ESTAMPA CAUDETANA.
SEGUNDO DÍA DE LA NOVENA.
Cuando apareció el volantico de la Comparsa de los Mirenos en la glorieta de la Cruz, ya llevábamos esperando un buen rato una gran cantidad de gente.
Un abuelo, ejerciendo alegremente de tal, trataba de calmar a uno de sus nietecicos, que no paraba de preguntarle:
—Abuelo, ¿pero cuándo vienen? ¡Quiero verlos!
Y el abuelo, pacientemente —era su nieto, claro—, le contestaba una y otra vez:
—Estate tranquilo, que no tardarán en pasar y los verás.
En otra ocasión le respondió:
—Ya solo faltan quince minutos.
De los cuatro nietecicos que arrastraban consigo los abuelos, solo uno era el que, llevado por la curiosidad, requería una y otra vez al abuelo:
—A ver cuándo pasan los de la novena.
Se hacían notar al subir desde su sede oficial hasta el santuario, por la calle El Molino arriba y hasta la plaza de Nuestra Señora del Carmen. Llamaban la atención los miembros de la Comparsa de los Mirenos, no solo por la banda que los acompañaba, sino también por la retahíla de bombas de pirotecnia que, de trecho en trecho, hacían explotar.
El reloj caminaba raudo. El tiempo es como un atleta que no se cansa y mantiene siempre el mismo ritmo. Hacía ya un rato que la manecilla larga había sobrepasado con creces las 19:30 horas y eran esperados en la ermita de los Copatronos poco antes de las 20:00 para hacer la ofrenda floral a la Patrona, la Virgen de Gracia, y continuar con la celebración de la Sagrada Eucaristía.
Pasaron los volanticos; pasaron la Reina de las Fiestas y sus damas de honor; pasaron los responsables de la comparsa, vestidos con riguroso lujo y elegancia, y con ellos el Ilmo. Sr. Alcalde, vestido de calle por el fuerte calor que hacía ayer; el Sr. Concejal de Fiestas y algún miembro más del consistorio.
La banda de música lo llenaba todo de notas que, unidas, formaban alegres melodías que se abrían camino bajo la pérgola verde de la avenida de la Virgen de Gracia, anunciando su pronta llegada a la ermita-santuario para la celebración del segundo día de la novena en honor de la Patrona, la Virgen de Gracia.
Todas las comparsas arrastran detrás de sus mandos a un buen número de componentes, a los que se unen muchas otras personas. Pero los acompañantes que cerraban la fila de los Mirenos, más que muchos, me parecieron toda una rambla por la cantidad de gente que iba alegremente departiendo unos con otros.
Yo cogí "el tole, tole", que diría mi madre, y por la avenida del Atleta Antonio Amorós volví a casa.
La Villa estaba en silencio. No se veía un alma por las calles. Era lógico porque, por una parte, mucha gente se había dado cita en el santuario y, por otra, otras muchas personas no estaban dispuestas a soportar el calor de unas calles en cuyo asfalto había dejado el sol su impronta y que, a aquella hora, seguía desprendiendo el calor acumulado, elevándose e inyectándose en el ambiente.
Que Ella, nuestra Madre y Patrona, la Virgen de Gracia, nos auxilie y vele por nosotros, sus hijos, y también por los campos del predio caudetano, sin olvidarse de todos aquellos otros hijos que sufren horrorosamente el azote del fuego.
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
3.8.2026. Lunes. (C. 2.623).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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