martes, 30 de junio de 2026

El rey del corralón del Convento de San José (El Carmen).

ESTAMPA CAUDETANA

EL REY DEL CORRALÓN DEL CONVENTO DE SAN JOSÉ (EL CARMEN)

Cuatro años, sí, cuatro años, si no son más, ha tardado en ponerse la corona de rey del corralón.

Fue entonces. Como cada día que me era posible, bajaba hasta el santuario de los copatronos y regresaba a casa por la acera de la carretera de Villena.

Uno de aquellos días de primavera estaban los oficiales de Parques y Jardines entresacando las malas hierbas del parterre que separa el paseo de la carretera.

Y allí los vi. Unos raigones de agapanto llamaron mi atención y, sin pararme a pensar, los saqué de entre las hierbas y se vinieron conmigo.

En casa los planté en un par de tiestos grandes y los dejé en el claustro bajo del convento. Esperé y esperé... pero no florecían, mientras que los que permanecieron en el parterre de la carretera de Villena sí lo hacían.

Un tanto frustrado, el invierno pasado retiré las macetas del claustro y las llevé al corralón.

Y ha sido este año cuando me he llevado la grata sorpresa de contemplar florecido el agapanto de uno de los dos tiestos. Ha levantado una vara floral coronada por un hermoso florón de un azul muy claro: el que ves en la fotografía que ilustra estas letricas.

La ignorancia es muy atrevida y yo, llevado por el mejor de los deseos, cometí un error al plantar aquellos raigones en tiestos grandes. Ahora sé que a esta planta le gusta tener las raíces muy apretadas, ocupando por completo la maceta, hasta el punto de hacerla reventar. Es entonces cuando levanta sus varas florales buscando el cielo.

Cinco años, cinco, han tardado sus raíces en llenar por completo la maceta.

De ahora en adelante la cosa va a cambiar radicalmente porque, con riegos generosos, casi diarios, y mucho sol, irá aumentando el número de varas coronadas de flores.

Gran lección me ha dado el rey del corralón, el agapanto florido. Al reflexionar sobre el largo tiempo de espera que ha necesitado para florecer, he recordado aquella recomendación de Jesús a sus discípulos, que tenían prisa por ver instaurado el Reino que anunciaba el Maestro —un reino que ellos imaginaban al estilo davídico—. El evangelista recoge estas palabras: «El que persevere hasta el final, ese se salvará» (Mt 24,13). 

Con ellas enseña la importancia de mantenerse firmes en la fe y en el compromiso espiritual, a pesar de las pruebas, las dificultades y las adversidades que vayan saliendo al paso, porque al final llegará la salvación.

Recibe mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

30.6.2026. Martes. (C. 2.596).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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