viernes, 17 de abril de 2026

Guapa está la Placeta de Manuel Gil Pérez.

ESTAMPA CAUDETANA

GUAPA ESTÁ LA PLACETA DE MANUEL GIL

Desde que llegó a hacerse con la vara de regidor mayor del Consistorio municipal, mediada la legislatura, el Ilmo. Don José Miguel Mollá Nieto (1), la Placeta dedicada a Manuel Gil (2), como reconocimiento a la grandiosa obra en favor de la Real Villa caudetana, llevada a cabo en los albores de la contienda fratricida entre españoles en los años treinta del siglo pasado, adquirió un nuevo look.

Hasta entonces, el poco espacio apto allí existente era empleado como aparcamiento para media docena de coches.

De la noche a la mañana, los operarios de jardinería colocaron seis hermosos tiestos de hierro fundido con plantas ya crecidas.

Hubo quien pidió al nuevo y flamante alcalde que retirase los grandes maceteros que había mandado situar en la placeta, a fin de que pudiera seguir utilizándose ese espacio como aparcamiento.

No hizo caso. Y, a mí, concretamente, me pareció estupenda la medida.

Aquel hombre que tanto hizo por la Real Villa de Caudete en tiempos de conflicto se merecía, por parte de la villa beneficiaria de su labor, una plaza o una calle de mayor entidad; pero, ya que no se le otorgó tal reconocimiento, esta medida ha venido, de alguna manera, a realzar su figura.

De los seis hermosos maceteros allí situados, dos lucen sendas Polygala myrtifolia.

Estas plantas, de porte compacto, con hojas pequeñas y brillantes —tipo boj— y flores de color púrpura, con forma de guisantes agrupadas en ramitos, se lucen a base de bien y, en unión de las otras cuatro —de las que te daré noticia otro día—, adornan de maravilla la placeta de Manuel Gil.

La gente de a pie, pasando por alto a los sesudos botánicos, la llamamos simplemente polígala o, en su caso, añadimos su origen: Polígala del Cabo, pues procede del cono sur de África, desde donde ha emigrado para lucirse en parterres y jardines de medio mundo.

Aquí, en la Villa, disfrutamos de ella en bastantes espacios comunes.

No hace buenas migas con los lugares fríos donde las heladas campan a sus anchas en los crudos inviernos, aunque aquí, en la Villa, no le queda otra y, si el invierno viene fiero, lo aguanta.

Pienso que ya se ha amoldado.

Del sol, en cambio, es íntima amiga y, si éste es generoso, se pone que da gusto verla, llena de flores con las que lo obsequia cada amanecer. 

Aunque, todo hay que decirlo, la semisombra tampoco le desagrada.

No es exigente ni gastosa. Se conforma con poca agua y no pide exquisiteces al terreno: le basta con que esté bien drenado para que las raíces no se “ahoguen”, no se pudran.

Además, estas dos Polígalas vienen a hacer guardia al Santísimo, a Jesús Sacramentado, que se encuentra en las Hostias incorruptas en el Sagrario-relicario, bajo la especie de pan, (a pesar de haber permanecido durante toda la contienda fratricida bajo una baldosa, en la habitación de Manuel), al otro lado de la pared, en la capilla de la Comunión.

Y así, en esta pequeña placeta, donde antes mandaban los coches y hoy florecen los maceteros, se han dado cita —sin alharacas— la historia, la fe y la gratitud.

Poca cosa, dirán algunos.

Y, sin embargo, ahí permanece todo.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

17.4.2026 Viernes (C. 2.531)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

(1) Por acuerdo de los partidos PP y VOX en las pasadas elecciones, un miembro  de cada uno de ellos ostentaría el servicio de Alcalde durante dos años.

(2) Don Manuel Gil, he oído, era el sacristán de la parroquia de Santa Catalina en aquellos tiempos en que la gente de la política, a mí modo de ver, todo lo hacía rematadamente mal, como aquella ley inicua que perseguía acabar con la fe cristiana de toda la nación.

Dicha ley mandaba deshacerse de todo símbolo religioso e, incluso, pasar por las armas a aquellos que no lo llevaran a cabo. Y cuando el 22 de julio de 1936, exaltados escopeteros, comenzaron a prender fuego a los lugares de culto existentes en la Villa y en plaza pública todo elemento religioso o que oliera a tal, el bueno y gran Manuel Gil, ayudado por un cuñado apostado en lugar apto para darle el "queo" cuando llegaran los antes dichos escopeteros, procedió a sacar de la Parroquia los archivos con noticias de las gentes del lugar desde el siglo XV o desde antes  y elementos del culto entre los que se encontraban las Sagradas formas a las que protegió enterrándolas bajo una baldosa de su habitación matrimonial donde no dejó de lucir una lamparita con aceite del lugar en todo el tiempo hasta que fueron sacadas. Las formas no consagradas se pudrieron con la humedad. Las consagradas no se pudrieron ni desmoronaron y ahí siguen 90 años después.

Manuel Gil, jugándose el tipo, salvó la NOTICIA HISTÓRICA DE TODA UNA VILLA AL SALVAR EL ARCHIVO PARROQUIAL.

Una vecina, la tía de Joaquina Lucas, también tuvo el arrojo de salvar muchos de los elementos de culto que ocultó en el hueco de una escalera que luego tabicó y en cuya pared resultante, suspendió cacerotas estrévedes y sartenes.

2 comentarios:

  1. Qué gran lección de Historia. Nunca podremos pagarle suficientemente al Sacristán lo que hizo por las Señas de Identidad de todos nosotros. Gracias a P. Alfonso por contarlo.

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  2. Alabado sea el Señor y a todos los que actúan en su honor

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