ESTAMPA CAUDETANA.
SOMBRAS DE NIEVE.
Hay una acuarela en esta Bienal que, nada más contemplarla, parece invitarnos a entrar en ella.
Tiene por nombre "Snow Shadows", que bien podríamos traducir por «Sombras de nieve», y en ella la nieve lo cubre todo con su manto blanco, pero no consigue borrar las huellas de la naturaleza.
Así la trasladó al papel el acuarelista del que te hablé ayer Chan ISSANAYAKE, al hacerlo de su acuarela BRUMA MATINAL.
Los troncos desnudos de los árboles, las ramas caídas y ese enorme tronco que, desde el primer término, parece conducir nuestra mirada hacia el fondo del bosque, van dibujando sobre la nieve un entramado de luces y sombras.
Y ahí está, precisamente, la gracia de esta acuarela: la nieve no es solamente blanca.
Sobre ella aparecen los grises, los azulados, los ocres y los verdes apagados del bosque. La luz se posa en algunos lugares y se esconde en otros. Y las sombras de los árboles, lejos de oscurecer la escena, son las que consiguen darle profundidad y vida.
El pintor ha sabido detener en el papel ese instante en que el invierno parece guardar silencio.
No hay en la escena figura humana alguna. Tampoco hace falta. La naturaleza se basta a sí misma.
Un árbol caído atraviesa la nieve; otros, todavía erguidos, levantan sus troncos hacia un cielo que apenas conseguimos entrever. Y entre ellos queda un camino abierto, casi secreto, que parece invitarnos a seguirlo.
Contemplándola en las paredes del claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, de nuestra Real Villa, esta nieve tan lejana parece, por un momento, estar aquí mismo.
Porque eso es también lo que consigue la buena pintura:
hacer cercano lo que está lejos y hacernos caminar, sin movernos del sitio, por paisajes que nunca hemos pisado.
Recibe mi saludo
¡¡¡NUENOS DÍAS!!!
13.10.2026. Martes. (C. 2.684)
P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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