ESTAMPA CAUDETANA.
AYER SE PORTÓ EL SOL.
Ciertamente ayer se portó el sol.
No, no tuvo impedimento alguno para llenar con su luz a la coronada como reina de todo lo que salió de las manos de Dios, representada en su imagencica de piedra.
Es venerada esta imagen, ya te lo he dicho en multitud de ocasiones, en la glorieta de la Cruz, allí donde se exalta el signo de una entrega, de un compromiso, de un bien para la humanidad. La entrega de Jesucristo a Dios Padre, por nosotros.
Me encontraba sentado en el banco en el que suelo hacerlo siempre que el sol no lo martillea con sus rayos.
Acababa de llegar de la iglesia del monasterio de las monjas Carmelitas de clausura donde había cerrado el manifiesto en el que se venera a Jesús Sacramentado, cada tarde del domingo, de 16:30 a 18 horas.
La imagen pétrea de la Virgen Santísima de Gracia, nuestra Madre y Patrona, con su niñito en brazos, estaba parcialmente iluminada. Eran las dieciséis y catorce minutos.
A medida que iban sucediéndose, una tras otra, las cuentas del rosario que había iniciado al salir de casa, constataba que el sol iba ganando el terreno a la columna que impedía llegar hasta la imagen sus rayos llenos de luz.
Y, en mis reflexiones, di en pensar que el sol en su caída se había ido a posar sobre la Torre del homenaje de los castillos de mi pueblo de Oropesa, allá en el occidente de la Autonomía Castellano-Manchega.
Y que él, saltando de almena en almena, iba buscando el modo y la manera de librarse del molesto impedimento que representaba una de las columnas que sustentan el monumento de la Cruz.
Y, así en el espacio de una hora, llegó casi, casi a encender con su luz toda la imagen de la Virgen de Gracia y la del Niñico.
Muchas, muchas han sido las veces que he llegado hasta esa glorieta, y sentado, he dedicado el tiempo a reflexionar sobre esto o aquello que aconteció, acontece o puede que acontezca, en mi vida, teniéndola a Ella, siempre, por testigo. Pero nunca, nunca la había visto tan llena de luz como consiguió ponerla en la tarde de ayer el sol en su despedida.
Y como lo pensé te lo digo:
pensé que el sol andaba saltando de almena en almena, en todo lo alto de la torre del homenaje de los castillos de mi pueblo de Oropesa, en el occidente Castellano-Manchego para iluminarla a ella, a la sagrada imagen de su Reina, antes de dejarse caer para rodar por el mar de quercus extremeño y así llegar a zambullirse en las aguas del océano tras haber pasado por Portugal.
Ciertamente en el día de ayer EL SOL SE PORTÓ COMO UN CABALLERO Y HONRÓ A SU REINA COMO ERA DEBIDO. LA LLENÓ DE LUZ. LA HIZO LUMINOSA. LA CONSTITUYÓ EN ANTORCHA DE LUZ DIVINA.
No podía ser de otra manera. Estamos en mayo y, en mayo, Ella nos sale al encuentro y hay que estar atentos, como atento estuvo ayer el sol para iluminarla con la lucecica de nuestra devoción por Ella.
Bien luminoso te va hoy mi saludo
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
25.5.2026. Lunes. (C. 2.564)
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario