostentaría la corona castellana con el ordinal décimo y el calificativo de el Sabio, además de otros temas puntuales e íntimamente relacionados

Se me ocurrió remitírsela al Sr. Director de la Asociación Cultural Amigos de la Historia Caudetana, don Antonio Conejero Rodríguez, y algo que yo empleaba para saludar a mis familiares y a personas de mi listín de WhatsApp - muchos en Madrid, donde permanecí desde 1982 como docente en el Colegio San Pablo CEU de Montepríncipe,  y, también, en la América hispana - pasó a ser lectura habitual para quienes en esta Real Villa de Caudete quisieran asomarse a estas líneas a través de Amigos de la Historia Caudetana.

Tuve que cambiar el título y, para encontrar uno adecuado, me fui hasta el libro de Las mil y una noches (*), esa colección de 1001 cuentos que tenían como fin distraer al sultán Shahriar por la ingeniosa Sherezade, siempre bajo la amenaza del alfanje.

Sherezade, sabia y prudente, dejaba cada relato sin terminar al llegar el amanecer. Y el sultán, vencido por la curiosidad, aplazaba la sentencia para escuchar el final. 

Así, noche tras noche, cuento tras cuento, hasta que el corazón endurecido del sultán aprendió de nuevo a confiar y la vida de Sherezade quedó definitivamente a salvo.

De uno de aquellos relatos, Aladino y la lámpara maravillosa, tomé prestada la alfombra voladora. A ella la bauticé con el nombre de ESTAMPA CAUDETANA, y ha sido esa alfombra la que, volando silenciosa cada mañana, ha ido llevando mi pequeño “cuento”, nacido de la observación sencilla de lo cercano y de lo cotidiano, del latido de la vida de nuestro pueblo, hasta alcanzar hoy las 2.500 estampas. Dos mil quinientos saludos. Dos mil quinientas mañanas compartidas.

Dos mil quinientas pequeñas historias que no son mías, sino de este pueblo y de sus gentes.

Y mientras Dios me siga regalando amaneceres,

mi alfombra seguirá volando.

Porque siempre habrá una historia pequeña que contar,

un detalle que agradecer

y un buenos días que regalar.

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

18.3.2026. Miércoles. (C. 2.500).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

(*) Cuentos árabes recopilados desde los umbrales del Islam hasta el siglo XV.

martes, 17 de marzo de 2026

"De casta le viene al galgo"

ESTAMPA CAUDETANA

"DE CASTA LE VIENE AL GALGO"

En el convento de San José tenemos una huerta colgante. Ha sido obra del siempre inquieto P. Ángel, conocido como el P. Ángel Nieto porque en sus tiempos jóvenes, aquellos en que reinaba por los circuitos del mundo un tal Ángel Nieto, el de los "doce títulos mundiales más uno" (era muy supersticioso el motorista), iba a "caballo" de una moto Vespino de un lado a otro de la Villa.

Venía chorreando gozo y alegría. Por cada poro un chorreón de hilaridad que lo salpicaba todo. Un gitanillo con zapatillas nuevas no le llegaría ni a la altura de la suela de sus zapatillas recién estrenadas. El P. Ángel era, mismamente, como un globo totalmente inflado expeliendo el aire a toda presión por los pinchazos causados por una serie de alfileretazos.

Era para verle. Estaba preso de una felicidad que me causaba asombro. Nunca lo había visto yo de ese talante. Todo en él manifestaba alegría y gozo.

En sus manos portaba una garrafa de esas que empleo yo para hacer abono, seccionada por la mitad y, dentro de ella, un trapo con el que envolvía una docena o más de esquejes que había seccionado de las higueras del corralón del convento de San José (el Carmen).

Han pasado ya quince días desde que lo vi plantando un esqueje en otra garrafa seccionada y llena de tierra.

—¿Qué haces? —le pregunté.

—Ya ves, he plantado un esqueje de higuera.

—No te va a prender.

Y le expliqué que para tener éxito tenía que poner los esquejes en un trapo que debía mantenerse húmedo y a una temperatura agradable y constante, procurando que el trapo estuviera siempre húmedo. Y le señalé los esquejes que podría utilizar.

No volvimos a hablar del tema y, mira por dónde, se presenta hoy delante de mí, mientras me encontraba desayunando, con una garrafa y un montón de esquejes de higuera, algunos de ellos moviendo ya, con hojitas y brevas.

