sábado, 20 de junio de 2026

La campanilla del camino.

ESTAMPA CAUDETANA.

LA CAMPANILLA DEL CAMINO.

También se le llama CORREHUELA, y así la llamábamos en mi pueblo.

Cuando yo era niño me la encontraba escalando las paredes de los prados, a uno y otro lado del atajo ascendente por el que tenía que subir para llegar, primero, al barrio de la Jilguera y, luego, a las escuelas de la villa. CORREHUELA.

Con ésta, que preside mis letricas de hoy, me di de buenas a primeras ayer por la tarde, sobre las seis y media. Me la encontré cuando iba de camino hacia Santa Catalina. Me detuve para saludar a la Virgen, junto al seto que cierra el corralico de la glorieta del monumento a la Cruz, y a Ella misma.

Estaba llamándome la atención. Delante de mí, mientras yo sólo tenía ojos para la Reina de las Flores, la Virgen de Gracia, emergía desde la densa profundidad del seto.

Aprovechando que los rayos del sol no pegaban de plano donde ella se lucía, se había abierto de par en par para mi gozo y disfrute.

Ya sabemos que las CAMPANILLAS o CORREHUELAS no hacen buenas migas con el presuntuoso sol. Pero, eso sí, con la luna están a partir un piñón. Razón por la cual suele llamárselas también con el nombre de FLOR QUE MADRUGA.

Es tan delicadita que, cuando el sol presume de tal mientras va ascendiendo hasta lo más alto de su cénit, ella cierra sus pétalos para que no la dañe. Luego, cuando los castaños de Indias existentes en la zona ejercen de protectores, se abre y se ofrece al viandante para que disfrute contemplándola.

Eso mismo hizo ayer conmigo.

Aunque la muy tunante, para que saliera de mi embelesamiento, se puso de acuerdo con la campana grande de la torre de la parroquia de Santa Catalina, de la que toma su nombre, para que cayera en la cuenta de que tenía que seguir mi camino. Y así lo hice, no sin antes sacarle una fotografía con el monumento de fondo.

Mientras que rosales y adelfas presumen en jardines, parterres y tiestos, ella, LA CAMPANILLA, vive en ribazos y cunetas sin que nadie la cuide ni la riegue, saludando a labradores y arrieros cuando pasan delante de ella o, en su caso, viviendo en simbiosis con los setos que cierran el corralico del monumento de la Cruz, como hace en nuestro caso.

No sólo es muy bonita; es también muy humildita. Diríase que es como una niña adolescente que se ruboriza cuando alguien la piropea llamándola: «¡Guapa!».

También es generosa. Por su forma de campana emula a las de la torre de Santa Catalina. Éstas llaman a los fieles, mientras que ella lo hace con los insectos —avispas, mariposas...— para que se acerquen a merendar.

Ella va a lo suyo: a trepar y trepar, sirviéndose de cualquier cosa elevada, digo yo que para contemplar el horizonte y, sobre todo, para ser contemplada.

Y esa sencillez es, precisamente, la que cautiva al viandante, como me cautivó a mí.

Bueno les sería a los seres humanos seguir su ejemplo y ser sencillos y generosos.

Así estaríamos en línea con Jesús, que nos pedía que fuéramos

«sencillos como palomas».(Mt 10,16)

Ella te lleva hoy mi saludo.


¡¡¡BUENOS DÍAS!!!

20.6.2026. Sábado. (C. 2.586).

P. Alfonso Herrera. Carmelita.

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