sábado, 10 de octubre de 2026

A merced del viento

ESTAMPA CAUDETANA

A MERCED DEL VIENTO

Ya te he hablado de algunos de los magníficos cuadros que cuelgan de las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, con motivo de la exposición de acuarelistas australianos que estos días podemos contemplar en nuestra Real Villa de Caudete y, ayer, precisamente te hablaba de uno que también ha pintado la psicóloga clínica, Sharon WILKINSON.

Hoy me he quedado mirando otro, su segunda obra expuesta.

Se titula «Wind swept 2», algo así como «A merced del viento».

Y ahí está ella, muy posiblemente una paciente suya.

Una mujer joven, de rostro hermoso y mirada limpia, que parece haberse detenido justo en medio de una ventolera.

El viento se ha empeñado en jugar con ella.

Le levanta los cabellos, se los cruza por la cara, los lleva de un lado para otro como si fueran finísimas cintas de seda.

También se entretiene con su vestido azul, que parece participar de ese mismo movimiento.

Todo se mueve.

Todo, menos sus ojos.

Porque ella permanece ahí, mirando al frente, con una serenidad que casi desconcierta.

No sabemos de dónde viene ni adónde va. No sabemos qué ha provocado esa ventolera ni qué estará pensando mientras el aire le desordena el cabello. Parece estar abstraída, inmersa en un mundo desconocido, en una dolencia psíquica.

Pero sabemos algo:

Mo parece tenerle miedo al viento. Pasa olímpicamente de él.

Y eso es lo que más me intriga de esta acuarela.

Porque el viento puede ser muchas cosas:

- Puede ser ese aire que llega de repente y nos despeina la vida; - - - Puede ser una dificultad inesperada; 

- Puede ser aquello que nos obliga a cambiar de rumbo cuando ya creíamos tenerlo todo decidido.

Y también puede ser libertad.

La muchacha de «A merced del viento» parece estar en medio de todo eso.

El viento hace lo que quiere con sus cabellos.

Pero no con su mirada.

Y acaso ahí esté la pequeña lección que, sin proponérselo, nos deja Sharon WILKINSON, la acuarelista australiana que expone sus obras en las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen: 

hay vientos que no podemos evitar, pero sí podemos decidir cómo afrontarlos.

Ella lo hace mirando de frente. Pasa totalmente de él

Y yo, que la contemplo desde dos metros en este claustro del Carmen, pienso que quizá por eso me ha intrigado y, a la vez, me ha gustado tanto.

Porque después de tantos días de fiestas, de ruido, de pólvora, de músicas y de procesiones, resulta curioso encontrarse ahora con una mujer que, en medio de una gran ventolera, no dice una palabra. 

Solo mira. Sólo me mira. Sólo mira fijamente a mis ojos.

Quizá me está pidiendo ayuda para salir de un probable paroxismo psíquico.

Mientras tanto, ahí queda y deja que el viento haga el resto.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

10.10.2026. Sábado. (C. 2.681)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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