No me dijo nada, solo me presentó su plantel reventando, él también, pero de alegría.

—¿Ves? ¡Lo conseguiste! —le dije.

Si hubiera sido un mono lo hubiera dejado todo como un títere sin cabeza, no habría dejado nada en su sitio. Pero, no. Él no es un mono y ahí lo tenía delante, orgulloso de su obra conseguida.

—Claro —me dijo—, es que mi padre fue labrador (él me lo decía en valenciano rancio, el que se habla en su pueblo de Bocairente) y, claro: "de casta le viene al galgo".

—Claro, claro —le seguí la corriente, porque sé que cuando está realizando algo siempre echa la vista atrás y recuerda a su padre. Por eso me dijo:

—Es que mi padre era labrador...

En otras ocasiones me dice: es que mi padre era médico, era carpintero, era lampista..., siempre perito en lo que estuviera haciendo en ese momento.

Con el éxito logrado con sus esquejes de higueras la cosa se complica un tanto porque ¿a ver dónde se plantan?, porque el corralón ya está muy saturado y, además, el Prior ya viene diciendo que son muchas las higueras que crecen y, muy agradecidas, nos obsequian año tras año con sus ricas y dulces flores. Porque has de saber que los higos no son propiamente frutos, sino flores, según dicen los que de esto saben un montón.

Pero, sea lo que fuere, el gozo y la alegría del P. Ángel ya no se la quita nadie. Ya nos informará acerca de lo que hace con su plantel prendido, sacado adelante.

Pero, de momento, abrigamos la esperanza de que se cumpla aquel refrán que dice: "no hay mal (el seccionamiento de tanto esqueje) que, para bien (buena producción de higos), no venga".

Y es que cuando se aprenden cosas de un Padre, ya no se olvidan nunca.

Recibe mi saludo, 
                   
 ¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

17.3.2026. Martes. (C. 2.499).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

lunes, 16 de marzo de 2026

Grata sorpresa.

ESTAMPA CAUDETANA.

GRATA SORPRESA.


Ya me había felicitado por la efemérides que celebré antes de ayer —56 años de mi ordenación sacerdotal— la Madre Priora del monasterio de las "Encerrás" (así llaman por estos pagos a las Madres Carmelitas de clausura que viven su vida consagrada a Dios por sus hermanos los hombres), en nombre de toda la comunidad.

Pero hoy fue distinto. No hubo palabras ni mensajes de WhatsApp. Sin embargo, sí hubo algo que me produjo una GRATA SORPRESA.

Es sabido que los encargados de la pastoral en la Real Villa de Caudete vamos rotando: una semana nos toca en un lugar y la siguiente en otro. Pues bien, estos días me corresponde atender la liturgia en el monasterio de las Madres Carmelitas y, al entrar esta mañana en la sacristía, me encontré con una tigre encima de la cajonera.

No, no vayas a pensar que era una imponente hembra de ese animal potente y depredador que habita las selvas del sur de Asia. Nada de eso. Allí, dentro de una bolsa que en otra ocasión habría contenido perfumes, habían dejado las monjas una Gonialoe variegata que, en román paladino, llamamos Aloe TIGRE por las franjas blancas de sus hojas que recuerdan la piel de ese animal y así la distinguimos entre la numerosa familia a la que pertenece.

Es la que ves al principio de estas letricas. Un hermoso plantón llamado a durar muchos años, porque estas plantas viven largamente si se las cuida con un mínimo de esmero. Y tampoco piden tanto: un tiesto de barro, tierra bien drenada, riegos muy espaciados y abundante luz, pero nunca el sol recio del mediodía caudetano. Con eso viven más contentas que unas pascuas.

Y al verla, pensé que las monjas me deseaban otros tantos años de servicio a los hermanos, como aquel cristiano americano que, coincidiendo en Roma con el 88 cumpleaños del Papa León XIII, al felicitarle le dijo:

—Santidad, que cumpla otros 88 años más.

A lo que el Papa respondió con fina sabiduría:

—Hijo, no pongas límites a la Providencia divina.

