ESTAMPA CAUDETANA.
4.º DÍA DE LA NOVENA A LA PATRONA.
Hacía calor, mucho calor, en la tarde de ayer. Cuando emprendí el camino hacia la Glorieta de la Cruz, después de haber cerrado el Manifiesto de Jesús Sacramentado, creí que me iba a derretir.
Al llegar al recoleto corralico donde se levanta el monumento, el sol punteaba con sus rayos todo el lugar, salvo un poquito de uno de los bancos allí existentes, que fue en el que me instalé.
Durante bastante tiempo estuve solo, hasta que llegó un señor de mediana edad que encontró lugar para estar y esperar el paso de la comitiva de la Comparsa de los Moros, a espaldas del monumento. El asiento era duro y nada cómodo, el escalón más alto. Pero allí estuvo, a salvo de los ataques inmisericordes de un sol en despedida.
En el banco del paseo, un par de parejas de jubilados. Uno de ellos aparece siempre ejerciendo de abuelos de unos chavalines que no paran ni un momento, jugando a lo suyo, mientras sus abuelos hablaban de su padre y de sus tíos, de lo que hacían y de dónde vivían aquí, en la Villa.
La música nos apercibía, a las 19:20 horas y desde muy lejos, de que la comitiva ya bajaba por la Avenida de la Virgen. Todavía tardarían en llegar, siguiendo al coche de la Policía Municipal que abría el paso.
Y sí, nueve minutos después, la volantico, que además de serlo iba preciosa con su hato moro, portando el ramo de flores que iba a ofrecer a la Virgen de Gracia, llegó a nuestra altura, en la Glorieta de la Cruz, cuando faltaba un minuto para las 19:30 horas.
Detrás, las guapas de la Villa, damas de honor de otra guapa, la Reina de las Fiestas, a la que acompañaban, los mandos de la Comparsa, seguidos por las autoridades civiles, que marchaban indicando con su indumentaria lo que ya te indicaba antes: que hacía mucho calor, pues iban en camisa y con las mangas remangadas.
La banda de música llenaba todo el lugar con las melodías que lanzaban al aire los maestros instrumentistas.
Con el paso del último de los miembros de la Comparsa encargada de ofrecer las flores a la Patrona por las manos inocenticas de la volantico, las gentes que habíamos esperado su paso empezamos a desfilar, buscando el frescor de nuestras respectivas casas.
Yo hice otro tanto, porque debía estar en el Convento de San José (el Carmen), ya que el prior andaba en el hospital de Almansa haciendo compañía a Fr. Paco, que anda, el hombre, convaleciente de una intervención quirúrgica, y el párroco, presidiendo la liturgia de la novena en el Santuario de los Copatronos.
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
17.8.2026. Lunes. (C. 2.635).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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