miércoles, 6 de mayo de 2026

La humillada.

ESTAMPA CAUDETANA

LA HUMILLADA.

Querría pasar desapercibida y, con toda seguridad, así le aconteciera.

Ayer comenzaba mis primeros pasos por la Avenida de la Libertad cuando se me apareció.

Ya lo había hecho otros días, pero ayer fue distinto: una tiernecica flor se cimbreaba alegre, proyectando sobre la baldosa de la acera unas finas tiras de sombra.

Seguro que en días precedentes la Moricardia arvensis —la colleja morada de andar por casa— se recogía en sí misma, concentrada en formar su flor. Esa que ayer me llamó con sus suaves movimientos, empujadica por un airecico casi imperceptible; una flor de cuatro pétalos lilas, en cruz, con centro amarillento, que nos remite a la gran familia de las crucíferas.

Se encuentra casi a ras de suelo, en la entrada de la casa de Juan y señora, allí donde el enlosado del patio forma un talud sobre la acera. No sé si ellos se habrán percatado de su presencia, ni si, al verla, han decidido dejarla seguir su proceso vital.

Debajo de la puerta extiende sus hojas glaucas, algo carnosas, y de entre ellas asoma, como un periscopio que otea el mundo, su flor sencilla y hermosa.

Es tan humildica que se conforma con hundir sus raicillas en grietas de aceras, muros y terrenos secos. Aquí, en la Real Villa, aparece por doquier, como en toda la cercana zona mediterránea.

Ahí la tienes: toda sencilla, toda humilde. Ni siquiera busca la vertical; diríase que es un atleta que no aspira a hacer el pino, sino a abrazar la horizontal.

Gran lección de sencillez y humildad la que nos ofrece la Colleja Morada. Nos invita a percibir el fruto de una vida entregada.

Y es que, ¡qué bien aprendió la lección de su Creador, que, elevándose humildemente en el seco árbol de la cruz, dio fruto en la Resurrección!

¡Ay, si aprendiéramos los seres humanos de esta sencilla y humilde Moricardia Arvensis… mejor nos iría!

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

6.5.2026. Miércoles. (C. 2.550).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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