ESTAMPA CAUDETANA.
775 AÑOS.
En esta Villa de Caudete, sobre sus cimientos, se levanta el convento de San José que comenzó a ser cuando terminaba el siglo XVI y comenzaba el XVII; a caballo entre ambos siglos.
El Concejo municipal que regía entonces la Villa decidió conceder a los Padres Carmelitas, que se habían asentado pared con pared con la ermita de los Copatronos 37 años sntes, un terreno en los arrabales para que se establecieran allí.
Corría el año 1594.
Por lo tanto, el título de mi Estampa Caudetana de hoy no se refiere al momento en que se erigiera esta preciosa joya arquitectónica del barroco toscano.
No, no tiene nada que ver. ¿O sí?
Pues sí, porque ellos llegaron a esta Villa vestidos con la santa librea de la Virgen María del Monte Carmelo: su Santo Escapulario, solo seis años después de que tuviera lugar la entrega.
Sí, seis años antes de su llegada, ya había tenido lugar el prodigio.
Resulta que, en aquellos tiempos, Roma se había apretado los machos para luchar contra iluminaciones particulares y negó la instauración de nuevas órdenes religiosas.
Los Carmelitas habían llegado procedentes de Tierra Santa, de donde fueron expulsados por las fuerzas de Saladino al reconquistar para el mundo islámico los lugares santos que antes habían estado en manos de los cruzados europeos.
Unos pocos de aquellos cruzados decidieron permanecer, a finales del siglo XII, en la cumbre del Carmelo, donde instauraron una forma de vida inspirada en el profeta Elías.
Alberto, Patriarca latino de Jerusalén, les concedió la norma de vida bajo la cual echó a andar aquella comunidad.
Con la llegada de Saladino y sus huestes, tuvieron que embarcarse en San Juan de Acre y expatriarse a Europa entrando por Sicilia.
Al llegar, se encontraron con la oposición frontal establecida por la Iglesia hacia la instauración de nuevas instituciones religiosas.
Ese fue el motivo por el que el Padre General, de origen inglés, Simón Stock, se dirigiera constantemente a la Virgen del Carmen con una oración ferviente, la "Flor del Carmelo" para que les asistiera en aquellos momentos en los que parecían abocados a su desaparición.
Ella tuvo a bien dejar el cielo —aunque, en verdad, Ella lo traía consigo— para asegurarle al santo fraile carmelita su protección y que la Orden dedicada a Ella, nacida en el Monte Carmelo, no habría de encontrar dificultad alguna para expandirse por toda Europa.
Es bueno recordar que Simón Stock no pidió señal alguna sobre la que apoyar su esperanza. Pero Ella se la dio. Ella le entregó la Santa Librea, el Santo Escapulario, con el que debía cubrirse. Y, además de asegurarle su protección en este mundo, lo haría también en la hora de la muerte y en el tiempo de purificación previo al encuentro con Dios.
Ese hecho, esa delicadeza, esa manifestación clara de que el Carmelo gozaría de su protección, es lo que hoy celebramos:
EL 775 ANIVERSARIO DE LA ENTREGA DEL SANTO ESCAPULARIO COMO SIGNO PALPABLE DE SU PROTECCIÓN CONSTANTE.
Desde entonces, los Carmelitas, los pertenecientes a la Orden religiosa de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo y,por ende,los miembros de la comunidad carmelita que reside en esta Villa, venimos haciendo gala del mismo y promoviendo —impulsados por el papado a lo largo de los siglos— esta devoción del Santo Escapulario, enseña del Carmelo.
Aquí, en esta Real Villa, hubo un fraile que lo hizo con entusiasmo constante hasta que el P. Prior, viendo el deterioro que el paso del tiempo obraban en él, puso fin a aquella labor encomiable.
Este fraile fue fray Blas, queridísimo por todo el mundo y, principalmente, por los niños, porque él, lejos de ser un hombre cargado de años, era, mismamente, un niño.
Foto de Fr. Blas
Como anécdota cuento que, a mi llegada a esta Villa, en septiembre de 2017, me vi en la necesidad de visitar al A.T.S. y cuál no sería mi sorpresa al ver, en un lugar preferente de la consulta sanitaria, un Santo Escapulario de esos que suelen ponerse los cofrades en las fiestas carmelitas.
—Sí —me dijo Emilio, el A.T.S., al advertir que se dibujaba una pregunta en mi semblante—. En una ocasión en que vino fray Blas a requerir mis servicios, me hizo obsequio de ese escapulario como muestra de agradecimiento por mis atenciones. Y, desde entonces —y ya han pasado muchos años—, ahí sigue y seguirá hasta que se venga conmigo al jubilarme.
Y, hoy, se cumplen, precisamente, los 775 años de aquella muestra de cariño de la Madre de Dios hacia sus hermanos Carmelitas.
Bueno es, muy bueno, que colguemos de nuestro cuello esa enseña, ese emblema de la Virgen María del Monte Carmelo.
Ella se apareció por última vez a los pastorcillos de Fátima el 13 de octubre de 1917 y lo hizo vestida con el hábito carmelita, portando su Santo Escapulario, y así nos recordó que: debemos ser testigos, unidos con Ella, de su Hijo Jesús —nombre hebreo que significa “Dios salva”—.
Sí, hoy los Carmelitas, todas las asociaciones adheridas a ellos, las gentes del mar, y todos sus devotos celebramos, por todo lo alto, LA ENTREGA QUE HIZO LA VIRGEN A SAN SIMÓN STOCK DEL SANTO ESCAPULARIO.
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
16.5.2026. Sábado (C. 2.556).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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