domingo, 5 de abril de 2026

Sábado Santo. El día del gran silencio.

ESTAMPA CAUDETANA.

SÁBADO SANTO. EL DÍA DEL GRAN SILENCIO.

La Real Villa de Caudete amaneció ayer de otra manera.

Sin tambores. Sin la carraca de la torre de la parroquia de Santa Catalina, porque el día anterior, cuando la procesión del Santo Entierro echaba a andar, se vino abajo y no emitió ninguno de sus roncos sonidos: se había roto.

Tampoco se necesitaba ya, porque ayer no hubo por las calles procesiones con cofrades y penitentes caminando a paso lento.

Como si la Villa entera hubiera comprendido que ese día no tocaba hablar, sino esperar.

Después del dolor del Viernes Santo, todo parecía haberse detenido.

Las puertas de los templos permanecían abiertas, pero el ambiente era distinto. 

No había flores estrenadas ni imágenes en procesión.

Cristo yace en el sepulcro y la Iglesia guarda silencio. 

Ese silencio denso que no es vacío, sino esperanza.

Es el silencio de la tierra antes de la primavera.

El silencio de la semilla antes de brotar.

El silencio de Dios antes del milagro.

Un lugareño me decía, mediado el día de ayer, que aquí, en Caudete, el Sábado Santo, siempre ha sido un día raro.

—¿Por qué razón? —le pregunté.

—Porque más que ruido exterior,  la cosa va por dentro.

Como si el corazón de cada uno fuera el sepulcro alumbrado por la velica de la esperanza de sentir a Cristo resucitar.

Pero, como aconteciera entonces, mientras todo parecía terminado, una Madre, María, siguió creyendo.

María sostiene nuestra fe como sostuvo la que perdieron los discípulos.

Y es que así aconteció: cuando los discípulos dudan, cuando el miedo aparece como una niebla espesa, Ella simplemente espera.

Sin entenderlo todo (lo guardaba todo en su corazón Lc.2,19-200). Sin pedir explicaciones. Simplemente creyendo.

Quizá por eso el Sábado Santo es también el día de las personas sencillas. De los que saben esperar. De los que siguen rezando aunque no vean resultados. 

De los que permanecen cuando otros se marchan.

La noche cayó y la oscuridad volvió a cubrir las calles de la Villa.

Pero esta vez no fue como la del Viernes. Anoche hubo luz, mejor dicho, luminaria. En los centros de culto se celebró el triunfo, la promesa cumplida. Jesús resucitó.

Porque cuando todo parece acabado…

Dios siempre está empezando algo nuevo.

Y la Villa de Caudete, en silencio, esperó y lo recibió en cada una de las liturgias celebradas en ella.

La luz de la Pascua de Cristo hizo de la noche día. Y esa luz es la que genera Aquel que es simbolizado por el Cirio Pascual prendido en el fuego bendecido, Sagrado.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!


Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

5.4.2026 DOMINGO DE RESURRECCIÓN. (C.2.518).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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