ESTAMPA CAUDETANA.
AUSTRALIA, VIDA EN ESTADO PURO
A lo largo de este mes de octubre se ha venido desarrollando en esta Real Villa de Caudete, Ciudad de la Acuarela, la VIII Bienal de la pintura a la Acuarela.
Se abrió el pasado día dos y mañana llegará a su conclusión. Mañana se la pondrá el broche de oro
Y, no podía faltar en una exposición de pintores llegados desde Australia, país invitado a la VIII Bienal Internacional de la Pintura a la Acuarela de Caudete, una muestra de la riqueza natural de aquella tierra lejana, tan llena de contrastes y de vida.
Según nos contaba Caroline Deeble, comisaria de la exposición, en la inauguración de la exposición en el claustro del convento de San José, el Carmen, los artistas australianos nos han traído, a través de sus obras, una información pormenorizada de su país. Y así, paseando por nuestro claustro barroco-toscano del convento de San José, el Carmen, podemos acercarnos a sus gentes, tanto a los aborígenes como a quienes llegaron después, con el proceso colonizador; a sus desiertos y sus extensas planicies, a sus costas, a sus bosques y, cómo no, a su singular fauna autóctona.
Hoy, víspera del cierre de la exposición porque cierra la VIII Bienal de la pintura a la Acuarela, me detengo ante dos obras de William Ritchie, científico neozelandés, doctor en Biología, que ha encontrado en la pintura, el dibujo y la escultura otra manera de expresar su conocimiento y su admiración por la naturaleza. Y lo hace con un realismo admirable, prestando atención a los detalles que tantas veces pasan inadvertidos a nuestros ojos.
La primera obra lleva por título Shore Patrol, algo así como «Patrulla de la playa».
Dos pequeñas aves recorren la orilla, allí donde la tierra se encuentra con el agua. Son los tūturiwhatu, conocidos también como chorlitos de Nueva Zelanda, que buscan su alimento entre los restos que el mar ha ido dejando sobre la arena.
¡Qué sencillez la de esta escena!
Sólo dos pájaros, la playa y los despojos marinos. No hace falta más. El artista ha sabido captar ese instante cotidiano en el que la naturaleza sigue su curso, ajena a nuestras prisas y preocupaciones. Basta mirar con atención para descubrir que la belleza no siempre se encuentra en lo extraordinario; también se da en lo pequeño, en lo humilde, en aquello que apenas reclama nuestra mirada.
La segunda acuarela lleva un título tan escueto como expresivo: Wallaby.
Y aquí aparece uno de esos animales que, cuando pensamos en Australia, acuden inmediatamente a nuestra imaginación: un marsupial emparentado con el canguro, aunque de menor tamaño.
Ritchie lo ha situado entre la vegetación y la espuma de las olas, de espaldas al espectador, como si estuviera contemplando el mar o escuchando el rumor de las aguas.
Su figura destaca sobre el blanco encrespado de la espuma, mientras la vegetación del fondo parece protegerlo.
Hay algo de misterioso en esa postura. No vemos su rostro, no sabemos qué reclama su atención, pero el artista consigue que nos detengamos ante él y nos preguntemos qué estará mirando.
Y es que el arte tiene esa virtud: nos invita a mirar, pero también a imaginar.
Dos obras distintas, dos escenas de la vida natural y un mismo propósito: acercarnos a una tierra lejana a través de sus habitantes, de sus paisajes y de sus animales.
William Ritchie, que conoce la vida desde la perspectiva de la ciencia, nos la presenta ahora desde la sensibilidad del artista.
Y, acaso, ambas miradas no sean tan diferentes: las dos necesitan observar, descubrir y comprender; las dos nos ayudan a apreciar aquello que, por cotidiano o desconocido, podría pasar inadvertido.
Australia está hoy un poquito más cerca de Caudete.
Nos la han traído sus artistas, y la tenemos al alcance de la mano, colgada en las paredes de nuestro querido claustro del convento de San José, el Carmen.
Por eso, si todavía no has visitado la VIII Bienal Internacional de la Pintura a la Acuarela, todavía puedes hacerlo hoy y nañana.
Acércate, detente ante las obras y déjate sorprender por lo que estos artistas ven en su tierra y han querido compartir con nosotros.
Quizá descubras que, para viajar lejos, no siempre es necesario volar durante muchas horas en la cabina de un avión. Bastaría con detenerse ante una acuarela de las expuestas en el claustro del convento de San José ,y mirar.
¡Caudete ha sido durante este mes una ventana abierta a Australia!
Recibe mi saludo,
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
24.10.2026. Sábado. (C. 2.695).
P Alfonso Herrera. Carmelita.


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