ESTAMPA CAUDETANA
EL ENTRETENIMIENTO CULTURAL
Sitúate. Plaza de Nuestra Señora del Carmen. Por la mañana, en la Real Villa de Caudete. Son las diez. El sol va gritando que ya se encuentra a las puertas de la Villa, cosa que percibimos porque el frescor, no mucho, que dejó la noche se está esfumando y empezamos a sentir el calor que lo acompaña. Ya se está bien a la sombra.
Por las ventanas abiertas de par en par del convento de San José (el Carmen), por las que aún entra el aire nocturno a los interiores, se cuela la voz aterciopelada de una mujer joven.
Atraído por aquella voz, me asomo a una de las ventanas. No veo a quien habla ni a aquellos a quienes se dirige. El edificio de enfrente los oculta.
Me pareció que habían convocado a un buen grupo de críos para entretenerles la mañana, posibilitando un tiempo y un espacio de paz en sus respectivas casas, porque con el calor que padecemos...
Por el tono, la forma pausada de hablar y el vocabulario empleado, percibía que se dirigía precisamente a eso, a un grupo de ñacos pequeños.
Les explicaba lo que, al parecer, iba a ser un paseo turístico-formativo por algunos lugares de la Villa.
Les hablaba de la estafeta de Correos, que los niños conocen, aunque les aclaraba que no siempre estuvo donde hoy se encuentra. Hace mucho tiempo estaba en la calle por la que iban a pasar a continuación: la calle Mayor.
Les adelantaba que en esa calle iban a ver una casa muy antigua, edificada en 1888.
También los ponía en antecedentes de que iban a contemplar el Ayuntamiento. Y les preguntó:
—¿Sabéis qué es el Ayuntamiento?
Un niño respondió:
—Es una casa.
La cicerone le dijo que sí, que es el lugar donde hoy se reúnen el alcalde y los concejales para tratar los asuntos de la Villa.
Pero insistió la joven:
—¿Sabéis qué significa la palabra «ayuntamiento»?
El silencio en la plaza se cortaba con un papel de fumar. Nadie aventuró respuesta alguna.
Ella rompió el silencio:
—Significa «cárcel», la casa donde encerraban a la gente que se portaba mal (*).
Después llamó la atención de los pequeños sobre un adorno existente en una fachada de la plaza y les preguntó, seguramente señalándolo con el dedo:
—¿Sabéis qué es eso?
Nadie abrió la boca. Al menos yo no oí respuesta alguna.
Entonces les dijo:
—Es un trampantojo. Un trampantojo es algo que parece real, pero no lo es.
Y apostilló:
—Ya sabéis una palabra nueva para que la enseñéis en casa.
También les comentó que, antes de entrar en la plaza de la Iglesia, iban a ver una casa que mandó construir un hombre famoso de esta Villa hace más de cien años, llamado Francisco Albalat Navajas.
Finalmente les preguntó:
—¿Habéis estado alguna vez en la plaza de la Iglesia?
La respuesta fue unánime:
—¡¡Síiiiiii!!
—¿Y sabéis qué se hace en ella?
Escuché que uno contestaba:
—Allí se pone un castillo.
Ella aprovechó para hablarles un poquito de las Embajadas y de lo que cuentan sobre la historia de Caudete.
Completadas las explicaciones acerca de en qué iba a consistir el periplo mañanero, las tres mujeres que los acompañaban los pusieron en fila india y emprendieron el camino hacia la calle Mayor, momento que aproveché para «cazarlos» en el vídeo que da noticia del hecho.
En un primer momento me extrañó que no hicieran mención al convento de San José ni a su iglesia, junto a los que se encontraban y que, precisamente en aquellos momentos, llamaron su atención porque las campanas de su torre pusieron música de bronce a la reunión. Pero caí en la cuenta de que ese grupo, u otro por el estilo, suele utilizar el claustro barroco-toscano del convento como lugar de esparcimiento y de actividades lúdicas, pictóricas y formativas.
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
30.7.2026. Jueves. (C. 2.620).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
(*) No sé si la entendí bien porque es bien sabido que la palabra Ayuntamiento, ni histórica ni etimológicamente, significa cárcel. Posiblemente, y creo que así sería, lo que querría decir es que, en ese lugar en alguna época de la historia, se encerrarían, provisionalmente a quienes se portaban mal.
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