ESTAMPA CAUDETANA.
LA INAUGURACIÓN.
Acertó mi paisano Roberto Brasero, entendido en eso de predecir el tiempo, cuando anunciaba que por esta zona podrían visitarnos las nubes para descargar buena parte del agua que llevan en sus panzas.
Y ayer dejaron caer un chubasquito a eso de las 18:10 horas que no duró mucho. Lo justo para refrescar un poco el ambiente, porque limpiar las calles y el aire ya lo habían hecho durante la tarde anterior, cuando, en poco tiempo, dejaron caer veinte litros, según me comunica mi compañero, el padre Ángel.
Y pasando ya de las siete de la tarde, el cielo se encontraba un tanto despejado, como si también quisiera colaborar con esta Real Villa de Caudete en el gran acontecimiento que, por octava vez, iba a tener lugar dentro de las vetustas y venerables paredes del convento de San José, el Carmen.
Los técnicos daban los últimos retoques a micrófonos y luces y, pasadas las 19:30 horas, subían al estrado autoridades e invitados.
Detrás de ellos, tres banderas —la española, la australiana y la europea— daban prestancia al acto.
Entre los invitados se encontraba doña Fina de Burgos, viuda de nuestro acuarelista universal, Rafael Requena.
Al micrófono se puso la directora de la Casa de la Cultura, doña María Sánchez López, que presentó el acto y dio las gracias por su presencia a autoridades y público en general. Se le pasó, quizá por alto, agradecer también a quienes habían abierto las puertas de su casa para que aquella inauguración pudiera celebrarse allí: los Padres Carmelitas.
Después fue dando la palabra a cada uno de los presentes, comenzando por la señora concejal de Cultura de esta Real Villa de Caudete, doña Manuela González Solera.
La señora concejal tampoco incluyó en su discurso un agradecimiento a los moradores del convento por la cesión de la joya del mismo: su claustro barroco-toscano, convertido aquella tarde en magnífico escenario para que lucieran las obras de los artistas llegados desde el país invitado, Australia.
Luego llegó el turno de don Antonio Conejero, director de la Escuela de Arte de Caudete, quien, como sus predecesores en el uso de la palabra, tampoco tuvo ocasión de dedicar unas palabras de agradecimiento a los Padres Carmelitas.
Siguió en el uso de la palabra la comisaria de la magna exposición de pintura a la acuarela de los artistas venidos de nuestros antípodas australianos. Fue un largo speech en inglés en el que, como no podía ser de otra manera, alabó la obra expuesta e invitó a los caudetanos a visitarles el próximo año en su propia Bienal.
Al micrófono se puso seguidamente el delegado de Enseñanza y Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, don Diego Pérez, que, después de saludar a todo el personal, volvió a olvidarse de los moradores del convento.
Alabó grandemente la labor que se viene realizando en esta Villa de Caudete con la ya larga implantación de las Bienales —ocho ya— en torno al arte pictórico de la acuarela y su repercusión más allá de las fronteras, no solo de nuestra autonomía, sino también de nuestra patria, haciendo que Caudete y Albacete sean conocidos en el mundo entero.
Hermosas palabras.
Pero tampoco llegaron hasta quienes, desde hace siglos, custodian aquellas paredes y que generosamente habían cedido su emblemático claustro para favorecer la cultura en sus vertientes pictórica y arquitectónica.
Después tomó la palabra don Francisco García Alcaraz, diputado provincial que desde la Diputación tanto hace y anima estos acontecimientos culturales. También puso sus apuntes sobre el atril y, mientras lo hacía, saludó a las autoridades y personalidades presentes e incluso, según recuerdo, al «delegado del convento de San José», mientras dirigía la mirada hacia un señor que no era el padre Prior del convento, porque este no había subido al estrado.
Y viendo la cosa desde fuera, como un simple testigo del acontecimiento, me pregunto:
¿Es que no cuenta esta Real Villa con un director de protocolo?
Porque allí arriba, en aquel estrado, también debería haber estado el padre Prior, como anfitrión de la casa.
Y no solamente para recibir los saludos de rigor.
Podía incluso haber tomado la palabra para conjugar lo antiguo con lo nuevo; la serenidad de unas piedras que hablan un idioma de siglos con la luminosidad y la vistosidad de los colores que, desde las paredes claustrales, nos gritan en el presente.
Porque aquella tarde se juntaban dos mundos:
El mundo de la piedra, de la historia y de la oración.
Y el mundo del color, de la acuarela y de la creación artística.
Y ambos podían haberse dado la mano en aquel claustro.
Cerró el acto el Ilmo. Sr. Alcalde, don José Miguel Moyá, para declarar inaugurada la exposición en el claustro barroco-toscano del convento de San José.
Y este sí. Sí tuvo palabras de agradecimiento para los Padres Carmelitas, por la cesión del claustro conventual para que pudiera celebrarse aquella magna exposición de cuadros pintados a la acuarela por artistas australianos, país invitado en esta VIII Bienal de la Acuarela, celebrada en memoria de nuestro querido Rafael Requena.
Un detalle que honra a quien lo tuvo.
¡Bien por el señor Alcalde!
Y ahora, mientras las acuarelas australianas siguen poniendo color en las viejas piedras del claustro, permitidme que salude a quienes hicieron posible que aquel encuentro entre arte y arquitectura pudiera celebrarse.
A los Padres Carmelitas.
Porque también ellos forman parte de esta Bienal. Aunque ayer, durante buena parte de la inauguración, pareciera que algunos lo olvidaron.
Recibe mi saludo.¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
3.10.2026. Sábado. (C. 2.676)
P. Alfonso Herrera. Carmelita.