ESTAMPA CAUDETANA
LA SACRAMENTAL SE MUEVE
Venían desde hacía días pergeñándolo, no a la chita callando, sino de boca en boca, despertando incluso a quienes, a veces, parecen dormir en el listín telefónico. Y lo lograron: llenaron el autobús.
Les acompañó el coadjutor, P. Antonio Graciá Albero, carmelita.
Primero hicieron parada en Onil, donde fueron recibidos con afecto por el párroco, quien les puso al tanto de un milagro parejo al sucedido en esta Real Villa de Caudete: el de una Hostia Consagrada que permanece incorrupta.
Ambos hechos acontecieron en fechas cercanas, en los albores de la guerra fratricida entre españoles, en la década de los años treinta del siglo pasado.
Aquí, en Onil, tuvieron un ejercicio de adoración al Santísimo, presente en la Hostia Incorrupta.
Concluido el acto, reemprendieron camino hacia Alcoy.
No es mucha la distancia entre Onil y Alcoy, y pronto se presentaron allí.
No podían pasar de largo, estando tan cerca, sin visitar a la paisana mártir, cuyas reliquias se custodian en una capilla de la parroquia.
Allí reposa, a la espera de la resurrección, junto a otras dos mártires del lugar, en nichos dispuestos uno sobre otro encintrándose en el que reposan las reliquias de Florencia ocupando en lugar central.
Como en Onil, el señor cura párroco les dio la bienvenida y les refirió el trance sufrido por nuestra paisana Florencia.
Bien sabido es que aquella alma preciosa a los ojos de Dios, nacida en esta Villa de Caudete el 20 de febrero de 1890, hubo de emigrar a Alcoy en tiempos de necesidad.
De allí fue sacada por escopeteros el día del Santo Ángel de la Guarda de 1936, para ser ejecutada —martirizada— en Rotglá de Corbera, pedanía de Játiva.
Allí oyeron santa misa, presidida por el coadjutor acompañante, P. Antonio Graciá Albero, carmelita.
Y así, entre memoria y presencia, entre caminos de hoy y testimonios de ayer, regresó la Sacramental a Caudete.
No volvieron con las manos vacías: traían en el alma el recogimiento de la adoración, el ejemplo firme de la mártir y esa certeza callada de que, aun en los tiempos más recios, el Señor permanece.
Porque Él no se ausenta.
Se queda.
En la Hostia que no se corrompe.
En la fe que no se quiebra.
Y en el corazón sencillo que, como el de estos cofrades, sigue poniéndose en camino.
Recibe mi saludo
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
19.4. 2026 DOMIGO III DE PASCUA. (C.2.533)
No hay comentarios:
Publicar un comentario