sábado, 21 de abril de 2018

Flor del Membrillo


ESTAMPA CONVENTUAL.
FLOR DEL MEMBRILLO

¿Te lo he dicho ya?
¿No?
Pues mira, en el corralón del CONVENTO DE SAN JOSÉ de Caudete tenemos un membrillero, el árbol que produce los membrillos. Ya sabes que con ellos una buena ama de casa hace el dulce de su nombre. También he visto en el escaparate de «Los Albertos» unos tabicones del dulce de los que, en una ocasión, nuestro administrador nos sorprendió gratamente trayéndonos  una buena pieza.
El membrillero que vive en el corralón del CONVENTO no tiene la figura ni la prestancia que tienen otros árboles que crecen en él, compartiendo el terruño. Es de porte pequeño, humilde, pero de ramas firmes cubiertas de «roña» porque, sabes, ya es un árbol viejo, muy viejo, aunque no tanto como para haber nacido 4.000 años antes de Jesucristo puesto que, ese es el tiempo del que, por primera vez, tenemos noticias de sus ricos frutos. Unas fuentes dicen que es originario del Cáucaso, otras, que es del centro-este de Europa y se vino para acá extendiéndose por todo el mundo y, de todo el mundo donde más se producen es en Hispanoamérica, más concretamente en la Argentina que sirve al mercado estadounidense porque consigue recolectar 140.000 toneladas por temporada, en España solo conseguimos recolectar 14.000 y en nuestro corralón, nuestro árbol, nuestro membrillero, también colabora al total con los suyos.
Sus raíces se extienden formando un entramado por gran parte del corralón y aquí y allí y también acullá, con harta frecuencia, surgen pimpollos de las raíces del membrillero por lo que me veo en la necesidad de arrancarlos para que no se convierta el corralón en una selva impenetrable. Ya sólo queda él. hubo un tiempo en que disfrutaba de encuentros prolongados y saludables con el sol pero desde que se plantaron arizónicas a su vera, éstas, en su crecer rápido  buscando aire y sol le privaron de las suaves caricias y del calor con que el doncel celeste, el mejor jardineros,  le  prodigaba sus cuidados.  Estuvo  a punto de perecer si no hubiera sido porque  el serrucho  puso en su sitio a las largas ramas de las arizónicas  que le estaban asfixiando al tiempo que le fueron ocultando a los beneficiosos rayos del sol y le disputaban los nutrientes de la tierra donde hunde sus raíces, aferrándose a ella para resistir, firme, a los embates del fiero viento huracanado que barre, con frecuencia, el CORRALÓN.
Esta primavera se ha puesto muy guapo. A su tiempo le liberé de apéndices secos y de otros que crecían a su aire. Les di boleta, a las ramas de las arizónicas con una afilada tijera y, ahora, me lo agradece. Luce esplendoroso en su sencillez. Diría yo que siente hasta vergüenza de ponerse tan guapo. Todo él florido. Podría decirse que se prepara para que sus frutos sean ofrecidos en las bodas como ocurría en la Grecia Clásica pues, según nos cuenta Plutarco en su libro «Preguntas Romanas», se ofrecían en las bodas griegas y es más, sigue diciendo Plutarco, que «las novias mordían el membrillo para perfumar su beso antes de entrar en la cámara nupcial para que el  beso no fuera desagradable».
 El membrillero del corralón del CONVENTO, ahora, va contento pues lo hace caminando durante el día del bracete de su íntimo amigo Lorenzo, el galán que le requiebra como un Manolo a su Manola, que dice nuestra zarzuela.

Así, cantarín, va el membrillero a llevarte mi saludo, mis

          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
21.4.2018 Sábado P. Alfonso Herrera. O. C.

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