miércoles, 24 de junio de 2026

Los lirios de San Juan.

ESTAMPA CAUDETANA.

LOS LIRIOS DE SAN JUAN.

Una asidua lectora me ha mandado ese ejemplar que preside hoy, día de San Juan, mis letricas saludatorias.

Me decía que no sabía cómo se llamaba pero como era tan bonita, me la mandaba.

Iba tan tranquila, sigue diciéndome, dando un paseo, con el paso corto que aconseja el calor de estos días, cuando de pronto, se topó con ella.

No estaba escondida. Todo lo contrario. Parecía que deseaba hacerse notar. Y ¡Vaya si lo consiguió!

Allí estaba, levantando sus flores por encima del manojo de hojas largas y arqueadas que les sirven de escolta. Flores grandes, de color suave, entre melocotón y albaricoque, con una garganta encendida de oro y fuego.

Pues, mira se llaman LIRIOS DE SAN JUAN, quizá los llama así la gente porque florecen por ahora, por San Juan, aunque los entendidos en plantas prefieren llamarlos Hemerocallis.

A mí me da igual. Le contesté,

Ya sabes que no soy hombre de discutir con los sabios. Ellos les ponen el nombre científico y yo me limito a admirarlas.

Porque guapas sí que son.

¡Gracias por mandármelas!

Has de saber que tienen una particularidad que siempre  llama la atención porque como le acontece a las flores de las Echinopsis:

Cada flor vive apenas un día. Abre sus ojos al sol de la mañana, luce toda su hermosura durante unas cuantas  horas y, cuando llega la noche, se despide discretamente y se marcha por el foro al nunca jamás porque no le gustan, para nada, las hogueras que se encienden estas noches por muchas de las playas de la Piel de Toro. Son famosísimas las que se encienden en las playas de Alicante porque atraen a multitud de visitantes - el Sr. Barcala, alcalde de la bella ciudad alicantina, decía ayer por la mañana que hasta el momento les estaban visitando dos millones de turistas -.

Pero la planta no se entristece. Porque no le acontece lo que al combustible de las hogueras, no se convierte en ceniza, no se apaga porque, mientras una flor se le marcha, otra se prepara para ocupar su lugar.

Y así, durante unos días. Parece que la planta permanece siempre de fiesta.

Puede que la naturaleza nos esté diciendo desde ella lo que acuña el dicho popular:

"¡A vivir, que son dos días!" 

Sí, yo veo en ella una pequeña lección. Un aviso.

Porque nada dura para siempre. Ni las flores, ni los días calurosos o frescos, ni las penas, ni las alegrías. Sólo permanece indeleble la Palabra de Dios (Is. 40,6-8)

Pero mientras unas cosas terminan, otras nuevas van naciendo y el LIRIO DE SAN JUAN continúa luciendo palmito en su parterre. Como así acontece con la vida, que continúa..

Y así, entre hojas verdes y flores que apenas duran una jornada, el Señor sigue recordándonos que la belleza no necesita ser eterna para ser hermosa.

Basta con que florezca cuando le llega su hora.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

24.6.2026.Miércoles. (C.2.590).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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