miércoles, 11 de febrero de 2026

"El Invierno ya se ha ido".

 ESTAMPA CAUDETANA

“EL INVIERNO YA SE HA IDO”

La afirmación con la que titulo mis letricas de hoy fue acuñada por la sabiduría popular, y es ella quien sigue dándole autoridad, porque bien sabido es que la experiencia es madre de la ciencia. La repetición constante de un hecho en circunstancias semejantes acaba por adquirir fuerza y carta de naturaleza.

Ayer salí de casa para acercarme hasta la parroquia de Santa Catalina; esta semana me han sido adjudicadas las liturgias en ese templo. Y, como hago casi siempre, no tomo el camino más corto. No. Me gusta dar un rodeo por la Glorieta de la Cruz si dispongo de tiempo; y si voy más apurado, atajo por alguna calle más allá del colegio Alcázar y Serrano para subir luego por la avenida de las Jornetas.

En esas andaba, bajando por la avenida de la Virgen de Gracia, cuando, en el jardín de una de las viviendas que la jalonan, me llamó la atención una ACACIA DEALBATA, a la que en nuestro hablar coloquial nos referimos como MIMOSA o MIMOSA PLATEADA, según los lugares.

Se cubre de flores cuando el invierno va de caída en nuestra zona mediterránea. No sé si ocurre lo mismo en su tierra de origen, el sureste de Australia y Tasmania. Allí, en Tasmania, por cierto, los habitantes humanos no corrieron la misma suerte que estas ACACIAS: el pueblo aborigen tasmano fue literalmente exterminado durante la colonización británica. De aquella tragedia quedó el recuerdo amargo en una joven cuyo cuerpo disecado fue exhibido durante años en un museo, hasta que, no hace tanto, sus restos fueron devueltos a su isla natal para recibir digna sepultura.

Las mimosas, en cambio, no fueron erradicadas. Antes bien, los colonizadores las trajeron a Europa, donde han encontrado clima propicio y crecen con lozanía. En algunos lugares se las considera invasoras, porque se expanden con facilidad y desplazan a la flora autóctona. Pero, mientras tanto, aquí nos regalan su espectáculo. Y es que, cuando el invierno va de salida, la mimosa estalla en flor.

Puede alcanzar entre 5 y 15 metros de altura, y su copa se transforma en una nube dorada formada por millares de pequeñas bolitas perfumadas. Mucho antes de llegar a su altura el suave olor que desprenden sus flores me apercibían de su presencia y, en mi ir Avda. de la Virgen adelante, estuve al tanto para que no se me escapara. Y, al descubrirla, descollando entre la exuberancia del jardín me alegré porque recordé el dicho popular:

“Cuando la MIMOSA ha florecido, el invierno ya se ha ido”.

La naturaleza es una gran maestra. Nos habla sin palabras y nos instruye con señales. Nos anuncia que los fríos, las lluvias persistentes, las nieves, y los vientos desapacibles están a punto de retirarse. Y uno de los heraldos que utiliza para avisarnos de que el tiempo cambia es, precisamente, la MIMOSA.

Recuerdo que ya en otra ocasión me detuve en este mismo tema, al contemplar otro ejemplar de MIMOSA junto al muro que delimita el parque-jardín de la Virgen de Gracia, construido en terrenos cedidos generosamente por la ermita-santuario de nuestros Patronos, la Virgen de Gracia y San Blas, para esparcimiento de las gentes de esta Real Villa de Caudete.

Ayer, al verla de nuevo vestida de oro, no he podido menos que experimentar alegría. Porque, aunque aún queden mañanas frescas y alguna que otra helada rezagada, la MIMOSA ya nos lo está dejando claro.

Y cuando ella habla...


Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

11.2.2026. Miércoles. (C. 2.467).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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