ESTAMPA CAUDETANA
NO ES RENCOROSO
No guarda rencor el Hibiscus syriacus que crece silencioso en el parterre de la Avenida de la Virgen de Gracia, pegado a la tapia que protege la huerta callada del monasterio de las Madres Carmelitas de clausura.
Ya quedó atrán la Semana Santa que, en esta Real Villa de Caudete, tanta atención y celebración aglutina.
Ya la primavera camina ligera en volandas del tiempo.
Ya va mereciendo. Ya hace mover la foresta.
Ya las yemas se van abriendo y, al hacerlo, dejan salir hojitas nuevas de un verde tiernecico o, en su caso, como en el árbol del Amor, sus florecicas, para tejer primorosos vestidos, vestidos de estación, no de pasarela.
Y, el Hibiscus, ¡mírsle! reventando en vida por cada una de dus yemitas.
Está planta, en otras ocasiones me ha servido para mandarte mi saludo mañanero, porque tiene la rara habilidad de sacarse de sí misma unas flores hermosas, de ese color azul violáceo que recuerda a los cielos limpios después del viento, cuando no queda ni rastro de nubes.
El año pasado dio ejemplo de constancia. Durante dos meses fue creciendo sin hacer ruido, levantando sus varas verdes como quien se pone de puntillas para ver mejor la vida.
Llegó a alzarlas más de medio metro, todas rematadas por capullos que prometían un estallido de belleza de un día para otro.
Pero entonces llegó la tijera.
Una tijera quizás bien intencionada, pero poco observadora, que hizo con la planta lo mismo que hacen con los reclutas recién llegados al cuartel:
llegan con sus melenas cuidadas y sus rizos presumidos y, antes de aprender a desfilar, ya les han pasado la máquina dejándolos pelados, iguales y relucientes.
Así quedó también el pobre Hibiscus, con todas sus ilusiones cortadas de raíz justo cuando estaban a punto de florecer.
Y, sin embargo, no guarda rencor.
Ha vuelto este año a intentarlo.
Vuelve a levantar sus tallos, vuelve a preparar sus capullos, vuelve a apostar por la belleza como si nada hubiera pasado.
Ojalá esta vez la tijera sepa esperar su momento y respete su calendario.
Ojalá pueda regalarnos sus flores y alegrar el paseo de quienes suben y bajan la avenida, porque a veces también las plantas hacen más amable la vida de un pueblo.
Y este hibisco, sin duda, es una de ellas.
Recibe mi saludo
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
7.4.2026 MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA. (C.2.520).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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