ESTAMPA CAUDETANA.
CADA UNO A LO SUYO.
Tomé la instantánea el domingo pasado poco antes de que la XI Gran Marea Solidaria en favor de la Asociación Caudetana Acaluca comenzara a corretear los cuatro kilómetros de marcha preestablecidos con anterioridad por las calles de la Real Villa caudetana.
Un fotógrafo, José y su señora, dispusieron allí donde comienza la calle de Las Moreras su cajón, no de sastre, sino de fotógrafo imitando a aquellas imágenes antiguas que nos llegan desde los mismos albores de esa máquina que guarda momentos presentes para recordarlos conforme va transcurriendo la historia.
Sólo les faltó meterse debajo de un lienzo negro y el fogonazo del carburo para pergeñarlo todo al estilo antiguo. Pero, claro, los modos y las maneras antiguas, cambian o se hacen obsoletas.
Acababa yo de terminar la celebración de la Eucaristía en la Iglesia de nuestro convento de San José (El Carmen) y salí a la puerta que da a la calle esperando que la Marea Solidaria con Acaluca pasara delante de mí en su recorrido.
Pero no lo hizo.
Los organizadores habían dispuesto que por ahí, por el lugar donde yo me encontraba, allí donde nace la calle El Molino en la misma plaza de Nuestra Señora del Carmen, solo pasaría al finalizar la marcha.
El fotógrafo y su señora a la que tapa el artilugio se encontraban dando los últimos toques al artilugio con el que iban a llamar la atención de los viandantes.
Todavía permanecí un rato a la espera charrando un poquitico con aquellos vecinos que, uniformados con la camiseta rosa pantera o, simplemente, de calle iban de un lado a otro participando de alguna manera del jolgorio al que había sido convocado toda la Villa por parte de esta entusiasta asociación nuestra, caudetana, de lucha contra el cáncer.
En ese rato pude observar cómo algunos de los que venían o iban por la calle de Las Moreras paraban delante de la máquina para que les fijaran el recuerdo de lo guapos / as que eran y estaban tal día como el del domingo pasado.
Muchos se prendieron el dorsal, y lucían su número sobre su camiseta Rosa Pantera, con donaire; muchos no se pusieron la camiseta Pantera Rosa; muchos serían los que solicitaron un lugar en la fila cero.
Pero puedo decirte que muchos otros fueron los que se acercaron a los chiringuitos montados en la plaza de Ntra Señora de Él Carmen para degustar el jamón que, especialistas en su corte, ponían sobre platos. Raciones y más raciones, más que para degustar, para almorzar.
- ¿A dónde vas? Le dije a un vecino. Date prisa porque van a dar el pistoletazo de salida a la Marea y vas ya con un poco de retraso.
- Que lo den, "a mí plim", me contestó. Yo a donde dirijo mis pasos, mire usted, es allí, hacia los chiringuitos del jamón.
Le vi llegar al largo chiringuito del jamón. No le oí, su pedido, no llegó a mis oídos por el bullicio reinante en la plaza. Pero, con toda seguridad, creo que pediría un plato colmado para almorzar.
José y señora seguían a lo suyo, cazando instantáneas de aquellos que por allí pasaban, sirviéndose del artilugio producto de su imaginación, al que habían dado forma con su propia industria manual.
Espero que la "cosecha" recogida por José y señora el domingo pasado, día 31 de mayo, les deparara pingües beneficios. Se lo merecían.
Contemplando el quehacer de Juan y señora me vino a la cabeza aquel salmo, el 126 (*).
"En él se nos viene a recordar que el esfuerzo humano es inútil sin Dios
El trabajo del hombre está abocado al fracaso si Dios no lo fecunda; el pan cotidiano y la descendencia son dones de Dios. Todo éxito depende de la Divina providencia. Sin Dios nada hay seguro; con Él todo lo está.
No estamos solos ni trabajamos en obra exclusivamente nuestra. El señor construye con nosotros nuestro existir y nuestra historia. El éxito y la fecundidad verdaderos dependen de esta visión providencialista de la vida" (J. Esquerda Bifet)
Recibe mi saludo,
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
4.6.2026. JUEVES. (C. 2.574)
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
(*)Dice - Reza el salmo:
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
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