martes, 20 de octubre de 2020

San Pedro de Alcántara

ESTAMPA CAUDETANA.

SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

 Ayer celebraba la Iglesia la fiesta de San Pedro de Alcántara.
Por muy poco no nace en el siglo XVI. Lo hizo en el último año del siglo XV, en 1499 y lo hizo en el pueblo extremeño de Alcántara.
Pedro de Alcántara fue el nombre que escogió cuando entró a firmar parte de la familia franciscana. En el Bautismo recibió el nombre de Juan Garabito y Vilela de Sanabria.
Se formó en la Universidad salmantina y cuando contaba con 25 añitos fue ordenado sacerdote.
El fraile extremeño se hizo un propósito al ver que todo en este mundo es caduco y a nada interesante conduce: "TENGO QUE CONSEGUIR ENTRAR EN EL CIELO" y todo, en este mundo, dejó de ser importante para él, dejó de merecer la más mínima atención, hasta su mismo cuerpo. "El fraile Pedro de Alcántara parece un puñado de sarmientos por lo delgado que está, dirá de él su primera biógrafa. Santa Teresa de Jesús pues le dedica la Santa tres capítulos del Libro de su Vida.
Este joven era, como todos los extremeños, lanzado, de temperamento, conquistador. También entre los frailes escaló hasta el puesto de servidor mayor, fue elegido Provincial y desde la encomienda recibida de sus hermanos de hábito, se dedicó a reformar a los frailes de San Francisco que tras trescientos años de existencia ya necesitaba una limpieza de cara, de adherencias depositada en el correr de los siglos.
Él daba ejemplo. La vida ascética, de privaciones y ayunos, fue para él el cimiento sobre el que se levantó pujante su vida místico-espiritual.
Iba de aquí para allá como gitano en carreta, salvo que, él lo hacía descalzo fundando conventos. En el ámbito de influencia de mi pueblo, de Oropesa, fundó dos conventos.
Pedro de Alcántara era un hombre para la comunicación y tenía buenas relaciones con gentes de toda clase y condición social. El Emperador Carlos I° de España y V° de Alemania charló con él cuando ya vivía sus últimos días en Yuste. Quiso retenerle a su lado como predicador y confesor pero no consiguió forzar su voluntad de seguir caminando.
A estas alturas te habrás preguntado la razón de  que te hable hoy de San Pedro de Alcántara. Pues, mira, por esto: Lo que no consiguió el emperador, lo consiguieron los Condes de mi pueblo, LOS ÁLVAREZ DE TOLEDO que le convencieron para que fuera el preceptor de sus hijos. De su buen hacer  salió un Arzobispo, que lo fue de Granada, y un Virrey del Perú, cuando el Perú se extendía desde Perú hasta la mitad de Argentina.
Al aceptar ser docente y educador de los hijos de los Condes de Oropesa lo hizo con una condición: "que le dieran como aposento uno pequeño, oscuro y con una tabla cubierta con hojas de mazorcas de maíz para dormir y, como alimentación, solo pan y agua.
Más tarde fundó en Arenas de San Pedro a 54 kilómetros de mi pueblo de Oropesa donde moriría a la edad de 63 años en el año de 1562.
Tres años antes tuvo el primero de los encuentros con Santa Teresa de Jesús que le tomó por confesor. El franciscano alentó el sueño de reformar el Carmelo. Fueron dos almas gemelas, dos almas con idénticos planteamientos de vida, influenciados por el Espíritu Santo, afrontar la renovación de dos aspectos parejos de vida religiosa.
Y, también te hablo hoy de él porque en mis años niños (de10 a 13) los pasé formándome interno en un colegio de Arenas de San Pedro (ya te he hablado de él en alguna otra ocasión) y cada 19 de octubre subíamos los colegiales hasta el Santuario de San Pedro y. Con el tiempo bueno, todos los domingos. Me gustaba introducir los dedicos  en los huequecitos formados en una peña berroqueña por los fieles que hacían andando el camino, tres kilómetros, hasta el santuario para rezar ante los restos del Santo, porque la tradición afirmaba que fue allí  donde apoyó su mano derecha el santo cuando volvía a su convento tocado por la enfermedad que le llevaría de este mundo al encuentro con Dios Padre. Se dice que próximo a morir tuvo un éxtasis en el que vio a la Santísima Trinidad y a la Virgen María y que, al volver del estado de privación, inménsamente contento recitó:

"Que alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor" (Salmo 121) y murió.
También me gustaba tronchar una ramita aprovechando un descuido del fraile, del zarzal sin espinas, pues, la tradición ha traído hasta nosotros que,: "en una ocasión en que era fuertemente tentado por el diablo con insinuaciones libidinosas, se arrojó al zarzal para que, al pincharse, pudiera vencer la tentación".

Por las calles de mi pueblo pisaron tres Santos, San Alonso de Orozco, paisano del lugar. El portugués, San Juan de Dios que trabajó con un hacendado de la Villa durante 14 años, hasta que se enroló en el ejército real, y San Pedro de Alcántara, el extremeño, cuya fiesta celebrábamos ayer.

Ilustran estas letricas las fotografías del habitáculo donde encontraba reposo su maltrecho cuerpo en el palacio de los Condes de Oropesa, que he tomado de internet.
También se dice que la Andariega, Santa Teresa de Ávila, también fue recibida en la casa de los Condes... hoy Parador Nacional de Turismo desde 1928.

Recibe mi saludo, mis

      ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
20.10.2020. Martes (C. 1056)

P. Alfonso Herrera Serrano, Carmelita.

2 comentarios:

  1. Muy buenos días, P. Alfonso, ¡ Que interesante todo lo que hoy nos ha contado!!! Cada día nos sorprende con nuevos relatos , pero nos ha dado a conocer toda la historia de San Pedro de Alcántara, que muy bien nos la ha redactado.Que tenga un buen día.

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  2. Fina Solera Rodriguez20 de octubre de 2020, 10:23

    Buenos días P. Alfonso . Grande es su pueblo de Oropesa que albergó no un Santo si no tres y entre ellos San Pedro de Alcantara cuya historia nos relata hoy y es preciosa . En buen lugar nació usted y puede sentirse orgulloso de ello. Que todos pasemos un buen martes .

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