ESTAMPA CAUDETANA.
CONCIERTO FESTERO.
Hoy, en la Plaza Nueva, acaban de decirme, hay convocada una concentración de ñacos (niños) que se lo van a pasar en grande y, en grande, lo van a pasar también los papás y los abuelos y aquellos que asistan al acontecimiento porque, ellos, los ñacos, van a ser los protagonistas pues, provistos de sus mini explosivos, de sus bombitas, harán, del ámbito de la Plaza Nueva, el lugar de sus primeras experiencias con la pólvora, experiencias que serán el asiento, el cimiento, sobre el que se levante, luego, el futuro escopetero, el trabuquero, que pegue tiros a diestro siniestro durante la procesión de la Patrona, LA VIRGEN DE GRACIA, y en otros actos como las guerrillas de Moros y Cristianos.
Pero eso acontecerá a las 12,00 horas, al medio día.
Ayer, por la noche, pasadas las 22,00 horas, tuvo lugar EL CONCIERTO FESTERO que alcanzó su 39 edición en la Plaza de Nuestra Señora de El Carmen. Digo pasadas las 22,00 horas porque, en esta Real Villa de Caudete, una cosa es que un acto, como el de ayer, tenga fijada una hora para su comienzo y, otra muy distinta es el momento en que echa a andar el acontecimiento porque, siempre, siempre, se conceden unos minutos de cortesía.
Por espacio de hora y media La Sociedad Unión Musical Santa Cecilia de Caudete que fue la gran triunfadora, ganadora del primero de los premios del Concurso Nacional de Bandas celebrado en la ciudad de Valencia el pasado día 17 de julio, fue interpretando cinco pasodobles, tres marchas moras dos marchas cristianas y una marcha procesional (Ave María), bajo la batuta de su director, Antonio Lajara Ángel, salvo en aquellas composiciones que dejaba la batuta a su compositor.
La Plaza y boca calles que en ella nacen o desembocan, se encontraba totalmente abarrotada de personal, cosa que no es de extrañar porque en en esta Villa todo el mundo es melómano por excelencia: tanto es así, que hasta bebés en sus cochecicos o en los brazos de sus papás asistían, a su manera, más bien "cachorreramente" , juguetonamente, pero bañados en un ambiente musical que ya los va calando desde su más tierna infancia y que, sin duda alguna despertará, más adelante, en forma de instrumentistas o vocalistas que seguirán los pasos de otros muchos que se sientan, hoy en día, en las grandes orquestas de ciudades de todo el mundo.
Yo, a pie enjuto, apoyado en la pared de la torre de la iglesia del convento de San José (El Carmen) asistí, disfrutando un montón, hasta que mi pierna derecha se plantó y dijo tajante:
"HASTA AQUÍ, ¡VÁMONOS!"
Y, yo, Hijo de obediencia, apagué mi telefonillo y "pian, pian, pian", me fui a casa. Pero no por eso dejé de disfrutar del concierto porque, a través de las ventanas abiertas de par en par, se metía, nítidamente, la música que los maestros intérpretes arrancaban de las partituras sirviéndose, cada uno de ellos, de su respectivo instrumento.
Y, ya te digo, el concierto vino a durar eso, una hora y media, más o menos y tuvo, como colofón, según viene siendo ya costumbre, un hermoso árbol de fuegos, de pirotecnia que puso el contraste a la linda música con sus estampidos, eso sí, con mucho colorido, pero, más que nada, ruido.
No sé qué hubiera dicho Napoleón Bonaparte si hubiera escuchado los estampidos del árbol de fuegos artificiales con que se cerró el fantástico acto, si de la música dijo ser:
"El menos desagradable de los sonidos".
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
30.8.2025. Sábado. (C. 2.330).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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