miércoles, 20 de mayo de 2026

Nos visitan los chicos de Asprona.

ESTAMPA CAUDETANA.

NOS VISITAN LOS CHICOS DE ASPRONA.

Ayer las hieráticas piedras del vetusto convento de San José se pusieron las mejores galas.

Desde el momento en que oyeron que nos visitaban los chicos de ASPRONA de Caudete, me dio a mí la impresión de que las columnas del claustro bajo, talladas según los órdenes Barroco y Toscano, de puro contento, se pusieron a bailar.

Oye, que es de verdad, que no te estoy relatando un cuento chino. ¡Que era verdad! Y es que no era para menos.

Esos niños grandotes que venían desde el n.º 16 de la calle Miguel Martínez, del barrio El Real, con sus acompañantes, tenían como proyecto para la mañana de ayer girar una visita a esa joya arquitectónica con la que cuenta la Villa y que fue construida a caballo de los siglos XVI y XVII.

Sonó el timbre.

Yo me encontraba con la regadera en la mano para satisfacer la sed de algunas de las plantas del claustro bajo.

Abrí y la directora del centro caudetano me dijo:

— Somos un grupo de ASPRONA y venimos a ver el claustro del convento. ¿Podemos?

—¡Cómo que si podemos! 

- Pues ¡claro que sí! Esta es vuestra casa.

Los muchachotes que podían bajar las escaleras de la portada lo hicieron por su propio pie y aquellos que venían en su silla de ruedas lo hicieron por el ascensor entrando por el garaje.

Cuando todos estuvieron dentro, uno me preguntó acerca de la antigüedad del convento.

Y yo le respondí:

Que desde hacía cinco siglos. Le conté la historia de este convento de San José (El Carmen), historia que no voy a detallarte ahora porque ya lo he hecho en otras ocasiones.

Eso sí, les dije que los Carmelitas llegamos a esta Villa en 1557; que hicieron este convento y lo pusieron bajo los auspicios de San José; que se asentaron pared con pared del santuario de los Copatronos; que el concejo municipal les concedió terrenos en los arrabales de la Villa en 1594 —este lugar que ahora es el centro de la Villa—; y que en ellos, en los arrabales, edificaron este convento al que todo el mundo llama El Carmen y en el que ahora os encontráis vosotros de visita.

Luego les hice una somera explicación del avatar que sufrió a lo largo del tiempo.

Y, tan contentos, después de pasear su mirada por todo el claustro, se colocaron delante de la fuente situada en medio del patio con el fin de que les sacáramos unas fotografías para dejar constancia de la visita que, un día, giraron al convento de los PP. Carmelitas.

Y, así, con la imagen del claustro Barroco-Toscano del convento de San José tintineando en las niñas de sus limpios ojos, se fueron cuchicheando comentarios.

A uno le oí decir con una voz que transmitía contento: 

- "¡Vamos a comer!".

- Sí, ¡a comer! contestaron otros.

Y tan pimpantes fueron saliendo del convento, quienes, por la puerta de entrada y, quienes, por el garaje, tras bajar en el ascensor.

¡Qué gran labor desempeña ASPRONA, institución fundada en la ciudad de Albacete cuando corría el año 1962 y que no alberga otra finalidad que la de atender a aquellos hijos de Dios más necesitados por las deficiencias psíquicas y motoras que padecen, y a los que forman para, según el caso, incorporarlos al mundo del trabajo!

¡Qué suerte tienen quienes están a su servicio echándoles una mano en su necesidad!

Ayer, aquí, en el convento de San José, y cada día donde fuere menester, cómo resuenan aquellas palabras de Jesús de Nazaret:

“Lo que hiciereis a uno de estos, mis humildes hermanicos, a mí me lo hacéis” (Mt 25,40).

Ahí te va mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

20.5.2026 — Miércoles. (C. 2.559).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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