Desde luego, estas "Encerrás" no pierden ocasión de darle a uno una lección. Como buenas bordadoras, no dan puntada sin hilo. Con el regalo del Aloe Tigre me estaban diciendo, sin decirlo, que procure ser como ella: que enseñe sin hacer ruido, sin presumir, en silencio; que me conforme con poco; que crezca despacio; que resista los embates de la vida como lo hacen tantas personas buenas, sencillas y constantes, sin alharacas.

Con este pequeño regalo también me recuerdan algo muy propio de mi vocación: que soy fraile y que no es la abundancia lo que da la vida, sino saber aprovechar lo poco. Una discreta llamada a vivir con verdad el voto de pobreza.

Y casi parece que la planta misma me hablara:

—Mira mis hojas —me diría—, gruesas y llenas de agua. Así tienes que ser tú: lleno de la gracia que el Espíritu Santo te regala. Guárdala, no la desperdicies. No desesperes. Ya verás cómo, cuando llegue el momento oportuno, también tú florecerás, como florecen las obras buenas hechas con paciencia.

¡Cómo son estas monjas! En un momento y con toda naturalidad, al regalarme este Aloe Tigre me han dado una catequesis de las buenas. Una lección sencilla que también te puede venir bien a ti que lo lees: vivir con sobriedad, ser constantes, guardar lo esencial y florecer cuando Dios quiera.

Porque, al final, no es la planta más grande la que más enseña, sino la que mejor sabe permanecer.

Recibe mi saludo y mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!

16.3.2026. Lunes. (C. 2.498).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

domingo, 15 de marzo de 2026

Séptimo Domingo de San José.

ESTAMPA CAUDETANA

SÉPTIMO DOMINGO DE SAN JOSÉ

Llegamos, en el día de hoy, al séptimo domingo de los que componen este ejercicio de piedad de los SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ y, como aconteciera en los seis precedentes, en la iglesia del convento de esta Real Villa de Caudete, dedicada al Patriarca de la Iglesia universal y de la Orden del Carmen en particular, nos dirigimos a él, una vez concluida la celebración de la Misa, recordando su último dolor y su último gozo, al tiempo que agradecemos que, por medio de este ejercicio piadoso, distintas almas del purgatorio hayan podido beneficiarse de la indulgencia plenaria concedida por su Santidad Clemente XII.

Y, como en los domingos precedentes, dejo aquí, seguidamente, el ejercicio para el caso de que también tú quieras honrarle: y de buscarlo siempre con amor sincero.

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ.

ORACIÓN INICIAL (para todos los domingos)

Oh glorioso patriarca San José,

Esposo de María y padre virginal de Jesús, te ruego que me alcances gracia para meditar con recogimiento tus dolores y tus gozos, y para que, siguiendo tu ejemplo, viva y muera en la amistad de Jesús y María.

Amén.

SEPTIMO DOMINGO 

Dolor: La pérdida de Jesús en el templo

Oh afligido San José, qué angustia sentiste al perder a Jesús durante tres días.

Gozo: El hallazgo de Jesús

Pero ¡qué inmenso gozo al encontrarlo en el templo!

Oración:

Por este dolor y este gozo,

alcánzame la gracia de no perder nunca a Jesús por el pecado

y de buscarlo siempre con amor sincero.Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

ORACIÓN FINAL (para todos los domingos)

Oh glorioso San José, modelo de todos los que se consagran al trabajo, protector de la Iglesia y patrono de la buena muerte,

alcánzame vivir en gracia de Dios

y morir acompañado de Jesús y de María. Amén

Por lo demás, el día lo despertó Eolo que, al mando de un ejército de vientos fríos y algo revoltosos, anduvo correteando por calles y plazas y también por el Parque de la Virgen, en cuyos aledaños estaban programados, para este domingo que cierra la Semana Festera, los tradicionales concursos de gachasmigas y ajoaceite, patrocinados —según me dicen— por la comparsa de los Guerreros.

Y digo estaban programados porque, al parecer, el fuerte viento, obediente a las órdenes de Eolo, impedía celebrarlos en el lugar de siempre, aunque no en las cocinas de los esforzados concursantes, donde seguramente el aceite siguió chisporroteando y los ajos dorándose como manda la buena tradición culinaria de la Villa.

Porque, en verdad, lo más hermoso de estos concursos no es solamente el resultado final, sino el bullicio, la conversación compartida, la lumbre viva y ese pequeño mundo que se forma alrededor de las sartenes, donde el aceite se impregna del sabor recio de los ajos y la harina acaba convirtiéndose, casi como por arte de magia, en motivo de encuentro y convivencia.

