ESTAMPA CAUDETANA.
HOY SOLO ES DE ELLA, DE LA MADRE.
Y la verdad es que podía haberse portado un poco mejor, ya que hoy se celebra, de tejas abajo, EL DÍA DE LA MADRE. Y de tejas arriba, en el cielo, ni te cuento cómo lo estarán celebrando.
Uno de los juegos de azar pone, en el día de hoy, un premio suculento, fuera de lo normal, por todo lo alto.
Él o la agraciado/a se va a embolsar diecisiete millones de euros, a los que meterá, alevosamente, la mano la Hacienda pública.
Y es que se lo merecen. Si bien, vista la cosa con justicia, es una nimiedad. Porque ella se merece todo el oro del mundo, y no esa insignificancia de 17.000.000,00 €, y luego el cielo.
Es tan lista, es tan maravillosa, que el oro empalidece en su presencia.
Es tan bonita que uno no se fija, cuando se encuentra frente a ella, en el pendentif que decora su busto, ni en la medalla que cuelga de su cuello y reposa en su pecho; uno fija su mirada en su cara, surcada por valles excavados por el río del compromiso, por el sufrimiento que va asumiendo de sus hijos.
Esa sí que es una cara hermosa.
Más que luna llena en una noche clara de verano, es un sol que potencia, iluminando, a sus pimpollos, a sus hijos, para que florezcan.
Mucha razón tiene aquel dicho tan nuestro que ilumina realidades:
“Madres no hay más que una… y a ti te encontré en la calle”.
Suerte tienen aquellos que hoy vuelven a fundirse con ella, de otra manera, claro, en un abrazo en que dos realidades desaparecen y forman una sola.
A mí no me es dado poder hacerlo. Pero miro al cielo y le digo, así por lo bajo, rezando:
¡Baja!
Que quiero verte,
que quiero extasiarme contemplándote,
que quiero que no te me marches,
que conmigo camines,
que conmigo vivas.
¡Qué suerte tienen las madres!,
porque son pararrayos que atraen las gracias y bendiciones que, a raudales, dejan caer sobre ellas el mismo Dios y Ella, la Madre que escogió Dios para Jesús, su Hijo.
Y qué felicidad experimentan cuando abren su corazón y dejan salir toda esa riqueza recibida de Dios y de Ella, que fluye y fluye para beneficio de los hijos.
Hoy es un día para el agradecimiento.
Agradecimiento, en primer lugar a Dios por haber otorgado a las madres la maravillosa encomienda de gestarnos y ponernos en el mundo.
Y, en segundo lugar, agradecimiento a nuestras madres por haberle dicho sí a Dios, como le dijera la joven nazaretana María cuando le pidió que colaborara en su plan de redención del hombre, engendrando a su Hijo Jesús.
Sean benditas, con bendiciones divinas, nuestras madres en este día dedicado a ellas.
Recibe mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
3.5.2026. Domingo (C. 2.548).
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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