ESTAMPA CAUDETANA.
BUENA GENTE.
A lo mejor fue San Pancracio que le dijo algo a aquel que encontró un llavero tirado por el suelo medio hundido en la tierra. El caso es que aquella BUENA GENTE tuvo la idea de sujetarlo con tiras de celofán en el centro de un folio chillón, -chillón por su color amarillo-, y pegarlo al contenedor donde se deposita toda clase de cristal para su reciclaje.
Ocurrió esta mañana cuando me dirigía al monasterio de las monjas carmelitas para reunirme con ellas y con aquellos fieles, hoy han sido 13, para la celebración de la liturgia eucarística, me llamó la atención y me acerqué, llevado de la curiosidad, para ver de qué se trataba. Y allí estaba. Era un llaverico con la estatuilla de San Pancracio en el que se encontraba una llavecica de candado.
Posiblemente pensaría el que lo encontró que quien lo perdió frecuentará el lugar y, con el fin encomiable de que volviera el llavero a su dueño, se las ingenió para arbitrar el modo, la manera, de que cumpliera con su cometido de llevar información, la información pertinente, que se expande por todo el final de la calle que la Villa tiene adjudicada a la memoria de uno de sus alcaldes, Luis Pascual.
No pude por menos que echar mano de mi telefonillo y extraer del lugar la información plástica para poder darlo a conocer de modo que si el descuidado leyera mi Estampa Caudetana sepa dónde se encuentra su llavero con San Pancracio cuidando de la llave de su candado.
Con mis mejores deseos para el descuidado y con mi reconocimiento a esa GENTE BUENA que anda por nuestra Villa, te mando a ti mi saludo, mis
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
27.2.2026. Viernes. (C. 2.482)
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
Qué sencilla y qué hermosa escena traes hoy.
ResponderEliminarEn medio de la prisa cotidiana, un gesto pequeño se convierte en noticia buena: alguien se agacha, recoge lo que no es suyo y, en vez de guardarlo o desentenderse, se toma la molestia de buscarle dueño. Esa es la verdadera grandeza de la vida de pueblo: la conciencia de que lo que es de uno puede importar a todos.
La imagen de ese llaverico con San Pancracio, sujeto con celofán sobre un folio amarillo, pegado al contenedor de vidrio, tiene algo entrañable. Casi parece que el santo —tan invocado para el trabajo y las necesidades materiales— se ha quedado haciendo guardia, custodio fiel de una humilde llave de candado. Como si dijera: “No temas, aquí estoy”.
Y qué bien traído el detalle del lugar, esa calle dedicada a Luis Pascual, donde la memoria de un alcalde se cruza hoy con la memoria anónima de la honradez. Porque también eso construye la historia de una villa: no solo los nombres grabados en mármol, sino los gestos callados que no salen en actas.
Me gusta esa doble mirada tuya: primero la del curioso que se acerca, luego la del cronista que inmortaliza. El telefonillo se convierte así en altavoz de civismo, y tu estampa en tablón público más eficaz que cualquier anuncio oficial.
Ojalá el descuidado lector —si es que lee— reconozca su llavero y sonría al comprobar que vive rodeado de buena gente. Y si no lo lee, al menos que sepa que su llave estuvo custodiada por manos limpias y por un santo paciente.
Que no se pierda nunca esa costumbre de hacer lo correcto aunque nadie mire.
Muy buenos días.
Me ha emocionado los buenos días de hoy y tanto más el comentario. VIVA LA BUENA GENTE!!!!!
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