lunes, 6 de abril de 2026

Procesión del Encuentro.

ESTAMPA CAUDETANA 

PROCESIÓN DEL ENCUENTRO.

No sé desde cuándo arranca la manifestación festiva y popular del Encuentro de Jesús Resucitado, presente realmente en la custodia y en la imagen sagrada de la Virgen del Rosario.

El hecho está ahí, cada año: con la llegada del Domingo de Pascua tiene lugar en la Plaza de la Iglesia.

El sol se portó… ¡vaya si se portó! Despertó el día con una claridad que era para vivirla, no para contarla. 

Parecía dispuesto a iluminar todo para que a su Creador, a quien celebrábamos resucitado de entre los muertos, no le faltara nada al salir de la penumbra de la parroquia de Santa Catalina hacia la despejada plaza.

Todo estaba quieto. Ni una brizna de aire se movía. 

Entre la multitud que llenaba la plaza, algunos mostraban más piel de la cuenta, calentados por un sol pujante.

La Sagrada Imagen de la Virgen del Rosario salió de la parroquia toda enlutada y descendió procesionando hacia la parte antigua de la Real Villa de Caudete. 

Transitó por la Avenida de Paracuellos de la Vega y dobló hacia la Plaza de la Iglesia por el Callejón de las Campanas.

Luego apareció el Santísimo Sacramento bajo palio, colocado en el lugar establecido desde siempre para esperar la llegada de la Virgen del Rosario.

Al encontrarse, se produjo el momento más entrañable: aquel primer abrazo del Resucitado a quien siempre creyó y esperó, su Madre. 

La Virgen fue despojada del luto riguroso que guardaba por la muerte de su Hijo, y la alegría de ambos se contagió a toda la plaza.

No pude captar este instante con mi teléfono, ya que llegué tarde tras cumplir con mis tareas en la parroquia de San Francisco. Pero lo que vi, lo comparto: seguro que alguien lo habrá subido a las redes para quien quiera disfrutarlo.

El sol, en su cénit, llenaba la plaza y toda la villa de luz y calor. 

Las bandas de música acompañaron a la Virgen del Rosario, precedida por sus cofrades, entonando el Himno Nacional al entrar en el templo.

Igual hizo la banda que acompañaba al Santísimo, que avanzaba bajo palio con los cofrades de La Sacramental.

Pasado el mediodía, el Santísimo regresaba al templo y el sol, muy celoso, dejaba la plaza despejada. 

Al volver a casa, los aromas de pitanzas ricas y dulces recién horneados se mezclaban con el recuerdo de la celebración.

Por la calle Mayor y la del Mercado ya no vi mozos y mozas luciendo ropas nuevas. Un señor mayor, de edad provecta, se me acercó y me dijo:

Alfonso, ¿ya de retirada?

Sí, ya concluyó la Procesión del Encuentro.

¡Cuánto han cambiado los usos con el tiempo! 

Antes, tras la procesión, los jóvenes paseaban por estas calles para conocerse, establecer amistades… que a veces terminaban en noviazgo y boda. Las familias no perdían ojo para ver por dónde iban los tiros.

Sí, señor, aquellos tiempos pasaron y trajeron otros modos. Pero yo me quedo con aquellos, aunque a veces parecíamos caballitos amaneados por la prevención antes de tirar los tejos.

Ayer, día de Pascua, del paso de la muerte a la vida, fue un día grande. Todo acompañaba: un sol espléndido, montones de gente en la calle, fieles y curiosos asistiendo a la escena plástica del reencuentro entre Jesús y su Madre.

La Pascua de Jesús es el lucero que alumbra al ser humano que viaja por este mundo con destino a aquel lugar donde Dios lo espera.


VÍDEO

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¡¡BUENOS DÍAS!!

6.4.2026 – Lunes de Pascua (C. 2.519)

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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