miércoles, 13 de mayo de 2026

Plectranthus Caninus.

ESTAMPA CAUDETANA

PLECTRANTHUS CANINUS

Con toda seguridad te ocurrirá lo mismo que me ocurrió a mí cuando leí que a una de las plantas que crecen en los alféizares de las ventanas de este convento de San José (El Carmen) la llaman así los botánicos, con ese nombre tan sonoro: Plectranthus caninus.

Algo que me sonaba de mis tiempos de estudiante de la lengua madre de las romances, del latín, era la palabra caninus. Pero el Plectranthus, ni por asomo.

Y, claro, hechas las consultas pertinentes, he llegado a saber que los científicos habían llamado así a esta planta a la que también se conoce como ESPANTA PERROS y ESPANTA GATOS.

Esa planta que, para nosotros los seres humanos, desprende un suave aroma y que, empleada en cocina, acompaña muy bien a las carnes asadas, al parecer no hace muy buenas migas ni con los cánidos ni con los gatunos.

El caso es que me extraña un tanto que la llamen así, porque el perro que tenemos aquí en casa me ha destrozado toda una plantación de esta hierba revolcándose en ella; yo no sé si para impregnarse de su olor o, en su caso, para liberarse de algún parásito que se le haya subido a la grupa.

Y me he visto en la necesidad de poner unas piedras para que el perro no siga haciendo de las suyas.

Yo la empleo principalmente, no tanto para que espante al gato y al perro que comparten el convento con los frailes, cuanto para espantar los mosquitos que, al llegar la primavera, hacen acto de presencia y, como se encuentran a gusto, solo desaparecen cuando viene el frío.

Eso nos obliga a estar ojo avizor para que no nos claven su aguijón, porque los muy indinos, tras extraernos la sangre, nos dejan infestado el lugar donde lo han clavado con un producto urticante que nos saca de nuestras casillas.

Tengo yo plantado, en un gran tiesto situado en uno de los ángulos del claustro bajo, el barroco-toscano, un ejemplar de esa planta que se ha puesto hermoso; hermoso de verdad.

Es muy dada a emigrar. No tiene ninguna dificultad a la hora de que le sean retirados unos esquejes, y ninguna dificultad encuentran estos en echar raíces y prender aquí y allá.

Uno de los sitios más celebrados es aquel donde abren sus ventanas el servicio, la habitación del Padre Ángel y la contigua.

Hasta allí se llevó el Padre Ángel unos esquejes que han crecido de forma exuberante.

Ayer me dijo:

—Ven para acá dos segundos para que veas lo que tengo en la ventana. Así les echas una foto y les montas una gacetilla —así llama a mis escritos de salutación diaria— para mañana.

Y hasta allí fui, y lo que me encontré es verdaderamente sorprendente.

Los alféizares de las dos ventanas que abren al corralón, la de su habitación y la contigua, son un bosquecillo en miniatura. Hay plantas a porrillo.

Allí le crece una higuera. Le crece hierbabuena. Le crecen papiros del Nilo. Le crece una Kalanchoe laxiflora. Y lo inunda todo el Espantaperros o Espantagatos.

Esta planta se encuentra en estos momentos toda ella florida, tal como aparece en la fotografía que ilustra estas letricas.

Así deben ilustrar la vida nuestros dichos y  hechos en favor de aquellos con los que vamos de camino.

Desde la ventana del P. Ángel sale hoy, a bordo de un esqueje de Espantaperros, mi saludo para ti


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

12.5.2026. Martes. (C. 2.554).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

No hay comentarios:

Publicar un comentario