EL MEJOR DE LOS LUGARES.
En la tarde de ayer, cuando entraba en el corralico de la Glorieta de La Santa Cruz estaba a punto de cumplirse el primero de los cuartos de las 18,00 horas. Levanté la vista a la Cruz y, en ella, en todo lo alto del palo vertical, estaba ella, un precioso ejemplar de paloma torcaz.
¿Crees que se movió o hizo algún mohín cuando entré? Para nada. Ni se movió. Eso sí, me dió la impresión de que no me perdía ojo y me siguió hasta que di con mis huesos, también con mi tejido adiposo, en el banco situado frente al monumento.
El pájaro, permaneció quietecico en todo lo alto recortando, con su figura, un trocito a un cielo plomizo, preñado de nubes cenicientas como esas que llaman de panza de burro pero que, al contrario que aquellas, éstas no amenazaban fuerte nevada, ni abrigaban prevención alguna porque, pensaría, este no es de temer. No viene para molestarme ni para hacerme la competencia. Y, si ese era su pensamiento, estaba en lo cierto porque yo no abrigaba intención mala alguna y menos todavía hacerle la competencia en el asunto que se traía entre alas y que no era otro que el de zurear de amores con una compañera que andaba calentando unas ramas entrelazadas en una horquilla del olmo Pumila exuberante que crecía a la vera de la Avda de la Virgen de Gracia, fuera del corralico donde se encuentra el monumento.
Él era un presumido o es que quería que su colega del árbol lo viera guapo y atractivo porque no hacía otra cosa que lanzarle mensajes en su manera ancestral de entenderse mientras se acicalaba el plumaje. Y es que nos encontramos a un tiro de piedra de la llegada de la primavera y, ésta, ya lo sabemos, "la sangre altera" y todo en la naturaleza se deja notar a las mil maravillas. El palomo, después de atusarse, creyendo que el encuentro estaba al alcance de su ala, dió un vuelo corto hasta donde la paloma permanecía acurrucada pero "el horno no estaba para bollos" y fue recibido a aletazo limpio y a picotazos sin cuento de modo y manera que tuvo que salir del entramado arbóreo por plumas a la espera de mejor ocasión.
La noche se estaba echando encima a pasos agigantados favorecida por un cielo encapotado que no permitía a la postrera luz de un sol contrariado porque las nubes no le habían dejado presumir en ningún momento del día, no cumplía con su cometido y el animal, que había encontrado en lo alto de la Cruz el posadero desde el que runrunear los requiebros, en prendió el vuelo con el viento fresco que había hecho acto de presencia, a otro lugar donde pasar la noche guarecido de la intemperie.
Creo que el pobre volátil se fue con la cabeza entre plumas a la espera de mejor ocasión.
Ciertamente la ESTAMPA CAUDETANA de ayer por la tarde en la,Glorieta de la Cruz, fue entrañable. Faltó que bajara a estar conmigo. Yo la hubiera acariciado y así hubiera recordado aquel otro espécimen, también de torcaz, que un día trajo a casa mi padre con un ala destrozada por un perdigonazo lanzado por un cazador y que, por mucho tiempo fue un miembro más de mi familia. Pero que, estando mi padre presente, solo tras él iba, los demás pasábamos desapercibidos para el pájaro. Solo buscaba su compañía. Claro, lo había salvado de convertirse en la proteína de algún depredador y, ya en casa, le curó la herida aunque, como la rotura fue tan grande, no volvió a levantar vuelo.
Recibe mi saludo, mis
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
2.3.2026. Lunes. (2.485).
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