miércoles, 29 de abril de 2026

La protección

ESTAMPA CAUDETANA.

LA PROTECCIÓN.

No sé donde se encontrará ese plantón de oliva y todos aquellos que le siguen en ese surco de una tierra en barbecho, justo delante de un hermoso olivar. 

Tampoco hace falta que se le sitúe geográficamente porque, como sabes, en el ámbito de esta Real Vía de Caudete contamos con infinidad de olivas.

Y, cada año, cuando el otoño está a punto de fenecer, ofrecen al labrador lo mejor de sí mismas, su fruto, las aceitunas, cajitas fuertes donde guardan el oro verde estas plantas. 

Luego, ya en la almazara, bien sea en la de la Cooperativa del Campo San Isidro, bien sea en la de Agulló hermanos, exprimidas mecánicamente sueltan la riqueza de su sangre, riqueza que es oro puro. 

O, mejor que el oro, el soldado con el que cuenta la dieta mediterránea para afrontar una lucha sin cuartel contra los ataques alevosos de la cal y las grasas de baja estopa que andan sueltos por tiendas y mercados y que se introduce en casa dentro de la cesta de la compra. 

Hoy me llegó la foto que preside estas letricas por whatsapp. Una asidua lectora de mis estampas caudetanas ha tenido a bien mandarme esa instantánea. 

Al contemplarla me pasó, posiblemente, lo mismo que le ocurriría al caminante que se topó con el plantón, me fijé en su protector. 

Es sabido que comparten con nosotros, los humanos, toda esta tierra, gran abundancia de roedores: las liebres, conejos y otros. 

Estos mamíferos carrendones se alimentan, ya lo sabemos, de hierbas que tienen a su disposición por todo el terreno. Pero, al parecer, sienten verdadera debilidad por las cortezas tiernas de los plantones de los árboles. 

No hacen ascos ni olivas, ni almendros, ni a pistachos, ni a todo árbol que se levante sobre la llanura. En todos hunden sus incisivos y roen su corteza. 

A veces, como ocurre en las tierras de La Mancha, constituyen verdaderas  plagas y hay que defenderse de ellos a toda costa. 

Una de las maneras de llevarlo a cabo, ya lo ves en la fotografía, es proveerlos de una funda, generalmente de plástico duro, algunos agujereados, como si fueran redecillas, como el que muestra imagen y otros totalmente cerrados. 

Y ese sencillo artilugio fruto de la invectiva humana, ha venido a echar una mano y ¡de qué manera! al esforzado y siempre trabajador hombre del campo, al labrador.

Buena catequesis es esa que nos ofrecen, al alimón, un plantón de oliva y su protector.

Bien nos iría a los seres humanos proveernos de sencillos protectores para afrontar, con éxito, los embates del maligno.

Y, el más efectivo, por ser el más sencillo, Ella, la Madre del Señor que es, a su vez, Patrona del lugar y Madre de los lugareños, la Virgen María de Gracia.

"Un olivo joven necesita una funda; el alma humana necesita amparo".

Hoy, un sencillo protector de oliva, te acerca mi saludo


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

29.4.2026. Miércoles. (C.2.542).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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