ESTAMPA CAUDETANA.
LA FIESTA POPULAR EN HONOR DEL COPATRÓN SAN BLAS.
Todo estaba preparado. Con el último sorbo de café, tras una comida familiar, dio comienzo el esparcimiento para la gente menuda… y no tanto. Así nos lo adelantaba el programa detallado en la revista dedicada a la fiesta de San Blas.
Ya se encontraban dispuestas las cucharas soperas y los huevos que debían viajar en ellas a toda velocidad; dos jamones colgaban, a la vista de todos, esperando brazos y piernas que se atrevieran a subir hasta lo alto del palo de la cucaña. También estaban preparados los sacos en los que debían introducirse los imitadores de aquel atleta caudetano, Antonio Amorós, que dio a conocer la existencia de la Real Villa de Caudete por los estadios del mundo, para correr su particular carrera.
Lucían igualmente guapas las ollas locas, cargadas de chucherías, para que los ñacos, provistos de palos y con los ojos cerrados, trataran de romperlas a golpe limpio y conseguir así su tesoro, en lo que se suele llamar el juego de la gallinita ciega. Las ruedas numeradas nos apercibían de la rifa de una bicicleta y de un cochino que tendría lugar al final, cerrando los actos lúdico-festivos del día.
Sí, ciertamente, se habían esmerado los componentes de la Cofradía del Copatrón, San Blas, disponiéndolo todo para el goce y disfrute de participantes y observadores.
Cuando la manecilla corta del reloj marcaba las 17:00 horas y la más larga hacía equilibrio sobre el punto central de lo más bajo de la esfera, pasaba yo por la Puerta de la Villa para asistir al Manifiesto de Jesús Sacramentado en la iglesia del monasterio de las Madres Carmelitas de Clausura y, luego, a su hora —a las 18:00—, proceder a cerrarlo con la bendición del Señor, situado en el viril de la custodia.
Mientras tanto, la avenida de la Virgen de Gracia, donde estaba teniendo lugar la celebración de los juegos festivos con motivo de la fiesta en honor del Copatrón, se encontraba totalmente colapsada. Un gentío considerable había confluido allí para participar en los juegos programados o, simplemente, para pasar el rato asistiendo a su desarrollo.
Dentro del templo monacal, sin que aún fueran las 18:00 horas, unos estampidos estruendosos rompieron el silencio contemplativo de la adoración al Señor Sacramentado.
Con el acallarse del ruido atronador de las explosiones, se nos indicaba que la fiesta con motivo del Copatrón, San Blas, había concluido. Ya solo resta, para el próximo domingo, devolver procesionalmente la sagrada imagen de San Blas a la ermita-santuario donde la espera la de la Copatrona, la Virgen de Gracia. Esta procesión tendrá lugar a la conclusión de la Misa Mayor en la parroquia de Santa Catalina.
Recibe mi saludo, mis
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
9.2.2026. Lunes. (C. 2.465)
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
Nota. Vuelvo a agradecer a Jaime Bañón su generoso aporte fotográfico puesto a mi disposición, así como el de otros lectores que han hecho lo propio.
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