ESTAMPA CAUDETANA.
EL CACTUS CACAHUETE.
Los botánicos lo llaman Echinopsis chamaecereus. Con anterioridad lo llamaban Chamaecereus silvestrii o Lobivia silvestrii.
Crece muy a gustito en tiestos posados en los alféizares de las ventanas de claustro alto de este convento de San José (el Carmen)
Pero éste no es más que uno de los muchísimos lugares donde ha asentado sus reales este viajero empedernido.
Fíjate que es oriundo de las laderas andinas del norte de Argentina, de Tucumán - entre 1000 y 2000 metros de altura - y, desde allí ha viajado por todo el mundo donde el sol tiene mucho que decir. Aunque, la verdad sea dicha, este cactus hace mejores migas con el sol jovencito, el de las mañanas.
En el claustro, no obstante, aguanta bien cuando, puesto en todo lo alto, comienza a bajar, que es el momento en que más pega.
No es muy exigente, como la gran mayoría de la familia de los cactus. Eso sí, no consiente que se le mueva, ni que se le eche mucha agua cuando sus ramitas se llenan de botones que explotarán en preciosas flores en forma de tubos de un rojo fuerte porque se enfada, - como te lo digo -, y, como una mala madre, se sacude los botones y te deja a la luna de Valencia, sin flores.
Cosas que tiene la naturaleza a la que hay que respetar para que ella te responda como es debido.
Ya le ves en la foto. Es una planta muy densa con tallos como dedos o cacahuetes de un color verde claro.
Se defiende del medio sirviéndose de finas espinas blancas que, todo sea dicho, no hacen daño a la piel humana, porque son blanditas y no pinchan.
Sus flores, ya las ves, de un rojo-anaranjado intenso, de 4-5 cm, forma de embudo. Salen de los lados en tallos jóvenes.
Hacen su aparición entre mayo y junio en sucesivas oleadas que se suceden unas a otras, como las olas del mar, viniendo a ocupar el lugar de las anteriores. Porque, como sabes solo duran un día o, a lo sumo, dos.
Pero ni lo notas porque así están aflorando a lo largo de dos semanas.
Como las higueras echan sus higos en las ramas nuevas de cada año, este cactus hace lo mismo. Florece en sus ramitas nuevas por lo que es necesario podarlo quitándole cada otoño las ramas viejas (de tres años o más).
Buen ejemplo para el ser humano. No debe anclarse, debe estar en constante renovación para dar fruto.
Qué bien vienen, a este propósito, aquellas palabras de Jesús cuando hablaba a la gente del campo sobre el cuidado que se debe tener con la viña:
"Yo soy la vid y mi Padre es el labrador. Al sarmiento mío que no da fruto lo corta. Y al que da fruto lo poda para que dé más fruto"(Jn 15,1-2).
El cactus CACAHUETE, florecido, todo él una belleza, te acerca hoy mi saludo.
¡¡¡BUENOS DÍAS!!!
2.6.2026. Martes. (C. 2.572)
P. Alfonso Herrera. Carmelita.
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