viernes, 3 de abril de 2026

Jueves Santo. La Noche del Silencio.

ESTAMPA CAUDETANA

JUEVES SANTO. LA NOCHE DEL SILENCIO

La Real Villa de Caudete amaneció barrida por un aire frío que, por momentos, nos sorprendía con rachas intensas.

Ya te decía ayer que, durante la noche anterior, el viento se portó un tanto mal con nazarenos y penitentes, mortificándolos casi como si de un cilicio se tratara.

Con el paso de las horas fue perdiendo fuerza, aunque no terminó de marcharse. Se quedó, como testigo discreto de la jornada, soplando suave y frío.

Por la tarde, las campanas volvieron a llamar a los Santos Oficios de la Cena del Señor.

En los templos, la celebración nos trasladó de nuevo a aquel primer Jueves Santo en el que Jesucristo partió el pan y dejó a los suyos —y también a nosotros— el mandamiento nuevo del amor.

El lavatorio de los pies, narrado en el Evangelio de San Juan, solo tuvo lugar en la parroquia de Santa Catalina. Allí, el párroco, hijo del pueblo, P. Luis Torres Pérez, carmelita, lavó los pies a doce fieles, presentados por el sacristán Juan Doménech Ruiz, en un gesto tan sencillo como profundamente elocuente.

La primera Eucaristía fue la celebrada en la iglesia del monasterio de Madres Carmelitas. 

No hubo allí monumento como tal, pero sí una simbología tan sobria como catequética: doce cirios encendidos representando a los apóstoles y, en el centro, un cáliz, el pan y la Palabra de Dios abierta: presencia viva del Señor.

Más tarde comenzaron las celebraciones en la parroquia de San Francisco y en la Residencia de Mayores.

Y a las 19 horas, cerrando las celebraciones eucarísticas de la jornada, tenía lugar la de la parroquia de Santa Catalina.

Desde ese momento, los templos quedaron abiertos para facilitar la tradicional visita al Santísimo en los monumentos.

Fueron muchos los fieles que recorrieron las iglesias haciendo estación ante el Señor. No era extraño encontrarse las mismas caras en distintos templos, unidos todos por la misma devoción. A mí mismo me ocurrió.

Pero si hay algo que singulariza este día, junto a la Cena del Señor, es la procesión del Silencio, uno de los momentos más sobrios, intensos y recogidos de la Semana Santa caudetana, presidida por el párroco, P. Luis.

Tiene lugar tras el Prendimiento, una representación que se realiza a puerta cerrada, en un clima de sobrecogedora intimidad.

En esta procesión solo desfila la sagrada imagen de Nuestro Padre Jesús de la Gran Misericordia, precedida por hermandades y cofradías. 

Está considerada, con razón, como una de las procesiones más significativas de la localidad, junto al Santo Entierro del Viernes Santo y el Encuentro del Domingo de Resurrección.

Tras el Prendimiento, la puerta del templo parroquial se abrió. Pasaban unos minutos de las 22:30 cuando la carroza con la sagrada imagen 

comenzó su caminar por el itinerario de siempre.

Abría el cortejo la Hermandad de la Virgen de los Dolores. Tras ella, la Cofradía del Cristo de la Caída, la del Santo Cristo de la Agonía, la Cofradía de Nuestra Señora Dolorosa y Virgen de la Piedad, la del Cristo de la Juventud, la del Santo Sepulcro y, finalmente, la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Gran Misericordia.

Cuando la imagen inicia su recorrido, el pueblo parece contener la respiración.

El sonido del tambor se vuelve grave y acompasado, como si fuera el latido de un corazón colectivo.

No hay luces a lo largo del recorrido. La luna llena, generosa en claridad, parece respetar el recogimiento que impone la oscuridad y no se asoma allí donde se procesiona. Solo las llamas temblorosas de las velas rompen la noche, mientras las sombras se deslizan por las fachadas antiguas que contemplan, silenciosas, el paso de la historia.

Hay miradas que lo dicen todo.

Promesas calladas.

Recuerdos que regresan.

Plegarias que nadie oye, pero que todos parecen comprender.

La noche del Jueves Santo en la Villa de Caudete no necesita discursos. Es una noche para el silencio interior. Para mirar hacia dentro. Para acompañar, aunque solo sea con la presencia, a Nuestro Padre Jesús de la Gran Misericordia en el inicio de su Pasión.

Y mientras la procesión avanza lentamente por las calles de siempre, el pueblo entero parece transformarse, por unas horas, en un solo corazón que vela.

Mañana será Viernes Santo.

Pero eso… será otra estampa.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

3 de abril de 2026 VIERNES SANTO (C. 2.516).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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