ESTAMPA CAUDETANA.
EL BOTÓN.
Hace unos días bajaba por la Avenida de la Virgen, como es mi costumbre siempre que me es factible y, al llegar a la altura del Polideportivo Municipal Antonio Amorós, lo vi.
Él, el botón, me pedía auxilio.
No me lo suplicaba con una mirada triste y lánguida —que también pudiera haberlo hecho—, sino dándome su trasera y mostrándome su ganchito, ese ganchito con el que iba prendido al hato de una de tantas beldades caudetanas que han procesionado o desfilado durante nuestras fiestas.
Puede incluso que luciera guapo, guapo, prendido en uno de los vestidos de diseño de la Reina de Fiestas o de alguna de sus damas.
El caso es que el lindo botón allí estaba: solo, triste, llorando su pena al borde del alcorque donde otrora creciera hermoso un olmo pumila.
Ahora permanece su vestigio: un tocón que, lejos de gritar ¡MUERTE!, ¡MUERTE!, parece gritar ¡VIDA!, ¡VIDA!
Porque, por allí por donde subía su alma, ahora emerge un plantón de laurel silvestre, de esos que abundan en los parterres de la Avenida.
Y, claro, no podía ser de otra manera.
Le di la vuelta con el bastón del que suelo hacer uso y se me mostró guapo, bello, todo él una luz.
Así que doblé el espinazo y aquel BOTÓN dejó su tristeza al borde del alcorque y se vino, todo contento, conmigo.
La foto te lo muestra.
Y él es quien te lleva hoy mi saludo:
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
23.9.2026. Miércoles. (C. 2.666).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
NOTA. Si la hermosa mujer caudetana que lo perdió en fiestas lo ha echado en falta y desea volver a hacerse con él, no tiene más que acercarse por el Carmen y pedírmelo.
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