martes, 14 de abril de 2026

Quemando etapas.

ESTAMPA CAUDETANA

QUEMANDO ETAPAS

Ya pasaron dos semanas:

- La Semana Santa, con sus manifestaciones plásticas de aquel acontecimiento al que fue sometido Jesucristo por la inquina de quienes lo vieron como un contrincante.

- Y pasó también la primera semana de Pascua, toda ella octava del gran acontecimiento que tuvo lugar en la persona de Jesucristo, y al que estamos llamados todos: los seres humanos pensados, amados y creados por Dios.

A la Pascua.

Al paso de la muerte a la vida en plenitud.

Esta semana, según el orden establecido, me toca atender la liturgia en la parroquia de Santa Catalina.

Cuando esto acontece, no voy directamente al templo desde casa —serían apenas cuatro minutos—. Prefiero dar una vuelta de la que ya te he hablado en otras ocasiones.

Bajo hasta la glorieta de la Cruz.

Allí saludo a la Virgen María de Gracia, sirviéndome de su imagen esculpida en piedra, que forma un todo con el monumento dedicado al signo del suplicio que padeció Jesús, su Hijo.

Sigo por la avenida de la Libertad y tomo después la de las Jornetas, que se presenta ante mí en una suave pendiente que, poco a poco, se deja notar.

Ayer seguí, por tanto, el itinerario de otras veces.

Pero al emprender la subida, quedé gratamente sorprendido por lo que se ofrecía a mis ojos: una avenida totalmente distinta a la que había dejado quince días antes.

Entonces, los castaños de Indias que jalonan todo su recorrido apenas comenzaban a revivir. Sus yemas se abrían tímidamente, dejando paso a las primeras hojitas que habrían de engalanarlos.

Ayer, en cambio, no solo se habían vestido con su hermoso hato primaveral, sino que ya lucían sus flores piramidales, salpicando alegremente sus copas.

No pude por menos que detenerme.

No podía pasar de largo sin llenarme de ellos.

Y allí, en el inicio de la avenida, me quedé un rato. Sin prisas.

La Santa Catalina —la campana grande, la que convoca a la feligresía— aún no había lanzado al aire el primero de sus toques.

Sus timbrados tañidos no habían salido todavía volando por encima de los tejados de la villa.

Saqué entonces el telefonillo de la faltriquera del plumas, que me resguardaba de un airecillo frío, algo molesto, y tomé una fotografía.

Es la que ilustra mis letras de hoy.

Y, como si fuera uno más de los racimos floridos de esos castaños de Indias —recién estrenados, desbordantes de vida—, te llega hoy mi saludo:

como la Pascua misma,

que no se queda en un día,

sino que, casi sin darnos cuenta,

va floreciendo por dentro.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

14.4.2026 Martes de la segunda semana de Pascua (C.2.528).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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