ESTAMPA CAUDETANA.
DESVENCIJADO.
Desvencijado, sí, desvencijado aparecía ayer por la tarde un banco en la avenida de la Virgen de Gracia.
Como siempre que me es posible, cuando ningún otro quehacer se interpone, bajo por la tarde, dando mi paseo, hasta la glorieta de la Cruz, donde suelo hacer un alto para saludar a la Virgen mirando su imagencica esculpida en piedra.
Ya muy cerca de la glorieta lo vi. El último banco antes de llegar a ella, que venía, como todos los que tiene instalados el Ayuntamiento a lo largo de la avenida, prestándose para que aquellos que se sintieran cansados pudieran parar un momento y tomar un respiro.
Pero ayer no pudo cumplir con su cometido. Ayer ningún viandante se habría detenido para descansar un ratico y, en su caso, charlar con algún acompañante. Ayer el banco estaba, como ves en la fotografía que abre estas letricas, arrumbado, desvencijado, medio arrancados los tirafondos que lo sujetaban al suelo y con un buen trozo de la madera que hacía de asiento, por los suelos.
Su función era, ya te lo he dicho, la de prestarse para satisfacer la necesidad de hacer un alto en el camino de aquellos que bajan o suben hacia o desde el santuario-ermita de los Copatronos, bien para descansar un ratico, bien para charrar de todo un poco.
Pero ayer tarde se encontraba en un estado calamitoso. Ayer por la tarde no pudo prestar sus servicios a nadie que lo necesitara.
Ya han pasado dieciséis siglos desde que atravesó la península de norte a sur el pueblo vándalo, aprovechando el desmoronamiento del Imperio Romano, saqueando todo lo que encontraba a su paso. Incluso saquearon la capital del Imperio, Roma.
Fijaron su residencia en Cartago, lo que hoy es Túnez, hasta que fueron derrotados por el emperador bizantino Justiniano en el siglo VI.
Pero, a la vista está que, a su paso por la península, dejaron su simiente porque, con más frecuencia que la deseada, se manifiestan haciendo de las suyas, practicando el vandalismo.
Ayer fue el banco. Antes de ayer hicieron de las suyas sacando de su lugar un gran carro de la basura y lo. arrastraron avenida abajo hasta que lo dejaron tumbado y abandonado en el parterre de la izquierda, según se va hacia la Glorieta de la Cruz.
Y todavía no hace quince días, cuando amaneció el domingo la calle P. Elías Requena, carmelita, apareció llena de cristales porque, amparados por la noche, esos vándalos u otros por el estilo, se divirtieron rompiendo los cristales de los coches allí aparcados.
Vivimos épocas de libertad, no de libertinaje. La libertad de uno termina donde comienza la del prójimo, y el respeto y la consideración que reclamamos para nosotros debemos concedérselos también a los demás y a sus propiedades.
No está bien que hagamos mal uso o, en su caso, destrocemos los muebles que sitúa el Ilmo. Ayuntamiento en calles y plazas para servicio a sus vecinos.
Cuidar lo que es de todos también es una forma de demostrar la educación que hemos recibido y el respeto que tenemos hacia nuestro propio pueblo.
Porque un pueblo limpio, cuidado y respetado no lo hacen solo sus autoridades, sino también el comportamiento diario de sus vecinos.
Ojalá no tengamos que volver a lamentar hechos como estos y sepamos entre todos conservar lo mucho bueno que tenemos.
Recibe mi saludo y mis mejores deseos.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
21.3.2026. Sábado. (C. 2.503).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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