El día de ayer también se caracterizó, entre otras actividades festivas de la Semana Festera, por el desfile de las distintas Comparsas, del que tomé noticia gráfica a su paso frente a las ventanas del convento de San José (el Carmen), desde donde la música y el color parecían querer colarse también por la clausura como un saludo festero.

Y así, entre la devoción a San José, el recuerdo de sus gozos y dolores, y el ambiente festero que estos días vive Caudete, este domingo de marzo va escribiendo su propia página en la pequeña crónica cotidiana de nuestro pueblo, mientras Eolo y sus huestes están haciendo de las suyas por las calles de Caudete, San José, hombre del silencio y de la paciencia, nos sigue enseñando que también en medio de los vientos de la vida se puede vivir en fidelidad y en paz.

Recibe mi saludo, mis mejores deseos para este día ventoso y festero.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

15.3.2026. Domingo. (C. 2.497).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

sábado, 14 de marzo de 2026

Cincuenta y seis años.

ESTAMPA CAUDETANA.

CINCUENTA Y SEIS AÑOS.

El título de mi ESTAMPA CAUDETANA de hoy nos lleva de la mano hasta hace más de medio siglo. 

Y la fotografía que la acompaña deja constancia gráfica de un acontecimiento que, aunque tuvo lugar lejos de aquí, está profundamente unido a esta Real Villa de Caudete.

Porque uno de los que aquel día recibía el sacerdocio era un hijo de este pueblo: Luis Torres Pérez, fraile carmelita, hijo de Antonio, conocido como «Milán», y de Emerenciana. Nacido en la calle San Joaquín y bautizado en Santa Catalina, aquel joven que aparece en la fotografía, de abundante cabello negro y frente ya prometiendo claros futuros, estaba viendo cumplido el sueño al que Dios le había ido llamando paso a paso.

La ordenación tuvo lugar en la capilla del seminario diocesano de Calatrava, en Salamanca, de manos del obispo de aquella diócesis, natural del cercano Montealegre del Castillo.

Con los años, la vida le tenía reservada otra hermosa coincidencia: volver a su pueblo como «cura pilón», como párroco de la misma iglesia donde un día fue llevado a bautizar. Como si el Señor hubiera querido decirle: empiezas aquí… y aquí quiero que también siembres.

En aquella fotografía aparece también, a su lado, un compañero de estudios. Tres años de filosofía en Onda. Cuatro de teología en Salamanca, en el Instituto Gaudium et Spes, adscrito a la Universidad Pontificia. Años de estudio, de oración, de fraternidad y de esperanza.

Después, los caminos se separaron. Como pasa tantas veces en la vida. Pero sólo en apariencia.

Porque 47 años después volvieron a juntarse en Caudete, el 11 de septiembre de 2017, cuando ambos fueron destinados por la Provincia Carmelita de Aragón, Castilla y Valencia y nombrados por el obispo de Albacete para el servicio pastoral de las parroquias de la Villa. Luis como párroco. Y quien esto escribe como coadjutor.

A veces Dios escribe historias que sólo se entienden cuando se miran desde lejos.

Hoy se cumplen 56 años de aquella ordenación.

Y al mirar atrás sólo puede brotar una palabra: gracias.

Gracias por la llamada.

Gracias por la perseverancia.

Gracias por los caminos recorridos.

Y gracias también por los reencuentros que sólo Él sabe preparar.

Alabado sea el Señor por habernos hecho objeto de su elección.

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

14.3.2026. Sábado. (C. 2.496).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

Cincuenta y seis años.

ESTAMPA CAUDETANA.

CINCUENTA Y SEIS AÑOS.

El título de mi ESTAMPA CAUDETANA de hoy nos lleva de la mano hasta hace más de medio siglo. 

Y la fotografía que la acompaña deja constancia gráfica de un acontecimiento que, aunque tuvo lugar lejos de aquí, está profundamente unido a esta Real Villa de Caudete.

Porque uno de los que aquel día recibía el sacerdocio era un hijo de este pueblo: Luis Torres Pérez, fraile carmelita, hijo de Antonio, conocido como «Milán», y de Emerenciana. Nacido en la calle San Joaquín y bautizado en Santa Catalina, aquel joven que aparece en la fotografía, de abundante cabello negro y frente ya prometiendo claros futuros, estaba viendo cumplido el sueño al que Dios le había ido llamando paso a paso.

