lunes, 15 de junio de 2026

Demasiado calor.

ESTAMPA CAUDETANA.

DEMASIADO CALOR


El día de ayer, domingo, en nada debió tener envidia a aquellos colegas del mes próximo e, incluso, a los de agosto.

Ayer se pasó "tropecientos" pueblos el doncel celeste. Se cree que por andar de un lado para otro, a gran altura, no le hacemos ni caso.

Pues está muy equivocado, de cabo a rabo. Y lo único que consigue, fustigándonos de esa manera a la gente de la Real Villa de Caudete, es que nos acordemos de él para llenarlo de improperios.

Claro que eso a él no le importa nada, ni un bledo, porque como tiene sus calderas llenitas, a "totutiplén", no le llegan nuestras quejas y, si consiguieran hacerlo..., en ceniza los convertiría.

Nosotros, los bípedos, buscamos las sombras para darle esquinazo y, además, nos ponemos ropa ligerica. Pero los cuadrúpedos, como el gato que ilustra estas letricas, provistos de buena pellica, aun haciendo buenas migas con el calor, no faltan ocasiones, como la de ayer, en que las pasan más que moradas.

No hay más que verle al pobre, con la cabeza y el cuello fuera del tiestecico donde suele acurrucarse, haciéndose un ovillo con su cabecita entre sus patitas delanteras. Pero ayer..., ayer nooo.

Necesitaba el listo y vivo animal refrescarse y, como no puede dejar su abrigo de piel en el armario, ahí está, pasándolas como las de Caín. Muy mal.

Aunque yo creo que exageraba un tanto porque, si tenemos que dar la razón a los tuaregs del desierto cuando afirman que «lo que resguarda del frío, resguarda también del calor», quizá no le fuera tan mal. Esa es la razón por la que, cuando van de oasis en oasis por el desierto, a temperaturas superiores a los cincuenta y cinco grados, lo hacen envueltos en mantas de lana, de la misma manera que cuando la temperatura nocturna baja muchísimo.

A lo mejor, por eso, el gato de nuestra foto se encuentra tan agustito, metidito en su abrigo de piel.

Aunque, si te digo la verdad, yo pienso que no; que a las seis de la tarde de ayer el gato estaba asadito en su propio jugo. Y esa era la razón por la que le colgaba, indolente, la cabeza muy fuera del cuenco del tiesto, buscando árnica, algo de aire fresco.

Pero lo malo, malo, era que no se movía aire alguno. Tampoco él se movió cuando me acerqué a la verja y le saqué la foto.

A lo mejor, el pobre gato dio en pensar que le estaba ocurriendo a él lo que le aconteciera al pueblo judío cuando Dios, por medio de Moisés, lo sacó de Egipto y tuvo que andar durante cuarenta años, toda una generación, por el desierto del Sinaí, según nos lo relata el libro del Éxodo.

Y lo que le aconteciera al pueblo judío, que Dios no lo abandonó a su suerte y les puso una nube que les proporcionaba sombra durante el día para que no se achicharraran, y luz y calor por la noche para que vieran dónde ponían el pie y para que el frío no los congelara, le acontece también a él, pues la casa le proporciona sombra y, de noche, como le permiten entrar en ella...

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

15.6.2026. Lunes. (C. 2.581).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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