ESTAMPA CAUDETANA
LA LUZ EN LA ACUARELA
Hoy, cuando las paredes del claustro bajo del convento de San José, el Carmen, han recuperado su estado habitual, convertidas de nuevo en frontones donde rebotan las oraciones de sus moradores para dirigirse al cielo, voy a sacar de la cámara oscura de mi telefonillo las luminosas obras de un pintor nacido en Singapur y afincado en Australia con su familia desde 2007, concretamente en la ciudad de Adelaida.
Se llama Alan Ramachandran.
Alan comenzó el camino que habría de convertirlo en un consagrado artista de la acuarela cuando todavía trabajaba como diseñador de interiores en su Singapur natal.
Fue allí, en la Escuela de Artes de La Salle, donde dio el salto al mundo de la pintura bajo la dirección de destacados acuarelistas de su tierra, algunos de ellos profesores de aquella institución.
Su obra, presente en numerosas manifestaciones artísticas dedicadas a la acuarela en Asia y Australia, ha llegado hasta nuestra Ciudad de la Acuarela, hasta la Real Villa de Caudete, y nos ha regalado dos preciosas obras.
Su quehacer pictórico se distingue por la luminosidad. La luz lo llena todo y da sentido a cuanto aparece en sus cuadros. No es un mero elemento decorativo: es la protagonista que descubre las formas, acaricia el paisaje y da vida a lo que, sin ella, permanecería oculto.
Tras establecerse en Adelaida, centró buena parte de su producción en los paisajes australianos y, de manera especial, en la cordillera de los Flinders, situada al sur de Australia a la que convirtió en protagonista de numerosas acuarelas.
De las paredes de nuestro claustro colgaron dos de sus obras.
Hoy te presento una de ellas:
Morning Shadows.
Traducido al castellano, SOMBRAS DE LA MAÑANA.
La obra se encuentra enmarcada por un paspartú negro que contribuye a concentrar nuestra mirada en la pintura y, al mismo tiempo, realza su luminosidad.
Ese fondo oscuro hace que la luz del paisaje parezca cobrar todavía mayor fuerza.
Ramachandran nos presenta el lecho seco de un riachuelo. La tierra, desnuda en algunos tramos, recibe la claridad de la mañana, mientras los árboles y la vegetación que la acompañan se visten de verdes, ocres y tonos azulados.
Las sombras se alargan sobre el suelo y dibujan un camino que nos conduce hacia el interior del paisaje, entre árboles y montañas.
Todo parece quieto, como si la naturaleza estuviera despertando sin prisas.
El cauce está seco, sí, pero la ausencia de agua no significa ausencia de vida. La luz se derrama sobre el terreno, ilumina cuanto encuentra a su paso y parece devolverle al paisaje aquello que el agua, por el momento, no puede darle.
Y es que esa es la magia de la acuarela: con agua, pigmentos y luz, el artista consigue que hasta el lecho seco de un riachuelo se convierta en un canto a la vida.
Porque, al fin y al cabo, la luz no necesita que el agua corra para hacer correr nuestra imaginación.
Y aquí, en esta Morning Shadows, la mañana se ha quedado prendida en el papel.
Cuántas veces acontece en nuestras vidas que todo está a oscuras, impenetrable.
Tantas veces nos pasa que nos sentimos sin un camino claro.
Cuántas veces estamos tentados de tirar la toalla y bajar del cuadrilátero de la vida.
Cuántas veces...
Y Alan Ramachandran nos grita hábilmente con los pinceles y el agua tintada que no todo es noche, oscuridad, que hay luz prístina y clara que puede despejar nuestras vidas retirando las sombras a nuestras espaldas como acontece en su obra, en LAS SOMBRAS DE LA MAÑANA.
Sólo volviendo nuestra mirada a a Aquel - Dios - que la puso para regir nuestros días y nuestras noches desaparecerán nuestras oscuridades
Recibe mi saludo
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
28.10.2026. Miércoles. (C. 2.699).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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