La ordenación tuvo lugar en la capilla del seminario diocesano de Calatrava, en Salamanca, de manos del obispo de aquella diócesis, natural del cercano Montealegre del Castillo.

Con los años, la vida le tenía reservada otra hermosa coincidencia: volver a su pueblo como «cura pilón», como párroco de la misma iglesia donde un día fue llevado a bautizar. Como si el Señor hubiera querido decirle: empiezas aquí… y aquí quiero que también siembres.

En aquella fotografía aparece también, a su lado, un compañero de estudios. Tres años de filosofía en Onda. Cuatro de teología en Salamanca, en el Instituto Gaudium et Spes, adscrito a la Universidad Pontificia. Años de estudio, de oración, de fraternidad y de esperanza.

Después, los caminos se separaron. Como pasa tantas veces en la vida. Pero sólo en apariencia.

Porque 47 años después volvieron a juntarse en Caudete, el 11 de septiembre de 2017, cuando ambos fueron destinados por la Provincia Carmelita de Aragón, Castilla y Valencia y nombrados por el obispo de Albacete para el servicio pastoral de las parroquias de la Villa. Luis como párroco. Y quien esto escribe como coadjutor.

A veces Dios escribe historias que sólo se entienden cuando se miran desde lejos.

Hoy se cumplen 56 años de aquella ordenación.

Y al mirar atrás sólo puede brotar una palabra: gracias.

Gracias por la llamada.

Gracias por la perseverancia.

Gracias por los caminos recorridos.

Y gracias también por los reencuentros que sólo Él sabe preparar.

Alabado sea el Señor por habernos hecho objeto de su elección.

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

14.3.2026. Sábado. (C. 2.496).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

viernes, 13 de marzo de 2026

Llenita hasta el borde.

ESTAMPA CAUDETANA.

LLENITA HASTA EL BORDE.

Hace tres días te daba a conocer que a la tacita de la fuente del claustro barroco-toscano de nuestro convento de San José (el Carmen) le faltaban cuatro deditos para llenarse del todo y te decía que, al llegar a llenarla totalmente, sabríamos que sobre el claustro habrían caído 40 litros por metro cuadrado. Pues bien, hoy puedo decirte que ya alcanzó el agua los bordes e incluso hasta dejó caer en la pileta el agua que no encontraba espacio para acomodarse y lo hacía en hilos de gotitas que, al llegar al suelo, pareciera que explotaban convirtiéndose, a su vez, en gotitas que salían disparadas en todas direcciones.

Hoy luce guapa la fuente con su tacita llenica hasta los bordes. Contenta estará la gente del campo porque les ha caído del cielo más, mucho más que un hilo de agua y, ¡ojo!, totalmente gratis porque siempre es caro el líquido elemento pero el caído del cielo, ni te cuento lo agradecido que es porque no les cuesta ni un céntimo.

Nos han dicho los chicos que nos informan por la ventanica de la tele que vamos a disfrutar de un día luminoso porque la última borrasca ha recogido sus bártulos y ha emprendido el camino para encontrarse con la mar, desde donde se había levantado hasta los cielos donde fue formaron grandes depósitos de agua que conocemos con el nombre de nubes. Por lo que, cuando el sol, en su correr por los cielos, llegue a su cénit, va a poder contemplarse en la tersa superficie del agua que se encuentra a buen recaudo en la tacita de la fuente del claustro. Y si en su arduo corretear por los cielos se hubiera desmelenado…, podrá servirse de ella para acicalarse un tanto y, así, aparecer guapo y atractivo cuando participe en la gran fiesta de las estrellas así que comience la noche.

Cuando llueve así, hasta el alma descansa.

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

13.3.2026. Viernes. (C. 2.495)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Entre dos torres.

ESTAMPA CAUDETANA.

ENTRE DOS TORRES.

Si subes por la Avda. de las Jornetas llegarás a un punto, aquel que marca la confluencia de ésta con la calle que lleva el nombre de la escritora española que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX (1869-1955), Concha Espina. Fue muy famosa, fama que se ganó a pulso, con el pulso de su mano con la que escribió, sobre todo, novelas costumbristas y sociales. Su obra más representativa y famosa fue La niña de Luzmela. Varias veces optó al Premio Nobel, pero solo se quedó en eso, pues no le fue concedido. Lo que sí consiguió fue el Premio Nacional de Literatura.

