ESTAMPA CAUDETANA
EL AZAHAR.
Puede que al leer el título de la estampa de hoy, El azahar, alguien se extrañe de que le dedique estas letras en un pueblo como Caudete, donde los inviernos no suelen ser precisamente suaves.
Pero no debe extrañar, porque en algunos rincones resguardados, como el jardín del monasterio de las Madres Carmelitas de clausura, sobreviven algunos cítricos, sobre todo limoneros, desafiando los fríos y esperando pacientemente la llegada de la primavera.
Desde hace unos días yo también puedo disfrutar de ese pequeño milagro: la primera flor —de momento única, aunque confío en que no será la última— de un joven limonero que hace poco dejé libre de su tiesto para que echara sus raíces directamente en la tierra.
Es el que preside hoy estas sencillas letricas.
¡Quién sabe si algún día la inventiva humana logrará no solo transportar palabras e imágenes de un lugar a otro, sino también los aromas!
Poder mandar, junto a estas líneas, la fragancia limpia y suave de este azahar sería el complemento perfecto de esta estampa.
De momento no es posible. Así que tendrás que conformarte con saber que yo sí he tenido el privilegio de aspirar ese perfume delicado que regala esta humilde flor blanca, recién llegada a su nuevo hogar en el gran corralón del convento de San José, (el Carmen).
Este plantón vino desde Madrid, traído con cariño por una religiosa de las Hermanas de la Virgen del Monte Carmelo, las mismas que desde hace más de un siglo cuidan a nuestros mayores en la residencia de Caudete.
No vino solo. Con él llegaron también otros dos limoneros y una higuera.
Uno de los limoneros no resistió el paso del tiempo. El otro decidí sacarlo a que respirara el aire del amplio corralón conventual y, sobre todo, a que se encontrara cara a cara con el sol, que es el mejor médico de las plantas.
De la higuera hablaré mañana. Aunque quizá recuerdes que algo conté de ella la pasada primavera, cuando la cambié desde su rincón del claustro —el llamado rincón de Rita— hasta el alcorque que le preparé en el patio.
Un día apareció por el convento Antonio, al que todos conocen como "Tarzán", y al ver aquellos plantones no pudo evitar meterles mano con su arte de injertador.
Y ahí siguen, luchando por merecer la vida.
Este limonero también ha tenido sus pruebas. Durante un tiempo sufrió el ataque persistente de las cochinillas que lo cubrieron entero, tronco y hojas, como si quisieran arrebatarle la vida poco a poco.
Pero no pudieron con él.
Armado con paciencia, un cepillo, jabón de fregar platos y un poco de vinagre de vino blanco, fui limpiando hoja por hoja, rama por rama, expulsando a aquellos incómodos inquilinos.
Y hoy, como agradecimiento quizá, me ha regalado su primera flor.
Hoy te lleva mi saludo el azahar.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
08.04.2026 MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA. (C. 2.521).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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