jueves, 5 de febrero de 2026

Planta del paraguas.

ESTAMPA CAUDETANA

PLANTA DEL PARAGUAS


Hace unos días entró en casa la planta del paraguas, Aralia schefflera para los botánicos, y su llegada coincidió con días de lluvia serena, de esa que no irrumpe ni hiere, sino que visita. Lluvia mansa, intermitente, a lo bonito, como decimos en esta Real Villa cuando el cielo se abre sin estrépito y la tierra recibe sin temor.

No ha sido aquí Leonardo —esa borrasca de nombre viajero— instrumento de castigo, como lo está siendo en otras tierras del sur. Por Caudete ha pasado con discreción, dejando el don necesario: agua que no arrasa, sino que fecunda; agua que penetra despacio y despierta lo que dormía bajo la piel del campo. Agua buena, de la que prepara la germinación de las semillas ya enterradas por las manos pacientes de los labradores, y de las que aún esperan su hora.

Y en medio de ese clima propicio ha entrado esta planta, llamada paraguas sin serlo, como tantas cosas que nombramos por aproximación humana. No protege del agua, pero enseña a recibirla. No se expone al sol directo, porque aquí el sol no siempre es caricia: a veces es prueba. Prefiere la luz filtrada, humilde, la que no deslumbra ni quema, la que permite crecer sin violencia. Y hay en ello una lección callada.

No es exigente. Pide lo justo: tierra buena, drenaje que evite el encharcamiento, espacio para que las raíces respiren. Como las almas, no soporta el exceso, ni siquiera de lo bueno. El agua ha de pasar, no quedarse. El cuidado ha de ser constante, no invasivo. Le basta una temperatura templada, un equilibrio sencillo, sin extremos.

Esta Aralia schefflera ha venido a alegrar la vida recogida de tantas otras plantas que habitan el vetusto claustro barroco-toscano del convento de San José (El Carmen), donde el tiempo parece rezar despacio entre piedra, sombra y verdor. Allí, en ese espacio de silencio habitado, la planta no adorna: acompaña. No destaca: permanece. Y en su quietud recuerda que crecer también es una forma de alabanza.

Hoy, aunque a estas horas no llueve en la Real Villa de Caudete, esta planta del paraguas se ha prestado a llevarte mi saludo, nacido del recogimiento y de la gratitud, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

5 de febrero de 2026 · Jueves · (C. 2.461).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

(*) Aún ignoro por qué los botánicos decidieron llamarla así. Tal vez porque también la ciencia, como la fe, nombra a veces sin comprender del todo. Cuando lo descubra, te lo haré saber.

No hay comentarios:

Publicar un comentario