En su obra trata temas como:

la vida rural española,

las injusticias sociales,

la religiosidad,

el papel de la mujer

y las tradiciones.

Cuando uno sube por su calle caudetana se da de bruces con una de las torres, con la TURRUCHEL, pues así llaman a su villa particular los habitantes que en ella viven. TURRUCHEL es una palabra albaceteña con la que se conoce la región sur de la provincia, aquella con la que lindamos con Jaén, con Andalucía. TURRUCHEL (TORRE DEL CIELO).

Y allí mismo, dando la espalda a la TURRUCHEL, si miras hacia el centro de la Villa, las niñas de tus ojos se llenan con la otra TORRE, la de la parroquia de Santa Catalina, que fue terminada su  construcción al mismo tiempo que Cristóbal Colón pisaba Nueva España (actual Santo Domingo). Se levanta por encima de los tejados pero que, a través de un espacio abierto entre edificaciones, deja ver su esbeltez.

La he visto muchas veces a cielo abierto, dejando ver detrás de ella los generadores de energía limpia, causantes de la muerte de no pocas aves que son abatidas por las palas que, movidas por los aires, hacen girar los motores que generan la electricidad. Pero estos días atrás, en que las borrascas han fagocitado la sierra de la Oliva o de Santa Bárbara, un gran telón gaseoso de color gris oscuro le sirve de fondo, tal y como la ves en la fotografía que ilustra mis letricas de hoy.

Guapa y limpia aparece, como si la hubieran acicalado para hacerle una fotografía de estudio.

Y sí, hubo un momento en el que me encontré, la otra tarde, ENTRE DOS TORRES…, entre dos silencios.


Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

11.3.2026. Miércoles. (C. 2.494).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

martes, 10 de marzo de 2026

Otra borrasca está llegando.

ESTAMPA CAUDETANA.

OTRA BORRASCA ESTÁ LLEGANDO

No acaban de despedir los chicos del tiempo que aparecen en los distintos medios de comunicación a la borrasca Regina, cuando ya nos están hablando de otra a la que todavía no han bautizado, pero que viene con prisas para hacerse con el testigo que va dejando atrás la que se nos está yendo.

Y sí, ya está haciendo Portugal de puente a la que entra desde el océano Atlántico, que es por donde se deja caer desde el Septentrión helado y que, además, viene cargadita de nieve que irá dejando a su paso por España en cotas no muy altas, muy por debajo de los mil metros de altura.

Nos dicen que viene ligera, como atleta que corre en busca de una medalla en las pistas de un estadio olímpico, porque aseguran que el miércoles se habrá marchado a poner de los nervios a los que hacen su vida en las islas Baleares.

La fotografía que ilustra mis letricas de hoy la he tomado ayer en el patio de una de las viviendas de la Avda. de la Virgen de Gracia. Al parecer, la borrasca Regina, antes de “poner los pies en polvorosa”, quiso dejar señal de su mal comportamiento e hizo otro tanto como hiciera con la linda Mirabeles, de la que te hablaba ayer. Con la pita que crece en un tiesto dentro del patio de esa vivienda hizo lo propio.

Claro que la bravuconería se paga, porque la Mirabeles, en su sencillez, decía mientras Regina la llevaba de un lado a otro: «Ahí me las den todas». La pita, en cambio, se hizo la valiente y, a la encoraginada borrasca con nombre de reina, se le inflaron los mofletes y sopló… ¡vaya si sopló! Y dio con ella por los suelos.

¡Pobre pita!

No sé si durante la noche se habrá entretenido la borrasca nueva en abrir sus grifos sobre Caudete y su predio, pero cuando abrí la ventana de mi habitación esta mañana estaba cayendo agua, como dicen aquí, a lo bonito, para dejar de hacerlo cuando las manecillas del reloj marcaban las nueve horas en punto.

