miércoles, 22 de abril de 2026

Colaborando.

ESTAMPA CAUDETANA

COLABORANDO.

Ayer te llevaba la Estampa Caudetana con mi saludo una paloma torcaz.

No se andubo por las ramas, zascandileando. Enseguida se  echó en el nido.

Ya te decía que el zureo me daba a entender que todo lo había encontrado, más o menos, en orden.

Claro que, con toda seguridad, los vientos que trajo consigo aquella cadena de borrascas —a las que ponían nombre nuestros vecinos portugueses— algún desperfecto sí que habrían causado en la estructura del nido.

Y estos pájaros, que se las saben todas, se han puesto a recomponerlos.

Digo mal, porque no son todos. Ella, la hembra, como te decía antes, ya está tumbada en el nido. 

Es él, el macho —un ejemplar hermoso, extraordinario— el que va y viene constantemente con ramitas que encuentra por ahí; quien aporta el material necesario. Y ella se lo toma del pico y lo va colocando aquí o allá.

Ella es la arquitecto. Él, quien suministra el material.

Y, como en el caso de su pareja, este no me manifiesta la más mínima muestra de recelo.

Me mira y, como si nada, sigue a lo suyo, totalmente enfrascado en su labor.

Hay que preparar la casica para la llegada de los pichoncicos, sus hijicos.

Mientras llevaban a cabo, concienzudamente, su tarea, otro ejemplar —posiblemente el hijo  nacido el año pasado— zureaba desde lo alto del tejado, dándoles a entender que se encontraba bien, tomando nota de lo que hay que hacer para cuando él se vea en el mismo trance, en la misma tesitura.

Asistiendo, como mero observador, a los trabajos del gran y estupendo macho, me vino a la memoria aquel dicho tan castizo y tan nuestro:

“Hombre casado, hombre cargado”.

Y, como el ser humano, el palomo era el encargado del duro y constante trabajo de acarrear los elementos necesarios para que su pareja disfrute ahora —y luego la prole— de confort y abrigo.

Recibe mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

22.4.2026.Miércoles. (C. 2.536).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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