sábado, 23 de mayo de 2026

Abierta a la trascendencia.

ESTAMPA CAUDETANA. 

ABIERTA A LA TRASCENDENCIA. 

No tengo ni idea acerca de como aconteció. El caso es que, sí, que tuvo lugar. 

Salía de casa en la tarde de ayer para echar una mano en la penitencia convocada para los niños que se van a acercar hoy y mañana domingo a recibir a Jesús por primera vez. También se convocó a los padres y familiares cercanos para que "barrieran" sus interioridades y pudieran acompañar, en la misma longitud de onda, en gracia de Dios, a los niños en su gran fiesta del encuentro con Jesús Sacramentado.

Y la vi. 

Estaba, LA BLANQUITA DE LA COL,  a la que los entomólogos dan el nombre de. PIERIS BRASSICAE, como la ves en la fotografía que ilustra mis letricas, en decúbito supino o, como quieras, panza arriba.

Había encontrado, en el portal de entrada al convento de San José (El Carmen), el lugar para emprender su ascenso, que no el descenso. El ascenso a otra realidad, a otra vida. ¿Por qué no?.

Inmóvil. Sus preciosas aunque un tanto deterioradas, alas,  con sus puntitos negros equidistantes entre sí, no obedecían órdenes porque ya nadie ni nada se las daba.

Estaba muertecica la mariposica. Tan bonica, ella.

No sé a qué se debería su óbito. Quizá porque la llegó su hora. Quizá, debido al esfuerzo ímprobo que realizara para huir de la persecución inmisericorde ejercida por una gran bandada de vencejos que, habiendo hecho acto de presencia, iban de un lado a otro, un poco por encima de nosotros, tratando de engullir los incautos insectos que inundan nuestros aires. Quizá porque  el saquito de días que trajo consigo cuando salió de su crisálida (la oruga de la col) se le había acabado.

Y, dije para mis adentros:

- pues, todavía te queda un viaje por hacer. Te voy a montar en el WhatsApp y vas a llevar a mis gentes y a quién quiera leerlo, mi saludo.

Y, a mí, con mis ojos fijos en ella, parecióme que hiciera por darse la vuelta para echar a volar, pero no, no lo hizo. Permaneció quieta, un tanto ajada, sobre la fresca baldosa de la entrada al convento de San José.

La estampa de la mariposita le lleva a pensar a uno que, a nosotros, los seres humanos, no nos acontece como a la Blanquita de la Col, nosotros, llegados a ese momento, sí que nos elevamos para ir al encuentro con nuestro Creador, con Dios.  

Recibe mi saludo, mis


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

23.5.2026. Sábado. (C. 2.562).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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