Me dice mi compañero, el P. Ángel, que en eso del tiempo no anda a la zaga de los de la AEMET, sino mucho más por delante, que el tren de borrascas no se ha portado mal del todo en lo referente a soltar agua por estos pagos. Otra cosa han sido los vientos que traían consigo, porque tanto presumir por esos lugares de Dios y, aquí, en el ámbito conventual, no ha sido para tanto, pues no se ha llenado del todo la conchita de la fuente. Y, cuando lo hace, la conchita nos dice:

«Un hilo de agua ha caído».

Y como todavía le faltan cuatro dedos para llegar a los bordes, me dice mi compañero:

«Sumando todo el agua caída no llegan, al presente, a los 40 litros por metro cuadrado en el claustro barroco-toscano del convento de San José (el Carmen)».

Bienvenida sea el agua, tan necesaria para todo, e incluso también los vientos porque, al alimón, se han llevado la suciedad que poluciona nuestra Real Villa de Caudete y sus aledaños.

Y mientras las borrascas van y vienen por los cielos de Dios, aquí abajo seguimos mirando al cielo con esperanza, porque bien sabemos que, cuando el agua cae con medida, hasta la tierra más callada acaba dando gracias.

A esta hora, en mi calle de El Molino, por estar trazada en cuesta no queda vestigio de la lluvia en charco alguno. Pero si te metes en la dedicada al P. Elías Requena, verás en los charcos cómo corren veloces por el cielo las nubes camino de la costa blanca en Alicante.

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

10.3.2026. Martes. (C. 2.493).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

lunes, 9 de marzo de 2026

La Mirabeles.

ESTAMPA CAUDETANA.

LA MIRABELES

Ya es bonita la palabra con la que se nombra a esta planta de la que surge, como si fuera el periscopio de sí misma, una preciosa flor amarilla a la que se la conoce también con los nombres de crisantemo coronario, margarita amarilla y coronaria (así, CORONARIA, la llamaban antiguamente porque con ella hacían coronas y guirnaldas).

Aunque los señores botánicos la llaman, para entenderse entre ellos, con el nombre de Glebionis coronaria

Es uno de los muchísimos miembros o especímenes de una de las familias herbáceas más extendidas: la de las Asteraceae. Crece donosa en las zonas mediterráneas. Su ciclo vital solo dura un añico: nace cuando el invierno va perdiendo fuerza y se pone guapa, florece, con la llegada de la primavera. Hoy preside mis letricas.

Estos días de atrás se me ofreció, toda fresca y preciosa, cuando entraba en la avenida de las Jornetas procedente de la avenida de la Libertad, camino de la parroquia de Santa Catalina.

Me detuve para contemplarla y establecí un diálogo silencioso con ella:

—¡Ay, pillina! —le dije—. Te has adelantado. Te has convertido en heraldo, y no precisamente de un señor feudal que vaya a pasar por aquí delante de ti, sino de la primavera; porque de todos es sabido que tú floreces animada por los calorcicos que trae consigo esta estación del año.

Me dio la impresión de que me hizo un mohín con uno de los pétalos de su corola, dándome a entender que la había pescado en una pillería.

En aquel momento, la campana Santa Catalina, la más grande de todas, muy posiblemente comida por la envidia, me gritaba:

—¡A ver qué haces, que se te está esperando en la parroquia!

Me vi en la necesidad de salir pitando, y allí se quedó poniendo su nota bonita en un terreno que, cuando se lleve a término un proyecto urbanístico sobre aquella zona, está llamado a ser acera, pues el asfalto de la calzada se encontraba a pocos centímetros.

Son listísimas. Se aseguran su renacer cuando el invierno siguiente vaya dejando de serlo para dar paso a la primavera, exhalando un suave aroma que hace las delicias de los insectos que aterrizan en sus corolas y se embadurnan a base de bien sus patitas y, como van de flor en flor, a todas las van inseminando.

Por estos pagos no nos las comemos, que yo sepa. Pero los chinos y los japoneses las usan para dar sabor a sus sopas o para rehogarlas. A aquellas gentes no se les escapa ni una.

Cuando la dejaba, Regina, la borrasca que nos viene molestando últimamente, no dejaba de moverla de un lado para otro con uno de sus vientos fríos y molestos; pero a ella, la heraldo de la primavera, no le afectaba para nada. 

Total, que allí se quedó, tan tiesa y tan amarilla, anunciando a quien quiera oírla que el invierno ya va de retirada

Ella, LA MIRABELES, te lleva hoy mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

9.3.2026. Lunes. (C. 2.492).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.