ESTAMPA CAUDETANA.
HACE CALOR.
No hace falta que nos lo diga nadie.
El calor se siente y se sufre y el cuerpo que se ve en esa tesitura se pone, el pobre, a sudar por cada poro un goterón.
Pero, no obstante y erre que erre, nos lo dice todo el mundo:
Los chicos del tiempo de la tele son reincidentes y vienen a decirnos: "es lo que hay". Pero, sobre todo, aquellos con los que nos cruzamos por la calle -¡Ufff! ¡Qué calor hace! -, como si uno no tuviera noticias de ello.
Y, claro, desde nuestros adentros se levanta, como si fuera un géiser, un borbotón de calorías.
Y, sí, contestamos: Cierto, ¡Qué calor! ¡Esto no es normal en este tiempo!
Y aquel con quien nos cruzamos, para darnos ánimo va y nos dice:
- si esto es así ahora, espera a que llegue el lapso de tiempo de julio y agosto, entre Santiago y Santa Ana, en que pintan las uvas y la Virgen en que ya estarán maduras. Porque nos vamos a enterar.
Pero quienes nos lo dicen de una manera natural hasta dejarlo de sobra son los mínimos.
Bajaba yo ayer por la Avenida de la Virgen de Gracia, como tantas veces, cuando, al pasar por delante de dos viviendas igualitas, gemelas, los vi.
Tres gatos parecían gritar a toda pastilla ¡Uf! ¡Qué calor!
No pienses que maullaban lastimeramente, ¡qué va! Lo gritaban a todo quisque que por allí pasábamos con sus poses.
Juzga tú viendo las fotografías que te adjunto.
En la primera, la que abre estas letricas, vemos un tiesto ornamental en cuya copa destaca no una preciosa planta. Allí acurrucadico, se encuentra sumido en un sopor absoluto un minino.
No creas que se dignó despegar los párpados para verme. Ni siquiera prestó atención a mis bisss, bisss, bisss.
"Pasó olímpicamente de mi". Estaba muy a gusto en el frescor que sin duda le otorgarían unas plantas a las que aplastó.
En el cemento de la entrada a la segunda casa, allí donde daba la sombra, dos coleguillas del anterior, totalmente indolentes, yacían cuan largos eran, dormían envueltecicos por el bochorno ambiental, "sufrían" una siesta en la que soñarían, sin duda alguna, con frescas brisas.
O quizá, no. Pues, a lo mejor, estaban en su salsa disfrutando como enanicos con el fuerte calor reinante, porque, como es sabido, los gatos son frioleros y del agua fría huyen como un ser humano lo hace del diablo.
No sé, no sé. Estoy proyectando nuestro sufrir el calor a los gatos y, ¿quién sabe? A lo mejor, presa del sudor que pegaba mi camisa al torso, di en pensar que los listos felinos se encontraban de aquella guisa por el ahogo que inflige el calor a los que no somos poiquilotermos.
"¿Quién dijo miedo habiendo hospitales y cementerios?"
Afirma el dicho indicando que las dificultades que el ir por la vida no deben impedir el inherente deber de sacar adelante nuestra encomienda.
Jesús nos dijo:" No os dejaré solos. Estaré uncido al yugo tirando con vosotros hasta el fin de los días" (Mt. 28,20)
Recibe mi saludo,
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
1.6.2026. Lunes. (C. 2.571).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario