ESTAMPA CAUDETANA.
EL 40.º CONCIERTO FESTERO.
Como estaba previsto, tuvo lugar en la noche de ayer el 40.º Concierto Festero, a cargo de la banda Unión Músical Santa Cecilia.
Pero antes debía cumplirse con el requisito indispensable de prender las luces de colorines, que deberán cumplir con el noble cometido de llenar de luz la Villa durante las noches de los días festivos de Moros y Cristianos dedicados a Ella, a la Virgen de Gracia, Patrona del lugar.
La plaza de Nuestra Señora del Carmen se encontraba, desde mucho antes de la cita, totalmente abarrotada. Y las calles que en ella nacen o desembocan, taponadas por el gentío.
La cortesía fue de 17 minutos, pues era necesario dar tiempo a que los asistentes pasaran a ocupar los lugares a ellos destinados.
Fueron muchos los que, aposentados cómodamente, asistieron al desarrollo del concierto; y otros muchísimos también lo hicimos a pie enjuto, buscando la complicidad de una pared, como fue mi caso.
La verdad es que yo no aguanté hasta el final. Las piernas me gritaban desconsideradamente que «levantara las tiendas y pusiera los pies en polvorosa» o, lo que es lo mismo, que «tomara las de Villadiego».
Y eso tuve que hacer cuando solamente quedaban dos piezas y el árbol de fuego.
Pero no por eso dejé de escucharlas, porque una de ellas la grabé desde la ventana, eso sí, acomodado en un asiento para no incordiar a mis piernas, que las pobres se me habían vuelto desobedientes, de enfadadas que estaban por el castigo al que las había sometido.
El Caudetano, que siempre cierra los eventos musicales en esta Real Villa, lo escuché sentado a la mesa, en mi habitación. Incluso lo grabé, pero entre el ruido que armaban unos niños en la calle y el que yo mismo hacía, la grabación no está para oírla.
Desde una ventana del hotel recién estrenado en la plaza de Nuestra Señora del Carmen, cuyo nombre no recuerdo, un señor iba presentando las distintas piezas que se interpretaban, indicando a quién o a quiénes se ofrecían y quién las había compuesto.
En algunos casos, quien dirigía a los maestros músicos de la banda era el mismo autor de la pieza musical.
Y, al concluir la interpretación, se invitaba a subir al entarimado a los autores y a aquellos a quienes se había dedicado la obra.
Y ¡oh, sorpresa!
El pasodoble que iba a sonar en segundo lugar, compuesto por José Díaz, estaba dedicado a nuestro nuevo párroco, P. Antonio Graciá Albero, carmelita.
Al finalizar la interpretación, el Padre Antonio subió al entarimado junto al autor de la obra para recibir, como obsequio, la partitura de la pieza compuesta en su honor.
Luego se fueron sucediendo marcha tras marcha; y si una era mora, la otra era cristiana. Y así fue desarrollándose el 40.º Concierto Festero de los que vienen sucediéndose y que, ¡ya son conciertos!, van agasajando a determinados personajes de la Villa, como al flamante nuevo párroco y a distintos miembros de las Comparsas con arraigo en ella.
Y, al final de todo, como acontece siempre, ardió, en mil colorines, un precioso árbol de fuegos de artificio que se elevaba por encima de los tejados.
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
29.8.2026. Sábado. (C. 2.646).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.