sábado, 28 de febrero de 2026

Linda iniciativa.

ESTAMPA CAUDETANA.

LINDA INICIATIVA.

Dos días llevo viendo a través de los troncos de los esbeltos árboles, Olmos Pumilas, que buscan llegarse hasta el cielo al tiempo que dan sombra a esa parte baja del paseo de Luis Golf donde unos  bancos dan asiento a la gente que pasan un rato "charrando"  mientras disfrutan de la sombra y del frescor que proporcionan en los días de la dura canícula veraniega. 

En estos tiempos ya están empezando a mover pero todavía les queda un poco lejos la primavera y por lo tanto los vemos totalmente desnudos a la espera de cubrirse con vestidos de diseño único que les está preparando la madre Naturaleza. 

Llevo dos días viéndolo, mientras voy de camino por la calle dedicada al fraile carmelita P. Elías Requena, que tanto protagonismo tuvo después de aquel desencuentro fratricida entre españoles y que tanto daño causó en esta su villa caudetana. Veo, desde lejos, levantada en ese lugar una especie de urna que imita mucho a uno de los faroles que las comparsas existentes en esta Real Villa de Caudete sacan en las fiestas  Patronales de Moros y Cristianos en honor de la Patrona, la VIRGEN de Gracia, a recorrer las calles en lo que se conoce como Retreta.

Ayer por la tarde, movido por la curiosidad, me acerqué para contemplar algo que llama la atención porque, me parecía a mí, que estaba fuera de ambiente o de contesto y, cuál no fue mi sorpresa al encontrarme delante de una caseta-biblioteca, BIBLIO -  CASITA, la denominan  Evaristo Bañón en honor de un gran hombre Caudetano  de feliz recuerdo.

Pregunté y se me contestó que, ayer por la mañana, (por antes de ayer), el Edil de la Villa, al que acompañaba un grupo numeroso de niños, había puesto en marcha una iniciativa tendente a favorecer la lectura  de libros entre la ciudadanía mediante el establecimiento de ese lugar de intercambio de libros, según queda reflejado en uno de los laterales de la BIBLIO - CASITA.

Dice la normativa que pueden depositarse libros que ya se han leído y no se desea conservarlos en casa y que no atenten  a los derechos humanos  y a las  buenas costumbres.  Y, ojo,  no es menester devolverlos.

¡¡¡Bien por tan LINDA INICIATIVA!!!.

Es una manera de fomentar la lectura y, con ella, la cultura. Hay otra manera que ya tiene mucho recorrido y es coincidente con el plan llevado a cabo por el Ilmo. Sr. Alcalde, supongo que asumido y alentado por todo el Consistorio Municipal,  y no es otra que la de dejar en bancos, alféizares de ventanas o en paredes e, incluso, los he visto en hospitales, libros a disposición de quien quiera tomarlos para leerlos con el compromiso de volverlos a dejar en lugares aptos y accesibles. Por ejemplo en el paseo de la mar de El Campello, a pesar de que hay caseta biblioteca, los he visto en la paredcica que separa la arena de la playa del paseo. En alguna ocasión los he utilizado yo mismo. Y, en Madrid, viene haciéndose desde hace muchísimo tiempo. Supongo que en otros lugares también se hará.

Mis plácemes para todos aquellos que han puesto en marcha tal iniciativa.  

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

28.2.2026. Sábado (C. 2.483).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

1 comentario:

  1. Qué hermosa estampa has traído hoy.
    Se nota que la mirada se te ha quedado prendida entre esos Olmos pumila, todavía desnudos, esperando el traje nuevo que la primavera les está cosiendo puntada a puntada. Esa imagen de los bancos bajo su sombra —ahora promesa más que realidad— sitúa al lector en el lugar exacto: la parte baja del paseo, el murmullo de la gente “charrando”, la vida sencilla de la villa.
    La comparación de la urna con los faroles de la Retreta en honor de la Virgen de Gracia es un acierto muy visual: une tradición festiva con cultura cotidiana. Esa “caseta-biblioteca”, la Biblio-Casita Evaristo Bañón, aparece primero como algo extraño, casi fuera de contexto, y termina revelándose como un gesto lleno de sentido.
    Me parece especialmente lograda la naturalidad con la que introduces la curiosidad personal (“me acerqué… cuál no fue mi sorpresa…”). Ese movimiento —de la extrañeza al aplauso— da vida al relato. Y el detalle de que no sea menester devolver los libros subraya la confianza en la buena fe del vecindario: cultura y civismo caminando de la mano.
    También enriquece mucho el paralelismo con otros lugares: el paseo marítimo de El Campello, donde los libros reposan en la pared que separa la arena del paseo, o la práctica ya veterana en Madrid. Amplía la estampa sin perder el anclaje caudetano.
    Por lo demás, transmite entusiasmo sincero. Se percibe gratitud hacia quienes siembran libros como quien siembra semillas, confiando en que germinen en nuevas lecturas.
    Mis plácemes también para esa iniciativa… y para quien sabe mirarla y contarla.
    Muy buenos días, Alfonso.

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