jueves, 3 de mayo de 2018

Habitación 2...


ESTAMPA ALMANSEÑA.
HABITACIÓN 2...

 A la puerta de aquella habitación del 2° piso, estaba ella esperando a que terminara su faena, la señora de la limpieza. Él, el enfermo, aprovechó para ir al servicio.  En aquella habitación,  un hombre caudetano, ni joven, ni mayor. Había alcanzado  esa edad en que el ser humano, en su vivir, ya ha hecho acopio de elementos de todo tipo con los que sustentar su existir y, sobre todo, su «por venir».
Es alto, muy alto, tan alto que muy bien podría formar parte  de un equipo de baloncesto.

 Para hablar con él, mirándole a los ojos, tiene que concederle a uno el favor de inclinar la cabeza y así poder cruzarse las miradas de uno y del otro. Allí, en el hospital de Almansa, está a la espera de que le den el alta, tras haberle sometido a una intervención quirúrgica para corregirle algo que le ha fallado dentro de la piel.

Está animado y un tanto contento, según nos hace saber desde lo alto de su de su ser. En su hablar no hay palabras negativas. Pero, el hombre, está sometido a fuertes dolores y encuentra dificultad grande a la hora de hacer buenas migas con el sueño, con el descanso. Debido a lo cual, el buen hombre, no ceja, como el mejor de los soldados en su propia guerra, de luchar tratando de buscar  su curación definitiva y, por lo tanto tratará de recabar alguna otra opinión acerca de su problemática con algún otro galeno
entendido en su problema de salud, asunto de que adolece para ver si pueden darle plena satisfacción, erradicando  la causa  que le lleva  por la calle de la amargura.
Su padre falleció ya hace 11 años (me rogó que pidiera por él) su madre vive en las cercanías de Barcelona. Ya es muy mayor y como no puede desplazarse para atenderle, cuenta con la ayuda inestimable, impagable, de una mujer, todo alegría, todo servicio, todo ayuda, y a la que, me dice ella, han puesto el apodo de «Madre Teresa de Calcuta de Caudete» porque, siempre que le fue posible estuvo a echar una mano a gentes con problemas de salud y económicos, también, acompañándoles a donde fuere menester para ayudarles a «sacar las castañas del fuego». Ya soy mayor, me decía (a mí no me lo parecía) y no puedo hacerlo como lo hacía antes  porque, «el tiempo no pasa en balde». Y es que en este pueblo de Caudete todo el mundo tiene un sobrenombre, un apodo o un mote.  Claro que no es el único, al otro lado de la autonomía existe otro pueblo, Oropesa de Toledo, mi pueblo, donde, también, cada familia va recibiendo de las generaciones anteriores el mote que, por alguna circunstancia particular, de gremio, personal o por gracia de un quidan desconocido, le colocaron, en aquel entonces, «un sambenito» que les acompañará para el resto. (Recuerdo que, una vez bajaron a mi pueblo, haciendo turismo, por qué has de saber que Oropesa tiene mucho que ver, el médico (Antonio) y su esposa (Rosa) de aquel valle donde yo ejercí el pastoreo de almas en los Picos de Europa, en el valle de Lamasón,  de Cantabria. Se hospedaron en el Parador Nacional (este Parador no echó a andar con Fraga Iribarne. Lo hizo, creo que en 1939, nada más terminar aquella tragedia nacional que fue la guerra civil, en las dependencias del palacio que fuera de los Condes de Oropesa). Preguntaron por mí en el pueblo para saludarme y la gente les contestó «no le conocemos». Lógico yo había salido del pueblo con 10 añitos y no había vuelto después, salvo escasos días en vacaciones, y uno tras otro les pedían el mote de la familia, ¿cuál es el apodo familiar? y no supieron decir cuál porque mi trato con ellos, allá en los valles de los Picos de Europa, nunca salió a colación el mote que mi familia tenía. Tampoco lo voy a decir ahora aunque lo recibimos los hijos de aquel hombre, mi padre, que lucía su mote con orgullo igual que lucía su medalla de oro al mérito en el trabajo aunque no lo hacía con el título que llevaba aparejado aquella medalla. A buen seguro que cuando se cruce por ahí arriba con algún paisano, éste le dirá:
«T...... ¿Qué tal?».
 Ahí te va mi saludo, mis

          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
3.5.2018 Jueves. P. Alfonso Herrera. O. C.

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