ESTAMPA CAUDETANA.
HOY ES SAN ISIDRO LABRADOR.
(Imagen que se venera en la Cooperativa del Campo. San Isidro. Hoy en la sala despacho de la empresa)
No, no tocan los tambores ni los tamboriles.
No, no llenan de notas musicales las calles de la Villa, los instrumentos de ninguna de las bandas existentes en la Real Villa de Caudete.
El silencio es pesado.
Hoy el calendario nos presenta una cuadrícula en la que aparece la puerta, abierta de par en par, de una sencilla casa en el barrio de Los Austrias de la Villa y Corte.
El sol marca en la interioridad de la sala un cuadro de luz en el que se aprecia una estampa familiar íntima.
En ella aparece una mesa de madera tosca y en ella cuatro platos humeantes.
Sentados a ella, cuchara de palo en mano, un sencillo matrimonio, Isidro, al que le apodan Labrador, y María de La Cabeza, su esposa. Y, con ellos, un muchacho, su Hijo Illán, al que Dios concedió dos veces la vida:
Una la natural, lo gestó su madre.
Otra, por el milagro.
Resulta que el muchacho jugueteando en el brocal de un pozo - yo he visto ese pozo - se cayó. Era profundo y no había medio humano de sacarlo del fondo.
Pero aquellos padres, siempre abiertos al encuentro con Dios por medio de la oración, le dijeron:
"Míralo. Por el amor que nos tienes, dánoslo otra vez".
Y el manantial que alimentaba el pozo comenzó a inyectar agua y más agua. Y esta agua subió al rapaz hasta arriba del todo de donde lo retiraron los fuertes brazos del bueno de Isidro, su padre.
En la mesa humeaba también un plato conteniendo un rico cocido madrileño - a mí la comida que más me gusta es, precisamente el cocido - que había preparado María de la Cabeza.
Pero nadie ocupaba el taburete, hasta ese momento, que ponía al descubierto la luz del sol. Nadie tenía en su mano la humilde cuchara de madera.
Solo una sombrica comenzaba a proyectarse en la parte de abajo del cuadro. Era la sombra de un menesteroso que entraba a beneficiarse con la caridad de los habitantes de aquella humilde casa situada en el Madrid de los Austrias.
La tradición nos trae en volandas sobre las olas del tiempo la noticia de que en la humilde casa de Isidro el Labrador y de María de la Cabeza NUNCA faltó un plato de comida humeante para un menesteroso que picara en su puerta.
La conclusión es fácil de colegir:
Queda iluminada por la Palabra de Dios Revelada:
"Lo que hiciereis por uno de éstos, mis humildes hermanos, a MÍ me lo hacéis" (Mt 25,40).
Y, éstos, sin duda alguna, fueron los que llevaron a hombros hasta lo más alto del cielo a Isidro y a su mujer, María de la Cabeza.
Qué lección más grandiosa la que nos da la familia de Isidro, el Labrador. ¡Ojalá la sigamos todos nosotros!
No, hoy en La Villa de Caudete no suenan las músicas de las bandas en honor del sencillo hombre y de su mujer a pesar de que llevan ONCE SIGLOS velando por los campos de su predio cuyos frutos transmutan en productos de consumo en la Cooperativa del Campo que se encuentra bajo los auspicios de San Isidro Labrador.
Lo harán pasado mañana, domingo día 17 con la presencia del Sr. Obispo de la diócesis, Don Ángel Román Idígoras para celebrar las BODAS DE DIAMANTE de la Cooperativa.
Recibe mi saludo
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
15.5.2026. Viernes. (C. 2.555).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.