ESTAMPA CAUDETANA.
OTRA BORRASCA ESTÁ LLEGANDO
No acaban de despedir los chicos del tiempo que aparecen en los distintos medios de comunicación a la borrasca Regina, cuando ya nos están hablando de otra a la que todavía no han bautizado, pero que viene con prisas para hacerse con el testigo que va dejando atrás la que se nos está yendo.
Y sí, ya está haciendo Portugal de puente a la que entra desde el océano Atlántico, que es por donde se deja caer desde el Septentrión helado y que, además, viene cargadita de nieve que irá dejando a su paso por España en cotas no muy altas, muy por debajo de los mil metros de altura.
Nos dicen que viene ligera, como atleta que corre en busca de una medalla en las pistas de un estadio olímpico, porque aseguran que el miércoles se habrá marchado a poner de los nervios a los que hacen su vida en las islas Baleares.
La fotografía que ilustra mis letricas de hoy la he tomado ayer en el patio de una de las viviendas de la Avda. de la Virgen de Gracia. Al parecer, la borrasca Regina, antes de “poner los pies en polvorosa”, quiso dejar señal de su mal comportamiento e hizo otro tanto como hiciera con la linda Mirabeles, de la que te hablaba ayer. Con la pita que crece en un tiesto dentro del patio de esa vivienda hizo lo propio.
Claro que la bravuconería se paga, porque la Mirabeles, en su sencillez, decía mientras Regina la llevaba de un lado a otro: «Ahí me las den todas». La pita, en cambio, se hizo la valiente y, a la encoraginada borrasca con nombre de reina, se le inflaron los mofletes y sopló… ¡vaya si sopló! Y dio con ella por los suelos.
¡Pobre pita!
No sé si durante la noche se habrá entretenido la borrasca nueva en abrir sus grifos sobre Caudete y su predio, pero cuando abrí la ventana de mi habitación esta mañana estaba cayendo agua, como dicen aquí, a lo bonito, para dejar de hacerlo cuando las manecillas del reloj marcaban las nueve horas en punto.
Me dice mi compañero, el P. Ángel, que en eso del tiempo no anda a la zaga de los de la AEMET, sino mucho más por delante, que el tren de borrascas no se ha portado mal del todo en lo referente a soltar agua por estos pagos. Otra cosa han sido los vientos que traían consigo, porque tanto presumir por esos lugares de Dios y, aquí, en el ámbito conventual, no ha sido para tanto, pues no se ha llenado del todo la conchita de la fuente. Y, cuando lo hace, la conchita nos dice:
«Un hilo de agua ha caído».
Y como todavía le faltan cuatro dedos para llegar a los bordes, me dice mi compañero:
«Sumando todo el agua caída no llegan, al presente, a los 40 litros por metro cuadrado en el claustro barroco-toscano del convento de San José (el Carmen)».
Bienvenida sea el agua, tan necesaria para todo, e incluso también los vientos porque, al alimón, se han llevado la suciedad que poluciona nuestra Real Villa de Caudete y sus aledaños.
Y mientras las borrascas van y vienen por los cielos de Dios, aquí abajo seguimos mirando al cielo con esperanza, porque bien sabemos que, cuando el agua cae con medida, hasta la tierra más callada acaba dando gracias.
A esta hora, en mi calle de El Molino, por estar trazada en cuesta no queda vestigio de la lluvia en charco alguno. Pero si te metes en la dedicada al P. Elías Requena, verás en los charcos cómo corren veloces por el cielo las nubes camino de la costa blanca en Alicante.
Recibe mi saludo, mis
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
10.3.2026. Martes. (C. 2.493).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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