jueves, 10 de noviembre de 2022

Las Reliquias del Apóstol.

ESTAMPA CAUDETANA.

LAS RELIQUIAS DEL APÓSTOL 

Apóstol es una palabra griega que, traducida al castellano, dice relación a alguien que ha sido enviado. Y, en el ámbito cristiano se refiere, no solo a aquellos que acompañaron al Señor durante su vida pública y que fueron escogidos de entre un montón de seguidores cuando el Señor bajaba del monte a donde había subido a orar. Jesús, antes de realizar algo importante, siempre, siempre, se ponía en comunicación con el Padre, rezaba, como diríamos nosotros, al Buen Padre Dios y una de las cosas importantes que llevó a cabo, fue la elección de aquellos que habrían de continuar con el encargo que Él recibió, a su vez, del Padre y que no era otro que llevar por todo el mundo un mensaje de esperanza, un mensaje de salvación.

Fueron doce. San Lucas nos  cuenta así:   "En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago hijo de Alfeo, Simón el cananeo llamado Zelote, Judas hijo de Santiago y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor (6:12-16).

Pues bien, desde el momento de su bautismo en la parroquia de Santa Catalina de este de esta Real Villa de Caudete donde nació don Miguel Senén Abdón Díaz, de la que luego llegaría a ser cura pilón, es decir, párroco de la parroquia donde fue bautizado, ya recibió la llamada del Espíritu de Jesús igualita que aquella otra que hiciera con los doce íntimos, con los apóstoles, sus enviados. Y es que, dentro del cristianismo, todo aquel que es bautizado es llamado a ser transmisor del mensaje de libertad de amor y de paz que Dios ofrece a los hombres y que éstos deben llevar a cabo, incluso apostando su vida y, como en el caso de don Miguel, ofreciéndola en holocausto, siendo mártir, siendo testigo de Cristo Jesús, como lo fueron todos aquellos que, al amanecer de un día, en Galilea, fueron convocados directamente por el Señor.

Hoy celebramos el octogésimo sexto aniversario de aquel día en que arrastrado por fuerzas embravecidas y amparadas por la ley, inicua ley, fue baleado en la carretera de Albacete en el predio del pueblo de Alpera.

Sí, hoy celebramos su paso al ámbito celestial, hoy celebramos el gran acontecimiento para todo ser humano que representa el tomar posesión del lugar preparado por Cristo después de ascender al cielo. Hoy celebramos el reconocimiento de sus virtudes heroicas de su generosidad sin límites de su entrega total. Hoy celebramos el momento de su marcha de este mundo al encuentro con Aquel que fue su bandera, que fue su vida, que fue su todo, al encuentro de Cristo Jesús y, al igual que el maestro, Él derramó su sangre por el bien de sus hermanos los hombres a quienes perdonó su participación en semejante felonía amparada, como te he dicho antes, por una ley inicua.

Aquí en la tierra desarrolló perfectamente la encomienda que Dios le adjudicó desde sus primeros momentos como coadjutor de la parroquia donde fuera bautizado, pasando por su primer destino, como párroco, en la isla de Tabarca, frente a Santa Pola, su paso por Elda donde se desvivió en defensa de la clase obrera, le llamaban el cura obrero, que, al enterarse ésta de que estaba preso de los milicianos caudetanos, se hicieron presentes en la Real Villa para solicitarles les fuera entregado y llevársele consigo a Elda para tenerle a buen recaudo. Súplica que no prosperó, y finalmente, en su pueblo, en Caudete. Y, ahora, en el cielo continúa con su labor de intercesión ante Dios por los que somos los descendientes de aquellos que le tuvieron como párroco.

Sobre el sencillo mausoleo donde reposan sus restos mortales, SUS RELIQUIAS, en la capilla de la Comunión de su parroquia Santa Catalina, se alza, enhiesta, EL CRUCIFIJO, una RELIQUIA

que siempre presidió su quehacer, siempre estuvo sobre la mesa de su despacho, es la cruz que ves en esa foto. Fue un obsequio de una de las sobrinas, de Rosario, el día en que fueron trasladados a la iglesia parroquial sus RELIQUIAS, sus restos mortales, desde el cementerio de la villa a su lugar de reposo definitivo a la espera de la resurrección. 

Pidámosle muy encarecidamente que siga laborando por nosotros a través de su intercesión ante el Señor. De modo especial ahora que nos encontramos inmersos en una situación traída por una inflación galopante, que ha traído consigo, un parón en el progreso del pueblo y, para tantos, mucha penuria.

Recibe mi saludo, mis


           ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!

10.11.2022. Jueves. (C. 1.605)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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