ESTAMPA CAUDETANA.
JUEVES SANTO, DÍA DE LA CENA
(Copia del cuadro de la Cena de Leonardo da Vinci)
¡”Cuánto he deseado comer esta comida con vosotros”! (Lc.
22,15)
Cuelga en uno de los paños del claustro alto del convento de
San José (El Carmen) una copia de uno delos más celebrados cuadros que pintara
el genial Leonardo da Vinci, Me refiero al cuadro en el que se representa a
Jesús acompañado de sus discípulos en aquel momento tan entrañable, pero,
también, tan tremendo, de LA ÚLTIMA CENA de Jesús con sus discípulos en este
mundo, puesto que, después de este encuentro, después de LA CENA, ya les había
dicho JESÚS que no volvería a probar el fruto de la vid hasta que no estuviera
sentado a la mesa en el Reino de su Padre (Mt. 14, 25), es decir, hasta haber
pasado todo su avatar sobre la tierra aceptado libre y voluntariamente, para
echarnos una mano y concluido todo, absolutamente todo, ¡”Todo está consumado y
entregando su ESPÍRITU, expiró”! (Jn. 19, 10), lo dirá Él en el último momento
de su existencia human, subido en lo alto de la cruz, hasta la Resurrección,
hasta la vuelta a allí, de donde vino, al lado del Padre, a su derecha.
Ese cuadro no es que valga mucho, que no lo vale, pero en el
día de hoy, adquiere una importancia grandísima porque encierra dentro de un
sencillo marco el gran misterio de LA INSTIRUCIÓN DE LA Eucaristía POR PARTE DE
Nuestro Señor Jesucristo antes de ausentarse de entre nosotros, queriendo
decirnos que se quedaba aquí, con nosotros, bajos las especies del pan y del
vino que son los elementos comunes y más sencillos, en los que encuentra el
hombre la satisfacción de su necesidad bilógica, necesidad que se hace
realidad, también, para alimentar la vida del espíritu.
Seguro que encontraré a lo largo del día más de un rato para
introducirme, a través de su contemplación, en aquel momento, para el que no
encuentro palabras con que describirle. En aquella CENA, el Señor se abre el
pecho y les habla a sus amigos discípulos con el corazón. Le preocupan más
ellos, que Él mismo. Y, ante lo que se le avecina, trata, por encima de todo de
reafirmarles y les asegura que no será, que no es el fin, sino el principio de
una nueva realidad que Él inaugura con su RESURRECCIÓN.
¡”Es verdad, ha resucitado, ya nos lo había dicho”!( Lc. 24,
23)
Y, en un acto de suma humanidad les da la última de sus
lecciones: “Ciñéndose una toalla a la cintura, les fue lavando los pies uno a
uno. ¿Habéis visto lo que he hecho? Pues si Yo, el Maestro, el Señor, os he
lavado los pies, haced vosotros lo mismo”! (Jn. 13, 14).
Hoy, cuando la humanidad está sumida, como los discípulos
del Maestro, tal día como hoy de hace más de dos mil años, en la tristeza y el
dolor, en la tristeza por no saber a qué atenerse y por el dolor de tanto
hermano sufriente y ¡tantos difuntos! también nos dice el Maestro que tengamos
confianza, porque esta pandemia no es el final, que llegará el momento en que
surja una realidad nueva más centrada en el ser humano y no tanto en la
materialidad de las cosas que pertenecen a este mundo y de las que debemos
servirnos, pero, nunca, hacerlas objeto de la existencia del ser humano. Jesús
les dijo a sus discípulos, saldré a mejor vida allá, junto al Padre.
A nosotros también nos irá muy bien volver junto al Padre,
junto a Dios. A que todo el mal que nos está trayendo la pandemia
provocada por el Cvid19 sea el cimiento de un bien mayor: el plegarnos a la
voluntad de Dios Padre. Porque, sin duda, nos irá estupendamente y, estando en
esa tesitura comprenderemos claramente por qué el JUEVES SANTO es el día del
AMOR FRATERNO, ya que la persona del prójimo adquirirá una dimensión
impensable, puesto que le descubriremos como hijo de Dios y por ser tal, como
hermano mío, porque él y ¡yo hemos sido objeto de su AMOR en la entrega total
de JESÚS, SU HIJO, por nosotros.
Recibe mi saludo, mis
¡¡¡¡¡¡MIS BUENOS DÍAS!!!!!!
9.4.2020. JUEVES SANTO. Día 27 del confinamiento.
P. Alfonso Herrera Serrano, Carmelita.
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