ESTAMPA CAUDETANA
ROSA BANKSIAE LUTEA
La primavera se hace notar aquí y allá. Nada le impide levantarse con fuerza tras las frías jornadas invernales.
Una de esas manifestaciones la está llevando a cabo dentro de la Real Villa de Caudete.
Posiblemente haya rosales más sencillos y humildicos que presuman de guapas rositas en otros jardines.
Pero yo me la vengo encontrando cada día, al pasar a su vera, camino de la parroquia de Santa Catalina.
Su flor es pequeñica y vivaracha y, como si tuviera miedo a lucirse en solitario, lo hace en un tupido grupo de hermanicas.
No lo tiene todo. Si así fuera, no tendría competencia. Pero no, no lo tiene todo.
Cuando paso a su lado no pone en guardia a mis papilas olfativas. No exhala fragancia; y si lo hace, será de muy poca intensidad, porque, como te digo, yo no la percibo.
Pero, aun careciendo de aroma, el rosal que nos ofrece esas flores pequeñitas, tipo pompón amarillo luminoso, se hace notar. Vaya si se hace notar.
Lo hace a base de adornarse con multitud de ramilletes abundantes.
Y, al ser trepador, tapiza buena parte de la tapia de obra y la urdimbre de alambres que sobresale de la valla del chalé, allí donde la calle Echegaray inicia su camino haciendo esquina con la avenida de la Virgen de Gracia.
Se trata de un rosal amable, pues no se sirve de afiladas espinas —como sí hacen muchos de sus parientes— para defenderse de depredadores o de amigos de lo ajeno.
La primavera saca pronto esa ingente cantidad de rositas, como si la enviara por delante a modo de avanzada.
Su floración es espectacular y fulgurante, pero, por desgracia, de muy corta duración.
Viene a ser, en la primavera, lo que un cohete en una noche despejada: estalla en colores… pero se apaga prontamente.
Y sí, como te decía antes, cuando este rosal está en plena floración, parece literalmente una cascada amarilla; una joya muy apreciada por los diseñadores de jardines para cubrir muros, rejas o pérgolas… porque es agradecido y resistente.
Pero quizá su mayor enseñanza no esté en lo que luce, sino en lo que calla: florece sin alardes, alegra sin imponerse y, aun siendo breve su estallido, deja memoria de luz en quien lo contempla.
Así pasa también con la gracia divina: llega sin ruido, lo llena todo… y, cuando parece irse, ya ha dejado dentro su primavera.
Recibe mi saludo,
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
15.4.2026 Miércoles (C. 2.529)-
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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